Yo Soy Ibrahim Seguir história

adrianton Adriana Antón

Soñaba que aquí tendría una oportunidad nueva y así fue, pero para conseguirla tuve que pasar por los peores momentos de mi vida. A veces los prejuicios pesan más que los hechos. Lo que van a leer a continuación es más que una simple historia, es la realidad de muchos día a día, realidad que nos negamos a ver y que cada día nos consume más.


Drama Todo o público.

#drama #amor #amistad #sociedad #terrorismo #historia-corta #inmigrante #extranjero
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¡No soy un terrorista!

Me bajé del avión y no lo podía creer, tanto tiempo de sacrificio al fin estaba dando su fruto. Trabajé en el aeropuerto de Arabia por dos años haciendo lo único que se hacer en la vida; pintar cuadros. Gracias a eso reuní el dinero suficiente para irme de allí para siempre. Ahora estoy en Nueva York dispuesto a rehacer mi vida, no es fácil comenzar de nuevo en un país desconocido, sin nada de dinero y solo, pero prefiero estar aquí y vivir en libertad que en mi país condenado a muerte.


***


Ya han pasado tres meses desde que llegué y con el poco dinero que traje conmigo logré alquilar un cuartito que a duras penas y cabía yo en él, pero estaba feliz y con muchas ganas de trabajar.

Me fui a una plaza que estaba cerca de mi pieza y allí conocí a Freddie o Fred como yo le decía, en poco tiempo nos hicimos amigos y luego de unas semanas comencé a pintar junto al puestito que él tiene.

Del cielo me habían dotado con una habilidad especial, podía pintar casi cualquier cosa con mis dedos y digo cualquier cosa porque en los quince años que llevo pintando jamás he hecho un rostro femenino, lo he intentado muchas veces pero no tengo esa delicadeza para trazar rasgos tan finos y delicados como los de una dama, por eso dejé de intentarlo. Lo mío siempre fueron los paisajes, las personas decían que mis pinturas transmitían paz, yo no se si eso era verdad, lo que sí se es que mis pinturas son buenas y se venden con rapidez.

Todos los días tomaba mis lienzos y mis pinturas y me iba a la plaza, siempre llegaba Fred primero que yo y después de saludar y conversar por un rato, comenzaba a pintar. Pasaba pintando casi diez horas y al finalizar tenía unos siete cuadros terminados que siempre se vendían al final del día, todo era igual en mi vida hasta que conocí a la señora Fitcher y todo cambió.

Me propuso trabajar con ella, al principio lo dudé pero Fred me convenció de aceptar la oferta alegando que tal vez era la única oportunidad que la vida me daría y terminé haciéndole caso, después de todo no tenía nada que perder.


***


― ¿Crees que así esté bien? ―pregunté al tiempo que me ponía la chaqueta café que Fred me había prestado.

― Confía en mi, el trabajo es tuyo ―aseguró mi amigo.

― Entonces nos vemos en un rato para celebrar ―me despedí.

Tomé mi viejo bolso donde guardaba las pinturas, pues la señora Fitcher me dijo que haría una demostración. Estaba tan motivado, sentía que mi momento al fin había llegado ¡Que equivocado estaba!

Entré al edificio y pregunté por la oficina de la señora Fitcher y noté que me miraban extraño pero era normal ¿No? Era un completo desconocido preguntando por la presidenta de la empresa que, a estas alturas no tenía ni idea de qué clase de empresa era.

―Espere un momento, por favor ―indicó la recepcionista luego de superar el pequeño ataque que sufrió al verme, me miraba de arriba a abajo detalladamente y no apartaba los ojos de mí mientras hablaba o mejor dicho susurraba algo al teléfono.

Luego de diez minutos que me parecieron eternos, vi como se acercaba a mi un guardia de seguridad y comprendí de qué venía tanta tardanza y es que hasta lo entendía; ver a un nervioso extranjero, en un edificio lleno de personas y con un bolso colgado a su espalda donde se veía que traía algunas cosas, eso era una combinación poco agradable.


***


― Deje el bolso en el suelo y lentamente ponga las manos donde pueda verlas― ordenó el guardia de seguridad más nervioso e inseguro que yo.

Hice todo tal cual me pidió pero no pude evitar sonreírle irónicamente a la recepcionista y ella lo mal interpretó todo.

― ¡Me está sonriendo, es un suicida!― gritó histérica.

― ¿Qué? ¡No! ―contesté de inmediato.

― ¡No se mueva! ―ordenó el guardia.

Y de un momento a otro estaba rodeado de policías. Vi como unos me apuntaban con sus armas mientras otros evacuaban a las personas. Me llené de nervios y perdí el control.

― Por favor, solo vine a reunirme con la señora Fitcher ―traté de explicar ―ella me citó aquí, llámela por favor, díganle que venga.

― Estás loco si crees que vamos a hacer eso, mejor dime a qué organización perteneces ―ordenó otro guardia que sí se notaba seguro de lo que hacía.

― ¿Organización? ¡No! Yo soy pintor, déjeme mostrarle ― pedí mientras me agachaba y bajaba las manos intentando tomar mi bolso.

― ¡No se mueva!― Gritó el policía nervioso.

― Solo voy a mostrarle― expliqué, necesitaba hacer algo, mostrarle lo equivocados que estaban.

― ¡Deje las manos donde las tiene ahora!

No hice caso y cuando estaba por abrir el bolso recibí una descarga eléctrica que casi me mata, sentía todo mi cuerpo convulsionar y todo a mi alrededor se volvió negro.


***


Desperté unas horas después en un lugar desconocido con mi mano derecha esposada a la camilla y en el brazo izquierdo una vía endovenosa donde me estaban pasando alguna solución. Observé todo detenidamente, sabía lo que había pasado y sentí miedo, estaba esposado ¿Me meterían preso? Pero ¿Por qué? Yo no había hecho nada.

― Hola ¿Te sientes bien?―preguntó una enfermera que hasta ahora no había notado.

― No mucho, me duele un poco la cabeza y la pierna― en realidad sentía todo mi cuerpo pesado, como si no pudiera moverme.

― Es normal que te duela la cabeza, fue una descarga demasiado fuerte y la recibiste en la pierna derecha, por eso el dolor ― me informó ―pero con el calmante que te estamos pasando te debes sentir mejor en un momento.

― Gracias ¿Por qué estoy esposado?

― Ellos creen que eres peligroso ― contestó, como si nada.

― ¿Y tú no? ― me extrañaba la actitud de esta chica.

― Pues no lo sé, pero ahora no es mucho lo que puedas hacerme.

― En eso tienes razón ― sonreí dejando caer mi cabeza nuevamente en la camilla, la verdad es que esta enfermera me parecía agradable.

― Llamamos al señor Freddie, es el que tiene usted en la tarjeta de contacto.

― Muchas gracias, eres muy amable.

La enfermera, que después de conversar un poco más me enteré que se llamaba Karen, resultó ser más agradable de lo que pensaba, me pidió los datos para llenar la planilla y conversamos por un rato más, luego llegó Fred y me informaron que pasaría allí la noche, no me gustó mucho la idea pero prefería estar allí que en un calabozo. No sé por qué pero terminé contando de dónde venía y por que había decidido huir de mi país y es que en todo el tiempo que llevaba de conocer a Fred jamás le había dicho mis razones. Los dos me escucharon con bastante atención y me sorprendió saber que me creían, confiaban en que lo que les estaba diciendo era la verdad.

Luego de unas horas me mandaron mis cosas y en mi bolso de pintura todo estaba destrozado y aunque no habían encontrado nada malo conmigo, igual tenía que pasar por la delegación a rendir declaraciones y a dejar llena mi ficha, me parecía injusto tener que pasar por eso sólo por tener nacionalidad diferente y parecer terrorista -Como ellos mismos me dijeron- aunque no lo fuera.


***


Los días pasaron y Karen cada vez pasaba más tiempo con nosotros, regresé a la plaza y seguí con mi vida, soportando insultos y rechazo de las personas que me veían trabajar. No había hecho nada malo pero por no poder ocultar mis rasgos fui señalado y acusado de terrorista y de algunas cosas más que no voy a mencionar.

Un mes pasó y yo ya me sentía tan cansado de siempre soportar todo esto sin poder defenderme, sin poder hacer nada, aun así fui a la plaza como todos los días. Estaba concentrado en un lienzo cuando noté unos pasos que se detuvieron delante de mí, poco a poco comencé a subir la mirada hasta que me topé con sus hermosos ojos verdes que me hicieron sonreír de inmediato y es que Karen era especial para mí, me estaba enamorando de ella, no tenía dudas, sin embargo al ver la persona que venía con ella todo en mí se estremeció.

La señora Fitcher estaba ahí, delante de mi tan elegante como siempre, no pude evitar molestarme al instante, esa mujer me vio pasar por todo eso y no me defendió, fue incapaz de decir que ella me había citado en ese edificio para un trabajo, no dijo nada y dejaron que me trataran como un delincuente, tuve que contenerme para no tirarrle las pinturas encima.

― Hola, Ibrahím ―saludó Karen con esa suave voz que me enloquecía logrando tranquilizarme un poco.

― Hola, Karen ―intenté que mi saludo no sonara áspero pero fracasé notablemente.

― Ibra ― y ahí estaba ella, llamándome por ese diminutivo que me encantaba ―perdona por esto pero ella quería verte y pues, creo que deberías escucharla.

― No quiero. Sabes cómo me siento al respecto, Karen.

― Lo sé pero de verdad que es importante, sino no la hubiera traído conmigo. Por favor Ibra, sólo escúchale ―me pidió y ¿Cómo decirle que no cuando me hablaba así cerquita con esa vocecita tan quedita que parecía más un susurro? me desarmaba completamente.

Me levanté e intenté limpiar mis manos, tal vez Karen tenía razón, hemos hablado de esto tantas veces y siempre me decía lo mismo -tienes que comenzar a sanar- ella me entendía y sé que tenía razón en todo, debía comenzar a sanar y esta tal vez era mi oportunidad.

― Dígame Señora, ¿Qué quiere?

― Ibrahím quiero pedirte perdón― comenzó a hablar y yo hice mi mejor esfuerzo para escucharla y tratar de entenderla― yo me asusté mucho ese día y perdóname por eso, pero debes entenderme también, no sabía nada de ti y al ver como te tenían rodeado y a todos esos policías regados por el edificio yo...

― Si, la entiendo ― de verdad lo hacía, no es fácil confiar en quien no conoces y menos en esas circunstancias.

― Pero Karen me habló de ti y me hizo entender que te debía una disculpa ― se veía de verdad arrepentida ― el sábado haré una reunión en la empresa y me gustaría que asistieras y le demostraras a todos allí el artista que eres ¿Qué dices?

― Lo voy a pensar ― aseguré y la verdad es que no me hacía falta pensarlo mucho, nada más ver el hermoso rostro de Karen supe que debía ir y demostrarle a todos allí que se habían equivocado conmigo.


***


El día esperado llegó y estaba yo de nuevo colocándome aquella chaqueta café de Fred y esta vez usé mi turbante, me lo había quitado al llegar a este país al ver cómo me miraban, pero ahora no tenía miedo, me sentía confiado. Tomé mi bolso negro y guardé allí las pinturas y fui al mismo edificio que había marcado mi vida en un antes y un después, ya no era el mismo y este era el momento preciso para demostrarlo. Pasé buscando a Fred y luego a Karen, las personas que se habían convertido en mi familia.

El lugar estaba a reventar de personas que al verme se sorprendían, según Karen porque andaba muy guapo y Fred decía que me miraban porque andaba con él, pero yo sabía que lo hacían porque me recordaban, sabían que yo era el mismo que habían acusado de terrorista.

La señora Fitcher esta vez nos atendió muy bien, Karen conocía a muchas personas ya que también trabajaba allí medio tiempo.

Muchos nos veían extraño al estar con la dueña de ese gran Buffet de abogados que era muy importante y prestigioso en la ciudad. De un momento a otro me llamaron al pequeño escenario para que les hiciera una demostración de arte y lleno de nervios como nunca antes pasé al frente de todos, y es que lo que estaba a punto de hacer era más que pintar.


***


Saqué mis pinturas y el lienzo, cerré los ojos para visualizarla una vez más y comencé a pasar mis dedos llenos de pintura creando la obra más hermosa de mi vida. Comencé por su cabello dorado como el sol, sus cejas que seguro las habían dibujado los mismos ángeles, luego seguí con esos hermosos ojos tan azules como el mar que me invitaban a naufragar en ellos cada vez que los miraba; su nariz hermosa y perfecta, sus mejillas siempre con ese suave tono rosado y sus labios tan rosados y brillantes. Mi musa era hermosa, siempre radiante, alegre, perfecta.

Desvié mi mirada y cuando mis ojos se encontraron con los suyos todo a nuestro alrededor desapareció, sabía que ella entendería el mensaje. Anteriormente le había contado que yo no pintaba rostros femeninos, el único era el de mi madre y aseguraba que si un día pintaba otro, sería el de la mujer de mi vida y allí estaba ella toda sonrojada, con sus ojos llorosos y susurrando un sí antes de unir sus labios con los míos. La quería y al pintarla hice mi más grande declaración de amor.

Ya avanzada la velada, las personas se me iban acercando, algunas a felicitarme por mi talento y otras a disculparse, como aquella recepcionista que esta noche había reconocido su error y había quedado colgada de Fred de manera instantánea. La señora Fitcher me pidió que diera algunas palabras y sin dudarlo pasé nuevamente al frente de todos.

― Buenas noches, es un placer para mí estar acá y poder compartir con ustedes. No sé si algunos me recuerdan, pero soy el mismo que hace algunos días acusaron de terrorismo en este mismo edificio ― respiré profundo en un intento de calmarme un poco, cuando lo logré continué mi improvisado discurso ― Es fácil ser juzgado por alguien que ni siquiera se toma un segundo para conocerte y es increíble que en una sociedad tan actualizada, como dicen ser, se vean estas cosas. No tienen idea de la cantidad de insultos y agresiones que tengo que soportar todos días, es indignante y doloroso saber que no eres aceptado por ser, pensar o actuar distinto y no hablo sólo por mí; también hablo por los inmigrantes, homosexuales, los de raza negra o blanca, los que tienen alguna discapacidad, los niños y jóvenes con habilidades especiales, hablo por miles de mujeres y hombres que sufren rechazo y burlas por lucir diferentes ¿Desde cuando ser diferente es malo? No me esconderé más, este soy yo, Ibrahím Mirah Salhad, de Arabia Saudita y no, no soy terrorista.


***********************


Espero que esta historia corta, algo improvisada y llena de errores de ortografía y gramática, te haga reflexionar un poco. La historia de Ibrahím la vemos reflejada en nuestra sociedad todos los días y es importante que sepamos que si no hacemos nada para cambiar la situación, entonces somos parte del problema. Ya basta de ver tantos suicidios y depresión en nuestro entorno, porque estés donde estés, seguro que sabes de algún caso parecido, tal vez estás pasando algo así, como víctima o victimario.

No te quedes callado/a ¡YA NO MÁS! hagamos nuestra parte y cambiemos al mundo que sí podemos, marca la diferencia y Conviértete en un agente de paz. Tu actitud cuenta, debes ser parte de la solución y no del problema.

Busca ayuda, habla.

No estás solo/a.

23 de Abril de 2019 às 21:09 0 Denunciar Insira 1
Fim

Conheça o autor

Adriana Antón Con su escritura vanguardista, Adriana intenta hacer que sus lectores reflexionen sobre temas que vemos en la actualidad, enfocados principalmente en el entorno familiar inspirándose en historias reales. Poseedora de un talento único y una gran calidad humana esta nueva escritora nos deslumbra con su trabajo y nos invita a pensar positivamente, soñar con el alma y luchar con el corazón.

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