El sombrero del gnomo Seguir história

wereyes Waldo Reyes

Isaac un joven con problemas económicos que esperaba seguir sus estudios se topa con el azar. Un sombrero de gnomo, un dragón un poni...¿Qué podría salir mal? Cuento perteneciente a una compilación registrada en: safecreative Código de registro: 1902280069083


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El sombrero del gnomo, primera parte.

El sombrero del gnomo

Autor: Waldo Reyes

© 2019



Isaac Morán, joven estudiante de ingeniería al que le atraían la música y los juegos de vídeo, iba como todas las tardes con su guitarra bajo el brazo a ver si podía hacer algo de dinero tocando en las esquinas de las calles concurridas de la ciudad o cerca de las estaciones de metro.

Su instinto lo dirigía hacía donde pudiera sacar el mejor provecho. Estaba con su mente ocupada. Preocupado no tanto de si su guitarra estaba afinada o que melodías interpretaría que por lo demás le salían de manera automática de tanta práctica. Sino de algo más mundano aún, pensamientos que atribulaban al casi siempre sonriente mozuelo.

«¿Por qué siempre me pasa esto?».

«Estoy casi al final de mi primer año de carrera y debo a las tarjetas de crédito como cinco mil dólares... y aún debo pagar la carrera cuando termine».

Si hubiese habido tarros en la vereda tirados los habría pateado de buena gana y es que con la modernización actual no había basura que patear para sacarse la rabia de encima.

«¿De donde voy a sacar la plata? Ni trabajando en los tiempos libres me alcanzaría, los puros intereses me van a comer vivo».

Tampoco podría pedirle a su abuela porque no podría pagarle.

Amargado y mal diciendo su mala suerte que en realidad fue porque prefirió gastar los cupos de las tarjetas en vez de trabajar, caminaba preocupado. Dobló una esquina y se acercó al centro donde estaban los estilizados y hermosos edificios de oficinas con sus ventanales que reflejaban la luz del atardecer.

Cuando se preparaba para escupir al piso, como denostando su infortunio, de la nada enfrente de él apareció una figura humana pequeña con un sombrero puntiagudo doblado y túnica, vestido por completo de amarillo.

El melenudo joven tragó la saliva acumulada en su boca de la impresión.

—Hola soy Antronosoma Degaullé, soy un mago. Puedes referirte a mi como Antron —dijo, la aparición, de rubicundas y sonrosadas mejillas, de ojos pequeños y mirada maliciosa, mientras agitaba sus manos en forma pomposa.

El muchacho no entendía nada «¿Cómo un mago, acaso existen?». Se quedó estupefacto, pasmado como si un martillo lo hubiese clavado al piso.

El aparecido lo observó no ocultando la desaprobación en su mirada.

—Bueno chico —decía, estirando la “ees” en varias más— lo correcto es saludar. Yo me he presentado y no me has dicho tu nombre... hay que presentarse mozalbete. Los modales primero.

—¡edificium, et nunc oportet te vivere! —exclamó y haciendo ademanes “mágicos” el ente movió su vara y apuntó a una construcción.

La estructura de treinta pisos salió de su base haciendo ensordecedores ruidos mientras los cimientos se rompían, empezó a caminar... se inclinó y saludó.

—Hola joven soy un edificio de departamentos. Nogales 1240, esa es mi dirección —dijo presentándose la estructura.

Mientras el edificio se agachaba para darle la “mano” al universitario. Este observó aterrado como se reventaban las ventanas y la gente comenzaba a caer del gigante de cemento azotándose contra el piso. Varios oficinistas murieron con el golpe, otros degollados y cortados por vidrios, mientras algunos fueron aplastados por los ladrillos y bloques que se desprendieron del coloso animado.

Era tal la conmoción que se produjo en el joven músico que salió de su letargo y horrorizado respondió con voz temblorosa:

—Soy Isaac… Isaac Morán.

—Ves, que era simple. Está mucho mejor así ¿no? —acotó, con falsa satisfacción y una pequeña risa entrecortada.

Aún tratando de despertar un poco más y de entender con claridad lo que estaba pasando, lo miró con enojo.

—… Pero ¿qué has hecho? Mataste a todas estas personas para mostrarme buenos modales ¿qué clase de mago eres? —preguntó el muchacho, enfurecido, al terminar la frase.

In tempore revertetur ad originale —dio una orden, aguantando la risa.

El edificio se volvió a armar, como un vídeo en cámara reversa, las personas retornaron ilesas a sus oficinas y la estructura regresó a su lugar.

—No hay porque preocuparse pequeño, mis poderes mágicos me permiten retroceder el tiempo hasta por cinco minutos. Eso si dejando nuestra anterior conversación y memoria intactos.

A pesar del increíble espectáculo el estudiante intuyó una clase de engaño y puso en marcha su astucia.

—¿No entiendo?... un poderoso mago como usted, ¿por qué habría siquiera sentido la necesidad de conocerme? Yo no estoy ni por si acaso a la altura del polvo de sus zapatos, ¡oh poderoso maestro!

Al mago le fascinaban los halagos y que la gente supiera que era inferior a él.

6 de Março de 2019 às 03:54 1 Denunciar Insira 0
Leia o próximo capítulo El sombrero del gnomo, segunda parte.

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Juan Fernandez Juan Fernandez
Muy entretenido, gracias
10 de Março de 2019 às 15:18
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