El Huésped Fantasma Seguir história

baltazarruiz154

Emilio se muda a un nuevo apartamento, pero una fantasmal chica cubierta con una sábana no lo dejará tranquilo hasta desvelar el misterio del 424.


Horror Histórias de fantasmas Todo o público.

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La chica de la sábana...

I


Nuevo año, nuevo empleo, nueva ciudad. Nunca fui, para ser precisos, el alma de las fiestas familiares, estar ausente durante el fin de año tampoco arruinaría nada así que no dude en mudarme el mismísimo veintinueve de diciembre a mi nuevo domicilio, debido a mi trabajo como editor. El edificio estaba en medio de un distrito habitacional, a unos cuantos minutos del centro. Desde la fachada, siguiendo por la recibidor, el ascensor y el pasillo hasta llegar a mi departamento, la palabra anticuado se repetía una y otra vez. Sin embargo era acogedor y suplía mis necesidades sin oprimir el presupuesto que disponía.

Mi pieza era un duplex. Dos pisos dispuestos a mi entera comodidad. Abajo estaba la cocina, la sala principal y un baño de visitas y arriba, mi habitación, un estudio y la terraza. El precio era por demás milagroso.


—Como habíamos hablado por teléfono, solo espero la confirmación del banco con respecto al depósito del seguro, la renta y el aval. Cuando esté todo listo, le enviaré los documentos firmados.

—Muchas gracias, señor Cheng, ha sido muy amable.

—Solamente me queda informarle de que el piso de arriba, el quinto, está en reparaciones, no escuchará ruido, se lo garantizo, pero le recomiendo no subir, es peligroso.

—Entiendo, tendré cuidado.

—Si no tiene planes para el fin de año, abajo estaremos celebrando juntos ese día.

—No pensé que celebrarían de esa manera.

—Muchas personas que viven aquí no tienen familia o no desean verlos, que es casi lo mismo. Pensamos que festejar juntos sería buena idea.

—Supongo que tiene razón, lo pensaré...


El encargado cerró tras de sí la puerta no sin antes volver a saludarme antes de marcharse. Mis cosas estaban aquí desde temprano, por lo que solo me hacía falta desempacar. La ropa directa a los armarios, mi laptop al estudio, y unas cuantos utensilios de cocina a la alacena. Al atardecer ya estaba casi todo listo, quería terminar y de esa manera despreocuparme de todo. Muy a pesar de mi ánimo, acabé agotado en el suelo de la sala, con unas cuatro cajas sin abrir. La oscuridad tomaba su parte del día mientras el sol se ocultaba en el horizonte. Antes de darme cuenta, quedé dormido en el suelo.

El sonido de la lluvia me despertó. Al abrir los ojos, estaba completamente paralizado. La situación no me era ajena, no era la primera vez que me sucedía. Mis ojos abiertos solo eran capaces de mirar hacia el techo y de reojo hacia cada lado. Mi táctica para despertarme de esa parálisis, consistía en respirar de forma profunda y concentrarme en mover algún brazo o una pierna. La mayoría de las veces era capaz de despertar luego de algunos minutos, sin embargo llevaba ya casi diez minutos sin salir de tal condición.

Luego varios minutos, donde la desesperación ya era latente en mi forma de respirar: rápida y superficial. Unos pasos alertaron mis sentidos. Pasos suaves al principio, apenas perceptibles, más sonoros después de un rato. A esas alturas fui capaz de mover mi cabeza, logrando ver hacia los lados de mi entorno. Al lado derecho, estaba una mesa de estar frente a la chimenea, del lado izquierdo, un sofá, el cual no me permitía ver más allá, al lugar donde estaría el comedor y la cocina. No obstante, por debajo de dicho sofá, si podía observar hacia el otro lado, de esa manera contemplé con horror que el origen de aquellos pasos, provenía de una figura oscura, de la cual solo podía ver sus pies, cubiertos por unas sábana blanca. Un extraño rechinar, proveniente del espectro, me recordaba a algo rasguñando la madera. Un lamento infrahumano llegaba a mis oídos de forma latente, helándome la sangre de golpe. Sus pies parecían no tocar el suelo, pero se desplazaba a pasos. Mi corazón palpitaba a más no poder. El estar incapacitado para moverme solo empeoraba las cosas. La sombra se colocó justo al lado mío, regresando a la oscuridad de la que había salido instantes después. En ese momento me libré de la parálisis, y salí despavorido del apartamento.

El señor Cheng y unos vecinos registraron todo el lugar, sin encontrar nada.


II


Sobra decir que no pude dormir lo que restó de la noche. La pesadilla fue mucho más real que cualquiera otra que haya tenido en la vida. Pero, a pesar de todo, en el fondo no me sentí en peligro. Una sensación extraña perturbaba mi mente, aquella silueta era un misterio el cual debía resolver.

Ya domingo, el último del año. Después de hacer unas compras terminar de arreglar mis pertenencias dentro del apartamento, pude descansar un poco y salir a caminar por el edificio. Como mencioné anteriormente, era bastante anticuado. Sin embargo había en él cierto encanto. Transmitía aquella sensación hogareña que debe ser estándar en los complejos habitacionales como este. Atrás, había un jardín y una alberca de libre uso para los inquilinos, al fondo se encontraba una máquina expendedora y frente a ella, una chica de cabello rubio y aspecto rudo. Parecía la líder de una banda de rock.


—¿Necesitas ayuda? —pregunté.

—Esta cosa volvió a robarme un dólar...

—Dale un golpe en el costado.

—De acuerdo —dijo y acto seguido golpeó con el puño a la máquina, logrando hacer que la bebida que eligió cayera por la rendija.

—Vaya, eres bueno. ¿Eres el nuevo verdad?

—Si, me mudé al 424.

—En serio, dime, ¿ya la viste?

—¿Ver a quien?

—A la chica de la sábana —respondió casi susurrando.

—Así que fue real...

—Yo me mudé hace cinco unos aquí y conocí a alguien pasó por lo mismo, la primera noche la vio pasar de un lado a otro de la estancia, aunque nadie le creyó. Yo escuché su historia, pero se mudó de inmediato.

—Había querido pensar que solo fue un mal sueño.

—He escuchado a algunas personas que llevan más tiempo viviendo aquí y al parecer empezó a ser vista desde hace un año y medio más o menos.

—Suena a esos mitos urbanos.

—Eso mismo pensaba de esas historias.

—Creo que también cambiaré de apartamento...

—Dudo que puedas, no hay apartamentos libres, no hasta dentro de unas dos semanas. Los Roca se irán al extranjero. Podrás quedarte con su apartamento, pero debes esperar hasta entonces.

—Diablos. Tendré que ser fuerte.

—Esa actitud me gusta. Bueno, gracias por mi bebida. Si buscas ayuda buscame por aquí, suelo pasar cerca de la alberca.

—De acuerdo. Gracias por la información.

Después de una vuelta más, regresé a mi habitación. Recuerdo haberme detenido unos segundos con el picaporte en mano antes de animarme a entrar. Al hacerlo, todo estaba en su sitio. Suspiré con calma. Ese día no pasó nada fuera de lo normal. Y los siguientes dos días siguió de la misma manera. La chica de la sábana empezaba a desalojar los rincones de mi mente.


*********


—¡Ya voy! —grité desde mi estudio, alguien golpeaba la puerta.

—Buenas noches, señor Emilio.

—Señor Cheng, ¿qué lo trae por aquí?

—Solo quería informarle de que según el centro meteorológico, esta noche habrá una lluvia de magnitudes considerables. Normalmente anunció estas cosas mediante el intercomunicador, pero lamento decir que está averiado.

—¡Wow! ¡Muchas gracias! Estoy tan concentrado con mi trabajo que no he revisado mi canal de noticias. Tomaré las medidas adecuadas.

—Si me lo permite, debo seguir puerta por puerta.

—Claro, buenas noches.

—Oh, casi lo olvidaba, ¿ha visto alguna cosa rara de nuevo?

—Sobre aquella noche. No, no he vuelto a soñar nada al respecto.

—Espero que así sea, no quisiera que se vaya solo por unas pesadillas.

—Entiendo, pierda cuidado. Soy bastante más racional de lo que parezco.

—Me alegra saber eso...


La tormenta, de la cual no sabía nada hasta hacía unos segundos, no tardó en dar señales de ser peligrosa. Rápidamente el cielo se tornó negro, con rayos y truenos de fondo que solo acentuaban la inminente tempestad. Logré cerrar a tiempo todas las ventanas y colocar las cortinas anticiclónicas. Al cabo de poco más de una hora, el diluvio había comenzado.

Al estar en un cuarto piso, al azote del viento se sentía peor que abajo. Aunque no llegué a sentir peligro, el edificio era viejo, pero sólido. Preparé la cena y leí un poco antes de acostarme. Afuera seguía lloviendo, sin embargo el sueño me venció a la primera. Mi descanso no duró gran cosa. Un sonido extraño me hizo despertar. Había estado acostado en mi cama todo este tiempo, y, al abrir los ojos, nuevamente estaba paralizado. Justo hacia arriba, una figura fantasmal tomaba forma poco a poco, lo hacía de manera que parecía salir del techo. La primera vez que la vi no pude contemplar más allá de sus pies, pero en esta ocasión, un cuerpo de aspecto femenino cubierto con una sábana blanca colgaba sobre mí. Un grito ahogado apenas si lograba escapar de mi garganta, como un quejido agonizante que nadie escucharía nunca. De forma lenta, la chica de la sábana se despegaba del techo, acercándose así cada vez a mí. Dentro de mi interior, me retorcía de mil formas diferentes, sin embargo mi cuerpo no era capaz de acompañar los movimientos de mi mente. A eso de un metro de distancia, aquella figura se detuvo. Por debajo de la sábana me daba la impresión de que me observaba. Luego de un instante abrió la boca en una especie de quejido mudo. No pude hacer nada más que cerrar los ojos y mantenerlos así quien sabe cuanto tiempo. Al volver a abrirlos, la lluvia había cesado. La chica y su sábana se habían ido.

No tardé en salir de la parálisis y correr hacia el pasillo. Supuse que los vecinos estarían ocupados con la tormenta así que decidí no molestarlos. En cambio, recordé a la chica rubia que encontré cerca de la alberca. Mencionó que se hospedaba en el 223. Me encontré con ella cerca de la fuente, en la estancia principal.


—Estás horrible.

—Gracias, tú también te ves bien.

—La viste, ¿verdad?

—¿Como lo sabes?

—Lo pálido que te ves te delata. Además está lloviendo.

—La primera vez que la vi estaba lloviendo.

—¿Recuerdas al chico del que te hablé? Se mudó durante el invierno del año pasado. No me lo dijo, pero supuse que también llovió ese día.

—Hagámonos a la idea que es un fantasma, ¿por qué está ligado al agua?

—Puede ser cualquier cosa, no soy experta en esas cosas, pero debe tener relación con ella, quien sea que haya sido en vida. Vamos a tu apartamento, investiguemos.

—Salí corriendo de ese lugar, ¿esperas que vuelva?

—Miralo de esta forma, no está lloviendo, es probable que no aparezca.

—Me sorprende lo valiente que eres.

—Siempre he tenido que valerme por mí misma.

—De acuerdo, no quiero quedarme atrás. Vamos... Que vergüenza, aún no me presento de manera formal, me llamo Emilio Carranza.

—Cecilia López, un gusto.


Después de estrechar nuestras manos, partimos hacia el apartamento 424. A cada paso tenía que reforzar mi confianza. Pero la firmeza de Cecilia me animaba a continuar. Al cabo de unos cuantos minutos estábamos frente a aquella puerta. De nuevo, mi mano se posó sobre el picaporte, temeroso. Pero la mirada de Cecilia brillaba un ¡vamos! que no pude evadir, abriéndola de golpe. El apartamento, vacío, nos recibió con una temperatura anormalmente baja.


—Así que este es el 424, es enorme. No es justo.

—Te lo cambio cuando quieras.

—Lamento rechazar la oferta por el momento —dijo con un tono burlón.

—Piensa en la oferta, por favor.

Nos colocamos en medio de la sala de estar, nuestras ojos inspeccionaron con detenimiento cada rincón, cada sombra, esperando ver algo, una pista.

—No veo nada raro aquí, ¿subimos?

—Claro, vamos.

Arriba, al ver el techo, contemplé con horror una evidencia física de lo que había visto hace apenas unos minutos. En el lugar de donde salió la chica de la sábana, se encontraba una oscura mancha de humedad, la silueta que formaba recordaba a la de una figura humana.

—Eso no estaba cuando salí de aquí hace un rato.

—¿Seguro que no fue lo que viste? La mente deforma las cosas que vemos. Parece el dibujo de una persona, eso no lo puedo negar.

—No, al acostarme el techo estaba intacto. Lo puedo jurar.

—Entonces se formó con la lluvia, el piso de arriba, el quinto, debe estar en mal estado, el agua se filtró...

El silencio de hizo presente entre los dos por alguna razón que no entendíamos.


—¿Desde cuando está cerrado el quinto piso?

—No sé, un año quizás? —respondió.

—Debemos ir arriba —añadí.

—El paso está cerrado, no hay acceso.

—Desde que vine pensé que el diseño de este apartamento era raro. ¿Te parece esta una habitación?

—Ahora que lo dices —Cecilia se apartó de la cama unos pasos—, no tiene aire a habitación, es casi como un estudio.

—¿Verdad que si?

—¿En qué estás pensando?

—Que quizás esto no sea un apartamento doble, sino uno triple. La razón por la cual aparece la chica de la sábana y la clausura del quinto piso podrían estar conectadas. Estoy casi seguro que aquí se encuentra el acceso al piso de arriba.

—Eso se está poniendo feo... ¿Romperemos el techo?

—Voy por un martillo, busca una escalera.


III


Llegando a la hora de trabajos manuales, intentando hacer el menor ruido posible, encontramos el acceso al quinto piso, justo donde se había formado la mancha. Una escalera escamoteable, escondida entre un cielo falso.

—La puta madre... Tenías razón.

—Te lo dije. Aunque ahora que lo veo así, no quiero subir.

—¿Vas a quedarte a mitad de la aventura?

—Es que lo que veamos allá arriba, podría ser cualquier cosa... ¿Escuchas eso?

—¿Que cosa?

Ambos pusimos atención al sonido que provenía de afuera, paulatinamente aquel barullo tomó forma, era lluvia. En un instante, una tormenta ensordecedora comenzó a caer sobre la ciudad.

—¿Más lluvia? ¿Estamos en temporada ciclónica acaso?

—Cecilia, tranquila. Tenemos dos opciones, salimos de aquí y esperamos que a lluvia cese, o subimos de una vez. Ya me cansé de esto, debemos terminar lo que iniciamos.

Mientras hablábamos, de hueco que habíamos hecho, empezó a filtrarse agua. Una gota cayó sobre mi rostro, alertando que en poco tiempo, la habitación estaría empapada. Antes de poder escuchar la respuesta de Cecilia, la escalera escamoteable cayó, habilitando el acceso al piso superior. El sonido de unos pasos hizo que mi corazón se descolocara. La chica de la sábana era quien bajaba.

—Debe ser una broma...

—¡Corre!

Ambos salimos desbocados, intentábamos salir del apartamento a toda velocidad. Perdimos de vista un instante a la chica de la sábana, pero al acercarnos a la puerta, apareció de repente cortándonos el paso.

—Maldición, no va a dejarnos salir.

—¡Arriba! —grité— Resolvamos esto de una vez, ¡vamos al quinto piso!

—¡Entendido!


Regresamos a la habitación y subimos la escalera sin pensarlo dos veces. Así como sospechábamos, arriba se encontraba una habitación, con una cama, una repisa llena de libros y otros objetos personales. Estaba en muy mal estado y el lugar emanaba un olor fétido. La ventana estaba rota y la lluvia entraba inundando el lugar. Era un milagro que todo aquello no me hubiera caído encima. El suelo se sentía inestable.


—Alguien vivía aquí, pero por alguna razón sellaron el lugar —dijo Cecilia.

Yo estaba de pie frente a la cama, un bulto en ella me parecía sospechoso.

—Oye, debes ver esto. Prepárate.

—¿A qué te refieres?

—¿Esta sábana no te parece familiar?


En ese momento levanté la sábana, descubriendo lo que había debajo de esta. Era un cadáver en avanzado estado de descomposición. Estaba cubierto por una gruesa capa de lo que ahora sé que era cal.


—Alguien murió aquí, o fue asesinado.

—No puede ser... ¿quién podría ser?

—Revisemos las cosas, llamaré a la policía.

Cogí el teléfono y realicé la denuncia, los agentes aseguraron llegar en unos quince minutos. Al terminar, Cecilia quien había estado en silencio atrás mío, empezó a llorar desesperadamente. Se había acurrucado en una esquina.

—Cecilia me asustas, ¿qué sucede?

—Me puse a leer los libros que estaban en la repisa y entre ellos encontré un diario. Firma Cecilia Lopez.

—¿Qué carajos? —dije con el corazón en la garganta.

—Al principio —sollozando— no reconocí este lugar, pero mientras leía el diario me di cuenta...


Unos golpes se escucharon justo al fondo de la habitación, donde la oscuridad imperaba. La chica de la sábana salió de la penumbra, caminaba, si puedo llamarlo así, de forma tambaleante, la tormenta empezaba a calmarse.


—Es ella... El cuerpo sobre la cama es el de ella...

—Emilio, hace un año fue ahogada...

—Agua, eso explica la relación con el agua...

—Por eso siempre me encuentras cerca de donde hay agua, en la alberca o en la fuente...

—Debes estar bromeando...

—Ahora lo recuerdo. Escapé de casa hace un año y medio. Me mudé al apartamento 223 porque era barato, el señor Cheng me dijo que el 424 era más grande y que me lo daría al mismo precio...

—¿Qué me estás contando? —interrumpí.

—Él vino un día lluvioso, yo debía unos meses de renta y me dijo que podríamos resolverlo. Después de negarme me arrojó a la tina y me sometió hasta que dejé de respirar.

—Cecilia...

La joven se acercó hasta la chica de la sábana, quien esperaba en silencio entre las sombras. Un abrazo reconcilió ambas entidades.

—Emilio, gracias.


Ambas desaparecieron en ese instante. A lo lejos, empezaban a escucharse las sirenas de los coches de la policía. Bajé por las escaleras, pero al hacerlo, me encontré con el señor Cheng, quien tenía un revólver en mano.


—No sé lo que descubriste, ni con quién estabas conversando. Pero no debiste abrir esa puerta, Emilio.

—Maldito... ¡No eres más que un cobarde!

—Sube, no quiero matarte aquí —dijo apuntando el revólver hacia mí, haciéndome subir de nuevo.

—¿Qué harás? ¿Matarme y sellar esta recamara de nuevo?

—Esta vez quemaré todo el piso...

—La policía viene en camino, no podrás librarte de esto. Ella era casi una niña, eres un enfermo.

—Esa perra pensó que podría burlarse de mí, ahora podrán compartir el mismo destino.

El arma de fuego apuntó hacia mí nuevamente, esta vez parecía que si iba a disparar. Cerré mis ojos un instante, sin embargo un grito me obligó a mirar. De una esquina oscura, la chica de la sábana cogía del cuello Cheng, y al mismo tiempo, Cecilia, los arrastraba a ambos hacia la ventana. Sus ojos se clavaron una última vez en los míos.


—Vive, hazlo por ambas —susurró con una sonrisa.


Cheng cayó a pocos metros de una patrulla. Aunque no murió. La policía obtuvo de la habitación de Cecilia las pruebas suficientes para acusarlo de su muerte. Estuve presente en la audiencia condenatoria.


El cuerpo de Cecilia fue entregado a su familia y enterrado de manera digna. No he vuelto a ver a la chica de la sábana, sin embargo, aún pienso en ella.


El señor Cheng se suicidó meses después, durante una copiosa lluvia.

10 de Janeiro de 2019 às 20:11 18 Denunciar Insira 20
Fim

Conheça o autor

Baltazar Ruiz ¡Hola! Soy Baltazar y este es mi espacio, acá encontrarán desde terror hasta ciencia ficción. Trato de dar lo mejor de mí en mis historia y me gusta ayudar a los demás, si puedo servirte en algo lo haré gustoso.

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Flor Aquileia Flor Aquileia
Al fin pude tomar la pc y el primer cuento que leí fue el tuyo amigo baltazar. Estoy impresionada. Me encantó. Si fuera pasada al cine le ganarías a muchas otras malísimas que se la dan de grandes estrenos. ;)
6 de Fevereiro de 2019 às 12:06

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    Wow eso sería como un sueño! Hay que empezar a mandarlo a algún director que no le tema al éxito!! 6 de Fevereiro de 2019 às 13:40
Katerina Az. Katerina Az.
¡Me encantó el relato! Muy bueno como siempre <3
21 de Janeiro de 2019 às 12:04
J. Montilla J. Montilla
¡Grandioso relato! Aparte del final, que no lo vi venir xd, lo que más me gustó es que me sentí identificado con el personaje, con Emilio, por aquello de las parálisis del sueño, las cuales padezco de vez en cuando, y que no, ya no me desagradan xD En fin, si alguna vez llego a mudarme, espero no tener acompañantes no deseados en el apartamento ._.
20 de Janeiro de 2019 às 18:47

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    Yo también padezco de parálisis del sueño, así que este relato es bastante personal 20 de Janeiro de 2019 às 19:02
Aracelis M Pulido A Aracelis M Pulido A
Hola, disculpa, no se si será mi equipo o mi Internet, pero solo me sale Fin y ya le di seguir a ver si era por eso, pero nada, no puedo ver la novela :(
15 de Janeiro de 2019 às 06:05

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    Hola! Es un error de la página, ya lo solucioné, así que puedes leer esta historia cuando gustes. Gracias por avisarme! 15 de Janeiro de 2019 às 07:23
Omar Castro Omar Castro
Me ha gustado mucho. De hecho, me hizo recordar un par de clasicos "La caída de la casa Usher" (Poe) y" Casa tomada" (Cortázar). En esta parte: "—Solo quería informarle de que según..." la preposición "de" está de más. Una atmósfera envolvente, y rematas con ese final.
12 de Janeiro de 2019 às 18:41

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    Debo leer "Casa tomada" de inmediato... Gracias por la corrección, lo cambio ahora mismo 13 de Janeiro de 2019 às 13:19
Ana Paula Ana Paula
Estoy sin palabras. Me encantó todo, la narración, la historia en sí, Dios, es una mezcla de emociones que no puedo explicar, tengo esa sensación en el pecho de querer más aunque ya sé todo lo que ocurrió, no sé si me entienda, ni yo me entiendo, solo sé que ese escrito es digno de una película.
11 de Janeiro de 2019 às 17:22

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    Deberíamos hacer el filme entre nosotros! 13 de Janeiro de 2019 às 13:16
Fausto Contero Fausto Contero
No se puede esperar menos de ti, mi amigo. Un relato excelente que tiene de todo: terror, suspenso, acción. Como para leerlo un día lluvioso, pero con todas las luces encendidas! Como te decía, casi podía ver a la aparición en la sábana.
11 de Janeiro de 2019 às 11:23

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    Era la imagen que esperaba transmitir, me alegra haberlo logrado 13 de Janeiro de 2019 às 13:15
Rose Days Rose Days
Excelente relato, como siempre, querido Balta!! Tus obras nunca decepcionan!!
11 de Janeiro de 2019 às 08:44

Camilo Joya Camilo Joya
te felicito baltazar.
10 de Janeiro de 2019 às 15:26
Camilo Joya Camilo Joya
Es una historia atrayente, te mantiene con suspenso y temor en los momentos correctos, me gusta el giro de trama. Es excelente. De hecho se puede hacer una buena novela de terror con base a ciertos elementos, te lo recomiendo.
10 de Janeiro de 2019 às 15:26

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    Muchas gracias por leer mi trabajo 13 de Janeiro de 2019 às 13:13
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