Libro 1: Memorias del gitano Albert Cathal (6) Seguir história

caelgitanoblanco Carlos Alberto (ElGitanoBlanco)

"La búsqueda submarina". Es otro día cualquiera para el gitano mayor de Güíldnah: solicitado por los reyes del mar, para socorrerles con un problema reciente que han tenido. Con ayuda de un amigo felino, el patriarca zíngaro se sumerge en las aguas de Loefr, agregando una aventura mas a su vida. Sexta narración del "Libro 1: Memorias del gitano Albert Cathal".


Fantasia Medieval Todo o público.

#tigre #magia #rey #tiburón #sirenas #tritón
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CAPÍTULO I “El chapuzón del día”

LA BÚSQUEDA SUBMARINA


Este es el relato con que empieza el bufón, aquella noche del banquete especial.

Aquí se muestra la historia original.

Philippe le cambia varios detalles a la hora de presentarla.

Es una mañana cualquiera en el campamento gitano. Ha pasado un mes y medio, después de la penúltima visita del bufón al campamento. En la tienda principal, el líder todavía se encuentra durmiendo profundamente en su cama improvisada de paja y mantas; su sueño es abruptamente interrumpido por uno de los gitanos guardias

―Jefe, jefe ―le llama él, agitando ligeramente todo su cuerpo.

―¿Qué quieres? ―pregunta el patriarca.

―Unos sirvientes de los monarcas del bosque quieren verlo.

―Diles que esperen unos momentos ―le dice al guardia, mientras se levanta de la cama―; te avisaré cuando pueden pasar.

El gitano arquero se asoma afuera y les pide a los sirvientes que esperen. Mientras tanto, el zíngaro mayor se acerca a una cubeta de madera, la cual contiene agua; se lava la cara para despertar completamente. Termina de vestirse, poniéndose sus botas, el pañuelo en la cabeza y todas sus alhajas; su pantalón y camisa ya los tenía puestos.

—Muy bien. Esperemos que no sea nada importante ―comenta el jefe romaní sentado en su trono, ya completamente despierto―. Hazlos pasar.

El guardia obedece, asomándose afuera de la tienda y llamando a los mensajeros. Un arrendajo azul y un puercoespín crestado entran a la tienda, acercándose al patriarca zíngaro.

―Buenos días gitano supremo ―saludan ambos sirvientes al mismo tiempo.

―Buenos días amigos, ¿qué asunto los trae por aquí?

―Venimos por parte de los reyes menores y principales del bosque. Requieren de su presencia ―informa el puercoespín.

―Solo si tiene tiempo libre ―dice el arrendajo, un poco apenado―. Si se encuentra muy ocupado, podemos avisarles a los monarcas. No es de mucha importancia.

―¿Qué no es de mucha importancia? ―le pregunta enojado el puercoespín a su compañero alado―. ¿Una vida en peligro no es relevante para ti?

―Vamos. Tranquilízate ―le contesta el pájaro―. No sabemos si está en peligro. Puede ser que ya se encuentre en su casa con sus padres.

―Cálmense amigos, cálmense ―les dice el gitano mayor a los animales—. Hoy tengo tiempo de sobra. Con gusto me encontraré con los reyes; solo denme unos minutos para una rápida merienda temprana.

―No se preocupe ―expresa el arrendajo―. Esperaremos.

El líder romaní sale de su hogar y se dirige a la gran carpa del comedor comunitario, sentándose en su silla. Es muy temprano y hay poca comida en la gran mesa: algunas ensaladas de frutas y verduras, unas cuantas aves, pan y unos quesos. Las gitanas todavía están preparando lo demás, al tanto que los gitanos aún se encuentran cazando en el bosque. Sin muchas opciones por escoger, el gitano mayor opta por comer una codorniz azada, con un poco de pan y queso para acompañar. Para beber escoge cerveza, servida en un vaso de madera. No se tarda mucho en devorar al ave, descansando unos momentos en su lugar. Con el estómago satisfecho, sale de la carpa.

―Vamos pues con los reyes ―les dice a los animalillos sirvientes, quienes esperan afuera.

Se dirige a un establo improvisado, donde descansa su caballo purasangre. Algunos arqueros han sospechado que pronto partirá al bosque, así que lo están preparando para el viaje.

―Buenos días, jefe ―saluda un gitano guardia que lo ve venir.

―Buenos días compañeros, ¿ya está listo mi caballo?

―Ya casi ―dice el otro guardia―. Solo hace falta la silla de montar y listo.

―Mientras tanto, díganme. ―El líder zíngaro se dirige a los sirvientes―, ¿quién se encuentra en peligro?

―Solo sabemos que es un joven tritón ―menciona el arrendajo.

―¿El príncipe?

―No, no es él. Es un habitante de la ciudad.

―Supongo que los reyes del mar les avisaron a los reyes del bosque, para que ellos los mandaran a ustedes. Yo ya sé que los sirvientes del rey del mar, no pueden sobrepasar los límites del bosque; inclusive transformados en humanos.

―Su caballo ya está listo, jefe ―le avisa un guardia.

―Bien; mientras estoy fuera, el gitano campeón queda a cargo. Avísenle lo más pronto posible.

Un gitano guardia le ayuda al patriarca a montar.

—Camarada —le pide el gitano mayor, ya montado en su corcel―, ayuda al puercoespín a subir conmigo.

Sin más tardanzas, empieza su viaje. El puercoespín va cómodo en el lugar del pasajero, al mismo tiempo que el arrendajo lo sigue desde el aire. En pocos minutos todos llegan a la orilla del bosque Pi-Ud. El jefe zíngaro desmonta y empieza a caminar, jalando de las riendas a su corcel; deja en el suelo al puercoespín

―Gracias por el viaje, gitano supremo ―agradece el animalillo.

―De nada amigo, de nada ―responde él.

En medio del camino y de los árboles, se encuentra con su amigo tigre; quien lleva cargando una cesta con los dientes, llena de fruta y algo de hierbas. El gitano se detiene a platicar, entre tanto que el tigre deja la cesta en el suelo.

―¡Amigo soberano romaní! Buenos días

―Buenos días, camarada felino.

―¿Qué haces a tan tempranas horas en el bosque?

―Los reyes solicitan mi presencia; tal parece que es una misión de búsqueda.

―¿En el bosque? Me parece extraño que te pidan ayuda a ti. ¿Quién se ha perdido?, ¿La princesa?

―No. No es ella ―dice el gitano, soltando unas ligeras risas—. Es un tritón del reino del mar. Y no… ―dice el gitano, adelantándose a una pregunta que formularía su amigo―, tampoco es el príncipe.

―¿Un simple ciudadano? Una tarea demasiado sencilla para solicitar tu ayuda, ¿no lo crees?

El gitano cambia rápidamente de tema.

―¿Llevas la comida para tu pareja?

―Sí, así es. Hoy me tocó a mí salir a recolectar la fruta.

―¿Cómo siguen tus hijos? Llevan pocos días de recién nacidos.

―Bien. Bien. Siguen saludables.

―Creo que mejor no te quito más tiempo. Ve a reunirte con tu familia.

―Me dio mucho gusto saludarte, amigo romaní. Ojalá tuvieras tiempo para platicar.

―También a mí me gustaría. Nos veremos otro día.

Una vez que se han despedido, el tigre recoge su cesta y se apresura a llegar con su familia. El líder gitano y los sirvientes siguen su camino. Llegando al claro real, los viajeros son recibidos por los cuatro reyes del bosque; los dos sirvientes se acercan a los monarcas.

―Sus majestades ―expresan al mismo tiempo―, hemos cumplido con el encargo. Hemos traído al gitano supremo.

―Muchas gracias ―dice el rey duende―. Ya pueden retirarse.

El gitano mayor se acerca y saluda, ejecutando una reverencia.

―Buenos días, sus majestades reales.

―Buenos días, gitano mayor ―saluda la reina Zelinda.

―Me han dado la noticia de que el rey del mar necesita mi ayuda ―menciona él

―Yo lo llamaré ―expresa la reina hada Neri.

Alzando vuelo, se adentra en el mar por varios metros; luego, empieza a dibujar un gran círculo con su mano sobre la superficie del agua. Segundos después y en el centro de la simple figura delineada, el rey tritón emerge a la superficie; él nada hasta llegar con sus amigos.

―Mucho gusto en saludarlo, líder zíngaro ―dice el rey tritón.

―El gusto es mío, su majestad ―responde aquel, caminando hacia la orilla―. ¿En qué le puedo ayudar?

―Necesito que busques a un joven habitante de mi ciudad. Ven a mí castillo y te lo explicaré todo.

―Aguarde un momento, deje preparo unas cosas. Supongo que me va a ayudar, proveyéndome de branquias.

―Claro que sí ―responde un poco irritado el monarca―. ¿Crees que no sé qué eres incapaz de respirar bajo el agua?

―Perdón, no era mi intención ofenderle ―se excusa el líder romaní.

El gitano se quita sus botas y calcetines; para luego arremangarse el pantalón hasta las rodillas.

―Sus majestades ―les dice el gitano mayor a los reyes del bosque―, ¿les puedo encargar mi caballo mientras tanto?

―Por supuesto ―acepta la reina―; nosotros lo cuidaremos.

―Gracias.

Acercándose a la orilla del mar, el gitano mayor da un pequeño salto.

―Solo sumérgete completamente y te convertiré en medio tritón ―asevera el rey.

Antes de poder seguir las instrucciones, el gitano escucha unos gritos que se aproximan.

―¡Espérenme!, ¡espera unos momentos amigo romaní!

―¿Quién viene? ―pregunta la reina hada.

El que ha dado el grito es el tigre del bosque, quien viene corriendo lo más rápido que puede; llegando con todos los demás se detiene a descansar.

―¿Por qué vienes tan apurado? ―pregunta el rey del bosque.

―Deja que tome aire —le dice su esposa.

Cuando el tigre recupera el aliento, empieza a explicar su asunto.

―¡Qué bueno que logré alcanzarte amigo! Quisiera acompañarte en tu aventura submarina… si es que puedo hacerlo.

―¿Qué hay de tus cachorros recién nacidos y tu esposa? ―indaga el gitano.

―No te preocupes. Platiqué con ella cuando llegué con la comida; además, antes de venir, les pedí a los osos que la ayudaran en lo que fuera necesario.

―Por mi parte estaré muy complacido si me acompañas; mas no sé qué piensa el rey ―manifiesta el gitano, al tanto que intercambia miradas con el soberano del mar.

―Ummnn… ―medita el rey por unos segundos―, sería la primera vez que convierto a un animal terrestre en uno acuático. Será interesante. ―Ahora se dirige con el romaní mayor―. Si no tienes objeciones para que tu amigo venga, tampoco las tengo yo.

―¡Ya está decidido! ―expresa alegre el patriarca gitano―. ¡Camarada!, ¡ven al agua!

Muy feliz, el tigre da un salto, aterrizando junto a su compañero y el monarca.

―Ahora los dos sumérjanse para empezar la transformación.

Los dos obedecen de inmediato. Para canalizar su magia, el rey del mar utiliza un cetro de plata pura; un extremo se ha decorado con un coral en miniatura, también hecho del mismo material. El monarca dirige su cetro hacia los dos personajes, quienes han cerrado los ojos.

30 de Janeiro de 2019 às 16:07 1 Denunciar Insira 2
Leia o próximo capítulo CAPÍTULO II “Un ciudadano rebelde”

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Felipe de Jesús Ochoa Salas Felipe de Jesús Ochoa Salas
Excelente historia. Felicidades
6 de Fevereiro de 2019 às 13:23
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