Esquizofrenia Seguir história

evans_laz1545438243 L. Evans

Hay veces en las que no todo es tu imaginación.


Conto Todo o público.

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C 02-096

"-Esquizofrenia, sustantivo, definición: Nombre genérico de un grupo de enfermedades mentales que se caracterizan por alteraciones de la personalidad, alucinaciones y pérdida del contacto con la realidad."


He reiterado miles de veces. No soy esquizofrénico. Una persona que padece de esquizofrenia sufre de alucinaciones, no pueden distinguir la realidad de su imaginación. Repito, no soy esquizofrénico, no estoy loco. Todo lo que he dicho y hecho fue a base de eventos reales, eventos que tomaron inició el verano pasado. 


El año escolar había terminado. Como es lo habitual, todos se dispersan para disfrutar las pocas semanas de descanso que se nos son otorgadas a los alumnos. Había decidido pasar esas semanas en la casa de campo de mi tía. Ella siempre viaja en esas fechas, por lo que me había pedido el favor de ir y cuidar de su casa. No me opuse a la idea. Prefería mil veces estar dos meses aislado en medio de la nada a estar en casa, fingiendo estar en buenos términos con el hecho de que no tengo amigos con quienes estar. 


A la mañana siguiente yo ya me encontraba ahí, desempacando mis cosas. Mi tía había dejado tres sencillas instrucciones: 


#1: Mantener la casa limpia.

#2: Regar las plantas 1 vez por semana. 

#3: Alimentar al gato. 


Los días pasaban sin acontecimientos realmente notables. Fue a la tercera semana cuando noté que algo no iba bien. Me había levantado temprano esa mañana, más temprano que de costumbre. Lo primero que hice fue darle agua y comida al gato. 


El gato de mi tía es, por no decir lo menos, particular. Se esconde durante el día, y en las noches suele recorrer toda la casa. Al principio ni le preste atención. Era un gato raro, y aunque nunca lo había visto con mis propios ojos, su plato de comida siempre terminaba vacío al final del día. 


Después de darle de comer, decidí ir a caminar por el bosque que rodeaba la casa. Fui entonces cuando empezó. No había ni terminado de cerrar la puerta cuando un olor desagradable captó mi atención. Lo seguí hasta los arbustos que crecían en la parte trasera de la casa. En el medio de estos se encontraba el cuerpo putrefacto del gato. Tenía el vientre desgarrado, y el pelo cubierto de sangre seca. Larvas y moscas habitaban su cuerpo, comiendoselo desde sus adentros. 


Inmediatamente regresé a la casa, echando llave a las puertas y ventanas. "Seguro fue un animal salvaje." , pensé, "Un oso o un gato silvestre". Intente olvidar el asunto todo el día, pensando que dentro de la casa era seguro. Fue un error. 


Esa misma noche, el sonido de rasguños en la puerta me despertó. Le tomó unos segundos a mi cerebro identificar el problema: el gato había muerto; se suponía que estaba solo. 

Hice mi mejor esfuerzo por no alarmarme. Razoné que era el animal que había matado al gato, que se había metido en la casa en busca de comida. Así que lo ignoré y volví a dormir. 


A la mañana siguiente llamé a la policía local. Les dije sobre el gato y los rasguños de anoche. Un par de horas después ellos estaban aquí, buscando indicios sobre el animal. Pero no encontraron nada; el cuerpo del gato había desaparecido. Se fueron al caer el atardecer, y me volví a quedar solo. Fui a la cocina, comí, y al momento de lavar mi plato me dí cuenta. El plato del gato estaba vacío, otra vez. 


Mi cerebro empezó a recordar todas esas mañanas cuando llenaba el plato del gato. Luego el cuerpo. Debía haber estar por lo menos un par de semanas para que estuviera en ese estado. De un momento a otro, ya no me sentía seguro en esa casa. 


Esa noche no dormí. Los rasguños se habían vuelto insoportables, imposibles de ignorar. Sus uñas sonaban contra el suelo de madera. Podía escuchar claramente como se movía por toda la casa, revisando cada habitación, cada rincón, en busca de comida.  Cada cierto tiempo regresaba a mi puerta, y rasguñaba. A veces sentía como si fuera a romper la puerta. Incluso, de vez en cuando, jugaba con la perilla de la puerta. 


Esa misma mañana, apenas estuve seguro que eso ya no estaba ahí, me levanté y empaqué todas mis cosas y las puse en el auto. Antes de irme, regresé a la casa, llené el plato de comida una vez más, y me fui, con la esperanza de que esa cosa no me siguiera. No funciono. 


Aún estando en la misma casa que mis padres, podía escucharlo rasguñando la puerta en la noche. Intente decírselo a mis padres, a la polícia, pero ninguno me creyó. Los meses pasaron y todo se volvió peor. No había noche en la que no despertará a mis padres a gritos, pensando que la puerta sucumbiría a sus garras. Empecé a contarles a todos los que conocía, a todos con quienes me cruzaba en la calle. Les advertía que algo me seguía. Les pedía ayuda. 


Mis padres me enviaron al psiquiatra. Me dieron píldoras. Me dijeron que todo iba a estar bien, que todo estaba en mi cabeza. Son mentiras. Las pastillas solo empeoraron la situación, porque ahora la puerta si se abría. Había aprendido a abrirlas, y todas las noches entraba a mi cuarto, se paraba al lado de mi cama, y respiraba en mi oído. 


Nadie me creyó. Nadie me cree. Ahora mismo estoy en camino de vuelta a esa casa, a dónde todo empezó, en busca de evidencia. Escribo esto en modo de advertencia, para el que lo lea. Si por azar del destino te encuentras con esa cosa, hagas lo que hagas, no lo mires. No lo veas a la cara. Aunque entre a tu cuarto y se acueste junto a tí, aunque te acose y te toque el cabello, no abras tus ojos. Si los abres, no parará hasta alcanzarte.     




28 de Dezembro de 2018 às 04:50 0 Denunciar Insira 0
Fim

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