Hechizo de Brujas Seguir história

jsm Sebastian Martin

Catalina se está iniciando en la práctica de hechizos junto a sus amigas. Una noche de luna llena, llevará a cabo un hechizo prohibido, el cuál la arrastrará a cometer un grave error, que solo ella puede solucionar, a través de un contraconjuro. Historia de amor, ambientada en algún lugar del mundo en la época de la Inquisición.


Romance Paranormal Todo o público.

#hechizo #horror #amor #brujeria #aventura
Conto
1
4331 VISUALIZAÇÕES
Completa
tempo de leitura
AA Compartilhar

Hechizo de Brujas

“Ojalá fuésemos todas brujas, como ella, ojalá todas pudiéramos hechizar, como ella lo hace.”

Noche de lluvia y viento helado.

Luego del extenso bosque, nacen las praderas y los campos.

La cabaña es pequeña, acogedora y humilde. Tres sillas se encuentran corridas del lado de la mesa de madera vieja. Los candelabros siguen allí, los cuadros, las cortinas mugrientas de tela azul, y por supuesto, el polvo y las telas de arañas adornando los rincones. Las llamas de la chimenea alumbran al ambiente y proyectan la sombra de tres jóvenes brujas.

Unos metros más allá de la chimenea se encuentra una enorme olla negra de acero. Y las jóvenes están paradas en torno a ella. El fuego da en la base de la olla redonda, y del aroma, que sale de su interior, se impregna la cabaña.

Un cuervo vuela en el exterior, pero al sentirse atraído por ese extraño olor, se detiene junto a la ventana y observa desde afuera lo que las mujeres hacen.

 

Una de ellas, dijo con duda, luego de haber echado unas yerbas a la olla:

- ¿Están seguras de que estas yerbas también son parte de la receta?

Las otras dos, mirándola fijamente a los ojos, dudaron en la respuesta, volvieron la mirada al libro que tenían al lado, fueron pasando las hojas, y leyeron:

La que acababa de preguntar, con inquietud insistió nuevamente:

-¿Lo estamos haciendo bien?

Se miraron con temor. Una de ellas, la que sostenía el libro, se sacó el sombrero, se sacudió el vestido, acomodó su cabello y respondió por lo bajo:

-Creo que nos equivocamos, las hojas de esa planta no debían ir a la olla.

 

Una mano surgió por debajo de la tierra, luego otra, y de a poco se fue mostrando a la superficie, la figura de un joven, vestido con ropas viejas y de telas rasgadas, sucias de barro. El cementerio quedaba cerca del pueblo, en lo alto de un monte, rodeado de pinos y cercado por una empalizada de dos metros de altura.

El joven estornudó y crujió su cuello. Miró hacia la derecha, chasqueó los dedos probando su magia. Una espada con su vaina apareció justo delante de la lápida. Luego de ajustar el justillo de cuero y los brazaletes, acomodó la capa en los hombros, se cubrió la cabeza con la capucha, respiró hondo y comenzó a correr.

 

En la cabaña, las jóvenes sintieron el espanto. Fue aquel presentimiento de haber cometido un terrible error, de haber caído en un pozo ciego el cual podrían haber evitado. Una de ellas dijo, al escuchar el silbar del viento y el golpeteo de las ramas en los vidrios de las ventanas… “Tenemos que correr, irnos de aquí.”  Rápidamente, arrojaron agua al fuego que calentaba la olla, y con agua que había en un cuenco, apagaron las brasas que aún estaban prendidas en la chimenea. Al salir de la cabaña, a lo lejos, se veían correr ovejas de un lado a otro, escapando de la tempestad, al parecer un corral se había desbarrancado. Cerraron la puerta y cuando intentaron acertar a la cerradura con una llave gruesa y pesada, Catalina dijo… “¡Saca el libro… lo hemos dejado dentro!”  Los animales corrieron en dirección a ellas, pero pasaron inadvertidas. Precisamente en ese momento, Catalina sintió el gruñido de una fiera, al girar vislumbró la esquelética figura de un lobo, en lo alto de una colina, cuyos ojos se volvían amarillos y la mirada feroz. El animal aulló, se mantuvo observándola durante un instante y luego dio la vuelta y desapareció entre la niebla.

Las tres jóvenes se dirigieron hacia el pueblo, atravesando la pradera.

Cuando las amigas llegaron a destino, agitadas por la escapatoria, decidieron guarnecerse de la lluvia en la mansión de Catalina. Los criados dormían y su familia también, menos su madre que se encontraba parada en el umbral de la puerta, mirándola con severidad, a escondidas.

La joven hizo seña a sus dos amigas para que hicieran silencio… “Mis padres duermen” murmuró.

Entonces, caminaron sigilosas en dirección a la habitación de Catalina, pero la puerta se cerró bruscamente justo frente a sus narices y la voz imponente de una mujer rompió el silencio… “Aquí nadie duerme, dime qué has hecho Catalina” Tal acto de magia las tomó por sorpresa y no hicieron más que pegar un brinco.

-Nada madre, no hemos hecho nada. Solo volvemos del campo.- Respondió titubeando la joven.

-Me crees tonta, ¿verdad?... entrégame el libro que me robaste… ¡vamos!

Y las otras dos muchachas, rojas de la vergüenza, dijeron entre dientes… “Entrégalo…”

La madre lo arrebató con rabia de sus manos, cerró los ojos, musitó algo imposible de entender y leyó. Luego de unos segundos, lo cerró furiosa y volviendo a mirar fijamente a los ojos de su hija, preguntó:

- ¿Para quién era el hechizo?...

Las otras dos marcaron una sonrisa pícara en el rostro, mientras que Catalina miraba nerviosa hacia los costados. Luego respondió, volviendo la mirada hacia el suelo de mármol:

- Tratamos de hechizar a José, volverlo a la vida.

Más fue el enojo de la madre, y sacándole el sombrero de un revés dijo:

- ¡Pero qué tonta eres niña!... Te crees una bruja, te vistes como una y no sabes actuar como tal. ¡Con dieciséis años de edad te crees capaz de manejar conjuros de tal nivel! Una bruja es inteligente, sigilosa y prudente… Tú no eres más que una niña caprichosa.

Y esto último fue dirigido a las tres jóvenes que estaban a punto de romper en llanto. Finalmente exclamó… “Los muertos, muertos están… ¡qué, no lo entiendes!”  Dio unos pasos alrededor de ellas, de un lado a otro mirándolas con enfado… Luego tragó saliva, suspiró varias veces, se peinó el cabello, tratando de recobrar la compostura. Entonces dijo con sumo control… “Bien, ahora cuéntame que conjuro hicieron… dime cada detalle.”

Luego de media hora de explicaciones y discusiones, María, la madre de Catalina dijo que nada de ello era un juego y que debían tomar precaución. Porque ahora se debían concentrar en deshechizar a la persona, “Ese muchacho ya no es José, al cual ustedes estaban acostumbradas tratar, sino un ente poderoso y sediento de violencia.”  Y más temor se apoderó de las niñas. Pero, María les dijo que cobraran templanza, porque por algún milagro, podría suceder que el conjuro no hubiese hecho efecto, en una noche de otoño como esa.  Pero ella sabía que aquello era solo una pobre posibilidad y por lo tanto una falsa esperanza.

 

Al día siguiente, por la mañana, se dio la voz de alarma en el pueblo, de que el vigía del cementerio había sido asesinado brutalmente. Los curas consideraron tal acción como un acto de herejía, advirtieron que el hereje responsable sería depurado en el fuego, si por su voluntad no confesaba el crimen.

Pero ¿Cómo un muerto podía volver a la vida, de una forma tan poca humana?, ¿Tal hechizo podría haberle hecho cambiar de ese modo a José? Y qué arrepentimiento sentía Catalina, al no poder revertir el tiempo, al no poder volver a esa noche, y en vez de practicar cosas indebidas, simplemente jugar a las adivinanzas con sus amigas. Pensaba, que en aquel momento la idea le hubiese parecido estúpida, pero ahora lo estúpido, era no haberlo hecho.

 

Cada noche, Catalina soñaba con José. Lo veía en la batalla, empuñando su mandoble, abrigado por una larga capa roja, luchando contra el enemigo. Y al despertar, la realidad parecía abatirle. Entonces maldecía tener corazón. Y maldecía a la muerte. Ella lo soñaba, todas las noches.

 

Los asesinatos siguieron ocurriendo y cada vez con más frecuencia. Hubo un sobreviviente, que fue sorprendido igual que sus dos amigos en el bosque. Ante las autoridades y el clero, aclaró que su visita al pueblo era para ver a su padre, pero que, durante la cabalgata hacia destino a través del bosque, un hombre muy hábil y violento, los había sorprendido atacándoles de repente. Era la noche decía, y aseguró de que su instinto fue pensar en un ladrón, pero luego, al verle de cerca hubo algo de escalofrío, lo cual fue motivo suficiente para hacerle cambiar de opinión. Este fue su testimonio.

“Era un joven, usaba una capa roja, salió de la nada, los caballos se espantaron, mi compañero murió desnucado por el golpe de la caída, yo lo vi.  Sentí que mi cuerpo se helaba, retrocedí, mi otro compañero desenfundó la espada y luchó contra él. El joven se movía de un lado a otro, como un profesional, ninguno de nosotros tres podría haberle ganado, luchaba como un paladín de la academia. Bien recuerdo el brillar de la hoja de su espada y como estocaba a mi amigo con facilidad, terminando con su vida. Luego me observó a mí, notó que estaba desarmado, tomó la espada de mi amigo cubierta de sangre y me la arrojó a los pies. Debía defender mi vida, sin duda alguna mi adversario era un gran espadachín. No pude siquiera producirle un rasguño. Finalmente sentí una estocada en el abdomen y un dolor terrible, la sangre comenzó a correr por mi pantalón hasta mis botas y antes de caer vi su rostro, él no era humano, no señor, era un demonio. Luego de eso perdí el conocimiento. Cuando desperté, me encontraba aquí, al parecer me dio por muerto.” Y recostado en la cama, bajó la cabeza, porque sollozando dijo… “Lamento que mis amigos hayan muerto, cómo lo lamento.” El cura y los centinelas que estaban a su alrededor se miraron unos a otros. Decidieron dejar al hombre solo.

 

La niña Catalina, esa misma madrugada se miraba en el espejo que estaba en la habitación. Se reprochaba en silencio y lloraba. Secaba sus lágrimas y volvía a llorar. Luego abrió un cajón, sacó una pluma y una hoja, escribió algo en ella, la besó y firmó debajo… “Para ti madre, te amo.”  La noche seguía muda… volvió la mirada hacia el espejo, decidió vestirse, se colocó el mismo vestido de aquella noche, el sombrero y los guantes. Y despidiéndose en silencio de su imagen, que contemplaba en el cristal, simplemente se fue.

Caminó bajo la luz de la luna, fue hasta más allá de los campos, recordando todas las cosas que le habían hecho feliz, pues era allí donde había jugado con sus amigas, donde habían nacido sus sueños, de creer en la magia, donde había encontrado el amor. Pero ahora, era tanto su sentimiento de fraude y culpa que no podía siquiera caminar en línea recta, zigzagueaba de aquí para allá, como un alma en pena.  

Y no se detenía, seguía caminando, mientras el aroma de los pinos, la tierra mojada y los viñedos llegaban a ella. Bordeó la ciénaga y se introdujo en el bosque, pensando en lo que sus amigas le habían preguntado a su madre: “¿Cómo podemos remediarlo?”  Y el silencio. Como toda pregunta sin respuesta.

 

Sus pasos fueron cada vez más cautelosos. En el medio del bosque se detuvo. Se sintió acechada y con mucho más frío de lo normal. Detrás de ella, oyó el crujir de las hojas, alguien se acercaba con determinación. Catalina no quiso voltearse, sabía quién era el que le observaba las espaldas. Entonces cuando detuvo el andar, el perseguidor también lo hizo. Tomó distancia. La joven sintió miedo, y las palabras comenzaron a salir de su boca:

“Tú me prometiste que volverías al pueblo… ¿recuerdas? Me dijiste que eras invencible. Yo te creí. He soñado contigo desde el día en que te fuiste, sin olvidar tu despedida. ¿Es irónico verdad? Cuando tú me preguntabas si existían hechizos para volver a la vida. Y yo te respondí sonriendo que no haría falta uno. Pero tú me advertías, que no me metiera en tales cosas, yo no quería hacerte caso, seguía con mis caprichos de ser bruja a escondidas. Mira a lo que he llegado.”

El joven demonio desenfundó la espada, de a poco se fue acercando. Ella seguía sin voltearse.

“Estoy preparada para morir. Solo deja que vuelva a hechizarte y te libere de este gran peso que he generado en ti, culpa de mi egoísmo. Tú ya no eres mi José, y cómo lo siento.”

El joven soltó la espada y mientras más se acercaba a ella, su terrible apariencia de cadáver fue transformándose, a tal punto que sus ojos volvieron a brillar y las mejillas tomaron color.

Entonces la tomó por los hombros, para decirle al oído: “Catalina, mi Catalina, mírame.”

Ella, llorando, le dijo que no podía hacerlo, tomó las manos del joven y las besó, y teniéndolo a sus espaldas, memorizó un hechizo, y sabiendo que ya todo terminaría dijo:

“Siempre te amaré José.”

Y al llegar el amanecer, el demonio de la capa roja desapareció. Catalina quedó sola en medio del bosque. Los pájaros comenzaron a cantar, las nubes se abrieron y los rayos del Sol se filtraron por entre las hojas de otoño. Todo se cubría de un hermoso dorado, ella sabía muy bien que aquello era una despedida.

 

Cuando Catalina llegó a su hogar, abatida por el cansancio, trató de entrar sigilosa hasta su habitación, creyó que nadie sabría de lo sucedido, por lo que tranquilamente se desplomó en su cama y durmió, esta vez sin soñar, sin sufrir.

Pero, como las brujas saben todo, porque son artistas de la magia, su madre se acercó a ella y advirtió que dormía. Le observó el vestido, sucio con barro, las botas, el sombrero en el suelo de madera, y oyó su apacible respirar. María sonrió, se sentó a su lado, sin despertarla, y vio como dormía su hija. Le acarició los cabellos castaños, y para sus adentros dijo: “Podrán quemar nuestro cuerpo, pero jamás nuestros corazones. Mi pequeña brujita. Todas hemos estado enamoradas alguna vez”.

 

Pasado el tiempo, Catalina, con sus dos amigas, siguió infiltrándose en el bosque. Y la joven, en ciertas ocasiones, escapaba aún más allá, hacia el cementerio. Se detenía frente la tumba de José y una flor le dejaba. Amaba en silencio. Sus amigas trataban de mantenerse a distancia, le conocían bien.

 

Los años pasaron, Catalina se casó con un noble caballero, el cual nunca supo de su magia. Solo lo supo su hija, que ya aprendía simples conjuros. Pero un día, Catalina enfermó y su hija estuvo a su lado, sosteniéndole la mano. Y estando a solas las dos en la habitación, le preguntó si existía algún hechizo para volver a la vida una persona. Entonces Catalina, respondió sonriente, recostada en su cama. “Sí lo hay, es un hechizo que vive dentro nuestro. Se llama memoria.” Su hija sonrió, miró con ternura a su madre que moría, besó su frente y estuvo a su lado hasta el último momento.

 

Nuevamente el bosque, los árboles desnudos, el terreno dorado, cubierto por las hojas de otoño. El joven camina cansado, abrigado por su capa roja, empuñando la espada, viendo a través de la niebla. Y como si sus ojos fueran espejos se refleja en ellos la figura de ella.

 Allí se encuentra, por fin, allí se encuentra, detrás de esos pinos. Se dirige sigiloso siguiendo su espalda, siente en su mano el peso de la espada, la suelta y camina con paso débil hacia ella.

Al acercarse, la toma por los hombros, y le dice al oído:

“Catalina, mi Catalina, mírame”.

Por fin, la espera ha terminado.

Las nubes se abren en lo alto del cielo gris. El sol ilumina a dos jóvenes, víctimas uno del otro. Por fin, se encuentran juntos en la eternidad.


FIN

 

 

23 de Novembro de 2018 às 20:03 6 Denunciar Insira 4
Fim

Conheça o autor

Sebastian Martin Vivo en Argentina, estudio Ingeniería y escribir es lo que me hace viajar a ese otro mundo que sólo la imaginación brinda. Así que aquí estoy, contento de poder compartir este espacio con ustedes lectores.

Comentar algo

Publique!
Fausto Contero Fausto Contero
Me alegra haber encontrado a un escritor de muy buena calidad como tú. Me ha gustado mucho este relato, tiene las dosis justas de romance, fantasía y terror como para atrapar al lector. Me gusta especialmente la narración fluida, la elegancia de cada frase y las descripciones de los escenarios. Espero poder leer mucho más de tu obra.
26 de Fevereiro de 2019 às 11:04

  • Sebastian Martin Sebastian Martin
    Muchas gracias Fausto! Ya voy a pasar por tu perfil para poder leer algo tuyo. Me alegro que el escrito te haya gustado. Saludos desde Argentina! 27 de Fevereiro de 2019 às 18:30
Allie Fray Allie Fray
Hola Sebastián! Me ha encantado tu historia, tienes una gran habilidad y creatividad. Sigue así, la pondré como discusión destacada durante esta semana en la Comunidad de Historias Románticas. Hay algunos errores de tipeo pequeños, como un punto final que faltó en una oración, pero que con una segunda revisada se puede solucionar! Felicidades!
10 de Dezembro de 2018 às 15:32

  • Sebastian Martin Sebastian Martin
    Gracias Alejandra! Me alegro que te haya gustado y que decidas ponerla como discusión destacada. Tendré en cuenta lo que me dijiste de los puntos. En cuanto tenga un tiempo la reviso y le corrijo ese detalle que me decís. Saludos desde Argentina! 11 de Dezembro de 2018 às 20:11
Xabel Mind Xabel Mind
Madre mía, que bonito X'
27 de Novembro de 2018 às 07:48

  • Sebastian Martin Sebastian Martin
    Me alegro que te haya gustado. Saludos! 11 de Dezembro de 2018 às 20:12
~