El día en que murió el amor Seguir história

gaby_rodrz Gabriel Rodriguez

Un joven pierde la cabeza tras sufrir varias desilusiones en el amor y la amistad.


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El día en que murió y nació el amor

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Tiempo atrás, un adolescente se enamoró de quien era su mejor amiga. Ella, un amigo, y otra amiga eran las únicas personas que tenía en su vida. En el pasado, muchos de los que decían ser sus amigos, le daban la espalda o lo utilizaban. Su mejor amiga era esa «luz que iluminaba su vida» Una noche de septiembre, mientras paseaban por la playa, decidió confesarle lo que sentía por ella. Ella se sonrojó y sonriendo le confesó que sentía lo mismo por él. En ese instante, frente a la hermosa playa Vacía Talega de Piñones, su amada le prometió que estarían juntos para siempre. La promesa la sellaron con un apasionado beso bajo la luna llena. No obstante, faltando un mes para cumplir su primer año de noviazgo, ella decidió romper la relación. «Encontré a alguien más» le dijo una mañana de septiembre mientras le daba la espalda. El adolescente bajó la cabeza y siguió caminando. Continúo viviendo su vida como si nada hubiese pasado.

"Han pasao' dos semanas desde que Yaritza te dejó y tu estas como si na'. ¿Cuál es tu secreto?"- le preguntó uno de sus pocos amigos.

Pasaron los meses y en una gira escolar al reino de Loíza, el «reino de la tradición» conoció a una joven que conocía las palabras perfectas. Esas dulces frases que su corazoncito desesperadamente necesitaba. Ella le acariciaba el rostro, lo besaba cada minuto, le enviaba mensajes bonitos, le dedicaba canciones, y todos los días lo levantaba con un mensaje de "Buenos días" a través de la aplicación de mensajes WhatsApp. La chica lo sacó del infierno y le dio alas para que llegara hasta al cielo. ¡Era un mundo de ensueños! «Esta vez será para siempre» pensaba el joven equivocadamente. Después de 2 meses y una semana de noviazgo, la joven dio un cambio radical. (¡Sorpresa!) Ya no le regalaba besitos, no había cariño, mensajes bonitos, canciones de amor, nada de esas cosas bonitas y cursis de amores juveniles. Un día simplemente le dejó de hablar, cambió el número de teléfono y desapareció. ¡El "amor" se fue pal' carajo! Su corazón quedó hecho trizas. Una tarde, en vez de caminar hacia su casa, corrió debajo de la lluvia por las calles de la cuidad. La lluvia escondía sus lagrimas de dolor.

"No puedo aguantar más... ¡no me puedo aguantar más!" repetía el joven de rodillas entre medio de la lluvia, con la cabeza abajo y agarrándosela con las manos. Lloró, lloró, y lloró por varias horas hasta que sus lágrimas se secaron. Sacó un lápiz que tenía guardado en su mochila y comenzó a apuñalarse en el brazo izquierdo. Mientras se seguía apuñalando y desangrándose en aquella solitaria calle del Condado de Metrópolis en el reino de Toa Baja, una mujer vestida completamente de negro, tez blanca y que la mitad de su rostro era cubierto por un sombrero color negro, se le acercó a él y le ofreció una mejor solución que el suicidio.

"No te mates, desquítate." – le aconsejó la mujer mientras le levantaba su quijada con su mano izquierda. "Ni el suicidio ni tus lagrimas sanaran tu corazón perdido."

El joven seguía llorando y apuñalándose en las venas de su brazo izquierdo. Repetía que estaba cansado de tanto dolor. La mujer le arrebató el lápiz y con su mano derecha lo hizo desaparecer. De su bolsillo derecho saco una esfera de color gris y con los dedos de su mano izquierda tomó un pedazo de sangre del adolescente. Frotó la sangre en la misteriosa esfera color gris cual comenzó a brillar. La esfera parecía una estrella que iluminaba una noche oscura en el campo. Ella le explicó que en la esfera encontrará la solución para todos sus problemas. Solo debía tomarla, apretarla, y canalizar en ella todas sus frustraciones, tristezas, y dolor. Con ella dejará de sentir dolor y obtendrá el poder para su «desquite». Se escuchó un trueno y en un relámpago ella desapareció así de rápido como llegó. Él ya tenía la esfera en su mano derecha. Colocó ambas manos en la esfera, suspiró, y siguió las instrucciones de aquella misteriosa mujer. El adolescente se transformó en un nuevo ser, su cabello ahora era tan blanco como la nieve y largo como las ramas de un flamboyán, sus ojos se cambiaron de marrón a rojo como el fuego, alas color negro como la oscuridad crecieron en su espalda, tan grandes como las de un ángel. Obtuvo poder más allá de su imaginación y ya no sentía dolor si no odio. El amor, la fortaleza y la ilusiones que una vez existieron en el eran cosa del pasado y quería que todos lo supieran. Se levantó lentamente del suelo, y dio un salto hacia el cielo para iniciar su desquite. Con sus maravillosos y malvados poderes quemó sobre 20 reinos. Los monarcas levantaron miles de ejércitos y todos fracasaron. El ángel seguía imparable derramando sangre a donde quiera que iba.

Una de las pocas personas que siempre estuvo ahí para él, Lorimar Marie, le rogaba que se detuviera. El no hizo caso y disparó una descarga de energía oscura al lado de ella. Le advirtió que no fuera "presenta'" o lloverá la sangre sobre ella.

"¡Tiene que haber alguna forma de detenerlo!" exclamó Lorimar entre lágrimas mirando al cielo mientras el ángel seguía destruyendo el reino de Toa Baja. A su alrededor solo había escombros, fuego, sangre, y cadáveres. Aunque no era su culpa, el era su amigo y ella sentía una obligación de detenerlo. Comenzó a llover y entre medio de la tormenta eléctrica, una mujer alta, delgada, vestida con un uniforme de piloto color blanco, y un casco de piloto del mismo color que le cubría todo el rostro, se le acercó, le colocó una esfera de color blanco en sus manos y le dijo:

"Su vara y su cayado te infundirán aliento..." -Susurró la piloto.

"¿Quién tu eres?"

La piloto señaló con el dedo de la mano derecha a la esfera y declaró:

"El prudente ve el peligro y lo evita; el inexperto sigue adelante y sufre las consecuencias..."

Lorimar observaba la esfera que le colocaron en las manos y no entienda lo que la misteriosa mujer le estaba diciendo. Tronó, relampagueó, y al Lorimar levantar la mirada, la piloto había desaparecido. ¿Qué hace o hará con la esfera? Tantas preguntas y tan poco tiempo. Decidió frotar la esfera y la misma comenzó a brillar color blanco. En cuestión de segundos, al igual que su amigo, fue transformada. Su cabello era largo color rosa al igual que las alas que le crecieron en la espalda. Dio un enorme salto hacia el cielo con una seguridad como si hubiese sido un ángel desde el principio de los tiempos. Se detuvo en frente al ángel y le advirtió que ya era suficiente.

"¿Suficiente? ¡NO! ¡NO ES SUFICIENTE!"- Exclamó el adolescente mientras lanzaba una descarga de energía que destruyó el palacio real de San Juan. "¡QUIERO QUE TODOS SIENTAN MI DOLOR! ¡NUNCA SERÁ SUFICIENTE!"

"Tú te has vuelto loco y yo debo ponerle fin a tu estampida la buena o a la mala."- Le dijo mientras una espada color rosa aparecía en sus manos. "Perdóname, chico, de verdad no quiero hacer esto."

"¡Tú no puedes contra mí, Lorimar!". - Exclamó el Ángel mientras se volteaba a mirarla.

"Eso crees tú."- Respondió mientras se colocaba en una posición defensiva. "¿Cuántos inocentes tienen que seguir muriendo?"

"¿Por qué te preocupas tanto por los demás? ¿A caso las chicas que amé y los demás hipócritas que llamé mis amigos pensaron en mí antes de lastimarme?" – le preguntó el ángel de las alas negras a Lorimar. "¡Yo voy a quemar esta podrida sociedad! Levantaré un nuevo mundo donde romper corazones se pague con muerte."

"¡Ya no tienes remedio!"- Se resignó Lorimar mientras se preparaba para su ataque.

La batalla comenzó y se extendió por seis meses a través de distintos puntos de la isla. Ambos estaban iguales en poder y ninguno cedía. Esta eterna batalla continuaba causando muertes y daños a través de toda la isla. La batalla se extendió unos tres meses adicionales hasta que ambos se cansaron del empate. El ángel negro y el ángel rosa decidieron ponerle un fin a este destructivo conflicto con un solo súper ataque.

¡EXPLOSIÓN DE OSCURIDAD!

¡EXPLOSIÓN DE LUZ!

Ambos lanzaron enormes descargas de energías al mismo tiempo contra uno a los otros. El choque de ambas descargas los derribó del aire y el impulso los arrastró por la carretera. Ambos ángeles, escupiendo sangre por sus bocas, con sus vestidos y alas desgarradas apenas podían levantarse. Al final, Lorimar, cayó al suelo y el joven se acercó a ella. La miraba con lastima mientras una navaja larga color violeta aparecía en sus manos. Lorimar, con su último suspiro, lo miro a los ojos y le dijo:

"Dejaste que tu dolor te transformara en algo que no eres, en algo que nunca fuiste..."

Lorimar murió y su cadáver se convirtió en pétalos de rosas rojas que el viento se llevó. Las esferas que ambos cargaban estallaron en pedazos. El Ángel convertido en odio, dejó caer su navaja, lanzó un grito tan fuerte que se escuchó a través de toda la isla. El día se volvió noche, y la lluvia comenzó a caer al igual que aquella vez en que firmó su pacto de sangre.

"¡ES MUY TARDE PARA LA SALVACIÓN!" gritó entre lágrimas mientras miraba al cielo.

De un salto se elevó a los cielos desapareciendo entre las nubes ante la mirada atónita de los sobrevivientes de su masacre.

Pobre angelito...

18 de Novembro de 2018 às 22:28 0 Denunciar Insira 0
Fim

Conheça o autor

Gabriel Rodriguez Fotógrafo y escritor de 33 años de edad. Resido en Puerto Rico.

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