"Los Perros también hablan" Seguir história

srbadluck Gian Li

¿Quien asegura que los perros no hablan? ¿Quien asegura que no caminan en dos patas?, ¿que no usan ropa u armas?, ¿que no comen carne humana? ¿Quien? Yo no lo sé, simplemente, díselo tú al perro Raven.


Horror Horror gótico Para maiores de 18 apenas.

#sangre #asesinos #245 #301 #mercenary #Caníbal
Conto
1
3622 VISUALIZAÇÕES
Completa
tempo de leitura
AA Compartilhar

Los perros también hablan

El heavy metal resonaba en sus tímpanos, el albino de ojos escarlata acomodaba de vez en cuando aquellos audífonos pequeños color opaco.

Repudiaba aquellos "audífonos" los cuales tenían gran tamaño, ¿qué acaso no notaban los humanos lo ridículos que se veían con estos sobre sí?


Algunos lo llamaban "Cuervo", otros "Perro rabioso".

No era fácil ser un experimento humano, y que, en un pasado hubiesen cambiado la mayor parte de tus dientes por caninos de perros salvajes.

Sí, poseía dientes de perro, y algunos de humano.

Era una mezcla extraña, pero solamente eran una extraña mezcla la cual servía para desgarrar carne humana.


Raven Verner, veintiséis años, para los veintisiete.


Perro de caza de nacionalidad Alemana, Mercenario de máximo Rango en estado de hambre, y una muy voraz.

1'89 de estatura, cabellera albina, alborotada, muy poco cuidada, por cierto.

Cicatrices bajo los ojos, junto a un par de grandes ojeras.

Una piel tan pálida como la misma nieve.


Un corazón tan frío pero a la vez tan herviente como una caldera a punto de estallar sobre un candente fuego.


Sus botas militares, llevaban sobre sí, un enganche con púas de metal, tres, para ser exactos.

Estaba claro que en el día no las utilizaba, pero por las noches, había cada humano vistiendo de manera extraña, que no dudaban que ello fuese solo una moda.


¿Moda?, oh, claro.

La nueva moda era perforar estómagos y patear cabezas hasta hacerlas explotar contra paredes o basureros.


Definitivamente.


El perro sarnoso buscaba una nueva presa.

Pero con exclusividad, que fuese alguien fuerte, no menor de 20 años, enclenque, o anciano.


Que asco.

Que puto asco.

¿Quien acudía a comer esa clase de humanos?, eran los menos sabrosos.


Era delicioso embestir a mordidas un musculo o mismo, el cuello de alguien parecido a el físicamente, o tal vez, un poco más fuerte.


¿Qué?, para algo existía el dicho; "Métete con alguien de tu tamaño".

A el perro le encantaba utilizarlo.


Aquel albino paseaba de callejón en callejón, cabeceando sutilmente al son de la pesada música que rompían sus tímpanos poco a poco, sucumbiendo en sus pútridos, oscuros y sádicos pensamientos.


Las luces a duras penas alumbraban las pútridas calles.

Aquella zona era reconocida por estar llena de mercenarios y prostitutas.

También por estar repleta de aquel aroma pútrido a cadáveres.

Ni un puto policía se atrevía a pisar aquellas calles, simplemente acabaría hecho una coladera, más por las noches.


Día/Noche de guerra.


Raven no había olvidado algo, ¡faltaba muy poco para su cumpleaños!, estaba a una semana, y dudaba festejarlo el mismo día.

No podía contener su emoción, el simple hecho de cavar con sus dientes y manos el estomago de su presa, era... delicioso y excitante.


Observar sus manos con demencia y lamerlas al son de la música que se repetía en su cabeza.

Esa música simplemente eran voces, gritos, y llantos.


Paso, paso a paso se encaminó a su callejón preferido, el de la novena calle, cercano al bar central abandonado.

Por no decir que a veces otros mercenarios se juntaban entre si a beber ahí dentro.


Lentamente, retiró un audífono, y escuchó una risa suave, con una voz tosca, ronca.

Apagó su reproductor de música y guardó ambos audífonos.


Asomó su mirada por el muro de la entrada al callejón, entrecerrando ambos ojos escarlata mientras relamía sus resecos labios.


El sonido de los quejidos de la victima de aquel hombre, sucumbían el callejón.

Sonaba como alguien joven, unos... ¿diecinueve años?

Que asco.


En serio, ¿qué carajos?

Raven estaba más cabreado, y tenía más razones para descuartizar y saborear con un poco de asco el cuerpo de aquel hombre de gran estatura.


Últimamente, estaba algo débil de fuerzas, debía de recurrir a sus armas blancas como una "pequeña ayuda".


Suavemente, deslizó su mano hacía el bolsillo delantero de sus jeans negros, sacando un karambit rápidamente.

El hombre se notaba muy ocupado, pateando, denigrando, y escupiendo sobre aquel joven muchacho, que, por razones obvias, parecía ser solamente un civil que entró en zona de peligro.

Tal vez alguien perdido buscando direcciones, muchos terminaban así.


Sigilosamente, caminó, paso a paso se asomó aún más a la escena.

Cuando, finalmente quedó detrás del hombre de mayor edad y estatura, el Cuervo observó por el puto rabillo de su ojo a la victima, que, actualmente, se encontraba con la cara hecha un desastre de moretones, cortes, y salpicones en sangre y escupitajos.


Giró sus ojos por un mísero momento con hipocresía y repudio, haciendo una mueca de asco.

Como repudiaba a esos hombres, se creían la gran cosa.

El solo buscaba cena, no una estúpida y denigrante escena de un joven perdido y un mercenario retirado, lo más seguro.


Ridículos humanos.


El sarnoso suspiró, el hombre lo sintió en su espalda y volteó.

Era predecible lo que recibiría.

El alemán apoyó su Karambit plateado a la altura del cuello ajeno, en la yugular para ser más exactos.


Para quienes no saben, el Karambit consiste en una garra de metal, un arma blanca, la cual, mayormente, sirve para desgarrar cualquier clase de carne, hasta la más dura.

Arma preferida del perro albino, quien, por cierto, coleccionaba varias de la misma clase.


¿Cerrar los ojos?, nunca haría eso.


— No tienes ni huevos, mira lo que le has hecho a ese crío.


Habló casi riendo sarcásticamente, deslizando, más bien, arrancando un pedazo de la carne junto a un profundo corte en la yugular de aquel hombre retirado.

La sangre, hermosa, deliciosa y reluciente, salpicó en el rostro y ropa del canino salvaje.


¿Una sonrisa?, si pudiese,  serían varias.

Uff, a decir verdad, era realmente excitante sentir como su propia piel reseca era alimentada por la sangre de su contrario.

Era como un hidratante para el, siendo exagerados, y mucho.


Aquel "pobre" hombre, abrió sus ojos de par en par, caminando, más bien, tropezando hacía atrás, dando torpes pasos que parecían una desesperada danza antes de su dolorosa muerte.


Eso no se quedaría así.


— ¿Y tú?, ¿vas a querer un trozo?


Preguntó Raven al actual cadáver del joven muchacho que habían escupido anteriormente.


Menudo hijo de puta, el podía quejarse, pero era parte de estos.

Tan basura como cualquiera.

Tan hipócrita como su propio jefe, era gracioso, porque se odiaban por mismas razones.


"Eres demasiado hipócrita".

"Tú hipocresía da asco".


— Gracioso


Soltó entre dientes, a aquel hombre parecían darle choques eléctricos debido al dolor, la sangre, yacía a borbotones.


— Hasta parece que tuviese convulsiones, pobre.


Quejó, mordiendo su labio con inferior sutilmente, a la par de que inclinaba su cabeza con algo de dificultad, mostrando una falsa confusión como la de un indefenso canino perdido.


— Dos cadáveres, no tengo tanta hambre, ¿cierto?


Preguntó al aire, soltando aquello mientras golpeteaba una de sus botas militares en el charco de sangre, haciendo un excitante sonido, que para el, no era más que un deleite auditivo.


Realmente le valía mierdas enchastrarse en sangre, comida era comida.

Y... ¿qué perro no hacía desastres al comer su cena?


Raven era uno de esos, siempre empapaba hasta su cabellera reseca en la sangre, feliz de su cometido.


Se dejó caer lentamente de rodillas sobre el charco de sangre, gateando hacía el cadáver más grande, mostrando sus caninos entre una gran sonrisa.

Dejó caer el karambit a un lado con sutileza, deslizándolo por el pavimento húmedo de basura a la esquina de un basurero.

Las ratas se acercaban, curiosas, hambrientas.


— Venir, hay mucho para ustedes, mierdas.


Habló, observando a una de estas, sonriendo de manera ladina al notar como, con menos miedo, se acercaban varias al cadáver más joven, y otras, al charco de sangre.


Verner, quedó sobre el cadaver, cada mano a un lado del cuello abierto ajeno, y sus piernas, entrelazadas en las ajenas, como si de una serpiente se tratase.


No podía dejar de jadear, el aire se tornaba algo caliente para el, el ambiente le encantaba, tan sangriento como cada cena que conseguía de vez en cuando.


Sus labios, asomaron a el cuello que, actualmente, estaba abierto de par en par, destrozado.

Besó aquella zona con sutileza, sintiendo como sus labios empapaban en sangre, su corazón se aceleraba como el de un mocoso enamorado por primera vez dando su primer beso o iniciando su primer polvo.


Sus ojos, escarlata, intensificaron en un sutil brillo.

No dudó en clavar sus dientes en aquella zona, comenzar a arrancar la carne, masticar, jadear a la par de que saboreaba y ayudaba con sus manos, a abrir aún más el cuello ajeno.


« Delicioso »


Pensó el sarnoso.


De vez en cuando, no podía evitar estirar su cuello un poco para tragar, era tan difícil masticar, saborear, tanta hambre, tan poco tiempo.

La noche se convertía en día tan rápido, el día se tornaría aburrido.


Lo mejor era disfrutar su cena, definitivamente.


Eso si que sabía bien, había carne, músculos, y sangre, de sobra.

Una exquisitez. 


Constaba en ser paciente, pues, una grandiosa cena no se conseguía de un día al otro, para nada.


Tampoco era algo de planearse, si había, había, si una noche no salía, pues, mala suerte.


Hoy, hoy el perro de caza tuvo suerte.

Menuda suerte.


«Feliz cumpleaños, maldito perro»


Pensó el de cabellera descuidada, sonriendo, ya algo lleno de tanto comer, el cuerpo había quedado hecho un desastre.

El cadáver del muchacho, ni hablar, las ratas se encargaron.


Y el, simplemente no convidó ni a una rata con el del hombre de mayor estatura.


Ese, ese era suyo.


Solamente suyo.
















14 de Fevereiro de 2019 às 03:26 0 Denunciar Insira 0
Fim

Conheça o autor

Gian Li 18/Leo/UY. Escritor amateur, más que nada, por pura diversión y desarrollo de personajes, Adicto a dibujar, en aprendizaje aún, claro está. Cordial saludo para quien lee esto.

Comentar algo

Publique!
Nenhum comentário ainda. Seja o primeiro a dizer alguma coisa!
~

Histórias relacionadas