Caricias Sangrientas Seguir história

beth_98 Lizzy. C Ramos

"Siempre hay un roto para el descosido" O eso solía decir mi madre, la verdad es que nunca le di demasiada importancia a esa frase en específico; hasta que entendí que yo era la rota y tu el descosido. Éramos la mitad de un todo, almas gemelas separadas y destinadas a ser uno nuevamente, lo que tu y yo formábamos juntos iba más allá de la comprensión humana, nuestro amor era demasiado para que una simple alma mortal pudiera entenderlo. Siempre estuve sola e incompleta hasta que llegaste tu y en vez de huir como solían hacerlo todos, viste dentro de mi oscuridad y acariciaste mis demonios.


Crime Impróprio para crianças menores de 13 anos.

#sangre #AmorEnfermizo #asesinatos #psicopatia
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Prólogo


Ciudad de Demsbill 
Hogar de la familia Pussett 
24-03-2004
11.34 p.m
Catorce años atrás.

Aisha Pussett

Aún recuerdo esa noche, llovía fuertemente y la lluvia pegaba contra las ventanas, me acuerdo de eso porque el sonido era relajante para ir a dormir, en el piso de abajo se escuchaba el viejo televisor que nos había regalado la abuela Ilma hacía años antes de su muerte, mi pequeña lámpara dibujaba sombras en la pared y yo me distraía imaginando que eran monstruos que venían a por mí, recuerdo también el sonido de tus pasos pesados sobre la madera, sabía que eras tu por el rechinar de las escaleras; mi madre solía caminar como si de una mariposa volando por las praderas se tratase, amaba eso de ella, en cambio tu pisabas con fuerza, como si quisieras marcar bien tus huellas sobre la tierra.

Sonreí al verte entrar por mi puerta, después de todo eras lo más parecido a un padre que había tenido desde que mi verdadero padre nos abandonó; tú me devolviste la sonrisa mientras te acercabas y las sombras de mi vieja lampara te hicieron ver realmente aterrador, aún así no te temí, no en ese momento. 

—Es hora de dormir pequeña Aisha. — Me susurraste tomando asiento en mi cama, asentí sonriente. 

—Esperaba que vinieras a decir adiós. — Te confesé inocentemente con aquella voz infantil y cantarina.

—Tan linda niña, siempre esperas a que venga por las noches. —Te recostaste a mi lado mientras acariciabas mi cabello, recuerdo haberme acercado más a ti con los ojos cerrados y disfrutando del contacto que para mi no era más que afecto entre padre e hija. — ¿Aún le tienes miedo a las sombras que crea tú lámpara?  —Preguntaste y una vez que asentí me hiciste quedar sobre ti como solías hacerlo en las noches en la que mamá tenía guardia en el hospital o estaba profundamente dormida. —Que bueno que estoy aquí para acompañarte ¿verdad pequeña? 

—Sí, mamá siempre dice que ya estoy grande y que las sombras no deberían asustarme pero aún así me siguen dando miedo. — Hice un pequeño puchero al que tu besaste. 

— ¿Quieres que me quede contigo Aisha?  —Preguntaste sonriente y yo asentí. —Sabes lo que tienes que hacer ¿no es así? —Hice una mueca. 

— Pero no quiero hacerlo papá John — Me queje. — ¿Por qué tengo que hacerlo? 

— ¿Quieres que me quede contigo o no? — Preguntaste soltando un suspiro. 

— Si, quiero que te quedes conmigo pero no quiero hacerlo. — Me excuse mientras mis ojos se llenaban de lágrimas, las cuales limpiaste dulcemente. 

— Vamos pequeña es la única cosa que te pido por quedarme contigo y no contarle nada a tu madre ¿o prefieres que le diga sobre tu pequeño secreto? — Negué rápidamente y resignandome me dispuse a hacer lo que siempre hacía cuando dormías en mi habitación, me senté sobre ti como ya me habías enseñado  y con ayuda de tu enormes manos empecé a mover mis pequeñas caderas sobre tu ya crecido bulto, como siempre la sensación para mi era extraña, te había preguntado sobre ella y me habías dicho que era algo bueno, tú como de costumbre hacías ruidos extraños con tu boca que me hacían reír y cerrabas los ojos fuertemente, me obligaste a acelerar el ritmo luego de cierto tiempo y después también tú te movías. 

Recuerdo haberte dicho que ya era suficiente, recuerdo que me quite de encima y me disponía a dormir pero tu ya habías decidido que era momento de ir más allá y que no te era suficiente con solo un rose. 

— Hoy jugaremos a algo nuevo Aisha. — Me dijiste mientras te colocaste sobre mi. 

— Ya no quiero jugar más, estoy cansada. — Te dije pero no te importo, al contrario de eso te aventuraste a besar mi cuello y pechos inexistentes para aquél entonces. — ¿Qué haces? —Te pregunte un poco asustada mientras intentaba apartarte con mis pequeñas manos.

— Estoy jugando a un nuevo juego, estoy seguro que te encantará. — Susurraste extasiado. — Siempre has sido tan bonita Aisha, con ese hermoso cabello negro, esas cejas tan pobladas, esa linda boca rosa y tu color de piel claro resaltando tus pecas. — Para ese entonces ya habías perdido el control, me desnunabas mientras hablabas sin importarte mis suplicas de que me soltaras que no me desnudaras o tocaras. — ¿Pero sabes qué es lo más bonito de ti? Tu juventud pequeña Aisha, estas tan tierna y tu piel es tan suave, nadie nunca a posado una mano en ti niña, no como a tu madre la golfa quién ya ni recuerda con cuantos a follado. 

— Ya basta por favor John, para, suéltame. — Te suplique entre sollozos en cuanto comenzaste a introducir tu dedo dentro de mí, aún recuerdo el horrible ardor crecía desde mi vagina y se extendía por todo mi cuerpo, recuerdo tus sonidos de placer mientras tocabas tu miembro al mismo tiempo con la mano libre, recuerdo haberme torcido intentando sacar tu dedo, recuerdo haber llorado, gritado, pedirte que pararas a gritos pero a ti nada de eso te molestaba, por el contrarío sentías mucho más placer. 

— Se que te gusta pequeña puta, eres igual que tu madre, se que lo disfrutas ¿acaso crees que no veo cómo me miras, como te insinuas? Se que te gusta restregar tu coño contra mi pene niña, pensaba esperar un poco más para hacer esto pero estoy harto de pajearme pensando en tu pequeño, rosado, apretado y muy delicioso coño Aisha, quiero sentirme dentro de ti, quiero ver como gritas de placer, quiero ver como tu delicioso coño me recibe y voy a verlo ahora. —Fue el único aviso que recibí antes de que te pusieras sobre mi, abrieras mis piernas e introducieras tu pene sin escrúpulos, el dolor fue mil veces peor e iba en aumento con cada embestida, grité, lloré, sollocé y pedí auxilio hasta que todo se volvió negro a mi alrededor, deje de ver, escuchar o sentir y el único recuerdo lúcido que aún guardo de esa terrible noche son tus asquerosos berridos de placer en aquella pequeña habitación en la cual tomaste mi inocencia.

Desde ese día solías practicar "tu nuevo juego" cada tres o cuatro noches por semana, te tenía tanto pavor que cada vez que te escuchaba subir las escaleras mi cuerpo empezaba a temblar, mi corazón se aceleraba y mis lágrimas comenzaban a brotar, difrutabas de aquello siempre que me veías de eso modo decías "Mi dulce y pequeña Aisha, siempre tan lista para jugar"  te acercabas lentamente hasta mi cama con tu asqueroso pene entre tus manos y me penetrabas sin siquiera desvestirme, siempre me desmayaba a mitad del coito y despertaba solo hasta que me tenías en el baño lavando mi sangre y restos de tu semen "Buena niña" solías decirme "Buena niña" luego me llevabas de nuevo a la habitación y dejabas un beso en mi frente.

— Voy a acusarte con mamá. — Recuerdo haberte dicho una de tantas noches, tu te volviste hacia mí iracundo y me tomaste por el cuello. 

— ¿Qué has dicho? —Preguntaste entre dientes, intentando controlar tu ira, nunca fuiste bueno en ello. --Si te atreves a decirle una sola palabra de esto a tu madre vendré aquí por la noche y te follaré hasta que mi semen salga por tus oídos, luego esperaré a mamá en la habitación y después de follármela como la gran putasa que es  voy a asesinarla ¿me oyes? la estrangularé y me iré contigo para seguirte follando por el resto de tus días ¿qué te parece eso? nunca más verás a tu madre ¿eso quieres? — Horrorizada ante esa idea y con lágrimas corriendo por mis mejillas debido al miedo y a la falta de aire negué imperceptiblemente, tu sonreíste con aquella macabra sonrisa. --Bien así me gusta Aisha, que seas inteligente. — Me diste un último y repugnante beso en la boca y te marchaste. 

— Si no puedo acusarte entonces te mataré. — Prometí esa noche y aunque me tardo tiempo cumplirlo, diez años de violación y abusos de tu parte para ser exactas; lo hice, te asesine con mis propias manos y es uno de los recuerdos más satisfactorios que tengo hasta ahora. 

Tenía 16 entonces, mamá se encontraba en cama, de reposo debido a su embarazo de alto riesgo, tu como siempre veías el béisbol en la sala acompañado de tus amigos y con muchas cervezas a su alrededor, yo por otro lado preparaba la cena, lo más rápido posible para poder ir a encerrarme en mi habitación y rezar porque te emborracharas lo suficiente como para que no quisieras tocarme esa noche con tus asquerosas manos y así poder dormir con algo de paz sin sentirme tan sucia. Casi terminaba mis crepes cuando sentí tu miembro restregándose en mi trasero y tus dedos hurgando en mis senos ya bastante pronunciados, ahogue un grito y mordí mi lengua fuertemente mientras sentía tus besos en mi cuello. 

— Que buena te has puesto Aisha, saber que soy yo el único que puede tocarte me vuelve loco. —Susurraste ebrio. —Está noche te follare tu lindo y delicioso culo, tan brutal como se que te gusta. — Restregaste tu erección en mi y aunque me moría por clavar el primer objeto punzante en ti, me obligue a mantener la calma y quedarme quieta. —Se que te gusta ser salvaje y gritar hasta que te escuchen los vecinos pero hoy mamá está en casa así que tendremos que ser silenciosos ¿no te excita eso? porque a mi me pone terriblemente cachando. — Me diste un azote y luego te marchaste a seguir bebiendo. 

     El estómago se me revolvio, bote todo el aire que estaba conteniendo y me permití llorar mientras sentía como empezaban los temblores, fue entonces cuando lo supe. El momento había llegado. No dejaría que volvieras a tocarme y de ninguna forma permitiría que le hicieras daño a mi madre, había estado planeando todo por años, te mataría y luego huiría lejos, había estado reuniendo dinero y ya tenía el suficiente para escapar. Tome aquel cuchillo con el cual solías picar el cerdo para navidad, lo escondí bajo mis jeans y subí a mi habitación a esperarte. 

Recuerdo haber guardado el cuchillo bajo la almohada, deshacerme de todo mi ropa y haberte esperado con solo la tenue luz de la lámpara alumbrando mi cuerpo, en cuanto escuche tus pasos por la escalera intentando ser silenciosos casi me quiebro, casi me escondo bajo la cama a lloriquear pero diez años de rencor me lo impidieron y fueron esos mismos diez años de odio los que me impulsaron a mantener la compostura y a ejercer mi actuación. Tu cara de asombro en cuanto me viste me dio satisfacción, no tenías ni idea de lo que yo era capaz de hacer, jamás tuviste  idea.

— Decidí que sería mejor esperarte así. —Susurre conteniendo mi cólera. — ¿Te gusta? --Te pregunte mientras me tocaba bajo tu atenta mirada lujuriosa. No respondiste, en cambio te deshiciste de toda tu ropa y te abalanzaste sobre mis pechos. 

— ¿Saber que voy a comerte el culo te puso caliente o fue el hecho de saber que la golfa de tu madre podría escucharnos? —Preguntaste mientras me penetrabas. 

—Fue el hecho de ser escuchados, eso me calento mucho. —Mentí y sonreíste. 

—Siempre supe que eras todo una puta, mi puta. — Aprovechando tu descuido hice que quedaras debajo de mí con una sonrisa en mis labios, recordando como me hacías moverme antes moví mis caderas y como siempre cerraste los ojos. —Eso Aisha, cogeme como si fuera mi ultimo maldito día. —Reí al saber lo irónicas que eran tus palabras.  

— Oh querido John, lo será. — Abriste los ojos desconcertado pero no te dio siquiera tiempo a reaccionar porque entonces ya tenías el cuchillo clavado en tu abdomen, sonríe con satisfacción al escuchar tu grito ahogado y de pronto una gran sensación de placer me inundó el cuerpo, volví a moverme sobre tu polla mientras retiraba y encajaba el cuchillo nuevamente y ahogue un gemido de satisfacción al sentir tu sangre correr y la carne desgarrarse. 

—¡Hija de puta! —Me gritaste con dolor mientras me empujabas lejos de ti, caí cerca de la puerta y aunque me golpee fuertemente contra la pared no hice más que reír a carcajadas. — ¿¡Cómo te atreves a hacerme esto!? ¡Voy a matarte maldita perra loca! — Rugiste mientras te abalanzaste sobre mi, recuerdo haberme puesto en pie, levantando el cuchillo lista para herirte y entonces todo sucedió demasiado rápido, tu sangre gorgoteando por tu boca, el sonido de ella mientras intentabas respirar, el cuchillo encajándose en tu cuello, tu mirada fría clavada en mi y finalmente el grito de horror de mi madre.

 Finalmente habías muerto pero hasta después de que tu alma abandonaba tu cuerpo seguías siendo una molestia, mi madre perdio a mi pequeño hermano esa noche debido a la fuerte impresión y no conforme con ello y sintiéndose terriblemente culpable de todos mis años de sufrimiento asumió todos los cargos y después de formular un cuento creíble junto conmigo para contárselo a la policía, fue condenada a cadena perpetua. 

Esa parte de mi plan no había salido como esperaba pero a pesar de ello no me molestaba en lo más mínimo porque aquello que sentí mientras tu pene estaba dentro de mi y el cuchillo en tu abdomen fue una sensación única, la cual revivó cada vez que quiero sentir placer, tu mirada desprovista de vida es la imágen con la que me toco antes de dormir y tu  asquerosa sangre bañando mi cuerpo desnudo es la que me hace llegar al orgasmo cada noche. 

Después de todo si fuiste importante para mi, me hiciste descubrir quién soy, me hiciste conocer a mis demonios.

28 de Novembro de 2018 às 06:15 0 Denunciar Insira 3
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