Un día (InuYasha) Seguir história

daniisora Daniela de La Cruz

Se dice que en una semana te puede cambiar la vida. Pero que pasaría si en un día, un solo día, nada más, todo lo que creías te daría felicidad solo fuera una forma de no quedar solo. Kagome Higurashi esta a 24hrs de casarse con Houyo Akitoki. Pero... caminando por una transitada calle, junto a su futuro esposo, vio a un joven de dorados ojos. Ambos, cruzan sus miradas por pocos segundos. Inuyasha Taisho iba con su prometida Kikyo Egawa, de camino a uno de los locales que podrían o no contratar para su cena de ensayo. Cuando giro el rostro y se topo con una mirada azul... que siempre estuvo esperando.


Fanfiction Anime/Mangá Todo o público.

#incierto #perder #extraño #Minutos #Un-momento #InuKag #tarde #felicidad #Quizá #valor
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Un momento

A esa misma hora del siguiente día, Kagome estaría en la iglesia, vestida de un blanco perlado hermoso, con el corpiño ajustado y seda brillante decorada con una rosa de terciopelo en la caída a un lado, ingresando por el largo camino hacia el altar. Daría los contados veintiún pasos por la roja alfombra del brazo de su abuelo, observando con una sonrisa hacia donde él la esperaría.

Era su sueño, casarse y tener una hermosa familia. Ansiaba tener un precioso niño al que llamaría Takara y una niña muy dulce a la que llamar Akari, y tal vez, si su esposo estaba de acuerdo, un tercero o tercera, a la que anhelaba llamar como su fallecida abuela. Tal como la mujer, quería que "una tercera" llevara aquel hermoso nombre. Pero tenía que pasar por una "despedida" que no era la típica despedida de soltera, gracias a que su amiga de toda la vida, Sango Taijiya, había esperado hasta ese día para presentarle al tipo con que comenzaba a salir.

Ella caminaba a su lado. Con una sonrisa radiante mientras la acompañaba a tomar un desayuno algo tardío.

—Ya verás. —Comenzó Sango—. Él no es como los chicos con los que solía salir, pero no puedo evitar sentirme tan... tan...

—Tan idiota. —Sugirió Kagome. Sango le frunció el ceño, para luego soltar un suspiro.

—Si, algo así. —Asintió, rodando los ojos mientras esperaban a que el semáforo cambiara a verde—. Me desespera que coquetee con todo lo que tenga faldas, pero luego disfruta ponerme celosa y... y...

—¿Y? —gruñó la pelinegra—. Por lo que me dices, no tiene sentido que le des larga. Todo lo que quiere es una tonta que le aguante su desenfrenada forma de vida...

—Lo sé, lo sé. ¿Puedes darme un chance? —La atajó su amiga, comenzando a caminar mientras la arrastraba de un brazo, un segundo después del cambio a verde—. Se que hay algo bueno en él, Kag.

Su mirada de cachorro la convenció. Nada como poner caras y convencer a Kagome Higurashi.

—Vale. —Suspiró, frunciendo los labios cuando ingresaban a su cafetería favorita de la zona.

En esos mismos momentos, Inuyasha estacionaba aquel automóvil plateado que tuvo que alquilar, tras la peluquería que Kikyo frecuentaba. Por alguna razón, en su enfado porque no podía salir con ella aquella noche, ya que se comprometió a acompañar a su amigo a una cita importante con su nueva chica, ella logró sacarle una promesa de acompañarla a ver algunas de las opciones de salones donde celebrarían la recepción del ensayo de su boda... varios meses después.

No comprendía porque se tenían que reservar esas cosas con tanto tiempo y cuidado. Como si tres lugares de emergencia en caso de algún imprevisto, fueran la gran diferencia cuando se iba a realizar una ceremonia de apenas unos ciento cincuenta invitados.

Sin embargo, algo le decía que Kikyo ya había incrementado la lista de invitados sin consultarle. El solo pensar en preguntar por el asunto le causaba escozor.

Espero por lo que le pareció una eternidad, cuando solo fueron cinco minutos, pero al final decidió entrar por ella.

Viajar desde su ciudad hacia aquella, donde ella quería que fuese la ceremonia puesto que era el lugar en que nació y creció, le parecía lo más sensato y afable que podía hacer por su futura esposa. A pesar de que vivirían en la mismas tierras de su familia, Inuyasha sentía un cariño extraño por la ciudad en que asistió a la universidad. Su mejor amigo vivía ahí, y seguramente realizaría muchos viajes a esos lugares durante el resto de su vida.

Cruzó las puertas corredizas del lugar, y se dirigió a la muchacha de recepción que parecía inmersa en su móvil.

—Disculpe, ¿Kikyo Egawa se encuentra aquí?

Tardando un momento de apartar sus ojos del aparato, la chica cambió su actitud despreocupada por un descarado coqueteo cuando posó sus ojos en él.

—¿Egawa dijo? —Su voz pastosa logró que Inuyasha frunciera el ceño.

—Si. Kikyo Egawa, ¿está? —La chica ni siquiera se inmuto por su tono molesto.

—Si, se encuentra terminando su manicura —respondió sonriente, comenzando a batir sus pestañas postizas con tal intensidad, que Inuyasha calmó su enfado preguntándose si sería posible que la ligera brisa fuera producto de aquella acción, y no del aire acondicionado.

—Podría avisarle que su prometido ya esta aquí. —Al recalcar la palabra prometido la chica se paralizó, abrió mucho los ojos, y un rubor se extendió por todo su rostro.

—S-si-si... —Tartamudeó con torpeza, mientras se ponía de pie y corría hacia el interior.

Inuyasha se regañó por provocar aquella reacción, pero rápidamente llegó a la conclusión de que no sabía el porque real de aquello, así que dejo de lado la escena y se concentró en los puntos clave que tenía que cubrir con Kikyo. No le gustaba dejar cosas al azar. Toda su vida había tratado de mantener las cosas en un orden, ya fuera en sus estudios o actividades deportivas, hasta las citas con mujeres y sus responsabilidades en la finca. Tener prioridades siempre le ayudaba a no perderse en el camino.

Cuando Kikyo apareció en la periferia de su visión, se sintió más cálido y tranquilo. Rápidamente, la preciosa morena se lanzó a sus brazos, y abandonaron el lugar con la mayor prontitud.

—Estos lugares son espaciosos y con clase, Inuyasha. Tienen estacionamiento privado y son muy solicitados, tenemos que verlos todos y escoger el mejor. La opción de emergencia tendrá que ser uno de los descartados, pero sin nos mantenemos en lista...

Y así comenzó la cháchara de Kikyo, que a medias escuchaba.

Amaba los puntos buenos de la mujer, pero tenía ciertos conflictos con sus defectos. Aun así, sabía que no existía una mujer mejor para él. Si fuera así, a sus treinta y tres ya la habría encontrado.

Cuando era niño se prometió que conseguiría "esposa y familia" antes de los treinta y cuatro. Que estaría buscando a la chica que compartiera gustos y sueños con él, como el de tener muchos hijos, no siendo demasiado duro en juzgar, pero solo planteándose la posibilidad de matrimonio cuando la relación creciera en el tiempo. No antes.

Con Kikyo ya llevaban cuatro años, y se acercaba a su cumpleaños treinta y cuatro.

Para cumplir su auto-promesa, se casarían una semana antes de su siguiente cumpleaños, y celebrarían el día en su luna de miel. Todo sin siquiera haberle contado sus secretos a ella, ni mucho menos haberle dicho la razón del porque prefería esa fecha. Sabía que estaba mal guardarse esas cosas, pero la culpa no era lo suficientemente fuerte. En su lugar, el saber que todo iba como debería, lo reconfortaba en gran medida.

Estaciono a un par de cuadras del primer lugar. Aun era temprano, y la caminata sería algo que disfrutaría. No así su prometida, que en sus tacones de aguja hacia muecas por los baches de la acera.

Kagome se despedía de Sango, agitando una mano con una sonrisa. Mientras que Houyo le rodeaba la cintura con un brazo y la guiaba, cuando esta decidió que no ver como se alejaba su amiga sería algo normal, hacia la dirección contraria. Al estacionamiento donde había dejado su carro.

—No es como si no le fueras a ver esta noche. —Le sonreía él, feliz de tenerla a su lado nuevamente.

—Si, no me lo recuerdes. —Suspiró ella, quitando el brazo de su pronto esposo de la cintura, para aferrarse a él con una media sonrisa, medio irónica—. Sango no pensó en nada mejor que esperar hasta hoy para presentarme al mujeriego.

Frunció los labios en un tierno puchero, ganándose un beso de Houyo.

—Ya veras que no será tan malo. Unas copas con tu amiga, algo de conversación con el extraño que la mantiene como toda bipolar...

—¡Oye! —Ella le dio un codazo juguetón, sintiendo el deber de defender a su amiga por sobre la veracidad de aquel comentario.

—Vale, lo siento. —Rió él—. Quería decir... toda irritada.

Ella rió, negando levemente ante el ingenio que su prometido mostraba, solo cuando se hallaban lejos de la familia, y lejos de sus escritos por supuesto. Para ser un escritor tan brillante, no demostraba la misma habilidad de comunicación y excentricismo que sus personajes.

En el alegre silencio que siguió, se mantuvieron cómodamente unidos, hasta que ella desvió la mirada hacia la persona que pasaba por su lado.

Inuyasha desvió su atención de su prometida, quien junto a él observaba el escaparate de la tienda femenina a pocos centímetros. Ambos, encontraron sus miradas en el momento exacto, sintiendo como si despertaran de repente. Dorado y azul. Advirtieron como sus pechos se llenaban de una extraña calidez... un movimiento que ascendía por la boca de sus estómagos y más allá. Algo, que simplemente les reconocía cuando sus cabezas sabían que era imposible.

5 de Novembro de 2018 às 15:04 0 Denunciar Insira 0
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