La lucha perpetua Seguir história

kawsay

Todos tenemos algo que queremos; pero... ¿hasta dónde somos capaces de llegar para hacerlo realidad? Sobretodo si no estamos seguro de que... eso que tanto deseamos... existe. De todas las personas, Wayra Sinchi se encuentra en la "recta final". Nunca faltarán las adversidades; pero él está seguro de algo... en esta lucha perpetua conocida como vida, jamás se dará por vencido.


Fantasia Todo o público.
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1er céfiro: El tesoro del incanato

¿Qué es lo que más anhelas? Dinero, fama, poder… tu imaginación es el límite. Sin importa lo real o no que fuese lo que pensaste, déjame decirte que puedes llegar a conseguirlo.


Hay algo que todos deseamos y el joven Wayra Sinchi no es la excepción.


Para alguien que solía ser un charlatán de niño, Wayra ha tenido que esforzarse a diario para realizar la actividad más evadida por los adolescentes… leer.


Puede parecer una broma; pero realmente él era alguien que rechazaba la lectura, con decir que se dormía a los pocos “segundos” de agarrar un libro. Sin embargo, esto solo era una pequeña parte de lo que debería hacer.


Existen muchos caminos para alcanzar un objetivo. En el caso de Wayra, para hacer realidad su sueño, ha elegido uno de los más difíciles.


Encontrar El tesoro del incanato… esto lo tiene bien mentalizado; no obstante, existe un “pequeño” inconveniente. No sabe si ello existe.


A la edad de diez años, Wayra recibió una carta con forma de paloma. Tras desdoblarla, notó que no había remitente alguno.


“¿Hasta dónde eres capaz de llegar para conseguir lo que deseas? Demuéstramelo. Si eres capaz de superar tres pruebas, sabrás si El tesoro del incanato existe, Wayra… ¿o debería llamarte pequeño Raki? ”


Aunque Wayra tenía varias preguntas en mente, terminó por aceptar. Al reverso de la hoja, indicaba que la primera prueba era leer todos los libros de la Sala de Arte, Literatura, Historia y Geografía de la Biblioteca Nacional del Pirúa.


******


- Me aseguré de limpiar hasta el más pequeño de los espacios. Solo falta el ramo de flores… de acuerdo. Creo que me merezco un descanso. ¿Estás de acuerdo?, taita.


Como era habitual, cada dos semanas, Wayra visitaba a su padre en el cementerio Aves del paraíso. Limpiar el nicho era la primera de sus actividades, y la que más tiempo le tomaba. Para ello, traía en su mochila todo lo que era indispensable.


Habiendo tomado asiento en una de las bancas de mármol cercanas, Wayra dirigió su mirada al cielo. Unos gallinazos volaban por la zona.


Al verlos, recordó lo mucho que le gustaban a su padre, incluso ambos se detenían a observarlos en plena visita al zoológico, donde habían animales exóticos.


- Los gallinazos son odiados por la mayoría de personas de la ciudad Achikilla… pocos valoran su importante labor medioambiental. Nadie puede negar que… trabajan arduamente a diario. Yo… no debo perder el tiempo. ¡Es hora de continuar!


Poniéndose de pie, seguido de un pequeño impulso, Wayra empezó a limpiar la estatua con forma del gallinazo, ubicada al costado del nicho de su padre. Fueron unos treinta minutos intensos, él parecía una pulidora con patas activada a máxima potencia.


- Creo que… volví a exagerar un poquito… pero valió la pena. Nunca había visto mi rostro reflejarse en la estatua.


Obligado a tomar un descanso, porque no podía levantar los brazos y mover las piernas por ahora, hizo un esfuerzo sobrehumano para agarrar su mochila. De su interior, sacó su libro favorito y lo leyó en voz alta.


******


Según la historia redactada, el impero incaico tuvo una expansión tan inmensa que abarcó otros mundos. Debido a esto, interactuó con toda clase de culturas.


Tierras misteriosas, parajes de ensueño, lugares peligrosos… infinitas posibilidades aparecieron ante el incanato. Todo gracias al conocimiento de una habilidad que les permitía controlar cierta energía, esta se manifestaba como unas llamas.


Junto al manejo de ciertos objetos mágicos, nada parecía frenar el desarrollo del imperio incaico; sin embargo, el ocaso llego en el momento menos esperado.


Con el arribo de los invasores, inició la crisis que pondría fin a esta civilización. Entre las diversas medidas tomadas, una de las más importantes fue esconder el tesoro de valor incalculable que poseían, este había crecido producto de todos los viajes realizados hacia mundos sacados de una realidad que dejaba en ridículo a la fantasía.


Las encargadas de tal labor fueron seis akllas del sol. Haciendo uso de sus habilidades, trasladaron el tesoro hacia un lugar donde solo alguien digno pudiera alcanzarlo.


Durante las investigaciones respectivas, los invasores descubrieron que el tesoro contenía riquezas como especies únicas de animales, recursos inagotables o la cura de cualquier enfermedad.


Con respecto al oro que tanto anhelaban, había una cantidad tan absurda que con un poco de ello se podrían llenar todos los océanos conocidos.


Conocido como El tesoro del incanato, a día de hoy, son muchos los misterios que esperan ser desvelados.


******


- Toda historia parte de hechos reales. Solías repetir ello… quizá para hacer que me interesara en los libros. Tú… lo decías con tanta convicción… taita.


A la distancia, dos personas lo observaban, uno utilizaba un nicho, el cual limpiaba, para pasar inadvertido mientras la otra aparentaba estar en una visita.


Por lo general, los visitantes al cementerio suelen mostrar una expresión de seriedad o tristeza en sus rostros. Si alguien enfocara su atención en Wayra, vería a un gordito carialegre de cuclillas mientras colocaba su mano derecha en la parte frontal del nicho.


- Han pasado aproximadamente tres años… desde que empezó la primera prueba, desde que tengo un sueño, desde tu partida… solo quedan diecinueve libros. Cuando los termine, haré una excepción y vendré a visitarte este domingo, taita.


- Y yo prometo conseguir un regalo especial, tacañito.


Perdiendo el equilibrio producto de la sorpresa de escuchar esas palabras, Wayra terminó por caer de trasero sobre el concreto. Una pequeña risa pudo escucharse.


- Aunque una preciosidad como yo venga a entregarte las flores, estás tan concentrado en tus pensamientos que ignoras tu entorno. Si al menos tu rostro reflejara gratitud…

- Nina, tú sabes que siempre estoy agradecido; pero no creo que… mi trasero lo esté.


- ¿Eh? Así que estamos en ese plan. Veamos… creo que dejaré de cobrarte el precio de amigos. Ahora no te alcanzará para curar tu retaguardia.


La palabra precio hizo que Wayra se levantara en el acto, limpiándose de paso.


******

- Corrijo. Tanto mi trasero como yo estamos de acuerdo. No hay dolor alguno. Solo siento mucho mucho mucho agradecimiento. Compruébelo si desea, mi tenienta.


- Okey… eso último estuvo demás. Descanse, soldado. Su billetera no peligra… aún.


En esta ocasión, ambos terminaron estallando en carcajadas. Si hacemos un breve recuento, Nina era la primera amiga que Wayra había hecho desde la partida de Achik, su amiga de la infancia. Hay... una razón que le recuerda que debe evitar hacer amigos.


- Uhm… ¿escuchaste todo lo que dije?, Nina. No puedo creer que ni oyera tus pasos…


- Solo que vendrías este domingo… veamos… ¿qué podría conseguir?


Tras colocar las flores en su respectivo lugar, Wayra les añadió agua. Por otra parte, Nina quedó fascinada al observar el estado actual de la estatua con forma de gallinazo.


- ¡Pu-puedo ver mi reflejo! Solo conozco a… alguien… que puede hacer algo así…


Wayra la miró de reojo. Al ser algo recurrente, había notado que el semblante de Nina se volvía algo melancólico. De las dos personas que habían estado observándolo, uno se marchó cuando se percató de que Nina se estaba acercando con el ramo de flores.


- Nina, ahora que recuerdo, te estaban buscando un par de señoras por allá. De seguro necesitan flores y algunas velas. No pierdas el tiempo. El cliente es lo más importante.


- Tienes razón. Ya regreso. No creas que te irás sin contarme algún cuento interesante.


Si hay algo que le disgusta demasiado a Wayra, es ver triste a las demás personas.


******


Un viernes más en la vida de Wayra dio inicio; pero no me refiero a uno cualquiera, era el viernes especial. La intriga por lo que sucederá no lo dejó dormir.


Desde las seis de la mañana, había varias cosas que debía hacer, la mayoría estaba vinculado a la pequeña bodega de su familia. Si bien Wayra lucía cansado, algo que hacía enojar a su madre, él se esforzaba tanto como podía en sus labores diarias.


Mientras esperaba a que los clientes restantes fuesen atendidos, aprovechó para echar algo de agua sobre su revoltoso cabello.


- Arregla el cuello de tu camisa, sacude tu pantalón y que no vea tus zapatos mal lustrados. Toma el dinero de tu almuerzo. Si yo fuera tú, huiría… digo me marcharía.


Ayudado por su hermana mayor, Wayra agarró su mochila y apresuró sus pasos.


- ¡Alto ahí! ¿No crees que te estás olvidando de algo muy importante?


Habiendo escuchado el tono de voz de su madre, causándole un profundo temor, Wayra tomó una decisión inmediata. Dándole un fuerte abrazo, él esperaba que ella no se percatara de su aspecto. No quería oír algunas “bonitas” palabras tan temprano.


- Hijito. Hijito. Muy bonito gesto de despedida; pero me refería a que estabas dejando tu granola. Por cierto… si vuelves a lustrar mal tus zapatos, te sacaré la mierda.


Poniendo de excusa el llegar tarde al colegio, Wayra se alejó tanto como pudo de la bodega, olvidándosele que sufría de asma. Para su buena suerte, logró llegar a tiempo; sin embargo, durante toda la mañana, estuvo con las piernas entumecidas.


******


Si bien estudiar en un colegio solo para varones resulta ser una experiencia “única”, las clases solían transcurrir con normalidad. Wayra enfocaba toda su atención porque debía aprender las lecciones a la primera, luego no tendría tiempo para repasar.


Con cierta frecuencia, varias burlas dirigidas hacia él se escuchaban, vinculadas a su sobrepeso o su actual rendimiento académico.


En cualquier caso, Wayra había aprendido a sobrellevar la situación, ignorando por completo esos comentarios.


Cuando terminaban las clases, la emoción se apoderaba de él. Sin perder ni un solo segundo, subió a un micro con rumbo al centro de la ciudad Achikilla.


Almorzando en alguna de las famosas tías veneno de la zona, logrando ahorrarse algo de dinero, Wayra caminaba en medio de la multitud de personas.


“Tanta gente entre comerciantes compradores y turistas… si solo hicieran algo con el tráfico… uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad Achikilla… aquí está”


Han transcurrido un aproximado de 185 años desde su inauguración; pero la Biblioteca Nacional del Pirúa aún se mantiene en pie. Con un bello estilo, tanto por fuera como por dentro, Wayra no puede evitar quedar maravillado durante sus visitas.


Bajando al sótano, a su mano izquierda se encontraba la Sala de Arte, Literatura, Historia y Geografía. Listo para dar por superada la prueba, Wayra sacó el último libro del estante y se adentró en sus 180 páginas por tres horas.


Al cerrar el libro… sin poder evitarlo, se recostó sobre la mesa.


******


Wayra experimentaba un cruce de toda clase de emociones. Por un lado, estaba seguro de que en cualquier momento empezaría a llorar, aún no se convencía de haber completado la primera prueba.


Por otra parte, no podía permitirse soltar una sola lágrima, como consecuencia de la promesa que le había hecho a su padre. Diversos recuerdos llegaron a su mente. El más especial resultó ser su primera visita a esta sala junto a Achik.


Wayra casi se desmayó al ver tantos libros juntos, pensó que ella lo había traído a una sala de tortura para vengarse por alguna broma o algo parecido.


Mientras Achik terminaba un libro por hora, él a las justas leía una página antes de quedarse dormido.


Con el inicio de la primera prueba, Wayra debió luchar contra sí mismo para mantenerse despierto y avanzar. Por las malas, aprendió que algunos libros que había leído eran cambiados por otras ediciones, viéndose obligado a volver a leerlos.


No fueron pocos los momentos donde estuvo a punto de rendirse. Incluso en ciertas ocasiones optó por irse al parque Mishi, ubicado a unas cuadras de la biblioteca, a lamentarse por no haber valorado la lectura con anterioridad.


En esos momentos depresivos, con darle un vistazo a Los deseos del soñente, su libro favorito, recordaba la razón por la cual no se rendiría.


Recuperando la calma, Wayra inclinó su silla y dirigió su mirada al techo para empezar a imaginar lo que podría suceder ahora. Quizá alguien aparecería ante él aunque lo más probable sería que le enviaran una…


******


- Imposible. Eso que está volando cerca del techo es… ¿una paloma de papel? Si bien no hay muchas personas en esta sala, algo así no puede pasar desapercibido…


En medio de aquel susurro, Wayra terminó por darse un fuerte pellizco para comprobar que estaba despierto. Sin quitarle la mirada de encima, a la par que sobaba su brazo izquierdo producto del dolor, no podía creer que nadie más lo notara.


Inclinando su cabeza por unos minutos, buscando una explicación a esto, recordó la primera carta que había recibido. Saliendo de sus pensamientos, notó que ese objeto se encontraba frente a él, manteniéndose quieto sobre la mesa.


“Si ambas cartas son similares… será mejor buscar un lugar donde leerla tranquilo… rayos la emoción me gana debo leerla cuanto antes… ya lo tengo en marcha…”


Siendo incapaz de ocultar su nerviosismo, Wayra subió las escaleras de dos en dos. En el segundo piso de la biblioteca, había una gran sala que conectaba con otras.


Esta se diferenciaba de las demás por tener diversas imágenes de personajes ilustres, todos hombres, y un enorme cuadro relacionado a la llegada de los invasores al incanato.


Teniendo la seguridad de que nadie lo interrumpiría, Wayra desdobló la carta.


“Felicidades, pequeño Raki. Uku Pacha te espera con los brazos abiertos. Existe un objeto capaz de responder cualquier pregunta. ¿Por dónde deberías empezar a buscar? Hay diversos caminos; pero todos te llevarán al mismo destino. La elección es tuya.”


Dos palabras le resultaron muy familiar a Wayra.


******


Si alguien diera un vistazo al cielo, notaría que una luna carmesí resalta en medio del frío velo de la oscura noche. Las calles se mantenían en una penetrante calma.


De vez en cuando se escuchaban innumerables pisadas acompañadas de perturbadores gemidos que reflejaban toda clase de sensaciones.


- Te encontré. Debería eliminarte en este mismo instante… no, esa opción está descartada. Y… ¿y si eliminara a tu otra mitad?


Oculta entre las sombras, una encapuchada murmuraba sin perder de vista a su objetivo. Gruesos labios, dientes y garras afiladas, ojos muy abiertos, fosas nasales anchas y una protuberancia en la cabeza. Su rostro estaba remarcado por líneas blancas, resaltando aún más la única emoción que reflejaba… una sonrisa.


“No es tan diferente a sus similares… aunque no sé qué podría significar esas cadenas blancas en su pecho… qué… ha cambiado de dirección… él recién debió haber llegado… ha aparecido otra de seguro la ignora…rá… vaya… esto es serio…”


La criatura que ella perseguía atacó a su par por la espalda. Una vez eliminada, entre los restos, cogió un fragmento de cristal rojizo y se lo devoró.


- Esa fuerza… de seguro ha hecho esto varias veces. Alguien ha tenido que ayudarla… no solo es eso… interesante. Esto logró captar mi atención. Hora de matar dos pájaros de un tiro. No tienes idea de todo lo que te espera… Raki.


Una sonrisa podía observarse bajo esa capucha. Adelantándose al lugar donde la extraña criatura se dirigía, ella estaba segura de lo que debería hacer.

10 de Dezembro de 2018 às 04:42 0 Denunciar Insira 5
Leia o próximo capítulo 2do céfiro: Uku Pacha

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