La casa de los cuervos Seguir história

moisesabraham23 Moisés Abraham

La familia Barreras, maldita por todos en el pueblo, buscará escapar y mantenerse a salvo a como de lugar.


Conto Impróprio para crianças menores de 13 anos.

#terror #casa #suspenso
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Sofía por fin abrió los ojos cuando una pequeña y helada ráfaga de viento se fugó por una de las ranuras y le heló la frente. Extendió sus manos para que así pudiera dar a luz con más rapidez al aumentar la fuerza de sus contracciones, y cuando estuvo cansada y sin aliento, recibió entre suspiros, lágrimas y sudor a su segundo hijo.


El pequeño había nacido con las mismas características del anterior, con un cabello demasiado negro y con rasgos de miedo en la mirada. Solitario, callado y al mismo tiempo rebelde, no se permitía ser sostenido pues se movía demasiado sin emitir sonido alguno llegando a pensar que había salido sin vida y que sus movimientos solo se debían a reflejos involuntarios de sus extremidades.


Sofía vio a la partera con ojos de compasión que demandan una complicidad que solo se exigen quienes han pasado el mismo dolor. Con su mirada le pedía que no dijera nada, que callara, que lavase sus manos con agua tibia para quitar la sangre y que después vertiera el agua en las plantas para que la naturaleza también guardara el secreto pero que de su boca saliera ni el más pequeño susurro.


La partera tomó sus cosas y salió de la habitación no sin antes asentir para que Sofía se sintiera tranquila pues su secreto sería guardado por ella. Sofía supo con certeza que a este no podría ocultarlo y mucho menos llevárselo lejos. Todo el pueblo sabía que estaba pasando, ya habían escuchado el alboroto causado por el nacimiento, era imposible de esconder.


Sofía no tenía el corazón para abandonarlo en un orfanato donde su único destino sería la muerte, quería conservarlo porque estaba más que avisada que ya no llegaría otro, era el último y al encontrarse con el desasosiego que el pequeño tenía en sus ojos tan negros como su cabello, pensó que estaba viendo al padre de este y entonces maldijo a su difunto esposo hasta que las venas del cuello se le marcaron por aquel terrible destino que le esperaba a su descendencia.


El deber de Sofía era decidir entre liberarlo de sus tormentos venideros con la muerte o condenarlo a la destrucción con la vida, una difícil decisión para una madre que tenía que actuar pronto pues todos en el pueblo murmuraban que ya había nacido el pequeño engendro desdichado, había nacido Emil Barreras II.


Sofía era una joven amorosa, recatada y feliz que esperaba a que sus padres decidieran quién sería el mejor partido para merecer su mano. Cientos de pretendientes llegaron a la puerta con rosas y promesas serias, sin embargo, ninguno logró ganarse el corazón de Sofía, dejando a los padres más que preocupados, a su hija se le agotaba el tiempo, no querían verla desamparada y mucho menos soltera.


Trataron de disuadirla de quién sería para ellos su mejor opción pero ella tuvo oídos sordos a todo consejo y a todo ruego, dejando a los padres con la inmensa carga de ver a su joven hija sola contra el mundo.


No pasó tanto tiempo hasta que seis meses después cerca de donde Sofía se sentaba a conversar con sus amigas, mientras bordaban toda clase de ropa, pasó frente a ellas Emil Barreras.


Desgarbado, sin gracia y sin ningún tipo de atractivo visual, de aspecto por demás desaliñado, bohemio y hasta grotesco, solía escupir con frecuencia después de aclarar su garganta y siempre llevaba los zapatos desatados pero nunca tropezaba, usaba un sombrero roto y un saco remendado, no obstante, tenía la actitud y el comportamiento de un caballero con las mujeres.


Las amigas de Sofía lo repudiaron en cuanto el estepario se atrevió a acercarse para saludarlas, todas mostraron su descontento menos Sofía, quien en un instante quedó flechada por su falta de gracia, por su imagen desarreglada y ese soez comportamiento que desafiaba a todo lo que se conocía como recato y buen gusto.


Sofía nunca conoció hombre igual pues sus padres jamás se lo habrían permitido, fue quizás eso lo que la cautivó en un instante y convencida con una fe ciega pidió desposarse con él dentro de dos semanas y contra viento y marea logró su cometido aun a costa de los reproches de sus padres y de los miles de impedimentos que pudieron presentársele. Sofía y Emil se casaron felices y enamorados.


Los cuervos volaban sobre el maizal y Emil ponía espantapájaros para ahuyentar a estas aves de los sembradíos de sus suegros, fue el único trabajo que el padre de Sofia se atrevió a darle.


Al casarse con la única hija, una mujer de clase y adinerada, Emil esperaba tomar el control de todas las propiedades de su suegro, pero por el contrario, el suegro odiaba a Emil por haber condenado el porvenir de su pequeña Sofía a la perdición y la vergüenza.


Cuando los padres de Sofía murieron, la madre de vejez y el padre en un misterioso accidente, Emil se regocijó durante varios días, celebrando la fortuna que finalmente administraría y con Sofía demasiado afligida para opinar, Emil pronto tomó protesta del patrimonio que no había creado pero que estaba más que dispuesto a mal gastar.


Con el tiempo, los campos seguían igual de fértiles, las cosas transcurrían como si el padre de Sofía estuviese vivo pues Emil se encargó de seguir los pasos del suegro y hacer exactamente lo mismo, sin embargo, los problemas más graves eran los cuervos quienes no dejaban de comer el maíz y los cultivos, además del mal carácter de Emil para con los trabajadores.


Se conocía a Emil como un tirano y patrón desgraciado que explotaba a sus empleados y los obligaba a trabajar con el castigo de prohibirles el agua y la comida si no se producía el doble de cosecha mes con mes. Intentaron hablar con el egocéntrico jefe, pero este estaba más que ocupado con la llegada de su primera hija a quien llamó Sofía como la madre.


Emil mandó a matar a más de la mitad de su ganado para organizar una celebración magnánima que duró seis días. El derrochador abrió la reserva de vino del suegro, desperdició comida, regaló dinero y cantó con sus trabajadores llegando a tratarlos como familia debido a los efectos del estupefaciente color carmín.


Una vez terminaba la fiesta, los campesinos convencidos de que Emil les había mostrado su estima, descuidaron sus labores en los sembradíos y ocasionando que la cosecha que Marzo fuera un completo fracaso y que Emil perdiera un cuarto del patrimonio, al que ya le hacía falta la mitad por haberlo gastado en la fiesta.

El desalmado jefe al darse cuenta de la apatía de sus obreros, corrió a casa a sacar el látigo que guardaba su suegro bajo llave en un ropero del cual nadie más tenía conocimiento, salvo Emil que por curioso lo descubrió un día mientras revisaba las cosas del difunto.


Repartió azotes y maltratos a todos, desde el más pequeño hasta el más viejo y los marcó con líneas de sangre para que nunca olvidaran que el castigo.

Esa noche murieron más de un tercio de los trabajadores, incluyendo niños, ancianos y mujeres embarazadas, Sofía desconocía por completo el dolor de quienes habían servido a su familia por varios años y que estaban padeciendo el peor de los tratos.


Es por ello que no cruzó por su mente que al siguiente día, en venganza, los agraviados amarrarían a Emil en un tronco enterrado en el suelo, lo amordazarían y bañarían con sangre de vaca y maíz para que los cuervos lo devoraran mientras todos lo maldecían “¡Y ojalá que esto le pase a todo lo que descienda de tu podrida sangre, maldito seas Emil Barreras, maldito seas!”


Sofía creyó escuchar desde su recamara los lamentos de Emil mientras los cuervos lo devoraban, en sus brazos sintió como si su pequeña Sofía fuese acariciada por el miedo y la desdicha, la sintió fría y pesada, como si estuviese muerta, pero la criatura estaba respirando, aún su corazón palpitaba.

Sofía tuvo miedo por un instante, sin tener claro el porqué, solo abrazó a su bebé y rezó para que nada malo le pasara y ya entrada en la noche, se enteró de lo que había pasado con su esposo.


Sofía visitó el lugar algunos días después y le dio sepultura a los restos de su amado, los cuervos aun graznaban sobre los huesos de Emil y peleaban por los últimos restos de carne que aún quedaban en su cuerpo.


Sofía lejos de sentirse horrorizada, comprendió que fue cosa del destino, nunca debió casarse con alguien tan tirano y soez, alguien tan distinto a ella, porque son estos los que pierden la cabeza en unos instantes cuando se les da un poco de poder.


Cada mañana Sofía se levantaba alarmada, si es que acaso llegaba a dormir, corría a toda prisa a ver a su bebé en la cuna pero esta se encontraba bien, nada malo ocurría, la maldición lanzada por los obreros no se cumplía aún y por un momento pensó que jamás iba a realizarse, no obstante en cuanto abrió la ventana para dejar entrar luz, con un grito helado y un sobresalto en el corazón, descubrió once cuervos golpeando el cristal para entrar. Sofía abrazó de nuevo a su hija y lloró junto a ella pidiendo la ayuda del cielo.


Con el dolor de su corazón tomó una decisión un tanto apresurada, envolvió a la niña en una sábana roja la cual perfumó con diferentes fragancias para confundir el olor de la pequeña, le entrego el fruto de su vientre a una de las criadas y le pidió que se fuera lejos, que jamás volviera, que se fuera a un lugar donde nunca se hubiese visto un cuervo o que incluso los casaran. La obrera obedeció y con la ayuda monetaria que Sofía le brindó, se llevó lejos a la pequeña.

Sofía salió al balcón a llorar desconsolada, había tenido que renunciar a su hija, a su alma y felicidad, pero era por el bien de la pequeña. En el balcón se dio cuenta que miles de cuervos sobrevolaban la casa graznando y formando un espiral gigante que parecía ser coordinado por la figura del sol y mientras Sofía lanzaba maldiciones a esas aves de luto, comenzó a vomitar solo para confirmar lo que menos deseaba en ese momento, Emil la había dejado embarazada antes de morir.

Los días eran como desiertos y Sofía sentía que vivía con la mordedura de una serpiente en alguna parte de su cuerpo, sentía que moría, que agonizaba, que en cualquier momento las aves que custodiaban su casa bajarían para comérsela a ella también por procrear la descendencia de Emil en su cuerpo.


No permitió que nadie supiera que estaba en cinta, vestía de forma holgada para que nadie lo notara y evitaba salir para que la vieran y especularan sobre su figura o su apetito.


Contrató una partera que venía de otro pueblo para que la asistiera cuando su bebé naciera, pero todo el pueblo estaba más que enterado de su estado, los cuervos estaban más inquietos de lo usual, algo debía estar por pasar o por nacer.

Cuando Sofía tuvo por fin a Emil II en sus manos, estaba segura que debía partir de inmediato, la hermosa casa de sus padres quedaría a cargo de la servidumbre y con la promesa de algún día regresar para administrar y salvar lo que quedaba del patrimonio de su padre, así emprendió camino hacía una nueva vida convencida de que hallaría la forma de romper la maldición.


Ocultó al pequeño Emil durante tres años peregrinando de pueblo en pueblo en busca de alguien que la ayudara con la maldición de los cuervos. Visitó iglesias, sacerdotes, brujas, rabinos, gitanas y adivinos, pero nadie pudo ayudarla, solo le quedaba ir de un lado a otro cambiándose el nombre y huyendo apenas y veía el primer cuervo cerca de ella y de su hijo.


Emil II tenía diez años cuando fue rescatado por las monjas de un orfanato, allí creció y recibió educación que le sirvieron para convertirse en un hombre de bien, para usar el ingenio que tenía en la sangre y así forjar un patrimonio como el de su abuelo, con el tiempos supo que le pertenecía una casa cerca de las colinas donde se sembraba maíz, que la residencia perteneció a sus abuelos ya fallecidos.


Emil II creció con la idea de que su madre lo había abandonado a su suerte, pero toda su vida ignoró que Sofía una tarde se bañó de sangre de vaca y se cubrió con maíz cuando vio cómo por la calle miles de cuervos perseguían a su hijo para comérselo y prefirió sacrificarse para que Emil al menos viviera unos años más.

Pero cualquier afirmaría que estaba cansada de ese peregrinaje para mantener a salvo el fruto de su vientre y que prefirió de una vez por todas escapar primero de ese horrible destino.


Emil II desposó a muchas jóvenes usando el carisma que había heredado de su padre, condenó a miles de hijos a la muerte pues en todo el mundo se contaban historias sobre cómo adultos, jóvenes y niños, eran devorados por parvadas de cuervos hasta dejarlos en los huesos y que en algún lugar estaba alguien que decencia de Emil Barrera y de Sofía, pero nunca se pudo hacer nada para evitar el trágico desenlace.


Emil II al igual que su padre fue asesinado por sus empleados al tratarlos de la misma manera cruel y desalmada, solo que no murió del mismo modo sangriento y fue el único en la historia de su familia que tuvo una sepultura y un lugar de descanso en el cementerio pero todos cuentan que cuando iban a dejarle flores, tenían que ahuyentar a los cuervos que hacían sus nidos y descansaban sobre su tumba.


— ¡Cuánto polvo! Parece que nadie ha limpiado en décadas— Dijo Niza, sacudiendo los muebles de madera que aún las termitas no habían terminado de devorar con los años.


— Tendremos que contratar un servicio de limpieza, no me gustaría que la humedad destruyera estas paredes— Dijo Arturo mientras veía como sus dos hijos corrían de un lado a otro tirando todo.


— ¿Cuánto tiempo estaremos aquí?— Pregunto Niza a su esposo— En cuanto termine de arreglar el papeleo, al parecer todos los Barrera hemos heredado esta casa pero nadie la ha reclamado. — Agregó Arturo sentándose en una silla junto a la ventaba y observando cómo su hija de siete años iba hacía el balcón.


— Alguien tenía que hacerlo o se echaría a perder— Dijo Niza sonriendo— En ese instante la pequeña entró riendo de la emoción— ¡Allá afuera, en el cielo! hay muchas aves negras volando alrededor de la casa, dando vueltas en el aire— La pequeña apenas y podía articular bien las palabras por su edad y esto causo la gracia de sus padres y de su hermano.


La familia se acercó a la ventana y observó cómo miles de cuervos graznaban y volaban con premura en esa danza circular que casi todos en el pueblo habían olvidado.


Las ancianas de los alrededores se persignaron y pidieron compasión al cielo y los campos de maíz se estremecían mientras la familia de Arturo y Niza cerraba la ventana y se sentaban en la sala diciendo “No debe ser nada, dicen que esta casa siempre ha sido de los cuervos.”

15 de Março de 2019 às 05:07 0 Denunciar Insira 0
Fim

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