Ayúdame (Vol III) Seguir história

lemirhell Lee Mirtee

Buscaba emociones nuevas, experiencias intensas, pero se le fue de la mano. Ahora solo depende de ese buen amigo para corregir sus decisiones impulsivas. Léelo despacio, respira cada párrafo. #Hellsaga


Erótico Para maiores de 18 apenas.

#Hellsaga #HellSaga #hellsaga
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Ayúdame

- Deberías dejar de leer ese tipo de cosas.

La tomé por sorpresa, es divertido ver sus reacciones exageradas, en ese caso saltó de la silla con un sonoro respingo y casi deja caer la tableta que llevaba en las manos. Me reí con fuerza al ver sus mejillas hincharse con una tierna cara de enfado.

- Deja de hacer eso! Sabes que sufro del corazón.

- Sí sí, lo lamento. - Me senté a su lado, mirando sobre sus hombros la tableta que abrazaba con fuerza - No se para que la ocultas... ¿qué estás leyendo esta vez?

Sus mejillas se sonrojan un poco, a pesar de su aspecto casi angelical sé que lo que pasa por su mente no es nada sano, mucho menos santo. Solo hay que ver el tipo de cosas que ella lee, aquí en la universidad, con una cara tan seria que parece repasar las leyes de la constitución del país.

- Dime, ¿qué es esta vez? ¿Hentai? ¿Yuri? ¿Una novela erótica? Imagino que algo suave, después de todo la semana pasada terminaste un libro del Marqués de Sade.

- Shhhhh! - Coloca uno de sus dedos en mis labios mientras mira con cautela a todos los rincones del aula vacía- No lo digas tan alto, nadie debe saber eso.

- En primer lugar: Estamos solos, en segundo lugar: no veo cual es el problema, se supone que tu sueño es hacer películas porno ¿no?

- Pues sí, pero me crearé un álter ego masculino, así haré mis películas anónimas, mientras trabajo en películas infantiles.

- No sé que hay dentro de tu cabeza, ¿acaso todos los estudiantes de cine están tan chiflados?

Duró un buen tiempo en responder, creo que en verdad se tomó muy seriamente esa pregunta.

- La verdad no lo sé, creo que no... o tal vez sí...

- Entonces, ¿no me dirás que andas leyendo?

Me mira a los ojos fijamente, sopesando si contarme o no, pero a ver el brillo en sus ojos supe que estaba ansiosa por decirme cual es su nueva adquisición.

- Omegaverse.

- Omega qué?

- Yaoi Omegaverse.

- Ahora no quiero saber al respecto, gracias!

Me levanté con intención de marcharme pero ella no me da tiempo a dar un paso antes de aferrarse fuertemente a mi pierna.

- Oh no, no irás a ningún lado Fernando, tú preguntaste ahora te toca escuchar.

No es que tenga problemas con el tema de la Homosexualidad, es sólo que mantengo mi distancia con todo lo que tenga que ver con relaciones sexuales entre dos hombres; si son dos mujeres, genial!, personalmente es algo muy sexy y hasta excitante... pero cosas como Yaoi o porno gay... no gracias, en la otra vera por favor.

Pero a oídos de ésta muchacha nada vale, a pesar de estar incómodo y con un notable humor de perros no paró de hablar al respecto.

A continuación una síntesis de su explicación:

Omegaverse, un mundo donde existen 3 sexos más, además del masculino y el femenino, los cuales son: Alphas, Betas y Omegas. Cada uno con características especificas que les diferencian entre sí. Ella se enfocó en describirme a los Omegas, el menor número de la humanidad, de cada 10 sólo uno es un Omega, tiene la habilidad de embarazarse sin importar si es mujer u hombre.

No pienso profundizar más, después de todo no era algo que quisiera imaginar.

Así que mientras ella hablaba sin parar sobre etapas de celo, feromonas, vínculos, mordidas y nudos en el pene de los Alphas, yo intentaba concentrarme en otras cosas, como en sus mejillas sonrosadas o el bailecito nervioso de sus caderas contra la silla, la leve capa de sudor que empieza a cubrir su cuerpo y el brillo de emoción que lleva en los ojos.

- Muy bien, creo que es suficiente, debo irme.

Ya finalizada su extensa explicación decido irme antes de que se le ocurra darme descripciones más detalladas de otras cosas, la verdad he quedado bastante traumatizado al respecto, pasaré años intentando olvidar todos los pensamientos que ella plantó en mi mente. Eso incluyendo tener un útero conectado a mis partes traseras que me permita quedar embarazado (si es que soy un Omega).

Pero una vez más ella se adelanta a mis acciones, me toma de la chaqueta con fuerza haciendo que la mire a los ojos.

- ¿Qué quieres ahora Amaya?

- No te vayas... ayúdame.

De repente su actitud animada y traviesa se vio disipada tras una expresión triste. Estaba rogándome, al menos eso era lo que sus ojos me decían, su mano temblaba a pesar de la firmeza con la que sostenía mi chaqueta y su mejillas parecían estar cada vez más coloradas.

Ahora ¿qué le pasa a ésta?

La veo dejar la tableta en la mesa, en ella una escena bastante erótica se deja ver, un chico con rasgos bastantes afeminados tiene en sus manos un miembro que lame con una inmensa sonrisa en el rostro. Me disculpo, no és una escena erótica, és totalmente sexual.

Ella me ve examinar la imagen con detenimiento mientras se acerca a mi, acaricia mis brazos hasta llegar a mis hombros y luego me toma el rostro; su tacto es suave y delicado. Me hace mirarla a los ojos otra vez, (no sé que necesidad tiene de mirarme a los ojos todo el tiempo) es sorprendente lo indefensa que se ve, hasta parece que lágrimas se asoman.

Aún no puedo digerir el cambio de su actitud, pero sí siento el cambio de la atmósfera.

- ¿Qué te pasa?

- Digamos que hice algo estúpido y ahora me estoy arrepintiendo.

Me mira entre tímida y avergonzada mientras sus mejillas toman un tono rojizo bastante atractivo.

- ¿Qué hiciste ésta vez?

Se muerde el labio con indecisión, antes de darme un pequeño frasco que saca de su cartera.

Al mirar la etiqueta la palabra Aphrodisiac captura toda mi atención, no puedo ni imaginar la mirada de idiota que debo de tener ahora mismo.

- Solo quería intentar algo nuevo, creo que me pasé de dosis, mientras hablaba contigo la sensación se fue incrementando, no aguanto más... Ayúdame, por favor.

Sus manos se aferran a mi cuerpo, mirándome a los ojos, mordiéndose los labios, acercándose lo suficiente como para sentir la leve ola de calor que escapa de su silueta.

No entiendo que ella busca, el tipo de cosas que piensa, las emociones que tanto quiere sentir, las locuras que hace para conseguirlo.

Hoy ha consumido afrodisíaco en la universidad, días antes había venido a clases con un vibrador dentro de su vagina, siempre lee cosas sexuales en los lugares menos pensados (la mayor parte del tiempo lleno de gente), vive fantaseando todo el tiempo, pero al menos nunca me había hecho partícipe directo de todas sus ocurrencias. Ahora me lo estaba pidiendo.

- ¿Qué quieres de mi Amaya?

- Sabes muy bien que quiero, te prometo que sólo será ésta vez.

- Somos amigos, sólo amigos.

- Y seguiremos siéndolo, como amigo ayúdame ésta vez, sin compromisos ni exigencias, solo tú haciéndole un inmenso favor a tú amiga.

Mientras la miraba notaba como iba impacientándose, su agarre se hacía más fuerte, nunca pensé que llegaría a verla tan desesperada y mucho menos por algo como el sexo.

No me quedó más que suspirar, al fin y al cabo no era para nada una pérdida, Amaya tiene un cuerpo hermoso, un cuerpo relleno y suave pero también curvilíneo.

- Vamos a mi casa.

Intenté librarme de sus brazos pero ella no lo permitió, se aferró mas a mi cintura y apoyo su cabeza en mi pecho.

- No puedo Fer, es demasiado.

- ¿No piensas que lo haremos en una aula de la universidad verdad?

Sabía la respuesta, su apetito insaciable por las cosas que no debería hacery su mirada transparente que dejaba ver con claridad todos los pensamientos oscuros, eran más que suficientes para mí.

Y así fue como en ese momento mi voz racional se vio opacada por un mar de testosterona y deseo carnal.

El preludio de todo fue una sonrisa, una sonrisa lujuriosa que trazaron sus labios y luego un lengua traviesa que recorrió su silueta.

En un pestañeo mi boca estaba contra la suya, mi lengua contra su lengua, y mis manos en sus caderas.

El gemido de satisfacción que escapó entre besos hizo encender mis sentidos como si de un motor se tratara y me fui en automático.

Entre mordiscos, caricias y gruñidos nos deslizamos hasta el piso y, bajo asientos y mesas, nuestro instinto animal salió a relucir.

Vestida con falda de esas largas y, tan finas, que parecen no sentirse; de esas con un corte lateral que dejan ver las piernas y facilitan los toques.

Su piel era suave y caliente. Mientras ascendía, olía la fragancia que emanaba de su cuerpo y lamía su cuello. Llegué a su muslo ancho y carnoso, hechos para tocarse, y me deleité con el estremecimiento de su cuerpo mientras me acercaba al centro de su deseo.

Me tomé un segundo para parar y mirarla debajo de mí, con sus manos aferradas a mis hombros, la blusa semi-alzada, el pelo corto desordenado y los labios entreabiertos y húmedos; por alguna razón me pregunté que rayos estaba haciendo.

Ella no me dejaba pensar, empezó a tocarme, entró sus manos bajo mi camiseta, me despojó de ella y me nublo la mente su tacto. Abrió las piernas debajo de mí, haciendo que su falda se deslizara y permitiendo que nuestras entrepiernas se chocaran.

Yo quería sentirla más, estaba totalmente erecto mientras frotaba mi pene contra sus bragas, sacaba jadeos de sus labios y notaba que ella no podía dejar la manos quietas, me tocaba en un momento y al otro apretaba sus senos sobre la tela de su blusa.

Intentaba detener su voz con besos, y remplacé sus manos con las mías, me entretuve entre la redondez de sus pechos y los pequeños bultos de sus pezones erectos que aún con sostén se dejaban ver.

- Fernando, por favor, no necesito juegos previos... solo mételo!!

Joder, esa voz! su voz era tan sexy, la expresión caliente de su rostro, sus manos hurgando entre mis jeans para liberar lo que quería, sin ayuda.

Dejó mi pene a la vista mientras yo hacía lo mismo con sus pechos.

La dejé hacer mientras lamía sus pezones y acariciaba su sudado y algo abultado abdomen. Su cuerpo me estaba volviendo loco, tanta suavidad por todas partes, las llamas que nos rodeaban, los jadeos y gemidos y el movimiento de sus caderas mientras echaba sus bragas a un lado y permitía que mi glande chocara contra su clítoris.

Lo guiaba con la mano, de arriba abajo contra su vagina, me mojaba con sus jugos y me hacía temblar con el calor que emitía su empapada entrepierna, sentía como se estremecía contra mí.

Saqué su pezón de mi boca luego de succionarlo con suavidad y al mirarla vi dos lágrimas cristalinas que manchaban su rostro, me miró con los ojos bien abiertos y los labios hinchados, me miró fijamente con una impactante sonrisa en el rostro mientras con lentitud me instaba a insertarlo dentro de ella.

El recorrido se me hizo eterno y tortuoso, sentí el abrigo cálido, húmedo y apretado de su vagina, hasta enterrarlo por completo.

Se aferró a mí con manos y piernas, las contracciones de su vagina casi me hicieron correr, su cuerpo se desató de forma violenta y mi nombre escapó de sus labios en forma de gemidos mientras se corría en mis brazos.

Apreté los dientes y aguanté la respiración hasta que sus caderas dejaron de moverse, sus músculos dejaron de aferrarse contra mí, y las oleadas de contracciones empezaron a calmarse.

Me abrazaba con la respiración agitada, las piernas temblorosas, los senos desnudos contra mi pecho y los ojos llorosos cerrados con fuerza.

Necesitaba liberarme pronto pero permití que se recompusiera unos minutos del primer orgasmo, para poder brindarle un segundo por mi mismo.

Sus ojos fueron mi señal, desde que volvió a abrirlos la tomé de la cintura y empecé a mover mis caderas, ella volvió a prenderse como una antorcha.

Sentía los pezones rozando contra mi pecho a medida que nos movíamos y también sus uñas clavándose en mi espalda. Escuchaba sus gemidos, su aliento en mi mejilla y las palabras sin sentido que acariciaban mi oído.

Me estaba acercando cada vez más, y las constantes contracciones, no sé si intencionales, de ella me ponían loco.

Yo la sujetaba con tanta fuerza que estaba seguro que dejaría las marcas en su cuerpo, pero ella parecía totalmente ajena a eso.

La puerta sonó.

Ambos nos miramos perplejos y petrificados, se escucharon pasos que avanzaban sin prisas con dirección al frente del salón, poco a poco se acercaban a la fila en la que estábamos.

Ella ni pestañeaba, pero la combinación del afrodisíaco con la situación pareció poder más que el miedo de ser encontrados, su cara estaba totalmente sonrosada y comenzó a mover las caderas debajo de mi... provocándome.

Los pasos hacían eco por todo el salón pero ella me hacía olvidarles.

Amaya, Amaya, Amaya... solo repetía su nombre en mi cabeza una y otra, y otra vez, hasta que no pude aguantar.

Tapé su boca con mi mano y me enterré profundamente en ella, mordió con fuerza para intentar tragar sus gemidos, y yo obvié por completo cualquier posible dolor, solo me importaba correrme y rápido.

Una, Dos, Tres, Cuatro, ... Cinco.

Escondí mi rostro en su cuello a la vez que bombeaba todo mi semén dentro, ella se estremecía y arqueaba la espalda mientras me mordía.

Los pasos se detenían, una voz se escuchaba desde la puerta.

-Guillermo ¿qué haces?

- ¿No es aquí nuestra próxima clase?

La segunda voz se escuchaba mucho más cerca, bastante cerca de donde nos encontrábamos parcialmente desnudos.

- ¿No viste el correo? El profesor cambió de aula, ahora es en la 215, date prisa llegaremos tarde.

Ésta vez se escucharon los pasos más apresurados, antes de que el sonido estridente de la puerta al cerrarse rebotara contra las paredes.

El silencio sólo se vio profanado por nuestras fuertes respiraciones.

Al quitar mi mano de su boca, no fue la saliva lo que me llamó la atención, sino la gran sonrisa de satisfacción plasmada en su rostro, ella temblaba y yo palpitaba dentro de ella, nos tomó largos minutos ponernos de pie con confianza, arreglar nuestra ropa, adecentar nuestro cabello y recuperar por completo el aliento.

Tomé el frasco que permanecía en el asiento y lo guardé en mi bolsillo trasero.

- Amaya, que sea la última vez que hagas algo como ésto.

Pero ella ignorando mis palabras, me tomó del rostro para besarme y luego caminar hacia la puerta con sus cosas en mano.

- Gracias por Ayudarme, Fer.

Sonrío con diversión y cerró la puerta.

Entonces entendí que había caído...

27 de Julho de 2019 às 03:26 2 Denunciar Insira 3
Fim

Conheça o autor

Lee Mirtee Si me pidieran describir mi vida, mi historia, mi "yo" en una sola palabra, solo podría decir...imposible. Soy un alma que sufre, que llora, que ríe, que disfruta, que vuela entre letras y nada entre versos. Soy un ente morboso, pero sentimental. Soy un humano. Soy un extraño... Soy "yo"

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Gin Les Gin Les
Hola, soy Gin, embajadora de Inskpired. He pasado a revisar tu historia como parte del programa de verificación con el propósito de ayudarles a presentar un trabajo de calidad a los lectores y que de esa manera logren alcanzar mayor cantidad de lecturas. Antes de verificarla es necesario que corrijas algunas faltas de ortografía y puntuación en tu obra como el uso de la raya de diálogo y los verbos dicendi, una vez hecho esto comenta este mensaje y pasaré de nuevo a revisar para ponerla en verificada. Espero poder ayudarte en caso de que tengas alguna duda. ¡Saludos!
24 de Agosto de 2019 às 00:32

  • Lee Mirtee Lee Mirtee
    Muchas gracias por el Reveiw, Creo que ya el problema está solucionado. Si algo se me ha escapado por favor notifícame. 13 de Outubro de 2019 às 23:46
~