Solo quiero un girasol Seguir história

artemisa Artemisa Russo

Fernando le pide el divorcio a Martha porque ya no es feliz con ella, esa chispa del enamoramiento se desvaneció. Ahora el tiene una nueva persona para compartir todo, por otro lado Martha quiere que sea feliz ya que su decisión no le pareció fugaz ni sorpresa. Pero existe una condición para que Fernando recuperé su preciada libertad, ¿Cuál es la condición? Martha solo quiere una flor en específico, un girasol. ¿Cuánto puede costar un girasol? ¿Qué significado tiene el girasol? pero lo más importante ¿Por qué un girasol?


Conto Todo o público.

#divorcio #llanto #tristeza #amor
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Girasoles.

La vida es muy corta

para entregar a alguien

tu corazón demasiado

tarde.










—Fernando, no quiero que esto terminé así— dijo Martha con voz entrecortada del otro lado de la mesa mientras sus ojos llorosos veían a su esposo que le había dado una mala noticia y por lo tanto le era difícil de procesar—Debe haber una solución.

—¿Acaso no lo entonces entiendes?— dijo exasperado mientras su manos frotaban con frustración su rostro —Ya no te quiero, quiero y amo a otra persona, no sé que es tan difícil de comprender— se recargó en el respaldo de la silla y dejó caer sus brazos a los costados. Él veía como Martha tenía la mirada baja sin decir palabra alguna y sus dedos jugueteaban uno tras otro, era un roce escalofriante, pero más soportable que el de unos días anteriores.

—Sé que hemos estado discutiendo por tonterías, que hemos estado peleando por cualquier cosa sin importancia— alzó la mirada, su boca entreabierta tenía el deseo de dejar fluir las palabras que necesitaba pero siempre hay algo que te detiene y por consiguiente prefieres hacer caso a otra opción. ¿De qué serviría luchar sin ganar? ¿De qué serviría discutir sin sentido? la respuesta es de nada.

Eso simplemente la nada es lo que sale ganando y hasta sobrando.

—No te voy a detener, he notado desde hace un tiempo que ya no eres feliz conmigo y creo que mereces la felicidad que no te supe dar— Martha dejó salir estas palabras con un gran dolor en el pecho, era peor que clavarse un puñal, por supuesto que ella nunca hizo eso pero en este momento era como si Fernando lo estuviera haciendo —Tramita el divorcio para que seas feliz con ella, no me mal entiendas no lo estoy diciendo por coraje ni nada de eso. Ambos sabemos que será difícil para nuestro hijo, por eso únicamente te diré una condición— dejó a Fernando boquiabierto y él rodeó los ojos.

Lo único que él anhelaba era su libertad absoluta para amar a otra persona en la que se perdía en su mirada y se sentía extraño al acercarse a ella —Ya vas con tus condiciones— le recriminó —pero creo que no tengo otra opción— suspiró —¿Cuál es esa condición?

Martha se removió en la silla, sabía que si actuaba a la defensiva era más fácil que ella callará primero y se quedaría con su rabia por dentro, así que jaló aire sosteniéndolo un poco —No es nada difícil de conseguir, ni caro, es más te llevará poco tiempo porque es cuestión de segundos— Fernando la miraba con el ceño fruncido.

Fernando se preguntó que era lo que ella pediría, si no era caro no tendría impedimento para conseguirlo, también le agrado que dijera que no era difícil de conseguir eso quiere decir que en cualquier lugar esta, pero lo que le encantaba de la condición aunque todavía no supiera bien de lo que se trataba era que no demoraría mucho tiempo ni esfuerzo.

—Solo quiero un girasol todos los días— él la miró confuso —No importa si es pequeño, tú sabes que me encantan los girasoles. Esto lo harás por un mes pero que te vea nuestro hijo, después firmaré el divorcio y él lo comprenderá.

Felipe se quedó en shock, no sabía que decir, un girasol, un bendito girasol todos días era la llave a su libertad —Está bien, pero que quedé claro que lo haré por él. No tengas esperanzas que me retractaré.

El primer día fue una difícil tarea para Fernando, realmente no tenía el deseo de cumplir el trato, pero tenía su esposa razón, eso razón es su hijo. Fue a la florería compró un girasol mediano. Cuando llegó a su casa, abrió la puerta y ahí estaba su hijo pequeño que no dejaba de decir que su papá había llegado, era una pequeña celebración.

—¿Eso qué es?— preguntó el niño señalando la flor amarilla.

—Un girasol— le dio una media sonrisa.

—¿Es para mi mamá?— vio como de sus ojitos salió un brillo especial.

—Sí— en ese momento salió de la cocina Martha con un delantal rojo. Felipe se comenzó a acercar a ella, Martha le sonreía mientras se secaba sus manos en la tela roja. Una vez que Felipe llegó a ella le entregó el girasol diciendo estas palabras —Que tengas un bonito día— y le dio un beso en la mejilla.

Pasaron seis días, la actitud de Felipe fue cambiando un poco, se sentía confundido. Ya no contaba las horas para ver a su novia, contaba las horas para ver a si esposa y entregarle otro girasol. Ese día fue a la florería y compró un girasol un poco más grande, le nació hacerlo porque no lo tenía planeado, pensó en el día que se casaron completamente enamorados absorbidos en la risas del otro. Ese día algo cambio dentro de él, realizó la misma acción, llegar a casa, abrir la puerta, llegar a ella, entregarle el girasol pero esta vez las palabras fueron —Te quiero— y ella le sonrió.

Era el último día del trato, realizó lo mismo de todos los días, pero cada día más se apresuraba en todos sus deberes para salir del trabajo, incluso le había pedido a la florería girasoles más grandes. Fue lo mismo que todos los días, esta vez se sentía como un adolescente nervioso, ya le había entregado 29 girasoles pero este tenía que ser especial. Fernando ya no veía su libertad, ahora lo que quería ver era ese rostro que siempre le sonreía al entregarle el girasol. Su compromiso son su novia se derrumbó y esa iba a ser una sorpresa más para ella, su esposa.

Llegó a su casa, abrió la puerta y vio su hijo pequeño jugando en el piso con sus cochecitos, levantó la mirada hacia la puerta —Papá— se levantó de golpe y le abrazó las piernas, Fernando lo cargó entre sus brazos cuidando de que el girasol no se maltratará.

—¿Dónde está tú mamá?— preguntó al no ver que saliera mágicamente de cualquier lado de la casa.

—En su cama, está descansando— Fernando bajó a el niño y le indicó que siguiera jugando con sus juguetes y se encaminó a su recámara. Afortunadamente la puerta estaba abierta, se quedó parado en el marco, estaba entretenido contemplando esa larga y hermosa cabellera castaña sobre el colchón, dio unos cuantos pasos hacia el interior.

Se sentó en el borde del colchón y se acercó a su oído para susurrarle lo siguiente —Martha, ya llegué— su voz hizo que ella girará y rápidamente se sentó, tímidamente Felipe le entregó el último girasol y como siempre ella lo aceptó, Felipe le dio un beso en la mejilla y después le dijo —Te amo.

Ella dibujó una sonrisa en su rostro, no esperaba esas palabras, sentía un leve cosquilleo en su estómago —No tienes que decir eso, es el último girasol— no dejaba de sonreír —Un trato es un trato— Felipe sabía perfectamente lo que significaba, sintió como algo dentro de él se quebró.

—No, no me voy a divorciar de la persona que amo y amaré— Martha se quedó sorprendida mientras un dedo de su esposo le acariciaba tiernamente su mejilla.

—No lo digas— negó con la cabeza —Ya no soy la mujer que era, no tengo belleza, he perdido peso, ya no soy la misma, no soy bella, estoy muy pálida y para variar mi ropa me queda exageradamente grande. Solo no lo digas.— esas palabras se clavaron en Felipe, lo que hizo que se generará un impulso dentro de él, haciendo que uniera sus labios con los de ella, era un roce simplemente perfecto. Felipe sentía que se le iba el alma en ese beso para luego separarse y decir —Te amo.

Al día siguiente, Felipe contaba las horas para salir de su oficina y correr a la florería para que le entregaran un gran ramo de girasoles. El día fue lento y desesperante pero todo valdría al final la pena. Cuando le estaban entregando el ramo le pidió a la encargada que escribiera en una tarjeta "Tú solo quieres un girasol y yo quiero quiero tu amor. Te amo." así lo escribió la encargada.

Hizo tiempo récord en llegar a casa, haría lo de siempre, abrir la puerta, saludar a su hijo, ir con la mujer que amaba y entregarle ahora un gran ramo pero esta vez le recordaría que es la mujer que siempre amará. Pero algunas cosas que se planean no sale como tú quieres.

Llegó a casa, abrió la puerta, pero ahora su hijo fue corriendo hacia él pero no con la misma alegría de siempre, está vez le dijo desesperado —Mamá no despierta.

Felipe sintió que el calor de su cuerpo se desprendía de él, corrió a la habitación y vio que su amada Martha estaba acostada con las manos sobre su pecho, él se acercó a ella quedando parado justamente a lado, vio que entre sus manos sostenía una hoja de papel, era difícil de creer que estuviera pasando esto.

Él no sabía que hacer así que la sacudió suavemente pronunciando su nombre para que despertará y le sonriera como siempre pero nunca lo hizo, deseaba que no fuera verdad pero lamentablemente nunca respondió, sus ojos se cristalizaron, un nudo se formó en su garganta, acarició su mejilla fría y la beso.

Nuevamente su mirada se dirigió a la hoja de papel, sin más ni menos la zafó de sus manos, vio que era su letra y comenzó a leer.

Lamento no habértelo dicho antes, pero hace cinco meses me diagnosticaron cáncer terminal, lo siento. Sé que no eras feliz conmigo y yo ya no podía luchar contra esta enfermedad ni contra tu decisión. Te pedí un girasol porque cuando éramos novios tú siempre me obsequiabas uno y de verdad yo quería ver que me dieras más en en vida y lo cumpliste. Nunca me arrepentí, ni me arrepentiré de haberte amado. Fui feliz contigo, espero que en encuentres la felicidad en alguien más. Cuida de nuestro hijo, producto de nuestro amor, no lo abandones aunque no le des un girasol diario sólo dale tu amor diario.

Cuídate mucho. Te amo, los amo.

Con cariño:

Tu esposa, la obsesionada con los girasoles.

FIN


26 de Abril de 2019 às 04:15 0 Denunciar Insira 0
Fim

Conheça o autor

Artemisa Russo Hola, me llamo Artemisa como la diosa de la caza y la amiga de la mujer maravilla. 😂😂 También pueden decirme Emma. Me gustan los gatos. Me gusta escribir, es mi hobbie y espero que les agrade lo que escribo. Y yo dilo: Shalalala.

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