Hasta el Amanecer (Reto Bradbury) Seguir história

agescribe Andres Guillermo Hernandez

Colección de cuentos cortos de suspenso, drama y romance escritos para el reto Bradbury (2018-2019), bajo la premisa "No se pueden escribir 52 cuentos malos seguidos". Si quieres unirte al reto, ¡utiliza el hashtag #retoraybradbury en instagram para compartir tus historias con otros escritores!


Suspense/Mistério Todo o público.

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Entre Sombras

No sabía cuanto tiempo llevaba bajando. Pudieron haber sido minutos u horas... Aunque realmente no importaba, ¿o sí? Se había armado de valor para bajar y eso era lo que contaba. Sólo tenía que conseguir un recuerdo, subir y dárselo a Wendy, para que después todos regresaran a sus casas pensando en lo genial que era. Entonces podría quedarse solo con la chica. Así, con su recién adquirido valor, tal vez sería capaz de invitarla a salir.

Si algún día llegaba al fondo, claro.


Se sacudió mientras frotaba sus brazos. Arriba en el cementerio había sido igual. En realidad, aún estando dentro de las profundidades de la tierra y rodeado por toneladas sobre toneladas de grava, no podía culpar únicamente al frío. Al temor, en cambio... En todas las direcciones a su alrededor moraban los restos pútridos de aquellos que habían terminado de vivir. Y también estaba la horrible oscuridad, que lo cegaba. El frío tacto de la piedra en su mano, lo único que le permitía guiarse en la penumbra, no hacía más que empeorar su inquietud. Y el olor del aire estancado: una mezcla entre humus y muerte. El lento murmullo de aquellas cosas que no deberían de hacer ruido. Aunque nada de eso era tan malo. Todo junto. Eso era peor. Eso causaba sus escalofríos.


Tardó en darse cuenta de que se habían terminado los escalones. Finalmente había llegado al fondo. Continuó su lenta marcha, pisando con ímpetu y tanteando el aire con su mano libre para evitar chocar contra cualquier cosa. Ignoró el crujido que causó una de sus pisadas. Sin embargo, no fue capaz de ignorar el eco del sonido, que se repetía incesante por las escaleras. Cada sonido chocaba contra los demás, rebotando y extendiéndose aún más por el silencio hasta resquebrajarlo desde sus raíces. El sonido de hueso crujiendo llenó el vacío. Porque definitivamente era hueso. ¿Qué más podría ser dentro de una cripta? Pudieran haber sido huesos de rata o huesos humanos, pero eso tampoco importaba. Huesos, sin importar su procedencia, son símbolo de muerte.


Tomó aire para no entrar en pánico y aceleró el paso.

Se detuvo en seco cuando sintió una pared frente a él. ¿Acaso se había terminado el pasillo? Ni siquiera había llegado a la parte de la cripta donde estaban los muertos. Entonces, ¿dónde estaba? Tocó la pared del otro lado del pasillo. Después deslizó su mano por la pared frente a él y continuó palpando la áspera piedra durante un rato. No había ninguna curva repentina, ni una puerta secreta, ni nada parecido. No tenía más opción que volver pero, ¿cómo probaría que en verdad bajó sin un recuerdo de la tumba? Sopesó sus opciones durante más de lo que hubiese sido normal. Optó por darse la vuelta y subir con o sin recuerdo. Pero no podía.


Cuando se giró y regresó con pasos rápidos hasta el lugar donde debería de estar la escalera, alzó su pierna en un intento de no tropezarse con el escalón. Al momento de pisar se dio cuenta de que no había escalera. No veía nada, por lo que volvió a tantear con el pie el piso frente a él. Se había equivocado. La escalera seguía allí, sólo que descendía en vez de ascender. Tragó saliva y rezó. Nunca había sido particularmente religioso, pero en ese momento rezó como nunca había rezado antes.


Intentó considerar sus opciones hasta que se dio cuenta de que no tenía muchas.

Revisó el pasillo hasta donde la oscuridad lo dejara. Su visión nocturna había mejorado, pero eso sólo significaba que podía ver siluetas en vez de formas concretas. No había más caminos, ni escaleras. No quería seguir bajando. Eso no terminaría de alguna forma que fuese provechosa para él. Se quedaría donde estaba, en espera de alguien que lo rescatara. Seguiría rebuscando el camino por donde vino: no había forma de que la escalera haya desaparecido para poner otra en su lugar. No bajaría sino hasta que no hubiese más opción. Pero ya lo había pensado.

Las opciones que tenía, además de pocas, no eran muy buenas.


Ignoró el primer sonido que provino desde su espalda. Un pequeño golpe, como cuando una roca cae sobre un piso de madera. Se mordió el labio al escuchar el segundo: el sonido de una corriente de aire, que bien podía haber sido una respiración. No. No podía ser. Alguien había abierto la puerta de la cripta. Sí. El aire había entrado desde allá y había descendido hasta llegar a él. No podía ser otra cosa. Eso significaba que aún había una forma de subir. Sin embargo, el tercer sonido negó todo lo que había pensado.


El mismo crujido de hueso, el mismo eco que rompía el silencio en su infinita repetición. Pero había algo distinto. Otro crujido se escuchó. El ruido se unió al repiqueteo que venía de todos lados y de ninguno en específico, rodeando y engullendo el lugar en un coro que le decía a todos sus instintos que tenía que correr.


Crackcrackcrackcrackcrackcrackcrackcrack.


Sintió otra corriente de aire pasar por su nuca. Una corriente de aire caliente. No. Esa vez lo identificó por lo que era. El aliento de algo. El cuarto sonido lo confirmó. Entre los repiqueteos, se escuchaba fuerte y claro un gruñido gutural, más profundo que el interior de la cripta. En ese segundo decidió hacerle caso a sus instintos. Puso su mano en la pared de nuevo y bajó corriendo las escaleras, en la dirección contraria del sonido.


Varios golpes se escuchaban desde todos lados. El eco chocaba contra el techo, las paredes, el suelo y contra él mismo. Lo que sea que lo estaba persiguiendo podía estar caminando por el techo a diez metros o diez mil y no se escucharía la diferencia. Sin embargo, la distancia que los separaba no resultó ser tan milagrosa.


Un punzante dolor recorrió su cuerpo cuando el monstruo le rasguñó un tobillo. El pequeño empujón lo hizo perder el balance. Sintió con su talón el borde de un escalón y el mundo parecía haber desaparecido durante ese segundo que pasó en el aire, antes de caer con fuerza contra el suelo. Sólo existían él, los ruidos y el dolor.


Crackcrackcrackcrackcrackcrackcrackcrack.


Por puro acto reflejo, o tal vez instinto de supervivencia, o quizá era el miedo que lo impulsaba… Lo que haya sido, causó que ignorara el dolor de la caída y se levantara. Siguió corriendo sin detenerse. Sólo corrió y corrió con toda su alma. Ya no le importaba tocar la pared para guiarse. De vez en cuando se escuchaban más crujidos de hueso, pero no le importó. Los gruñidos, Wendy, el cementerio, sus amigos, los rezos. Todo dejó de importarle. Solamente estaban él, la penumbra y un monstruo del que tenía que huir. No había nada que importara más que sobrevivir.


El alivio inundó el aire cuando vio la luz. No sabía cuanto tiempo llevaba corriendo. Había subido y bajado repetidas veces, ignorando que ya estaría muy lejos del cementerio. Probablemente estaba en algún lugar en medio del pueblo, o en el campo, o en otro mundo. No importaba. Si alcanzaba la luz…


Y la alcanzó. El repiqueteo de huesos cesó, al igual que los golpes que podían haber sido pasos. Igual que todo su dolor. Dejó de correr cuando un haz de luz lo cegó, sorprendiendo a sus ojos y arrebatándole la visión nocturna. Se dejó caer de rodillas para combatir el cansancio.


La fuente de la luz era pequeña. Parpadeó un par de veces para acostumbrarse cuando sintió el calor acariciándole el rostro. Seguía siendo de noche. La fuente de la luz era una antorcha. Entrecerró los ojos y las siluetas de varias personas se tomaron forma frente a él. Reconoció los finos hilos de un cabello largo. Y la figura de un muchacho que aún estaba en medio de la pubertad. Tras un instante, alguien habló.


–¿Ves, Wendy? –dijo la voz, que reconoció como la de uno de sus amigos–, ni dos minutos duró adentro. Es un cobarde.


Los demás muchachos emitieron sonidos afirmativos y decepcionados antes de retirarse y dejarlo solo en medio del cementerio.


Él no hizo más que quedarse arrodillado, solo, entre sombras y silencio.

1 de Dezembro de 2018 às 17:35 0 Denunciar Insira 0
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