R-dimidores Seguir história

chriscarrieri cristina peralta

Ellos llegaron a este mundo en son de paz. Vinieron a la tierra para compartir, para dar. Pero, ¿cómo recibiría la humanidad sus regalos?, ¿Podrían ser los hombres redimidos?... ¿O ya era demasiado tarde?


Ficção adolescente Impróprio para crianças menores de 13 anos.

#fantasía #aliens
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Capítulo uno


Los alumnos del colegio secundario número 9° llevaban más de media hora esperando que diera inicio el acto conmemorativo. Este era uno de tantos que se hacían en distintas partes del mundo ese día y en todas las escuelas; primarias, secundarias, públicas y privadas. Este acto sería especial, pues hoy se cumplían exactamente diez años desde que los R-di llegaron a este mundo para cambiarlo, y también para cambiar a todos con el.

Zacarias estaba aburrido, no había dormido bien, (demasiadas horas perdidas frente a su pantalla holográfica) y la mañana le pasaba la factura sin un ápice de clemencia. A su lado estaba Lucas, su compañero de clase y mejor amigo, haciendo una broma tras otra como si hubiera sido programado desde su nacimiento para ser el payaso del curso.

—Hey, Zack... viste quienes están por allá.

Zacarias ahogó un bostezo, no era exagerado decir que se estaba durmiendo, de pie, como los caballos. Sin mucho ánimo él llevo su mirada hacia donde su amigo señalaba de forma nada disimulada. Había un pequeño grupo de jóvenes, de entre doce y veinte años, todos ellos formando una fila larga y bastante desordenada.

—¿Son...—inició la pregunta, con la voz ronca y apagada—, ¿son negados?

—Obvio—dijo Lucas, para después soltar un bufido—No sé porque los convocan en cada aniversario... como si no hubiera suficiente propaganda de La unidad desparramada por todos lados.

Él encogió los hombros absteniéndose de acotar nada. En realidad no le molestaba que los negados estuvieran presentes ( como les pasaba a muchos), le parecía que era una buena oportunidad para que se convirtieran.

Unos minutos después, el señor Grimoldi tomó la palabra. El querido director estaba a solo unos meses de retirarse; todos iban a extrañarlo mucho. Él dio su discurso intercalando entre palabras algún que otro chiste, sonriéndole a todos con ese rostro jovial de ojos oscuros y barba entrecana.

Zacarias adoraba al señor Grimoldi, pero la verdad era que a gatas podía seguirle el hilo a su apasionada charla sobre unidad, conciencia colectiva y bien común, pues su mirada a cada momento se enfocaba en aquellos chicos que se habían auto-marginado del resto de la sociedad. Uno entre ellos llamaba más su atención; era una chica de unos catorce o quince años de largo cabello rubio y una sonrisa de suficiencia pintada en la cara. Quizás él la estaba mirando con demasiada curiosidad pues tras unos segundos más ella le devolvió la mirada. Le hizo un gesto de "¿qué? elevando brevemente el mentón, casi como si fuera un reto. Él negó, gesticuló un "nada", y algo avergonzado volvió la vista al frente. Sintió calor en las mejillas y comenzó a juguetear con un botón de la manga del saco de su uniforme azul. Zacarias era demasiado tímido a veces.

El acto duró otra larga hora. Al concluir se les invitó a mezclarse para tener un tiempo de recreación, disfrazando con ese pedido su verdadera intención; debían acercarse a los negados y compartirles la propuesta de La unidad. En ocasiones Zacarias se sentía en una secta.

Obedeció, más por convencimiento personal que como una obligación. Caminó despacio por el enorme salón de actos blanco e impoluto que estaba en el primer piso, acercándose lentamente a quien en primera instancia había capturado su atención. Ella lo miró aproximarse con tal intensidad que él sintió que las piernas se le terminarían cruzando y caería de bruces al suelo haciendo un tremendo papelón. No es que no le hubiera pasado.

—¿Siempre eres tan lento?—le preguntó cuando la distancia que los separaba era de apenas unos veinte centímetros.

—Yo... quería disculparme, ya sabes, por lo de antes. Por quedarme mirándote—aclaró Zacarias—, no fue mi intencion hacerte sentir incómoda.

Ella sonrió a la vez que fruncía el ceño.

—Hace falta mucho más para incomodarme—le dijo y extendió una mano hacia él—Soy Nicole, aunque suelen llamarme Nicky.

Zacarias tomó su mano y esbozó una sonrisa.

—Me llamo Zacarias, y... ¿qué te ha parecido la charla?

Nicky arrugó la nariz con una expresión clara de desagrado.

—Nada que no hubiera escuchado antes—se sinceró—, pero, bien, fue un pedido de mi padre así que decidí venir.

—Oh, ¿entonces él es un convertido?

Ante esto la joven soltó una breve risita.

—¿Mi padre?... no, no, no. Él es negado de pies a cabeza, pero, ya sabes, él cree en que debo tomar mis propias decisiones " Escucha, medita y saca tus propias conclusiones" eso es lo que siempre me dice.

Aquella atípica forma de pensar que tenía el padre de Nicky lo desconcertó. La mayoría de los negados casi obligaban a sus hijos a seguir su mismo camino, con los convertidos pasaba lo mismo, hasta era peor.

—Eso es bueno, creo... digo, que te deje elegir—comentó.

—Él eligió por sí mismo, ¿ porqué habría de negarme ese derecho ?

Ese comentario lo dejó aun más sorprendido ¡Vaya padre y vaya chica!

Zacarias dejó la conversación por un momento para mirar a su alrededor. El personal de La Unidad estaba repartiendo los "Long" a todos los negados que querían probarlos. Había una infinidad de gustos, y ese día parecían haber llevado los más solicitados: Helado, hamburguesa con queso, papas fritas, salchichas y si esta viendo bien, nachos con cheddar. Se le hizo agua la boca.

Con un solo pensamiento en la cabeza volvió su atención a Nicky.

—¿Te animarás a probar un Long-life?... no podrás decidir con ecuanimidad si no lo has hecho.

Zacarias sintió que le tendía un lazo. Pero no uno con malas intenciones, sino uno que le abriría los ojos. Estar dentro de La unidad hacia tu vida mejor y más fácil. Posiblemente también mucho más larga. La unidad era el futuro.

Ella pareció algo descolocada por su pregunta. Después miró en la misma dirección en la que él miraba antes. Algunos de los negados se habían decidido a probar los "Long". Otros parecían indecisos y un par dijeron que no sin siquiera pensárselo.

Una chispa brilló en los ojos azules de la chica. Zacarias receló de ese brillo, parecía haber tenido una idea.

—Claro, ¿por qué no?... si no probamos, como dices, no podemos saber.

Él asintió pero sabía bien que no había terminado. Previó lo que diría a continuación.

—Comeré uno de sus famosos Long-life... pero tú deberás probar un alimento de los míos.

No se equivoco para nada.

Zacarias caviló esa propuesta. Los que no se alimentaban de los "Long" que habían dejado al marcharse los R-di se alimentaban como lo había hecho la humanidad desde que surgiera del big bang, con lo que ofrecía el medio natural, incluyendo... la carne.

Una nausea bailoteó en su estómago revolviéndolo ante tan asqueroso pensamiento.

—¿Te refieres a...?—ni siquiera podía terminar la oración.

—Si, a la carne vacuna, ¡a un buen asado argentino!—exclamó—. Si te animas yo me animo.

¿Y qué responder a eso?... estaba comprobado científicamente que la mayoría de los que degustaban un Long-life, dejando de lado sus reservas, tenían una mayor posibilidad de convertirse en un futuro. Si él accedía a ese trato le estaría dando una oportunidad a esa chica de salir del mundo antiguo e ingresar al nuevo mundo. Podría decirse que le estaría salvando la vida, porque... ¿cuántos años podía aspirar a vivir un humano en el siglo XXI?, ¿setenta, ochenta años?, ¿cuáles eran los primeras estimaciones de los científicos en cuanto al frecuente consumo de Long life?, ¿de 300 años a 500?

No exageraba, le estaría dando cientos de años de más a su vida.

Mientras meditaba en esto otro interrogante se le presentó, ¿ella había dicho asado "argentino"?, ¿usó ese nombre antiguo para llamar a la región 194? ¿cómo le llamaría ella al lugar en donde residían?... ¿cómo le decían antes?¿ La Mar de plata?... era la zona 10.002, como fuera, que chica extraña.

Zacarias dejó escapar el aire de sus pulmones despacio y lento. Ciertamente era un chico tímido e introvertido. Ciertamente no era un cobarde.

—Acepto.

16 de Dezembro de 2018 às 23:51 4 Denunciar Insira 2
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Conheça o autor

cristina peralta Ante ciertos libros, uno se pregunta: ¿quién los leerá? Y ante ciertas personas uno se pregunta: ¿qué leerán? Y al fin, libros y personas se encuentran. André Gide.

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H Hamlett
te invito a leer mis historiaste !
31 de Março de 2019 às 10:51

  • cristina peralta cristina peralta
    Cuando tengo un tiempo voy a pasarme. Gracias por la invitación. 31 de Março de 2019 às 14:45
Galo Vargas Galo Vargas
Hola Cristina. Quiséramos verificar tu historia pero necesitamos que por favor corrijas todavía unos pequeños errores de tildes en tu escrito. Responde este comentario cuando creas que lo hayas hecho :) Saludos!
28 de Dezembro de 2018 às 05:03

  • cristina peralta cristina peralta
    Creo que ya corregí los errores. Espero no equivocarme. Gracias 30 de Dezembro de 2018 às 10:35
~