Dita y la joroba mágica Seguir história

captainleon CharmRing

Dita, la jorobadita, se verá transportada a un mundo desconocido. ¿Qué aventuras le esperan en un lugar parecido a la antigua Grecia? Cuento infantil e historia Isekai.


Infância Todo o público.

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La cocina de la vieja casona

Esta historia, está inspirada en el viejo cuento infantil: El jorobadito, de la colección Cuentos Escogidos, volumen tres.

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Dita y la joroba mágica

Capítulo 1: La cocina de la vieja casona

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Los campesinos se dedicaban a la cosecha, con la esperanza de tener buenos resultados y así, no molestar al recaudador de impuestos que servía al señor feudal del castillo.

En el pueblo las mujeres ancianas se dedicaban a sus quehaceres mientras los perros ladraban a una figura que avanzaba lo más rápido que podía en medio de un grupo de niños que entonaban un par de estrofas con sus voces agudas.

―Fea, fea eres fea. Tu joroba te afea.

Así, esa y otras cosas cueles eran dichas por los niños contra una jorobadita llamada Dita.

―¡Basta mocosos vuelvan a sus casas! ―gritó al fin Dita con la esperanza de deshacerse de ese grupo tan incordiante, sin embargo, esto sólo hizo que los perros ladrasen con más fuerza y los maleducados recogiesen piedras del camino y se los arrojasen a la pobre.

―¡Ay, ya basta. Eso duele! ―dijo pero igual nadie se apiadó de ella.

En eso chocó contra alguien de constitución alta y muscular, cayendo de esa forma al suelo.

―¡Largo de mi vista! ―gritó Gamuso y le dio una patada a uno de los perros matándole en el acto.

Los niños huyeron espantados lo mismo que los animales. En cuanto al bruto, no se dignó en ayudar a la jovencita a incorporarse.

―¡Jorobada tenías que ser! ¡Sólo traes vergüenza a la familia!

―No le digas así, pobrecita. No tiene la culpa de ser jorobada ―intervino Tijun.

―Pues es la verdad, no me contradigas. Ahora vamos, que tenemos que ocuparnos del molino que nos heredó padre.

Finado hace tan sólo un mes, el progenitor les había dejado su herencia: A Gamuso, el mayor, le heredó el molino; a Tijun, el hermano del medio, el granero adyacente; en cuanto a Dita, le legó un cascabel, una baratija que comprase a una gitana una vez.

Gamuso quiso expulsar a Dita del pueblo ya que le daba vergüenza tener a una jorobada por hermana, pero Tijun se apiadó de ella y le permitió dormir en medio de los animales, eso sí, ella tenía que ganarse el sustento diario.

La pobre Dita trabajaba como una esclava para sus dos hermanos y aunque lamentaba su suerte, pronto vendría algo que la haría desear que las cosas siguiesen como hasta ahora.

La peste negra barría los poblados y el apocalipsis parecía haber descendido al fin sobre los hombres.

Las personas desesperadas volcaron sus esperanzas a su fe, y cuando Dios pareció no escucharles, vino lo que tenía que venir: buscar chivos expiatorios.

Los restos de varias hogueras donde se habían quemado a las supuestas brujas despedían un fuerte hedor, todavía había unas chispas de fuego que salían de los últimos maderos que todavía tenían brasas y se perdían a la distancia gracias al viento.

La plaza todavía seguía concurrida ya que faltaba una bruja más por quemar.

A rastras, llevaron a la pobre Dita y la ataron para que no escapase, luego, un cura se acercó y la conminó para que confesase su condición como concubina de Satanás.

―¡No, yo no soy ninguna bruja! ¡No me maten por favor! ¡Hermanos ayúdenme! ―rogaba Dita pero Gamuso sólo sonreía de lado, mientras que Tijun, bajaba la vista.

―¡Quemen a esta sirviente de Belcebú! ―ordenó el sacerdote y un par de hombres se acercaron con antorchas.

Cuando ya estaban por prender los maderos, un fuerte resplandor iluminó la plaza.

―¡Fuego! ―gritó alguien y todos huyeron del lugar.

Al parecer las chispas habían prendido en llamas al poblado y todos corrían presas del pánico.

Dita se retorcía pero no podía liberarse, al parecer iba a perecer producto de las llamas que devoraban las casas.

Un remolino de fuego la cubrió, cerró los ojos y lo último que escuchó en este mundo fue el bello timbre de un cascabel.

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Despertó de un sueño del cual no tenía memoria y al abrir sus ojos vio no el poblado donde vivía, sino los árboles de un desconocido bosque.

«¡¿Dónde estoy?!», se preguntó Dita, pero no obtuvo respuesta alguna.

Viendo que no podía quedarse inmóvil, decidió avanzar, rogando salir de ese sitio desconocido hacia tierras más despejadas de tanta masa vegetal que tenía un aspecto malsano.

«¡Una especie de sendero! Mejor será si lo sigo, tiene que llevarme a un sitio mejor que este.»

Lo que vio al final del sendero no le gustó nada, parecía la típica casona de una bruja, pero no había más remedio, tenía que entrar ya que no había probado bocado alguno en días.

―Hola, ¿hay alguien en casa? Me llamo Dita y busco trabajar. ¿Hola?

Nadie le respondió y guiándose por su nariz, la jorobadita se dirigió a la cocina.

Resulta que esta se hallaba en una especie de ancho sótano. Bajó las graderías y cuando sus manos ya se posaban sobre una gran hogaza de pan, una puerta se abrió al fondo, haciendo que Dita se escondiese por instinto.

―Esta vez no te vas a escapar maldito gato ―le decía una mujer al pequeño felino que estaba encerrado en una especie de jaula―. Ya me has incordiado demasiado, pero despreocúpate que has de saber que usaré tus entrañas para ver el futuro.

Dita se extrañó ante esas palabras, sólo una bruja podía proferir tales cosas pero la mujer de la que se escondía, lucía muy diferente a la imagen que ella y el resto de las personas tenían respecto a tal criatura.

Se veía joven, de tez blanca y cabello rubio, era muy hermosa y sus ojos azules se veían puros sin asomo de maldad en ellos.

La bruja sacó al gato de su jaula y le amarró las patas para que no escapase, luego sostuvo un gran cuchillo con el fin de sacarle las entrañas.

«¡Tengo que salvarlo!», pensó con desesperación, pero no había nada que pudiese usar para tener ventaja contra la mujer que de seguro tenía poderes demoniacos.

Sus dedos se cerraron sobre el cascabel que le regalase su padre.

―¡¿Quién está allí?! ―gritó la bruja al escuchar el sonido que produjese el cascabel.

La mujer se acercó a la fuente del sonido sosteniendo el cuchillo, pero no pudo hallar nada. Al darse la vuelta, descubrió que el gato había desaparecido.

Puesto que la cocina era muy amplia, la bruja levantó los brazos y luego de decir unas palabras en un extraño idioma, hizo que varios de los mesones se corriesen, revelando así la posición de Dita y el gato.

La bruja se abalanzó hacia Dita y la jorobadita agarró lo primero que tenía al alcance de su mano para defenderse, por desgracia, lo que sostenía en sus dedos no era otra cosa sino una triste pata de gallina.

―¡No! ¡Maldita! ¡¿Qué hiciste?! ―gritó la bruja y de repente allí mismo se encogió y secó hasta no ser más que un pellejo vacío.

«Cielos, eso fue horrible.»

―Vaya, menos mal que la bruja se murió. Muchas gracias amiga, me has salvado ―dijo no otro sino el gato.

CONTINUARÁ…

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Gracias por haber leído, esta es mi primera historia tipo Isekai. No olviden hacer click en el botón de seguirme por favor.

2 de Março de 2019 às 17:15 2 Denunciar Insira 29
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Raül Gay Pau Raül Gay Pau
Tiene un aire a cuento infantil. Mola.
5 de Abril de 2019 às 05:14

  • CharmRing CharmRing
    Esta basada en un cuento infantil clásico 5 de Abril de 2019 às 07:12
~

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