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valentino-sancho1551655216 Valentino Sancho

Nuestra mente es un arma de doble filo, capaz de construir y destruir en instantes. María está condenada a padecer. Los tortuosos recuerdos se hacen presentes y deciden atormentarla, pero con ellos traen un aterrador zumbido que ella misma alimenta. ¿Hasta qué punto tiene que llegar el ser humano para tomar una decisión? Una historia corta de thriller psicológico inspirada en hechos reales.


Drama Todo o público. © Valentino Sancho

#horror #estrés #relato-corto #psicólogo #problemas #ansiedad #miedo #fantasia #terror
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Drama

Fémina descuidada y atrevida de unos seis lustros, con leves expresiones de narcisismo.

Se alzaba exhausta y meticulosa de una vetusta cama matrimonial, minutos antes de que la imponente clepsidra tararease la leve melodía de un alado. La mujer dejaba caer sus cansados párpados.

- ¡No más epifanías! -Se repetía así misma.

Esos duraderos minutos gozando en la negrura no fueron del todo perfectos, sin embargo, mucho menos fueron tan desagradables como para obligarla a padecer.

María, melancólica, establece su esbelta y custodiada figura en una atractiva butaca ajena, con forzadas intenciones de rememorar su felicidad.

<<Pero un zumbido infernal se hacía presente>>

Optó entonces, indecisa, por sondear una memoria jubilosa de su existencia. Recordó aquella vez en la que su padre simulaba ser su acémila en una alegre travesía por los blanquecinos e inexplorados bosques de Quebracho, en donde por primera y última vez pudo presenciar, a lo lejos, la belleza de un pequeño venado retozando por los interminables pastizales blancos.

<<El zumbido era aún más fuerte>>

Por alguna misteriosa razón, su mente se atiborraba de perspicacia sólo en los momentos de abundante confusión, y los recuerdos difusos del blanco paisaje la arrastraron hacia una aventura imposible que parecía olvidada: un extravagante yayán de tres ojos y melena turquesa le exigía a la pequeña e indefensa María que le entregara el brazado de frutos que con cierta emoción había recolectado.

- Entrégame esos frutos o sufre las consecuencias, pequeña. -Vociferaba el temible monstruo desde las alturas.

Al percibir la desesperación, su padre surgía de la nada con aspecto nervudo y salvaje.

- Deja en paz a mi hija, o serás tú el que sufrirá las consecuencias. -Su disparatado cabello y enorme espada lograban confundirlo con un respetado gladiador dispuesto a morir por proteger sus deseos.

Ambos, ferozmente decididos a vencer, se enfrentaron cara a cara con un unísono alarido de batalla.

El combate fue agotador. Al cabo de unas horas fugaces, su padre adoptó un belicoso espíritu repleto de rabia y, con una inimaginable furia, enterró su espada en uno de los siete dedos del monstruo. Éste, adolorido, dió por perdida la batalla y sucumbió ante esa soberbia y aterradora espada. Prometió alejarse para siempre de aquel lugar y jamás volver a molestar a la niña.

<<El zumbido comenzaba a tornarse tedioso>>

A pesar de la agradable sensación que le brindó su memoria, un tortuoso augurio amenazaba con corromper la escasa cordura de María, y es que, un recuerdo malicioso y enfermizo, de esos que no se borran con facilidad ni aunque lo desees con toda tu alma, parecía cobrar vida en su mente. Una intensa y aterradora premonición era la causante de su malestar, y a pesar de que luchó consigo misma para que no se hiciera realidad, no pudo evitarlo.

Nuevamente recordó. Está vez se trataba de una simple imagen, una fotografía que se encontraba refugiada en el rincón más oscuro de su mente: allí permanecía ella, inerte y sin reacción junto al cadáver mutilado de su padre, aprisionada entre esas cuatro puertas destrozadas y repletas de la sangre de su propio linaje.

<<El zumbido ya era increíblemente perturbador>>

No pudo soportarlo más, procuraba dar un insignificante recorrido por su pasado, pero no de esa manera; abrió los ojos.

<<El zumbido ya no era constante, pero su volumen era aún más elevado>>

Presenció, a lo lejos, un diminuto insecto de tonos oscuros que revoloteaba a su alrededor. No distinguía bien que era, sus alas se movían con una velocidad extraordinaria y le era imposible mantener la vista concentrada, hasta que por fin se detuvo.

La causante de sus males parecía ser sólo una mosca, indefensa, inútil, pero portaba una carga emocionalmente negativa impresionante, <<¿cómo algo tan insignificante podía causar semejante tortura?>> acudió entonces a la solución más primitiva y simple: golpeó con fuerza. Golpeó y golpeó una y otra vez. La mosca se encontraba ahí, tiesa, al igual que ella junto al cuerpo de su padre, sin reaccionar. Pero todo intento fue en vano. La mosca seguía posada sobre el roble de la pequeña mesa, como si nada estuviese pasando a su alrededor, como sí alguna fuerza sobrenatural impidiese que pudiera salir herida. Los minutos transcurrieron y María entró en razón, <<tal vez mis manos no son lo suficientemente rápidas>> retrocedió de forma cautelosa hasta toparse con dos puertas blancas que encerraban varios líquidos y toxinas que advertían ser usados con cautela.

Regresó al lugar de su tormento; la mosca ya no estaba.

Alrededor de un tercio de la casa fue abarrotado de sustancias químicas y mortales, si no fuera porque el desagradable olor de dichas sustancias le provocó leves vómitos, ahora mismo estaría visitando a su difunto padre.

A pesar del esfuerzo sobrehumano que estaba haciendo, María no dejaba de ser acechada brutalmente por el zumbido ensordecedor, ni mucho menos por su causante.

Su inconsciente parpadeaba imágenes inconclusas de su fatídico pasado, <<casa vacía, horfanto, luces policiales>> las lágrimas comenzaban a caer.

El sudor comenzó a invadir su cuerpo lentamente, sus palpitaciones eran casi tan potentes y amenazadoras como el zumbido y su presión aumentaba a cada segundo. Respiraba con gran dificultad y su vista se nublaba mientras que los recuerdos la atacaban de tal manera que le era imposible distinguir cada uno. Casi o podía mantenerse de pie debido a la intenta ansiedad que portaba. Era cuestión de segundos para que su cuerpo colapsara de forma definitiva.

Entonces pensó.

<<El zumbido se esfumaba>>

En completa paz, tomó su celular, se comunicó cordialmente con una agencia de taxis y viajó hasta el lugar deseado; sus ojos se cerraron.

Las horas pasaron.

<<El zumbido ya no existía>>

- Todo ha salido a la perfección, tu período debería volver a la normalidad dentro de unas semanas. ¡Suerte! -Una alegre enfermera la despedía.

María llega a su casa. Deja sus pertenencias y se recuesta, intentando conciliar el sueño. El zumbido ya no estaba, había acabado con el problema. Sin embargo, comienza a percibir lo que parece ser un suave aleteo de mariposa que se intensifica lentamente.

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3 de Março de 2019 às 23:51 0 Denunciar Insira 29
Fim

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