La rebelión de Odorath Seguir história

mikelgj Miguel Gonzalez

Los eventos del pasado llevan a Odorath a tratar de destruir a la raza humana, los elfos deben recuperar su grandeza y gobernar Üverin nuevamente, sin embargo un dragón de las tierras de Ulphien comete un grave error que cambiará el destino de la guerra que se avecina.


Fantasia Épico Impróprio para crianças menores de 13 anos.

#fantasia #magia #dragones
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El brazalete de Anaron

La habitación se encontraba lúgubre, el modesto brillo de una tea rompía la vasta oscuridad que llenaba todos los recovecos del inmenso cuarto y dejaba ver con su tenue luz, las siluetas de muchos baúles de múltiples tamaños. Odorath caminaba tentando las superficies de los baúles, todas talladas con elaboradas marcas élficas enumerando el contenido de los mismos, la escritura le era familiar. Sin titubeo alguno avanzaba rápidamente entre los baúles leyendo con las manos los contenidos de los cofres, cada vez mas emocionado por su búsqueda, “Está aquí, lo sé”, “Anaron lo escondió aquí, pero lo encontraré, lo encontraré”.

Pasaron varias horas en las que continuó inútilmente su empresa, había revisado más de mil baúles sin resultado alguno, su cuerpo no se sentía cansado pero sus pensamientos estaban abatidos. La desesperación se apoderó de su corazón “No está” se dijo y comenzó a sentirse horrorizado, “Gábelen mintió, me mintió”, soltó un suspiro al bajar la vista y el corazón le aceleró mientras sus ojos se clavaban en uno de los baúles.

Era pequeño, muy pequeño en comparación con los demás, pero su belleza era tal que Odorath sintió como si hubiera encontrado algún tesoro de los creadores de antaño, pensó en las musas divinas y en los dragones de Ulphien con sus escamas de diamante y oro, y llegó a creer que la oscuridad del cuarto se doblegaba al rededor del pequeño baúl.

Decidido, se acercó al pequeño cofre, lo tomó entre sus manos y lo examinó detenidamente, la escritura era de un tallado tal que los elfos envidiarían, con brillos blancos como rayos de sol caían dos dagas por el frente del baúl y sus filos apenas rozaban lo que parecía un rostro tallado en la madera con una habilidad excepcional, los labios delgados y serios y el mentón fuerte y fino al mismo tiempo, Odorath estaba hipnotizado con la perfecta nariz, los bellos pómulos, las tersas mejillas pero sobre todo con los radiantes ojos casi vivos. Todo demostraba el rostro de alguien sumamente hermoso, tanto que Odorath sintió como si su belleza élfica fuera un harapo junto a él.

Algo en la mente de Odorath no encajaba, nunca había visto facciones tan perfectas; las formas lo llenaban de un aire de júbilo y satisfacción, se sintió completo y poderoso, como si hubiera escuchado los cantos de antaño de su raza y los Valar todos al unísono y al compás de la creación. Una lágrima resbaló hacia el suelo mientras los pensamientos de Odorath caían en las sombras, entonces murmuró: “no es un elfo” y una enorme duda se apoderó de cada fibra de su ser, “¿Pero.... qué eres?” se dijo y calló. Esperó pacientemente atento a los ojos del rostro por lo que le parecieron eras, como esperando que la rígida madera del cofre cobrara vida para contestarle, pero no fue así, muerto, vacío y sin embargo radiante permaneció el baúl.

Continuó examinando detenidamente todos los bordes y las caras del cofre, pasaba las manos por los costados para captar las palabras escritas buscando traducirlas, pero no lo logró, no conocía esta escritura era muy diferente a la escritura élfica y de los enanos. A pesar de no entender nada siguió tentando el baúl hasta que una palabra le pareció familiar, “Noolariel”.

-Noolariel- pensó –la palabra le recordó la escritura de su raza vagamente y sus pensamientos escaparon de él, huyendo a los rincones de Üverín en una inútil búsqueda del origen de esa palabra.

Inconscientemente despegó los labios y pronunció el nombre, bajo, apenas un susurro, “Noolariel”, “Noolariel” nuevamente, en ese momento un viento helado le cubrió el cuerpo, el fuego de la tea se elevó violentamente tomando la forma de una mujer, tan real, tan viva, que Odorath recordó las magias viejas de la antigua usanza élfica. Era una figura diferente a la del baúl, notó un bello rostro pero no de brillos élficos sino humanos, una sonrisa amable se dibujaba en el rostro de fuego y sus ojos examinaban a Odorath detenidamente y el fuego bailaba y rondaba y caía deprisa siguiendo determinado la figura de ella y sin embargo la obscuridad creció y creció llenando los rincones y devorando lentamente el cuerpo y el rostro de la dama. Odorath comenzó a temblar ante el silencio absoluto que los rodeaba, sólo podía ver el par de ojos de fuego rojo, la imagen de la mujer y su sonrisa ya eran sólo penumbras, y los ojos ya no eran alegres, al contrario denotaban ira, crueldad y desprecio.

Aterrado por el espectáculo desenvainó su espada, sus manos temblorosas sudaban, le faltaba el aire y la obscuridad era cada vez más profunda, nunca había sentido algo así, “El terror” pensó, “Así nunca podré, no podría...” un inmenso odio se apoderó de él, se aferro al mango de su espada y atacó violentamente, de un tajo desapareció el fuego y la obscuridad cesó. Cayó de rodillas por el esfuerzo rompió a llorar sin saber por qué y sus ojos se clavaron nuevamente en el pequeño baúl que había caído al suelo, lo tomó entre sus manos y trató de abrirlo inútilmente, esbozó una sonrisa y delicadamente envolvió al baúl con su capa, se levantó y salió deprisa de la habitación.

-Aquí está, debe ser pero -titubeó- Anaron no lo debe saber, no, no lo debe encontrar, ¿qué haré?, Gábelen me traicionará, estoy seguro -y se detuvo a pensar un poco más- Dhálan, él lo protegerá, a Ulphien, debo ir a Ulphien,

Y partió hacia Ulphien aprisa, al encuentro con Dhálan y su viaje fué de muchas aventuras e historias maravillosas, más ninguna trascendió en su corazón como su llegada a la montaña de Érebek la morada de Dhálan, el dragón exiliado a las fronteras de Ulphien.

11 de Março de 2019 às 20:04 0 Denunciar Insira 0
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