Justicia ciega Seguir história

chriscarrieri cristina peralta

Hay ocasiones en que un frustrado deseo de justicia puede cegarnos a tal punto que a veces solo podemos ver... culpables.


Crime Impróprio para crianças menores de 13 anos.

#dolor #asesinato #locura #obsesión
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Capítulo único


Se veía aterrado. Sus ojos intensamente verdes estaban muy abiertos; casi no parpadeaba.

Maia lo observó; se veía tan inocente, tan inofensivo, nadie podía sospechar siquiera que detrás de ese apuesto rostro de mirada lozana y pestañas tupidas, de rasgos armoniosos y mentirosos labios rosados, se escondía un monstruo; el monstruo que la había asesinado.

Porque estaba muerta. Quizás el pulso que latía en sus venas lo desmentía, o el vaho que brotaba de su boca en esa noche fría y lluviosa lo refutaba, pero lo estaba, porque estar vivo era sentir, y ella ya no sentía nada, o casi, pues aún quedaba un sentimiento aferrado a su destruida alma: odio. Odio profundo, putrefacto y perenne. Odio hacía aquel ser que no tuvo misericordia, que sació su sed bebiéndose su vida, su dignidad, su esperanza.

Maia asintió para sí. Le decía sí en su interior a su decisión de hacer justicia por mano propia, un sí a la equidad, ¿y porqué no? también un sí a la venganza.

Resuelta revisó los amarres que tenían a Gregory sujeto de pies y manos. Eran fuertes; había practicado. Debían serlo para que él no se moviera, para que recibiera en completa quietud la pena que ella, como victima, abogada y jueza, estaba a punto de administrarle.

—Yo, Maia Rosario Contreras, te condeno a ti, Gregory Louis Anderson—declaró señalándolo con su acusador dedo—A la pena de muerte. Los cargos de los que se te acusan son: Violación seguida de tortura, y mi fallo es... culpable.

—¡No!—exclamó el condenado, forcejeando con los ajustados amarres en sus miembros—No soy Gregory, soy Anthony... me llamo Anthony, y juro por lo más sagrado que yo no te hice daño alguno, es más, esta es la primera vez que te veo. Yo creo que estás mal, que estás confundida, solo déjame...

—¡Cállate!—lo silenció Maia— ¿Crees que soy tan tonta como para volver a caer en tus engaños?, ¿en tus mentiras? Sé bien quien eres Gregory... y sé bien lo que me hiciste.

—No, no, no... no soy Gregory, escúchame, solo escúchame...—rogaba él, pero un rectángulo de cinta adhesiva en su boca acalló sus lastimeras súplicas.

—No quiero oírte—le dijo Maia, mientras presionaba la cinta sobre los labios ajenos para asegurarla—Una vez te oí.... y aquí estamos.

Maia se alejó de la mesa de madera en la cual sobre el pequeño taller anexado a su casa, tenía inmovilizado a aquel joven que la había herido tanto.

Caminó unos pasos hacia una tablero de pino donde tenía perfectamente ordenados los instrumentos de los cuales podría disponer para aplicar justicia.

Los acarició lentamente mientras decidía cual sería el primero en utilizar en ese cuerpo desprovisto de alma. Una cuchilla de hoja amplia y afilada le pareció digna para ser la prístina herramienta en manos de aquella que con vendas en los ojos y una balanza en la mano derecha, nunca le erraba a la hora de impartir su juicio.

Sus pasos, esta vez más lentos y pensados, se dirigieron a donde yacía el condenado quien la miraba a ella y a su cuchilla, con una expresión de completo espanto.

¿Dónde había visto antes Maia un semblante así? Claro, como olvidarlo, lo vio en ella, en esa maldita noche y a través de esas iris verdes, crueles e inflexibles.

Se acercó más, hasta quedar con sus caderas apoyadas en la mesa. Desde allí lo miró serenamente, luego una de sus manos descendió hasta su pecho, desabotonó su camisa azul, dejando su pálida piel expuesta.

Recordó por un instante lo bello que le pareció aquella primera vez, y lo suertuda que se sintió al tener la completa atención de este muchacho de novela.

Estúpida... ingenua.

Su mano hizo férreo el agarre sobre el mango de mikarta, y subió su diestra despacio, mientras a Gregory se le empañaban los ojos, aguados en la convergencia de cientos de lágrimas.

—En este acto...—anunció ella con voz solemne—Te libero Gregory Anderson.... y también me libero a mí. En la irrevocabilidad de la justicia nos libero a ambos.

Y su mano descendió. La hoja se adentró certera y segura en la carne del culpable. Maia sintió esa penetración carnal casi poética, pues en su inclemencia era similar a la sufrida por ella, cuando vejada y humillada como mujer sintió esa dureza abriéndose paso con violencia en cada recoveco de su cuerpo. Y aquella sangre que en chorros escarlata brotaba de la herida, también guardaba semejanza con aquella que brotó de su cuerpo; de sus senos, de su vientre, de su brazos, de sus piernas, de su interior, sobre ella, debajo, a los lados, cayendo, goteando, salpicando, empapando, llenándolo todo, todo mientra gritaba, y pedía, y rogaba, y clamaba, y nadie escuchaba, ni venía, ni la socorría, ni por piedad la mataba. Era parecido... sí.

A ese tajo le siguieron un par más, se cobraría uno por cada lágrima derramada ¿ese alfeñique tendría espacio suficiente?... ella hallaría sitio para grabarle en carne viva hasta la última lágrima.

La sangre comenzó a filtrarse por la cinta que mantenía a Gregory silenciado. Lo vio convulsionar, se estaba ahogando con ella, los ojos se le fueron para atrás y sus miembros se sacudieron con violencia.

Estaba muriendo el muy bastardo.

Pensó en quitarle la cinta para que el suplicio durara algo más, pero... era tan gratificante ver su vana lucha, que dando un paso hacia atrás solo se dispuso a observar, y a esperar.

Gregory resultó ser más resistente de lo que ella creyó, pues pasaban lentos los segundos y él seguía debatiéndose con la muerte y aferrándose a la vida. Pero esta era una batalla perdida, nadie aparecería mágicamente para librarlo de su condena... hasta los ángeles harían la vista gorda ante su justa caída.

Soportó un poco, solo un poco, y después la parca vino en su busca. Y lo dejó, después de su fuerte abrazo, inerte y fláccido destilando aun rojo por sus múltiples heridas.

Maia suspiró, se había terminado, al fin se había hecho justicia.

Cerró los ojos un momento y solo por esa fracción de tiempo sintió paz, pues al abrirlos de nuevo, la confusión y la incredulidad que le trajeron lo que veía, se llevaron consigo todo remanso de calma.

El cadáver seguía en su sitio, pero aquel rizado cabello castaño rojizo había sido suplantado por una melena larga y negra. La complexión ensangrentada del fallecido también era distinta, éste, que reposaba en aquella mesa tenía el pecho amplio y el cuello grueso.

No era Gregory, entonces ¿a quién había ajusticiado?

Maia se frotó las manos con los nervios a flor de piel. No era posible, ella lo había visto bien, era Gregory, podía jurar que era él.

Con pisadas inestables se acercó al cuerpo. Lo observó de cerca.

¡Oh Dios!... no era él, no lo era.

Maia se abrazó a si misma y comenzó a mecerse, una y otra vez, en un movimiento continúo, ¿qué haría ahora?, ¿qué haría?

Solo unas palabras que eran más bien gemidos salían de sus labios. Y repetía estas sin descanso.

—No, nos había liberado Gregory... eramos libres, eramos libres.


Dos semanas después.

Era una mañana cálida. El sol brillaba con fuerza bañando a la pequeña ciudad con la tibieza de sus rayos dorados.

El paseo peatonal estaba muy concurrido; en el aire se percibía el aroma proveniente de las distintas opciones de gastronomía francesa.

Maia miraba vidrieras. Se sentía bien, ese era un buen día.

Paseaba canturreando una pegajosa tonadilla que había escuchado al levantarse en la radio, y que como el chicle que llevaba pegado en su zapato desde hacía dos cuadras, parecía no tener planes de abandonarla en lo que restaba del día.

En un elegante aparador, una falda recta en tonos turquesa atrapó su atención, y estaba a punto de dirigirse a la curvada puerta principal de la tienda para averiguar el costo cuando lo vio.

El corazón pareció detenérsele en el pecho, el cual le dolió como si una garra invisible lo hubiera atenazado malignamente .

En el costado derecho de su cabeza comenzó a formarse un conocido dolor a medida que iba cayendo en la cuenta de quien era esa persona que sus ojos veían.

Era Gregory.

Sonrisa de galán, ojos creados de cien tonos de verdes distintos, cabello suave y rizado, castaño cobrizo, pose de absoluta seguridad. No había en esta tierra hombre igual. Ni tampoco monstruo que se le igualara.

Maia sabía que hacer... debía hacer justicia.

Se ocultó un poco detrás de un cartel de pie que invitaba a conocer los obras de un artista moderno, su estatura le permitía camuflarse fácilmente.

Lo contempló desde allí, y su mente comenzó a planificar, a fraguar, y a diseñar el castigo correspondiente al crimen que había perpetrado ese hijo de satanás en contra suya.

Sonrió un poco anticipándose al acto. Él hablaba con una risueña joven morena quien iba tomada de su mano. Aquella mujer le causó pena... esperaba ser lo suficientemente rápida para terminar con aquel malnacido antes de que la morena tuviera que vivir el mismo horror que ella padeció dos años atrás, en aquella misma ciudad, en una primavera como esa, en manos de aquel que no merecía la gracia de seguir viviendo.

—Soy tus manos, mi señora—le susurró a su imagen mental de la diosa justicia—Tú nos liberaras a través de mí... Al fin seremos libres.


Dylan jugueteó con la pequeña cajita aterciopelada que descansaba en el bolsillo izquierdo de su gabán. Se sentía eufórico y emocionado; esa noche se lo propondría.

Rose lo miró con sus ojos almendrados que desconocían totalmente lo que él, su novio desde hacía ya tres años, había planeado en aquella cena de aniversario.

Sería especial, esa dulce morena se merecía que lo fuera.

Exhaló felicidad y le correspondió a la sonrisa que le acababa de dedicar.

Sí señor, él era un tipo con suerte.

18 de Dezembro de 2018 às 03:57 9 Denunciar Insira 11
Fim

Conheça o autor

cristina peralta Ante ciertos libros, uno se pregunta: ¿quién los leerá? Y ante ciertas personas uno se pregunta: ¿qué leerán? Y al fin, libros y personas se encuentran. André Gide.

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Becca Blume Becca Blume
¿Entonces tampoco era Gregory al final? ¿La mujer perdió la cabeza? ¿quee? está genial, me gustó ;)
1 de Outubro de 2019 às 13:58

  • cristina peralta cristina peralta
    Muchas gracias por leer mi historia. Estás invitada a leer las demás. Saludos 14 de Outubro de 2019 às 17:34
Pablo Tiga Pablo Tiga
Muy buena historia, antes de dormir. El personaje tiene mucho trabajo se nota el esfuerzo.
15 de Abril de 2019 às 00:11
Emma Urbina Emma Urbina
13 de Janeiro de 2019 às 17:48
Emma Urbina Emma Urbina
13 de Janeiro de 2019 às 17:48
Emma Urbina Emma Urbina
porque piden q comenté si todavía no se de q se trata, dejen q lo lea y luego comentó.gracias
13 de Janeiro de 2019 às 17:48

  • cristina peralta cristina peralta
    Lamento el inconveniente Emma. Gracias por leer mi historia. Saludos 13 de Janeiro de 2019 às 20:17
Galo Vargas Galo Vargas
Hola! Estamos verificando las historias y está nos ha gustado. Solo corrige por favor ciertos errores de tildes para poderla verificar pronto. Respóndeme este comentario en cuanto lo hayas hecho. Mucha suerte :)
4 de Janeiro de 2019 às 23:59

  • cristina peralta cristina peralta
    Lo he corregido. No sé si me faltó algo, espero que no. Gracias 5 de Janeiro de 2019 às 08:55
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