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Caras Ocultas relato 1: La nieta de Caperucita desea convertirse en la legendaria heroína que un día salvó su pueblo de la maldición del terrible lobo, no obstante, el destino dorado de la joven se ve oscurecido por el descubrimiento de un secreto oculto que le cambiará la vida.


Conto Todo o público.

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Era una tarde soleada pero la anciana se sintía un poco fatigada. Ya no era la radiante y valiente joven que fue una vez, o la guerrera, como el pueblo la llamaba, aunque ella nunca se había considerado como tal.

Al mirar la posición del sol, supuso que su nieta estaba por llegar. Era una niña muy simpática y enérgica, muy parecida a ella cuando tenía su edad.

«Mmm mañana será su cumpleaños», pensó dubitativa, «me pregunto que me pedirá como regalo». Un tarareo le anunció la llegada de la jovencita que irrumpió con la fuerza de un remolino danzante, poniendo su mundo al revés.

─Hola, abuelita ─le dijo una voz estridente, mientras la rodeaba con su brazos.

─Hola, pequeña, te estaba esperando. Te he hecho un rico chocolate.

─Gracias, abu, yo te traje algunas cositas que te manda mamá.

─Dile gracias de mi parte. No debería preocuparse tanto.

─Como ya recordarás, mañana cumplo 13─ comenzó a decir la joven, mientras acomodaba la canasta sobre la mesa.

—Vaya que estas grande, ¡toda una señorita!

—Bueno no tanto. ─ Sus ojos ardían con un tinte de picardía aniñada─. Aun me gustan las muñecas, pero nadie lo sabe.

—Bien, para que apresurarse en madurar. Y dime ¿qué vas a querer que te haga? Ya sabes que coso muy bien así que puedes pedirme lo que desees.

—No quiero nada nuevo─ respondió resuelta, luego agregó mirando en dirección a un viejo perchero—, solo quiero algo que tú guardas muy bien.

—Bueno…yo guardo tantas cosas.

—Pero esto es especial—dijo la niña dirigiéndose al perchero de donde descolgó una capa descolorida y deteriorada.

—¿Mi capa?, ¿pero por qué?, ya es un harapo—preguntó la anciana algo desconcertada.

—Porque quiero ser como tú.

—¡Eso es ridículo! Ser caperucita fue mi mayor condena. ¿Crees que me alegro de haberlo sido?—suspiró la abuela. —Prácticamente yo maté a mi abuela.

—No lo hiciste, abuelita, la devoró ese malvado lobo que tu asesinaste después. Todo el pueblo lo sabe.

—La gente solo ve lo que le conviene. Pero yo no olvido que mi desobediencia hizo que la abuelita muriera—le respondió la mujer con amargura—, y esa es la única lección que debes aprender de mi pasado.

─Si ya te escuché decir eso muchas veces. Pero ahora yo quiero tu capa ..

Ante el capricho de la niña, ya casi una adolescente, la anciana no podía hacer nada. Tenía su mismo temperamento, terca y rebelde. «A veces los nietos heredan más de los abuelos que sus propios padres», pensó la mujer, pues su hija no se le parecía en nada, en cambio su nieta era su viva imagen.

─Bien haremos un trato. Te diseñaré una nueva capa y tú te convertirás en una nueva caperucita, sin el karma de la vieja, y así empezarás una nueva leyenda.

La jovencita se quedó mirando al vacío mientras pensaba que decidir. La vieja capa roja era una reliquia pero ya tenía su historia. En cambio la nueva le ofrecía una leyenda diferente. La suya. Sería como re escribir un relato antiguo y darle un toque inesperado

—¿Y bien?—le preguntó su abuela, interrumpiendo sus pensamientos.

—He decidido que sí.

—Que sí que...

—Que sí quiero una nueva caperuza.

—Buena decisión. Mañana la tendrás—le prometió.

Al día siguiente, puntual como siempre, llegó la muchacha. La anciana le entregó un paquete que ella rasgó entusiasmada. Al ver en su interior, lanzando un grito de aprobación, se colocó la prenda y se miró al espejo. Le quedaba a la perfección.

—Es justo como la imaginaba—gritó la niña—¿Cómo conseguiste la tela tan rápido?

—Bueno como sabes esta era la casa de mi abuela, y ella como yo, guardaba todo. Y al parecer, cuando confeccionó mi regalo, le sobró un buen pedazo de paño.

—Fantástico—aulló a muchacha saltando—¡Muchas gracias!

—¿Bueno que te parece si ahora nos sentamos y comemos un pedazo de la torta?—propuso la mujer tratando de poner un freno a tanta euforia.

En la sala ambas compartieron un aromático té pero la muchacha apenas podía mantenerse sentada. Estaba ansiosa por mostrarles a todos sus amigos su nuevo atuendo y no solo eso, también deseaba de realizar algo que la hiciera famosa, tal como lo había hecho su abuela.

—Abuela …

—Dime.

—¿Porque no me cuentas tu historia de nuevo?

—Eres incansable, niña.

—Ya no soy tan niña.

—Pero te comportas como una.

—Sólo quiero que me cuentes de nuevo como mataste al lobo feroz—casi demandó la pequeña.

La mujer miró por encima de los lentes a la carita redondeada que la miraba expectante. Por un instante se le cruzó la idea de contarle la verdad; la otra versión de su historia y que casi nadie sabía. Pero al verla tan feliz con su traje reluciente pesó que mejor lo haría al día siguiente.

—Creo que se hace tarde, caperucita segunda— le recordó a la joven—. Será mejor que te marches antes que oscurezca.

—Falta mucho para eso, abu—dijo la niña abriendo las cortinas. A la luz del día su abuela se veía mucho más viejita.

—Te ves algo cansada, abu…—observó la niña preocupada.

Era verdad. Un agotamiento se había apoderado de sus huesos. Necesitaba recostarse.

—Vuelvo mañana, te quiero—y dándole un beso en la mejilla la muchacha salió saltando de la cabaña. La anciana, por su parte, se dirigió a su dormitorio arrastrando los pies fatigados.

Afuera el sol estaba en todo su esplendor y la nueva caperucita brincó feliz por el sendero. De pronto se detuvo. Se le vino a la memoria lo que había dicho su abuela acerca de ser la nueva protagonista de un nuevo cuento. Pero si iba ser una heroína debería pensar como la antigua caperucita. «Para ser como ella debo seguir sus pasos», pensó. Miró dubitativa a su alrededor. «Caperucita se habría desviado del camino», le dijo una voz interior.

El cruce de caminos estaba tan solo a unos metros más adelante y sin pensarlo se apresuró. «Por la derecha o por la izquierda», se preguntó. «La vieja caperucita había elegido el izquierdo», recordó, así que ella elegiría el derecho. El sendero la llevó sorpresivamente hacia un hermoso valle en el que había una pequeña laguna azul llena de juncos. La joven se acercó sintiendo un enorme placer al descubrir un lugar tan especial, casi mágico. Al deslizarse, una hilera de patos recortaba el agua espejada haciendo un surco de pequeñas olitas.

«Esto es mejor de lo que esperaba», se dijo eufórica; «la vieja caperucita me tendría envidia».

Rodeó la fuente de agua azulina mientras recogía piedrecitas de colores y caracolitos. Y cuando se aburrió de tanta soledad, decidió que era oportuno regresar. Miró a su alrededor buscando el sendero, cuando un extraño movimiento entre los árboles la perturbó. Por el sonido de las ramas, parecía ser un venado de estatura mediana. «Pero ..¿y si no lo era?, y ¿si era el lobo?», le dijo su voz interior. «¡¿Un lobo?! pero que ridiculez », se rio para sus adentro, y ya deja de temblar, se reprendió.

La aparición de la cabeza de un hermoso ciervo por detrás de un arbusto la tranquilizó. «Bien deja de usar tu imaginación, y metete en la cabeza que el lobo ya no existe!»

Avanzó por el sendero a grandes zancadas, sin mirar a los costados. Por alguna razón, ya no deseaba estar en el bosque. «Quizá no sea como caperucita, después de todo», se dijo mientras se descubría la cabeza. Además, el corazón le palpitaba demasiado, como si algo la asustara. Pero, «¿a qué le temía tanto?». No tenía respuestas. Quizá el fantasma del lobo la estaba asechando. En eso vio algo celeste por entre las ramas de los árboles. «¡Había vuelto a la laguna!, ¿pero cómo?», se preguntó nerviosamente. ¿Acaso estaba caminando en círculos?

—Hola— una voz roca la saludo por detrás, y la sobresaltó.

Al voltear se encontró con un par de ojos marrones que la miraban divertidos. Era un jovencito como unos de unos 18 años con un rifle en la mano.

—Qqu-ien e-res—tartamudeó ella.

—Soy un cazador—dijo él, estirando la mano para saludarla—¿y tú?

—Soy ..

—¿Caperucita?─dijo él con tono burlón.

—¡Claro que no!—se enojó ella

—Bueno no te enfades... es que te pareces a ella con esa..

—Es un regalo de mi abuela─ se atajó la muchacha

—Igual que en el cuento─ le refutó él—, y yo podría ser el cazador que mata la bestia.

—Eso quisieras ─lo contradijo ella—, fue caperucita quien lo mató

—¿Y por eso te vistes como ella?

La joven se limitó a mirarlo destellando de furia.

—En fin, caperucita, o como te llames, ¿Por qué volviste?

—¿De qué hablas—se desconcertó la joven

—Te vi aquí mismo hace unos minutos, desde los arbustos..

—¿Estabas espiándome?

—Estaba cazando—la corrigió él—aunque sólo cazo patos, no niñas.

—No puedo creer que mates a esas hermosas aves—replicó ella indignada.

—Pues para tu suerte se me acaban de escapar, gracias─ dijo él colocando al arma en su funda. Luego de empacar sus cosas en una mochila, el muchacho encaró para el bosque.

—¿Adónde vas?—le preguntó ella

—A la cuidad, a donde más.

—¿Puedo ir contigo?—pregunto ella tímidamente, pues no deseaba quedarse sola y ya no confiaba en su sentido de orientación.

—Claro, caperucita—dijo él entre risitas.

Caminaron a la par por el espacioso sendero ahora surcado por las sombras. «Mi madre va matarme» se dijo la joven al ver que ya anochecía.

—Dime caperucita—empezó él—¿porque no me cuentas que hacías en el bosque?

—Visitaba a mi abuela—le contestó algo irritada—, ¡y deja de llamarme caperucita!

—Bueno caperucita—repitió él, para molestarla

Ella lo fulminó con la mirada mientras él sonreía. Luego caminaron en silencio por varios minutos, mientras el sol menguaba dando paso a las sombras.

—¿Sabes cuál es la verdadera leyenda del lobo feroz?, ¿no?, caperucita—preguntó él de pronto, tomándola por sorpresa.

—A que leyenda te refieres.

—A la verdadera, no al cuento de niños

—Mi abuela fue caperucita, así que lo sé todo

—¿Enserio?—se burló él—entonces sabrás cuál era su identidad, supongo, ¿a ver?, dímelo

—¿De qué hablas?

—Entonces no lo sabes. Y no me asombra, casi nadie lo sabe…—murmuró el por lo bajo, y luego mirando hacia arriba, agregó—ya oscurece… y si no me equivoco hoy hay luna llena. ¿Sabes lo que le pasa al séptimo hijo varón cuando cumple 18 años en luna llena?

La muchacha lo observó con interés.

—Date la vuelta, y verás—le dijo—solo cuenta hasta diez.

Ella se cubrió la cara con la mano y comenzó a contar. Luego abrió los ojos pero el joven había desaparecido entre las sombras.

—Esto n-no es gracioso—balbuceó ella atemorizada, tratando de encontrarlo.

Por entre los arboles vio moverse una silueta. Se acercó más, pero las sombras le impedían ver bien. Por intuición sabía que era el muchacho, pero estaba algo cambiado; algo parecido a dos colmillos le sobresalían, y sus manos eran garras. Él dejo escapar un gruñido y se le abalanzó, pero cuando ella gritó, él se detuvo y largando una carcajada arrojó la piel del animal que lo cubría.

—¡Maldito!—exclamó enfurecida y le pegó unas cuantas palmadas—. ¡Me asustaste! Eres un desalmado. ¡No quiero estar ni un segundo más contigo!

—Bueno ya llegamos—dijo el entre risas—mira, ya se ven las luces de la ciudad. Ven corramos a ver quién llega primero. —Y pegando un salto le sacó ventaja y se acercó a la salida del bosque.

Una luna redonda apareció de pronto entre los árboles, y ella la contempló hipnotizada. De pronto la muchacha sintió un terrible dolor de cabeza. «Es por el susto de ese maldito», farfulló para sus adentros. El corazón se le aceleró y una picazón le recorrió por la piel. Con la visión nublada vio la sombra del joven que regresaba pero las fuerzas la abandonaban y se dejó caer sobre el colchón de hojas.

El muchacho gritaba. Podía escuchar su voz llamándola. En un lapso de segundos una corriente eléctrica le alertó los sentidos. Se movió lentamente entre los arbustos y cuando vio a la criatura de dos pies, acercándose, se agazapó preparándose para saltar. Por intuición midió la distancia que los separaban, y cuando ya lo tenía a un metro se abalanzó sobre él y le mordió la yugular.

La luz de un sol refulgente la despertó. «¿Cuánto tiempo había dormido?». Sentía el cuerpo adolorido. Al incorporarse descubrió con horror que estaba salpicada de sangre. Su ropas, en jirones, apenas la cubrían. Trató de recordar, pero era inútil, su mente estaba en blanco. Cubriéndose el pecho desnudo con los brazos, comenzó a correr por el bosque sollozando. Afortunadamente, se encontraba cerca de la casa de su abuela.

La puerta se sacudió con los golpes.

—Abuela ábreme, ábreme—pidió la muchacha con desesperación

La anciana abrió y la contempló atónita.

—Tú –balbuceó—no puede ser.. no puede ser…

La mujer retrocedió horrorizada. Su rostro se tornó morado, los ojos grandes desorbitados parecían estallar y antes de que la muchacha la agarrara, su cuerpo se desplomó.

—¡Abuela, despierta!—le gritó la chica, sacudiéndola—¡despierta! Al no recibir respuesta, hundió la cara en el regazo de la anciana y se echó a llorar.

Poco después, ahogada en llanto se incorporó lentamente. Fue al dormitorio de su abuela y empezó a lanzar cuanto hallaba a su paso. Algo tenía que encontrar, no sabía bien qué, pero algo debía haber que le ayudara a entender. Le llevó una hora revolver todo, armarios, cajones, baúles, todo. Ya casi vencida recordó la vieja capa que estaba colgada en el perchero de la entrada. Al encontrarla vio que de uno de los bolsillos sobresalía un librito de tapa de cuero. Lo abrió y comenzó a leer.

Parecía un diario, pues estaba escrito a mano. Primero comenzó por las primeras hojas, pero luego viendo que no había nada interesante, saltó a la última página que se leía así.

“…Nunca me voy a olvidar cuando al clavarle el cuchillo en el corazón, el animal comenzó a sufrir una especie de transformación. Para mi horror, en minutos, el lobo tomo la figura humana, muy parecida a la de mi novio Harry. Cuando lo vi, pensé que estaba delirando pero cuando él me pidió ayuda no lo dudé y traté de pararle la hemorragia. En ese instante el cazador apareció y me obligó a dejarlo morir. Desde el suelo, un agonizante Harry me miró apenas sonriendo mientras profería aquellas terribles palabras: Él bebé que llevas en tu vientre tiene mi sangre, Caperucita. ¿Lo asesinarás a él también?

Afortunadamente, nació una mujer. Pero aún me pregunto ¿qué hubiera ocurrido si hubiera sido un varón?"

─Te equivocaste abuela ─murmuró la muchacha cerrando el diario─, ¿acaso no existen las lobas también?─. Y dando un portazo se adentró en el bosque oscuro, trotando velozmente.

Había renacido una antigua especie.

3 de Maio de 2019 às 22:58 0 Denunciar Insira Seguir história
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Fim

Conheça o autor

Lihuen Me gusta escribir novelas de misterio, fantas�a y ciencia ficci�n tambi�n me encanta escribir cuentos. Leo todo tipo de g�neros. Me fascinan los cuentos de misterio y terror.

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