Los Caballeros del Zodiaco: Otra Dimensión Seguir história

luisrafael Luis Rafael

Las fuerzas del santuario se encuentran diezmadas. Zinerva es la encarnación en la tierra de la diosa Athena. Ella, junto con sus caballeros, deberán proteger a la humanidad y luchar contra las fuerzas del mal para restablecer el orden. Disclaimer: Las herramientas y elementos místicos pertenecientes al universo de Saint Seiya son propiedad del señor Masami Kurumada; sin embargo, los personajes y el desarrollo de los acontecimientos son de mi total autoría.


Fanfiction Anime/Mangá Impróprio para crianças menores de 13 anos.

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Prólogo

Cuando el mal acaece, aquellos que poseen el poder de las constelaciones, entregan su vida para defender la paz del mundo. Ellos son… los guerreros de la esperanza. ¡Los Caballeros de Athena!


1995.

Unos pasos que recorrían el enlosado y reluciente suelo del corredor, se escuchaban con fuerza durante el avance de un niño que corría hacia los aposentos de la diosa del santuario. En los grandes ojos del niño se podía vislumbrar la energía que los jóvenes irradian de forma natural. En su rostro se dibujaba una sonrisa amplia que dejaba ver sus dientes. La emoción y la felicidad estaban enmarcados en el semblante del chico.

—¡Oye, Evan, detente! —le ordenó uno de los dos guardas que custodiaban los aposentos de la diosa. El niño se detuvo.

—Es que tengo que ver a Zine —explicó, trotando mientras giraba en círculos sobre su mismo eje porque le era imposible quedarse quieto.

—¡Para ya, mocoso! —bramó el otro guarda—, ¿cuántas veces te hemos dicho que te refieras a la señorita como Athena?

—Pero es que… —Evan detuvo sus palabras justo cuando las puertas de los aposentos de la diosa se abrieron de par en par—. ¡Hermana! —exclamó.

—Hola, hermanito —saludó una niña con una sonrisa en sus labios.

De inmediato, ambos guardas hicieron reverencia al unísono ante la presencia de la diosa. Acto seguido; Evan se abalanzó hacia ella y la tomó de la mano.

—Tienes que venir conmigo. ¡Ven a ver esto! —le dijo sin perder un ápice de emoción. La niña mantuvo su angelical sonrisa y se dejó llevar a toda prisa por Evan.


La estatua de Athena se alzaba imponente contrastando con el ancho azul del cielo adornado con las blancas nubes y los brillos de sol. Zinerva continuaba siendo llevada de la mano por su hermano Evan mientras subían las escaleras que conducían hacia la estatua de la diosa.

Al pie de la estatua, se encontraban dos hombres que dialogaban sobre algún tema de interés. Pero, tras percatarse que Zinerva y Evan se acercaban, interrumpieron la conversación y se dieron vuelta hacia ellos.

—¡Maximus! ¡Maximus! —vociferó Evan, que mantenía el entusiasmo—. ¡He traído a Zine, como me lo pediste!

Ambos hombres —uno mayor, y otro muy joven— no pudieron evitar sonreír tras ver la energía que desprendía el chico. Al fin Evan dejó de sujetar la mano de Zinerva y se juntó frente al hombre más joven y le mostró una amplia sonrisa.

—Gracias, Evan —le agradeció este, acuclillándose un poco. Luego posó su mano sobre la mollera del niño y le devolvió la sonrisa. Evan asintió en silencio y se refugió bajo los brazos del otro hombre.

—Buen trabajo, hijo —lo felicitó el hombre adulto. Mientras tanto, Zinerva se acercó en silencio frente a ellos.

El joven se reincorporó y fijó sus ojos en Zinerva. Le pareció verla aún más bella esa tarde. Ella lucía un sencillo vestido blanco, de falda larga y un escote frontal que dejaba ver un poco sus pequeños senos. Y tras de sí, una cola de caballo que ondeaba por culpa del viento y que le llegaba hasta la mitad de la espalda.

—Mírame —empezó a decir el joven—. He cumplido mi promesa. Ahora soy un caballero.

—Maximus —se limitó a decir con una sonrisa gentil.

Maximus puso su puño derecho sobre el pecho de su armadura e hincó una rodilla haciendo reverencia a su diosa.

—Desde hoy y para siempre te protegeré, Ziner… —se interrumpió a sí mismo tras darse cuenta de su error—. Quiero decir… Athena.

Aquel fue un cuadro para enmarcar en la eternidad. Finalmente había llegado el día en que Maximus juró lealtad a su diosa. Él sabía en lo recóndito de su corazón la importancia que representaba estar frente a ella vistiendo la armadura que lo acreditaba como caballero de la Orden de Athena, y también era consciente de los sentimientos que aún ardían con fuerza en su interior, pero que jamás iba a poder entregar de la forma en la que un joven ordinario podría. Así que se quedó con el honor de servirle y nada más.

—Papá —llamó Evan.

—¿Sí? —respondió el adulto.

—Yo también seré caballero —dijo, mientras todas las miradas se fueron fijando una a una en él—. Maximus, hermana, papá… me convertiré en un caballero… —volvió a decir, reflejando es sus ojos y su voz una fuerte determinación—. Es una promesa.

29 de Dezembro de 2018 às 04:44 3 Denunciar Insira 3
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Luis Rafael Luis Rafael
Yair, amigo, gracias de veras por seguir este trabajo. Espero que cada que leas un nuevo capítulo, mis líneas e ideas te hagan sentir de la forma en la que me lo has expresado en tu comentario. Un fuerte abrazo.
6 de Janeiro de 2019 às 14:36
Yair Brochero Yair Brochero
Excelente el primer capítulo con mucha épica y con la lectura uno se imagine las escenas que recuerden a la historia original con algo nuevo
5 de Janeiro de 2019 às 22:38

  • Luis Rafael Luis Rafael
    Respondí a tu comentario donde no era, pero de verdad me alegra que disfrutes este trabajo. :) 6 de Janeiro de 2019 às 14:38
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