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GatoPardoPy Nicolas Arzamendia

Un hombre descubre dones que desconocía que rompen sus reglas de vida y lo quitan de su lugar de confort. Debe convivir con ello y ayudar a la persona que está necesitando de él.


Suspense/Mistério Todo o público.

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LAS MISMAS TARDES DE SIEMPRE

Él está sentado en el comedor, tomando agua con su reiterada cara de orto, con un humor de perro, aunque no he visto perro de mal humor, los que conozco no ponen esa cara. Mi marido es especial, ¡Si, es especial! siempre quejándose de su trabajo sin valorar lo que tenemos gracias a eso, pero es la persona que amo y hoy estoy cargada de buena onda y haré mi mejor esfuerzo por parecer que me interesa su reiterada conversación.

- “¿A qué no sabes que ocurrió hoy?”, dijo él. Mirando al vaso sin prestar atención a su esposa que se mueve en la cocina.
- “No, cuéntamelo. ¿Qué hubo de nuevo?”, preguntó ella. Esperaba que al fin tuviera algo interesante que contar y no el mismo llanto diario sobre lo mala que son las personas del trabajo.
- “Hace unos días, presenté una propuesta para mejorar algunas cosas en la oficina y el jefe no me prestó mucha atención...
- “Aquí vamos otra vez”, pensó ella. No quería desanimarlo hoy. Realmente estaba cansada y preocupada por el estado de ánimo lastimero de su esposo.
- .... ahora esos procedimientos fueron aprobados por la gerencia y ¿Sábes quién se llevó los méritos? ¡¡¡El maldito del jefe!!!, ¡¡¡ESE LADRÓN DE IDEAS!!!
Ella se detuvo y volteo a mirarlo, es la primera vez que lo veía alterado a ese nivel, de gritar y enfurecerse.
- Si es el jefe debe presentar las ideas a la gerencia, sin importar quién las proponga. Esa es la función de los mandos medios.
- ¡¡ Pero nunca se enteran que son mis ideas!!, ¡Estoy podrido que éste hijo de puta se quede con MIS méritos!
Ella empezó a llevar las cosas a la mesa y para liberar la tensión le pidió que la ayudara.
- Lleva los cubiertos y la comida a la mesa, le dijo ella.
- ¿Me oíste?, reclamó él.
- ¡SI!, pero eso no te exime de que me ayudes con la mesa y la comida, si quieres comer debes ayudarme y en segundo lugar dejar de sentirte una víctima, son cosas que ocurren en una oficina y listo. ¡ahora trae las cosas y listo!

Él no quiso replicar para evitar que eso se convierta en una guerra, al fin ella no era la causa del problema. No iba a dejar que ese hijo de puta descompusiera la cena con su esposa.
Así que se levantó y trajo las fuentes de carne, vegetales y ensalada que estaban en la cocina.
Ella se sentó, de reojo miraba a su esposo para ver su reacción. Su rostro se había descontraído, estaba concentrado en la cena y era evidente que el grito había dado resultado.
Ella le ofreció servirle la carne y él amablemente le cedió el primer lugar a ella. Él miraba el movimiento en la mesa y no hizo más comentarios.
Ella comió en silencio sin hacer comentarios para evitar iniciar cualquier conversación que permitiese a él lanzar sus malos pensamientos y descomponer la cena.
Él comió en silencio. Sabía que ella estaba cansada de sus quejas y ya había expresado en varias ocasiones, así que era mejor no seguir insistiendo, ya sabía a donde conduciría esa conversación.
Terminó de comer y en silencio llevó las cosas a la cocina, guardó en la heladera los restos, lavó los cubiertos. Su esposa notando que la conversación no continuaría se retiro a la sala, encendió al televisión y sentó a ver. Sabía que era cuestión de tiempo hasta que él se le quitara el doble mal humor. Si doble mal humor, por un lado el enojo de la oficina y por otro el rechazo de ella a sus enojos. Se quitó los zapatos y se acomodó en el sofá.
Él lavaba, secaba y acomodaba las cosas pensando en la cena silenciosa que presagiaba un cambio de estrategia para la noche, no podía dejar que ese problema de la oficina llevará su noche familia al tacho. Al fin y al cabo todo eso no era más importante que la familia.

Un sonido venido de la puerta de entrada, le hizo quedarse quieto, en la sala la televisión mostraba a un hombre hablando sobre un accidente de vehículo con saldo fatal. Con el plato y el trapo de cocina en la mano, se acercó al pasillo para ver si la puerta estaba abierta. Pero la puerta se veía cerrada, así que caminó lento, muy lento hacia ella para comprobar que todo estaba bien y que no había nadie escondido en la oficina o en el baño social.
La puerta de la oficina, a su derecha, estaba abierta y la oficina a oscuras, mientras que la puerta del baño a su izquierda estaba cerrada. El miedo le hizo dudar, con decisión abrió la puerta del baño, luego de comprobar que estaba a oscuras y vacío, pensó que si había alguien no podría hacer gran cosa con el plato y el trapo de cocina. Para defensa no servían.
Cerró la puerta del baño y se dirigió a la puerta de la oficina, metió la mano en la oscuridad buscando la ficha de encendido de la luz, el miedo le jugó una broma diciéndole en su mente que alguna mano le tocaría y él se moriría del susto. Encendió la luz y abrió la puerta de la oficina y miró adentro. Nuevamente vacío.
Apagó la luz y cerró la puerta. Ahora se sentía mejor, más relajado, todo había sido un simple ruido de la calle.
Giró rumbo a la cocina, pasó frente a la escalera que lleva al primer piso de la casa y miró hacia arriba y no sintió sonido alguno.

Mas tranquilo continuaría sus tareas. Unas pisadas en la planta alta, le hicieron detenerse mirando fijo al frente, los brazos caídos y el oído agudizado al máximo, buscando definir la fuente del sonido.
¿Será que alguien subió? , pensó. Retrocedió un paso y se quedó al píe de la escalera oyendo, la televisión interfería en su escucha, pero nada, nada se oia. Dudó, se echo para atrás y levantó al mirada y nada. Sintió su respiración, respiró hondo y exhaló por la boca.
Giró a la izquierda para volver a la cocina. Levantó el plato y lo cubrió con el trapo para secarlo. Miró hacia la sala y la televisión seguía comentando sobre el accidente y la lista de víctimas, a lo lejos le pareció oír algo familiar, pero no le prestó atención.
Su sentido de la audición era muy bueno y le causaba algunos problemas ya que le varias veces la había jugado malas pasadas.
Puso el plato a gotear, algo que no hacia falta, colgó el trapo en su lugar. Se recostó por el mueble de la cocina mirando el suelo.
- Bueno, es mejor que levante el muro de silencio con Laura, pensó Gilberto. Así que se dispuso hacia la sala parar ver la televisión con su esposa.

Apagó la luz de la cocina y los pasos en el primer piso alteraron su tranquilidad, quedó inmóvil, la respiración se le trancó, detrás de la oreja los músculos se le quedaron tirantes. Se quedó quieto con el pie izquierdo adelante y el derecho sin poder despegar del piso.
Pasó un tiempo hasta que se animo a acercarse a la escalera. Miraba a la escalera vacía, no se animaba a mirar a la planta alta. Oyó pasos descalzos. Sus ojos subieron hacia la planta alta lentamente, prendió al luz de la escalera. Los pasos se alejaron y el jadeo de una respiración nerviosa y asustada lo había reemplazado.
Gilberto subió unos escalones mirando hacia arriba buscando el motivo del sonido, su mente estaba detenida, su corazón latía en su cuello, pensó en llamar a Laura. No pudo. El jadeo se alejó, él haciendo todo el esfuerzo y cansado de esperar subió toda la escalera aprovechando la posible sorpresa y !nada¡.
Miró al pasillo y estaba oscuro. De un salto encendió la luz del pasillo, con miedo y cierto toque temerario encendió la luz del baño, el jadeo estaba al fondo donde el dormitorio estaba a oscuras. Se quedó parado mirando al pasillo y pensó que le faltaba una perilla para encender todas las luces de la planta alta. Respiraba con la boca abierta, estaba asustado, aterrado es mejor. Oyó un llanto y eso le preocupó. Retrocedió hacia los escalones bajo uno y se quedó para mirar y controlar de vuelta el pasillo.
Los sonidos de su respiración y el latido del corazón sonando en el oído, entorpecían su observación, pero luego se dio cuenta que podía oír todos los sonidos incluyendo al intruso que jadeaba al final del pasillo. Bajó a la cocina y buscó un cuchillo grande, llamó a su esposa que no le prestó atención porque no le oyó.
Nervioso se acercó al sofá y encontró a Laura dormitando, la tocó en la cabeza y ésta se sobresaltó del susto, ella abrió los ojos al ver que su marido tenía un gran cuchillo en la mano derecha.
- ¿Qué pasa?, ¿por qué tienes ese cuchillo en la mano?
- Ven conmigo, necesito de tu ayuda.
La estiró del brazo para levantarla del sofá, ella asustada lo siguió.
- ¿Qué pasa?, ¿hay alguien en casa?
- ¡Creo que si!, respondió inseguro.
- ¿Qué?, ella se detuvo. -Llamemos a la policía, no juegues al valiente, entiendes!
- ¡No juego al valiente, solo quiero que me acompañes porque ocurre algo que no entiendo!
- ¿Qué no entiendes?, ¿Qué está ocurriendo?
Gilberto dudó sobre que le diría a su esposa, para no asustarla le dijo que quería que la acompañara a la planta alta, creo que algún gato o ratón anda corriendo arriba.
- ¿UN RATÓN? ¡Wakala!
Él iba al frente y al llegar al final de la escalera, ella se percató de un detalle.
- ¿qué piensas hacer con el cuchillo al ratón o gato?
Él pensó lo más rápido que pudo.
- No sé, solo tome lo primero que se me ocurrió.
- No pensarás en clavar al bicho, sería asqueroso o ¿No es un bicho lo que hay acá?
Ella retrocedió un escalón, él giró a mirarla. Ella percibió que estaba asustado. No era broma y lo que sucedía realmente le asustaba.
- ¡Acompáñame!, le dijo él en voz baja pero con energía.
Ella pensó y sin mediar palabra subió un escalón.
Oyó que la respiración del fondo estaba agitada.
- ¡ey! ¿Quién anda allí?, ¡ey, tú el del fondo!
La respiración se detuvo. El silencio.
-”¿Qué pasa?”, preguntó ella algo exasperada.
- “No oigo sonidos en el dormitorio”.
- “¿Oyes algo?”
- “Si. Hoy oí a alguien entrando a la casa y caminar por acá. Oigo que está en el dormitorio”.
- “¿En… serio?, ¿Hay alguien allí?, ¿lo viste?”
- “Si, oigo a alguien allí, pero no lo he visto”.
- “¿y si pedimos ayuda?”
- ¿A quién?, mejor nos sacamos las dudas y si no pasa a mayores nos olvidamos del caso. ¿ok?
- Ok. ¡Pero no uses MI cuchillo con eso! ¡gatorata!
Gilberto caminó lentamente por el pasillo hacia el lado oscuro. Se quedó quieto, duro del miedo, tratando de oír.+ mas.
- ¿Por qué te quedaste? ¿Pasa algo?
Gilberto giró asustado, con un gesto de enojo y sin palabras le indicó a Laura que se callara. Sintió su respiración, giró hacia Laura y con la mano le hizo un nuevo de calma. Ambos estaban tensos.
Él se acercó a la puerta del dormitorio, la luz del pasillo dejaba ver parte del tocador, la mesita de luz y la cama que se veía ordenada. Estiró el cuello para ver un poco más.
Sintió que algo pasó a su lado, la respiración entró por su boca, sus músculos se tensaron y vio que Laura entraba a la habitación raudamente.
- ¡¡Me exasperas!!, dijo Laura y encendió la luz.
Un grito asustado de mujer le llenó los oídos a Gilberto que retrocedió asustado dejando a Laura en la habitación, el grito asustado pasó a su lado, él cerró los ojos y oyó que el grito bajaba las escaleras, oyó pasos alejarse.
Abrió los ojos y vió a Laura que lo había agarrado de los hombros, la veía gesticular pero no la oia correctamente. Unos segundos después oyo a Laura más claramente.
-¿Qué te pasa?, ¡Me asustaste!
Gilberto con el cuchillo en la mano, miró hacia la escalera, el sonido se alejaba.
- ¡El sonido se aleja, vamos a ver que es!
- ¡Ni loca!, respondió Laura que lo había soltado.
Gilberto emepezó a bajar la escalera de a dos escalones, Laura lo seguía asustada manteniendo una distancia prudente, para no dejar solo a Gilberto ni estar en el frente.
Al bajar la escalera, Gilberto que ya estaba bastante agitado, vio que la puerta del frente estaba cerrada. ¿A dónde pudo ir?, oyó los pasos en el frente de la casa.
Abrió la puerta y salió al frente, se paró en el portón de entrada, se quedó oyendo, buscando rastros del sonido. Miraba a todos lados, buscando el origen o la dirección del sonido de los pasos que corriendo se alejaban.

Con los brazos en jarra miraba al final de la calle que a lo lejos subía y terminaba en una iluminada avenida, la calle estaba iluminada no se veía a nadie, pero el sonido se alejaba.

Laura llegó junto a Gilberto y se quedó mirándolo, asustada, esperando oir una explicación razonable para lo que acababa de ocurrir en la casa.

Gilberto pensó que ahora tendría que lidiar el acoso de preguntas de Laura. ¿Qué le diría?
- ”¿Estás mejor?”, preguntó Laura.
- “Si, el sonido ya no está en casa. Espero que no vuelva.”
- “¿Qué sonido era ese?”
- “Pasos y sonidos de una mujer”.
- “¿Mujer?, ¡Cómo sabes?”, Laura estaba sorprendida por lo que oia.
- “Por que lo oí, eran sonidos de mujer. Jadeos y respiración.”
- “¿Pudiste determinar el sexo de la persona por los sonidos?”
- “Eran sonidos de una mujer que corría descalza”, y Gilberto entró de vuelta a la casa. Seguido de Laura, que asustada caminaba pegada a él.
Gilberto dejó las cosas en la cocina y se dirigió a la planta alta. Laura cerró la puerta con llavey siguió a su esposo.
Él estaba en el baño lavándose la cara y ella se acercó a la puerta.
- “Oíste sonidos de una mujer que no vimos corres por la casa.”
Gilberto suspiró profundo se secó con la toalla.
- “Si, oí que alguien andaba por la casa, pero no pude ver quién o qué era. Espero que no se repita.”
Se fue al dormitorio, se acotó y no pudo conciliar el sueño. Aguardó que lo sonidos se repitieran
Pero no fue así.


Lejos de allí, una joven corría descalza llorando sin que nadie le prestara atención.

ión.

16 de Setembro de 2015 às 16:28 0 Denunciar Insira 3
Fim

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