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tristeza

1

Siempre está presente, de todos era el más persistente, una melodía melancólica resuena en el fondo de mis entrañas, revolviendo mi interior. Recorre mis intestinos arrastrándose a paso lento, una serpiente que duerme en mi estómago. Con los ojos oscuros como un agujero negro que se acaba de tragar una estrella y una burlona lengua con la que me acaricia los músculos desde dentro.

Cuando está despierta, luchó por escupirla y mientras más lo hago, más se enoja. Muerde sin piedad, mi páncreas, mi hígado, mis pulmones. Su veneno,espeso como la bruma de las mañanas más húmedas, hace que me retuerza; me hiela la sangre, congela mis órganos poco a poco; Como los venenos más inmundos y ponzoñosos, esos que mataban a los reyes más imponentes y a obispos despistados, me derrite lentamente.

Tristeza es un misterio, nunca sé que desea ni porqué estaba allí, pero parece nunca querer irse. Me come por dentro y se hace cada vez más fuerte. Cuando estoy solo, al rendirme, me doy por muerto, desisto, y ella se come una parte de mí. Si ahora escribo reveló estos secretos, es porque me hice fuerte. Aprendí a contenerla y he desarrollado cierta, inmunidad, a su veneno. No es indestructible, al igual que yo. Cuando sin reparo sonrió, muere del miedo. Al usar sin pensarlo, todo el poder en mi alma para abrazar alguno de mis hermanos, se retuerce de dolor. En ese momento que entrelazo mi firme mirada con la de alguien que, con ojos como océanos, inunda mi espíritu; sangra, llora y grita que pare. Pero todo eso no significa que esté a salvo. Aún puede poseerme.


2


Oscuridad, el sol se desvanece en un eclipse eterno, las plantas secan y los animales enferman. Todo a mí alrededor, lentamente, comienza a morir. Veo a través de mis ojos pero no soy yo, un cascarón, eso es todo lo que queda. Cuando mi alma está muy débil para rugir, tristeza toma ventaja. Se alimenta, con palabras hirientes que salen de la boca de mi padre o de algún amigo al que amo,del maldito engaño y la ansiada venganza, de mis tontos fallos y mis escondidos miedos, crece. Es hermana de odio y también le da poder a él, poniendo a prueba una vez más mi temple.Mi piel se reseca y los labios se me cortan; mis dientes, toman forma de afiladas cuchillas disparejas; siento sed, pero ya nada puede la saciarla. Mi cuerpo se vuelve débil, anoréxico; pierdo las fuerzas y la capacidad de pensar con lucidez por mí mismo.

Una gran tormenta asoma en el horizonte, tristeza, yo, camino hacia ella. Mis dedos se transformaron en pequeñas serpientes que se comen las unas a las otras y ahora tengo escamas por todas partes, cada vez menos humano. Los ojos, oh por dios mis malditos ojos, están negros, negros y húmedos, lágrimas de sangre,pesadamente caen, me recorren las mejillas huesudas, comienzan a chorrear sobre mi escamosa piel, están frías, todo mi cuerpo lo está.

3


Ya no lo soporto tiene que parar, tengo que hace que pare. Desde el fondo de mi estómago una ahogada voz grita sin reparos.

— ¡VAS A DESTRUIRLO TODO, PARA YA DE UNA MALDITA VEZ!

Tristeza replica balbuceando y entre lloriqueos, con una voz totalmente quebrada y rasposa.

—Pero, pero es que yo, tu ¡no merecemos vivir, nada tiene sentido!Terminemos esto ahora y para siempre. Estoy aquí por tu lo quisiste así.

Estaba cada vez más enojado, con la rabia despertando cada vez más desde mi interior.

— ¿Pero qué? ¿Yo? ¡YO! Yo solo quiero que todo esto se acabe de una asquerosa vez. QUIERO DESTRUIRTE. —Rugí.

Tristeza comenzó a llorar desconsoladamente, ríos de negra sangre comenzaron a correr debajo de mis pies, el viento raspaba mi cara mientras que las gotas cortaban mi piel como si fueran pequeñas cuchillas arrojadas por las nubes en todas direcciones.

—No, no puedes, no puedes destruirme! yo, yo.—lloriqueo tristeza

— ¿TU QUE? ¡Te Odio!

—Yo... Soy tu.

Y entonces lo entendí.

Tome control de mi brazo, y con fuerza lo use para atravesar mi abdomen,aparte mis huesos y mis músculos revolviendo mis entrañas, ya no soportaba.Hasta que al fin la sostuve con mis manos. Tire con fuerza comencé a quitarla,era tres veces de mi tamaño y se enredaba desesperada en mi brazo. Cuando por fin sostuve su cabeza, le lance una mirada llena de furia. Una vil serpiente con ojos absurdamente negros, llenos de miedos e incertidumbre.


— ¡Ya no voy a huir!—grite con dolor.

Comencé a engullir al monstruo con desesperación.

4


Poco a poco, volví a tomar mi forma humana, mi metamorfosis se contraía y comenzaba a sanar. Había aceptado y aprendido. Ya sabía quién era Tristeza.


1 de Fevereiro de 2019 às 08:36 0 Denunciar Insira 0
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