La Sombra de Tinta Negra Seguir história

luciana-zsiwhite1546909146 Luciana Zsiwhite

Una famosa escritora se encuentra frente a frente con el final de su carrera, mientras paralelamente un asesino escapa de un hospital psiquiátrico de alta seguridad, dejando solo unos extraños símbolos en una pared. Entre los viejos edificios de Buenos Aires, bajo una temporada de frías lluvias y tormentas eléctricas, empiezan a sucederse muertes con denominadores en comunes. La escritora, desde otro lugar, busca junto a un atractivo detective resolver este caso que conmociona al país.


Suspense/Mistério Impróprio para crianças menores de 13 anos.
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Algo mas que nostalgia...




    La lluvia me trae recuerdos de ti; y es la más arraigada de mis tristezas... el más torturador de los dolores. Tu ausencia aun se anuda en mi pecho casi tan desgarradoramente que me deja sin aire. Es el recuerdo de tu existencia, en mi memoria la celda que me aprisiona… la espina que piso cada día, el llanto que fluctúa mis emociones cada mañana y las pesadillas con las que lucho cada noche… ¿volveré a verte alguna vez? ¿Realmente exististe en mi vida o sólo fuiste una mera ilusión? Hoy te amo más que nunca, pero sé que tú, en tu odio por lo que hice, jamás volverás por mí y lamentaré durante mi eterna existencia haberlo hecho…

Te amo.



Prefacio.


Basílica de Lujan, Buenos Aires, Argentina.

0.10 AM


   Era muy tarde en la noche y la luz de la luna llena, se derramaba sobre la basílica con una serenidad escalofriante.

   En el interior el panorama era espectral, denso; hasta el aire, impregnado de aroma a cera quemada, parecía tangible.

  La bailarina, parada sola frente al altar, sabía que todos los peligros y experiencias vividas desde aquella lluviosa tarde de abril se reducían a ese momento. Al fin se responderían todas sus preguntas… a pesar del riesgo que eso representaba.

    —Lisa…—susurró de repente una voz.

  Por un momento la bailarina sintió la seducción de la sorpresa, pero era consciente de que la imagen de La Virgen María, que tenía enfrente, no era precisamente la que le hablaba.

    No…

    Una persona acababa de salir de uno de los nichos.

  Giró sobre sus talones. Estaba lista, aunque un leve temblequeo se reprodujo en sus extremidades como consecuencia de los nervios.

  Miró a la distancia, tratando de acostumbrar sus ojos a la penumbra. Al principio, creyó simplemente ver una luz dorada suspendida en el aire. Tiesa... Pero se equivocó. Allí había alguien. Su imagen no estaba muy definida… pero eso era incluso más aterrador.

   La figura que le devolvía la mirada estaba a casi ocho metros de ella. Era alta y de hombros amplios; o al menos así se veía en plena oscuridad. Lucía tranquilo pero excitado al mismo tiempo. Cargaba una lámpara de aceite y la mantenía erguida a la altura de la cintura, lo cual hacía resaltar parte de su cuerpo.

Después de tanto tiempo… tantas muertes… tantas preguntas… finalmente había llegado el momento de la verdad.

La ansiedad le aceleró la respiración.

El hombre, escoltado por las estatuillas que observaban desde las alturas, traía una caja musical bajo el hombro.

Avanzó con paso decidido hacia la luz que salía del altar y finalmente se reveló.

Las nubes taparon la luna.

—Te he estado esperando, mi querida Reina Verde —dijo.

Lisa se estremeció al ver su expresión, en todo su esplendor.

Era un fantasma… Era el asesino.




VARIOS MESES ANTES…


CAPITULO -1-



Hotel Sheraton, Buenos Aires, Argentina.


    El reloj de la suite San Martín, sobre la puerta, indicaba las nueve y veintitrés minutos pm. Afuera llovía copiosamente y el viento nocturno arremetía sin piedad sobre los empapados cristales.

    Paola Zoet tomó un trago de whisky en un intento infructuoso de relajarse y dejó el vaso vacío sobre una mesa.

   Estaba, a solo unos minutos, de salir a dar una conferencia de prensa en el hotel más prestigioso de la ciudad de Buenos Aires. La rodeaban paredes claras, cuadros pintados al oleo y muebles antiguos de madera fina. El suelo era de mármol y del techo colgaba una lámpara de lujo espectacular. La exquisitez con la que estaba decorada la habitación con su enorme chimenea negra y varios jarrones con flores, era digna de admiración.

  Aquel día una serie de eventos literarios poco frecuentes, debido a la magnitud que los caracterizaba, se habían celebrado especialmente por ella, en varias de las librerías de Puerto Madero y Capital Federal... bueno, en realidad no por ella, sino por la publicación de su última novela.

   Exhaló profundamente. Paola Zoet era una talentosa escritora argentina, con una trayectoria de veintiséis años. Había dedicado su vida entera al arte literario. Amaba los policiales. Solía meterse de lleno en lo que se consideraban los casos criminales más intrincados; en una ocasión de hecho, se había puesto de novia con un comisario para poder acceder a unos archivos, donde figuraba la historia de uno de los criminales más conocidos de Venezuela. Gracias a ello y a sus extraordinarias ideas, había enhebrado lo que hoy eran los BestSeller de Latinoamérica por excelencia y, con ello, ganado importantes premios en muchos países de Europa. Su fama se había disparado tras la publicación de su tercer libro; “El Secreto del Prisionero Numero 27”. Trataba sobre la desaparición de un convicto en una cárcel de máxima seguridad, que sólo había dejado una carta con encriptados numerológicos, escondida tras los ladrillos de una pared. A partir de entonces, la mayoría de sus novelas habían sido reconocidas a nivel internacional.

  Esa noche se hallaba allí porque el día anterior había salido a la venta su última novela; y era muy importante debido a que con ella cerraba su carrera, algo que habían hablado mucho con su representante y que había causado un gran revuelo en el ambiente y en sus fieles seguidores. La razón, hasta entonces, era desconocida para muchos. Sin duda alguna, sería una de las preguntas que le harían esa misma noche los entrevistadores.

    Su última novela se titulaba: “Tinieblas en las Calles Porteñas”. Trataba sobre un Buenos Aires oscuro y frío, azotado por fuertes tormentas eléctricas y varios bancos de niebla. Tenía como protagonista a una escultural bailarina nudista llamada Lisa, que…

      De pronto, golpearon la puerta.

     —Adelante —dijo Paola con voz calma.

   La mitad de un sujeto con un aparato auricular colgando del cuello y una carpetilla con papeles en las manos apareció entre la hoja y la pared cuando la puerta se abrió.

   —Es hora, señora Zoet —le comunicó el organizador—. En cinco minutos dará inicio la conferencia.

   —Perfecto —contestó, poniéndose de pie y estirándose la ropa.

  Se dio un último vistazo en el espejo que tenía enfrente: vestía un saco rojo sangre, que hacía combinación con una elegante falda del mismo color. El cabello rubio y liso le caía hasta los hombros. Se lo echó hacia atrás con gracilidad. Presionó sus labios en un beso al aire para coloreárselos más y sonrió. No solía maquillarse a menudo, pero Sara, su asesora de imagen personal, le recordaba siempre que una buena capa de rubor o lápiz labial demostraba un amor hacia sí misma que despertaba un gran interés en el público.“Lo que menos quiero esta noche”, pensó acomodándose las cuadradas gafas de contornos negros.

   Abandonaron la habitación y el joven organizador guió a la escritora por un largo pasillo de alfombrado azul.

   La trama de la novela había surgido en su mente, una noche mientras leía una revista en la que aparecía una lista de los asesinos seriales más conocidos del mundo; entre los cuales se encontraban por supuesto Jack, el destripador, el hombre que había ocasionado la masacre en Texas y varios otros que a Paola le habían resultado interesantes como antagonistas en una historia, pero ¿qué había de sus razones? ¿Podría justificarse un asesinato?

   Se masajeó los ojos sin dejar de caminar para calmar un poco el ardor que le habían generado los flashes fotográficos de la tarde y se metió una mentita en la boca para disimular los indicios del alcohol. Bajaron en ascensor hasta el primero piso y tras caminar por otro largo corredor, llegaron finalmente a la sala de conferencias. Cuando entró, la luz que irradiaban los focos de las cadenas televisivas, la cegaron. Resultaba increíblemente dificultoso ver con claridad a los periodistas presentes en la sala, aunque podía escuchar sus voces, murmurando rápidas indicaciones, haciéndose eco de su llegada.

  El organizador la acompañó hasta el panel con micrófono, donde la esperaban su representante y el presidente de la editorial.

   Sobre el panel había un vaso con agua para cada uno y algunos apuntes. Los dos hombres a su lado, hablaban excitados sobre la posible repercusión de la novela a nivel mundial y las expectativas económicas que tenían, claramente mucho más emocionados que ella.

  Los camarógrafos echaron un último y rápido vistazo a sus cámaras y se posicionaron detrás para enfocarlos.

   —Bien, bien… Eh. Bienvenidos a todos. La señora Paola Zoet responderá una pregunta por periodista…

  Paola buscaba rostros conocidos entre la multitud pero los flashes fotográficos y reflectores le nublaban la vista en parpadeos luminosos.

 “Bah” pensaba por dentro. La realidad es que no albergaba muchas esperanzas de que algún viejo familiar o amigo fuera a presenciar el cierre de su carrera; había perdido contacto con ellos hacía años…

 “¿Qué hago aquí?” se dijo en un momento, tratando de no dejar en evidencia el cansancio que tenía. La sala, abarrotada de hombres y mujeres con sus cámaras, y cables, se le presentaba como un frente de batalla, al que debería sortear con inteligencia. Era la última conferencia de la noche, y de su vida probablemente.

  Al cabo de un momento, mientras esperaba con las manos entrelazadas sobre el panel, comenzó la lluvia de preguntas. Gente de todos lados, consultaba nombres, si habría alguna escena de sexo, algún asesinato, algo que pudiera ponerlos sobreaviso, o que resultara una buena primicia para entregar al público.

  La conferencia se extendió a lo largo de la hora previamente pactada, y los distintos representantes de cada medio, fueron poniéndose de pie por turnos, para expresar sus dudas. Luego de un sinfín de ellas, no muy diferentes entre sí, ya que tampoco podía revelar muchos detalles de su nuevo libro, decidió ir cerrando, avalada por un guiño de ojos con su organizador.

   —Bien, para ir terminando ¿algún otro? —marcó terreno el hombre.

  —¡Sí, acá, Marcela Pérez de Radio 108.6! —gritó desde el fondo de la sala, contra la pared izquierda, una voz femenina.—¿Qué consejo le darías a los jóvenes escritores?

   Paola se tomó enserio esa pregunta.

  —Bueno, en primer lugar, mientras escriban olvídense de todo lo demás —dijo— Cuando lo hagan, no piensen en publicar, ni en la repercusión que va tener el libro. Ese es un error que cometemos muchos. Escriban y disfruten de la escritura. Yo siempre consideré que mis historias eran… como mis tesoros, o más bien mis secretos. Publicar y que ustedes lean mis escritos era hacerlos participe de esos secretos. Los convertía a ustedes en mis cómplices.

   La escritora se quitó las gafas y curvó los labios en una sonrisa picara.

   —Por eso, me demoró tanto esta publicación. Su valor era muy grande para mí. Necesitaba que llegara a sus manos, justo y sólo cuando ya no hubiera nada más para agregarle. Publicar un libro no es fácil, pero sí posible y también maravilloso. Y les confieso, esta noche, al entregarles este libro, que me he quedado sin secretos.

   Un fuerte aplauso brotó de la multitud, que observó cómo se despedía, con una sonrisa cómplice.

   Afortunadamente la conferencia había salido bien. Se lo había hecho saber su representante, y lo sintió, aliviada ella en su interior. Volvió a realizar el recorrido desde la sala en sentido inverso, hasta su cuarto.

  Entró en la suite. Ya estaba lista para marcharse. Tomó su cartera, guardó el libro en su interior y salió del lugar. Deseaba más que ninguna otra cosa poder regresar a su hogar. Era un pensamiento que había estado algo dormido durante la charla, y que ahora había cobrado fuerza nuevamente. El agotamiento mental la superaba.

   Bajó al subsuelo en ascensor y se dirigió a su coche rojo, que oportunamente estaba estacionado cerca de la salida. Presionó el botón de la alarma y al instante emitió un pitido.

 Abrió la puerta, tras girar la llave dentro de la cerradura y se metió en el interior del vehículo. La cartera aterrizó sobre el asiento del co-piloto. Encendió un cigarrillo y fumó de él. “Qué tranquilidad y silencio”, pensó, agradeciendo ese otro minuto de paz… Ya no tenía intenciones de estar más tiempo lejos de su casa. Ni siquiera se imaginaba sacando la cajilla de libros que tenía en el baúl del coche. Los brazos no le daban más. Pero sabía que la odisea finalmente había terminado.

  Mantuvo el cigarro sujeto entre los labios mientras hacía girar la llave, y la llevaba a la posición de contacto. Presionó el pedal de embrague, hasta escuchar el sonido del motor al ponerse en marcha, y por el retrovisor pudo observar una tenue nube de humo, escapando del caño de escape, eliminando los gases excedentes de la combustión. Bajó la ventanilla, y exhaló el humo del cigarrillo.

  Se dirigió a la salida.

  El coche ascendió por la rampa de circulación; las luces bajas del frente dieron aviso al guardia de su proximidad. Luego se perdió de vista, tras reducir la velocidad para dar el giro, casi fantasmal bajo la intensa lluvia torrencial que se precipitaba sobre las calles de Buenos Aires hace tres húmedos días.

  Paola creía pronto llegar a su departamento y poder relajarse en la comodidad que le otorgaba el mullido colchón de algodón que había comprado hacía poco. La rutina, es un condimento de la vida que nos acostumbra a repetir determinadas acciones, un sin número de veces, hasta perder el significado de las mismas. Los imprevistos se encargan de demostrar que esta rutina, a veces tediosa, es un lugar seguro, del que no siempre es bueno escapar. Su forma de ver las cosas cambiaría radicalmente debido a que la noche todavía le deparaba otro destino. Un destino del que ella era protagonista,  y que la pondría a prueba. Un destino que lo cambiaría todo...

8 de Janeiro de 2019 às 01:27 1 Denunciar Insira 1
Continua… Novo capítulo Todas as Segundas-feiras.

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Lucas Cordero Lucas Cordero
Muy Bueno. Excelente!!!
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