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Ray vive en las tinieblas, los humanos han perdido el dominio del los días, ahora la luz del sol le pertenece a los engendros. "Las luces se encendieron por fin y comenzaron a parpadear en intervalos frenéticamente más cortos, ahora no había duda, el ser sabía dónde estaba. "


Pós-apocalíptico Todo o público. © Safe creative 1810028643900

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[Sin Nombre]

Buscaba a tientas su desarmador en el suelo, la niebla era particularmente densa esa noche, no le era posible ver el piso debajo de sus talones, esto significaba que las lluvias eran próximas, se habían adelantado según creía. La avenida era grande y eso sin duda era peligroso. Ray se había adaptado desde el principio a salir de noche, esas cosas cazaban de día, y aun al amparo de la luz del sol era casi imposible verlas. Tenía meses que no había visto a una persona, la última que vio fue un hombre anciano en horrible un horrible caminar errático, cabello canoso, delgado como momia y vestido como un indigente, cruzaba la ciudad con dirección a los volcanes decía, huyendo de los monstruos que según él habían empezado a salir por las noches. Se estaban adaptando, quizás habían dejado de encontrar presas para descuartizar en el día o quizás solo se habían dado cuenta de que nosotros nos movíamos de noche.

Lo encontró, tomo el desarmador y siguió su camino. Ya se encontraba a dos calles del camión de enlatados que había observado desde su nido en la que alguna vez fue la torre de comercio. Era un camión de enlatados desvencijado que había chocado contra un semáforo, seguramente durante la primera oleada de pánico de la ciudad, estaba bastante maltratado, pero a pesar de que se veía viejo, (quizás un año ya o tal vez más, había perdido la cuenta del tiempo en que había comenzado todo) parecía que no había sido abierto, a final de cuentas eran enlatados, estaban diseñados para durar. Y si no fuera así, con suerte no estarían tan podridos.

Llego por fin al camión, para su sorpresa se dio cuenta de que era o había sido un camión refrigerado, la caja estaba cerrada, lo que significaba que lo que se encontrara adentro estaba intacto. Apoyo la barreta en la bisagra de la puerta exterior y comenzó a hacer palanca. La obscuridad era dominante, Ray, como cualquier otro superviviente había aprendido a moverse en tinieblas, sin luz, sin nada que hiciera obvia su presencia. Los hombres habían cedido la luz del sol a bestias engendradas en tinieblas y se habían refugiado en la oscuridad de las noches. Éramos ahora, seres nocturnos.

La primera bisagra cedió - ¡Bien! - exclamo Ray mientras apoyaba la barreta en la segunda bisagra. Se encontraba en el crucero de un boulevard de 2 carrieles, un punto vulnerable, así que mientras palanqueaba, vigilaba constantemente las 4 esquinas. Se había mantenido vivo gracias a su cautela y sangre fría, viajaba y permanecía solo desde el principio, no cargando a nadie y no siendo carga para nadie, de todas formas, las cosas habían ido muy rápido, en pocos días esas cosas habían vaciado la ciudad. Vio a mucha gente caer desde el primer día, principalmente a la luz del sol, pero en todas esas ocasiones nunca pudo ver claramente a uno de esos entes. Cazadores natos que se movían con extrema rapidez y absoluto silencio, era imposible detectarlos de día a menos que estuvieran encima de ti, pero de noche, era otra historia. Parecían tener algún tipo de aura electromagnética, una esfera invisible que hacía a los aparatos electrónicos funcionar intermitentemente, no podías verlos tampoco en la noche, pero sabias que estaban ahí por el parpadear intermitente de los focos cercanos, encendido – apagado, encendido – apagado, como una respiración uniforme, daba la impresión de estar viendo una serie navideña, todos los aparatos electrónicos independientes, funcionando como un solo circuito.

Había logrado romper la segunda bisagra, por lo que la puerta quedaba totalmente libre del lado izquierdo, creía que solo hacía falta jalarla para poder desempotrarla por completo de la caja del camión, pero aun contaba con un candado que la aseguraba a la puerta del otro extremo. Nada que no se pudiera solucionar.

Pensó por un momento en martillar la cerradura, pero al cabo de unos minutos abandono la idea, significaba hacer mucho ruido y claro, revelar su presencia, eso era peligroso aun cuando parecía ser la única persona de la ciudad. Se dispuso –Mejor- pensó, a cortarla con una lima para metal, el proceso sería mucho más lento, pero haría muy poco ruido.

En el tumulto del primer ataque, había llegado de alguna manera en su escape frenético a la azotea de la torre de comercio exterior, un edifico de unos 30 pisos, que había sido asediado por los cazadores, afortunadamente nunca se les ocurrió subir al techo. Permaneció ahí durante 4 días, agazapado sobre el tinaco de agua, escuchando los golpes, gritos y llantos de los pisos inferiores. Pasaron 6 días antes de animarse siquiera a asomarse hacia la calle, le tomo dos noches más tratar de bajar por el cajón de las escaleras. Al final del noveno día el hambre lo punzaba sin tregua, no le quedó otra opción que disponerse a la calle. Afortunadamente la azotea conectaba directamente con el cajón de las escaleras y este a la calle, le evitaba la necesidad de sortear los pisos de oficinas que seguramente se habían convertido en mataderos. Jamás tuvo el valor de entrar a ninguno de esos pisos. Vivió de los súper mercados y tiendas de abarrotes cercanos, siempre bajando únicamente para lo esencial, a veces se pasaba dos o tres horas vigilando antes de aventurarse a salir y fue así, como se dio cuenta del extraño evento que le sucedía a los aparatos electrónicos cuando había una aberración cerca. Solo en los atardeceres y el alba podían observarse, entrada la noche, todo era obscuridad, lo que significaba, que no eran activos de noche.

¡Sí! – Dijo mientras el cerrojo se rompía, le había llevado cerca de 40 minutos romperlo de esa manera, miro el reloj – las 3:20 am- disponía de tiempo suficiente para hacer uno o dos viajes y almacenar comida para un mes. Jalaba la puerta mientras miraba hacia todos lados, cuando logró zafarla y cargarla, se dio cuenta de que pesaba más de lo que había supuesto, parecía blindada, pesaba como un demonio. Se disponía a bajarla de manera vertical y recargarla contra una esquina del camión, pero el lado derecho la cerradura rota le cerceno la mano, inconscientemente la soltó dejándola caer de manera horizontal, la puerta golpeteo el suelo como plato e hizo un estruendoso sonido de metal hueco. A Ray se le aflojo el esfínter y estuvo a punto de mearse encima, se agazapo junto al camión y espero, 1, 2, 6 minutos y nada paso. Se animó a levantarse y observar en derredor, no había nada, la oscuridad seguía igual de oscura –Gracias a Dios-. Pensaba que las criaturas dormían por la noche, o hacían lo que sea que las mantuviera alejadas de las calles, pero eso no significaba que no estuvieran cerca, por eso le incomodaba el ruido.

En el interior del camión había todo tipo de enlatados, puré de manzana, maíz, aceitunas, duraznos, frijoles, atún, cremas de sopas, un manjar por la variedad que significaba. Ray comenzó a llenar su bolsa frenéticamente, 2 de estas, 6 de aquellas 10 de las otras, el hambre le devoraba las tripas, pero a pesar de eso, no podía sentarse a comer en aquel lugar, las fechas de caducidad marcaban, más o menos según sus cálculos que se habían vencido hace unos dos meses quizás, pero no importaba –Los enlatadas siempre duran más, por ser enlatados-.

Se colgó su mochila a la espalda, que a ese momento pesaba igual que la puerta, disponía a irse cuando observo entre el montón de latas, una especialmente ancha y chaparra - ¡Sardinas! - pensó, maldita sea que si no le gustaban. Se acercó para confirmar lo que pensaba, a pesar de que sus ojos se habían acostumbrado a vivir en penumbras, aún le era difícil identificar cosas a cierta distancia y efectivamente eran sardinas. La mochila se encontraba al tope, no cabía ni una lata más, miro el reloj: 4:14 am -¡Mierda!- dijo, demasiado tarde para hacer cambios, así que se dispuso a tomar unas cuantas latas y llevarlas en las manos, 5 encontró, pero Ray era un personaje peculiar.

Su psicólogo le dijo alguna vez de niño que sufría de trastorno obsesivo – compulsivo, - alguna variante de estupidez muchacho- le había dicho su padre. Le molestaban los números impares, o eran 4 o eran 6, no había de ninguna manera oportunidad de que se llevara a casa 5 latas de sardinas. Observo su reloj de nuevo, 4:20, era cada vez mas tarde y el amanecer estaba cada vez más cerca. También se caracterizaba a “herencia de su abuela” creía él, por elegir las decisiones que significaban la manera más difícil de resolver el problema. Fue así que en vez de dejar la quinta lata, entro a la camioneta dispuesto a encontrar una sexta, había comenzado a moverlas frenéticamente, para un lado, para el otro, hasta que por fin la encontró, afortunadamente era solo 1, porque el hecho de haber encontrado 2 significaba volver al problema inicial de ahora contar con 7 latas y no 6 u 8. Profundamente aliviado tomo la lata y la jalo, sin percatarse de que sobre esta había una pirámide de latas que aún permanecían en su lugar.

La acción provoco que toda la torre se tambaleara, comenzaron a caer latas, una - dos y Ray trataba de agarrarlas como malabarista de esquina, pero muy pronto la torre colapso sepultándolo en un alud de alimentos procesados. Estas golpeaban la puerta en el suelo y hacia un estruendoso ruido como cuando el granizo intenso golpea la lámina de un coche.

Se levantó a duras penas y se contempló en un mar de latas, anchoas por todos lados, no 7, ni 9, ahora eran como 55, - ¡Mierda! - Gritaba en su interior mientras su pecho emitía un leve silbido de grito ahogado. Tomo dos, una en cada mano y se dispuso a abandonar el lugar. Horrorizado se detuvo en el acto cuando una aguja se le clavo en el lado izquierdo de su vista periférica –Luz- exclamo para sí mismo.

Dio vuelta a su cabeza lentamente y observo, más o menos a unas 8 calles que entre unos vehículos volteados y un puesto de periódicos parpadeaban los focos de un local de comida, las luces de los carros y la lámpara de la acera, lentamente, como una variación de corriente, subía, llegaba a punto máximo y volvía a bajar, obscuridad y de nuevo lo mismo, como una respiración, tranquila y serena. –No puede ser- gritaba su cabeza, miro el cielo que se encontraba aun en completa oscuridad, el alba aún estaba lejos, lo que significaba que el indigente tenía razón, habían comenzado a salir de noche. Volvió a mirar hacia la luz, seguía parpadeando tranquilamente, al parecer, el demonio no se había percatado de su presencia.

El miedo le había hecho retroceder sin darse cuenta de que estaba revoloteando las latas, el movimiento activo de nuevo la avalancha de metal que causo el colapso total de la torre.

A Ray se le volvió a aflojar el esfínter, esta vez no tuvo oportunidad siquiera de intentar detener la avalancha de anchoas, maíz y champiñones, instintivamente volvió a mirar hacia la luz. Alcanzo a ver en el último segundo como se apagaban las luces, esta vez no se volvieron a encender, indudablemente la bestia que estaba ahí sabía que él estaba ahí y había aguantado la respiración como un león entre la maleza que contempla a la presa que está a punto de atacar.

Las luces se encendieron por fin y comenzaron a parpadear en intervalos frenéticamente más cortos, ahora no había duda, el ser sabía dónde estaba. Ray pudo apreciar que las luces se acercaban como aire moviendo todo a su paso, se encendían luces de autos, escaparates y farolas, incluso creía alcanzar a escuchar los radios de los coches.

Echo a correr sin tiempo de pensar siquiera a donde se dirigía y perdió de vista la esquina por donde se acercaba el engendro. Sentía agujas en sus pulmones y aunque había dejado de fumar desde el comienzo del cataclismo, jamás pensó que en sus extremadas precauciones algún día enfrentara esta situación, siempre se sintió a salvo en el cobijo de las tinieblas. El miedo le había hecho olvidar la mochila que traía colgando a la espalda, miro sus manos y se vio apretando las latas de anchoas, con todas sus fuerzas aventó la mochila junto con las latas hacia un callejón, esperando que sirvieran como cebo para la deformidad que lo seguía. Se disponía a virar a la izquierda en lo que creía era la tercera esquina y antes de hacerlo volteo para verificar: la camioneta de enlatados se encontraba efectivamente a unas 3 calles atrás y su costado estaba ahora iluminado por la luz que estaba cada vez más cerca.

Había avanzado dos calles más a partir de la esquina que doblo y ya no podía seguir, las espinillas le punzaban, los pies le dolían y se sumaba el dolor de la parte derecha del abdomen. Comenzó a buscar un lugar para refugiarse, pero no había nada más que un callejón, puertas cerradas, ventanas con protecciones a prueba de intrusos y otras demasiado altas para acceder a ellas. A punto de virar al callejón miro hacia el frente, podía distinguir, tenue pero visible, otra ráfaga de luz intermitente que venía de la derecha del lado opuesto por la que se acercaba su primer acechador. Esto significaba que había dos monstruosidades, y esta otra también iba hacia él.

Entro al callejón con la esperanza de ver una salida, una ventana o incluso una escalera de emergencia, pero para su desgracia, era un callejón cerrado. Viro para ver la calle y observo que la luz parecía venir de ambos extremos de la calle, sin duda sabían que había tomado ese camino.

Busco desesperadamente algo con que defenderse, pero no encontró nada, había dejado sus herramientas tiradas junto a la camioneta y aun que nunca cargaba armas, contaba con la barreta, los desarmadores o el martillo, ahora lo único que llevaba encima era una lámpara portátil en el bolsillo derecho de su pantalón. Registro el suelo con la esperanza de encontrar alguna botella rota o cualquier cosa punzo cortante, pero no había más que botes de basura vacíos, dos bicicletas tiradas y un gran contenedor de basura sellado –Dios me ampare-.

Se escondió detrás del contenedor y entre los botes de basura vacíos, había pensado por un momento meterse en uno de ellos, pero eran demasiado estrechos para él, abrazo sus piernas, puso la cara contra las rodillas y cerró los ojos.

Un silencio de muerte era imposible que el oído le dijera si las quimeras seguían ahí o si habían pasado de largo. Diseñados por algún lápiz infernal estas cosas eran aún más silenciosas que la nada. Se estaba empezando a ser optimista –Quizás sí pasaron de largo- pensaba, cuando pudo notar un destello de luz que atravesó sus parpados y penetro con horror sus ojos atrincherados. Apretó más los parpados hasta sentir presión en la frente, pero la luz que ataviaba sus ojos era cada vez más fuerte y clara, parpadeante, no solo una, sino varias, luces quizás de las ventanas adyacentes, de los faros de las bicicletas, de las lámparas de banqueta. Su bolsillo derecho había empezado a calentarse porque su lámpara portátil se había encendido y apagado y vuelto a encender y de nuevo a apagarse.

Las luces, que se habían vuelto muy intensas, estuvieron a punto de provocarle un ataque de adrenalina, pensó por una ráfaga de segundo en abrir los ojos y cerrarse en combate abierto a mano limpia con los malditos, pero un zumbido se lo detuvo de lleno, le enchino la piel, a tal grado que sintió erizarse todos los bellos de su cuerpo. Esta vez su esfínter no aguanto el asedio y termino por mearse encima. El calor que emanaba su bolsillo era ya insoportable, las luces se habían fundido en una sola, tan intensa que a pesar de tener los parpados bien contraídos podía distinguir a través de ellos una figura satánica, tan cerca que bastaría sacar la lengua para tocarla.

Sentía su respiración, como un eco lejano, un quejido eléctrico, no podía escucharla, ni sentir el aire en su rostro, la sentía por dentro, vacía, tan vacía como el abismo a punto de tragarlo.

6 de Novembro de 2018 às 08:48 10 Denunciar Insira 8
Fim

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Lesbianas Venezuela Lesbianas Venezuela
Hola, J David. Acabo de leer tu historia y debo decir que me llamo la atención la portada, el titulo y sinopsis. En ella encontré muchos errores, te dejo algunos: "la última que vio fue un hombre anciano en horrible un horrible caminar errático" Allí tienes un error de gramática. "Una esfera invisible que hacía a los aparatos electrónicos funcionar intermitentemente" en está parte de igual manera. "y este a la calle" otro error. Los pensamientos de los personajes se deben colocar con comillas latinas. El guión para los diálogos deben ser largos y pegados al texto. Usas mucho la coma y el punto no se refleja casi, debes corregir bastante eso. Usas muchos adjetivos y repetitivos. En fin... Tienes demasiados errores de escritura que sugiero corregir en cuanto se te haga posible para el mayor disfrute de la obra. Al leerla, entiendo que esta basada en un mundo apocalíptico, pero solo describes las acciones del único sobreviviente y protagonista, pero no describes o narras el ambiente o los entes mutantes o monstruos a la perfección. Quería saber más porque das muy poca información de la trama en sí. No tomes a mal nada de lo que aquí expongo, solo lo hago para que se mejore la historia y vos como escritor. Espero puedas acomodarla y con gusto la volvería a leer. Animo, que vos podéis progresar. Un saludo.
30 de Maio de 2019 às 07:48

  • J David J David
    Muchas gracias, un saludo 4 de Julho de 2019 às 10:57
Gin Les Gin Les
Hola, soy Gin, embajadora de Inskpired. He pasado a revisar tu historia como parte del programa de verificación con el propósito de ayudarles a presentar un trabajo de calidad a los lectores y que de esa manera logren alcanzar mayor cantidad de lecturas. Antes de verificarla es necesario que corrijas algunas faltas de ortografía y puntuación en tu obra, una vez hecho esto comenta este mensaje y pasaré de nuevo a revisar para ponerla en verificada. Espero poder ayudarte en caso de que tengas alguna duda. ¡Saludos!
8 de Dezembro de 2018 às 22:15
Laura P. Caballero Laura P. Caballero
Me gusta la forma en la que está narrado pues mantiene la tensión hasta el final y las descripciones te hacen sumergirte en ese mundo postapocalíptico. Eso sí, si me permites un consejo dale un repaso a las tildes y a un "bello" que tendría que ser con "V" por ahí.
22 de Novembro de 2018 às 10:57

  • J David J David
    Muchas gracias, que bueno que te ha gustado, te agradezco el comentario, lo revisare a detalle para pulir esos errores, gracias de nuevo :) 22 de Novembro de 2018 às 14:14
soy un gato soy un gato
nada mal...
12 de Novembro de 2018 às 16:01

  • J David J David
    Muchas gracias 12 de Novembro de 2018 às 17:52
Yonathan Cortes Yonathan Cortes
Hola amigo, buena historia, me ha gustado. Aunque en ciertas partes cambiaste de tercera a primera persona, pero es un detalle. Todo muy intrigante.
7 de Novembro de 2018 às 15:03

  • J David J David
    Muchas gracias amigo y gracias también por señalar el error, voy a revisarlo y a componerlo :) 12 de Novembro de 2018 às 17:53
  • Yonathan Cortes Yonathan Cortes
    Genial amigo. 12 de Novembro de 2018 às 18:35
~

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