Samantha Seguir história

baltazarruiz154 Baltazar Ruiz

Samantha es una enviada de los cielos, una mensajera de la palabra del Señor que goza de liberar de los pecadores del sufrimiento que les supone vivir. Es hermosa, cortés, ayuda en las actividades de su iglesia... La esposa perfecta, la mujer ideal y también una asesina despiadada.


Crime Para maiores de 18 apenas.

#locura #crimen #Asesino-Serial
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Por amor a los perdidos...

A veces de noche, enciendo la luz para no ver mi propia oscuridad.

Antonio Porchia



Hablemos del oscuro ser que se esconde dentro de cada uno. Sí, ese que vivimos ocultando tanto de nosotros mismos como de los demás. Ese lúgubre intento de ser humano, avergonzado, pálido, temeroso de la luz, que se pasea en los pasillos olvidados del alma. Ese acompañante de las noches en vela que llora sin que nadie lo escuche. El sujeto roto y herido al cual decidimos, para poder convivir con el resto, enterrar en lo más profundo de nuestro ser. Yo me llevo muy bien con esa oscuridad, incluso he llegado a asignarle un nombre: Samanta...


I

Lunes, 23 de enero de 1995

Benditos sean los afligidos.


La mirada temerosa de un hombre me mira hacia arriba mientras apunto con una escopeta cargada y sin seguro justo a su cabeza. Sus ojos marrones no desvían su atención de mis movimientos, parece capaz de suplicar en cualquier momento pero a pesar de todo, está sereno.
Su nombre es Lucas. Un vividor de primera, un estudiante de segunda y un apostador de tercera. Después de abandonar sus estudios de abogacía, sin decírselo a sus padres, incursionó en el mundo de las estafas crediticias. Buscado por sus acreedores y por sus víctimas, se había convertido en una piltrafa humana. Una rata que se la pasaba escondida entre basureros. Su imagen reflejaba a la perfección su pútrido interior. Pero la razón por la cual nos encontramos en esta situación, donde él está atado a una silla, en un apartamento a punto de caer —en un complejo de edificios abandonados—, no es nada de eso, al menos no directamente.


—Sabes que no hay vuelta atrás, ¿no es así, Lucas?
—No sé de qué hablas, si te debo algo, ¡te pagaré el doble!
—¿Otra vez prometiendo cosas que no puedes cumplir?, ese mal hábito tuyo me está sacando de quicio…
—¡No hables como si me conocieras!
—Yo te conozco —digo, acercándome a su rostro—. Podría decir que nadie te conoce tanto como yo, Lucas Antonio Almeida.
—¿Quién eres?
—Soy la oscuridad que impera en tu interior y también soy la única que puede salvarte, ahora podrás descansar de tu insípida y miserable vida. Estoy segura de que estas cansado de la carga tan pesada que llevas a tus espaldas… Yo te liberaré.
—¡Estás demente!
—Nadie está libre de la locura… Tú lo sabes mejor que nadie...
—¡Maldita loca!
—No entiendo porque todos se ponen así en este punto… —digo mientras camino por la habitación—, pero bueno, nunca hay reconocimiento para los que hacen el trabajo de Dios…
—¡Hija de puta!
—Adiós Lucas… Bendito seas, oh afligido…

Me incorporo acercándome a él de nuevo, apoyo la escopeta en mi hombro para amortiguar la patada, coloco mis dedos en el gatillo y lo halo con suavidad. El golpe del disparo me echó hacia atrás, mas con el estallido de la pólvora, Lucas dejó de ser tan miserable.


Tomo mis cosas y regreso a mi coche. Los niños tienen clase dominical y debo ayudar al Padre César con la merienda.


II


Jueves, 16 de marzo.

Que el señor te reciba en sus brazos.


—¿Martina, dónde estás, pequeña? —No escucho respuesta y avanzo hacia la siguiente habitación—. Estás siendo una malcriada, deja de esconderte de una vez.

Al entrar a la habitación encuentro nada más que muebles viejos y polvo. Llevo unos quince minutos buscando a la mocosa de Martina Lemuz. Toda una joyita. Expulsada de cada centro de estudios al que ha asistido, acostumbra tener sexo de una manera poco sana y consumidora de drogas al por mayor. Pero, ¿quién soy yo para juzgarla?, eso ya fue decidido por mi Señor, yo solo traigo el mensaje con el cual su alma será perdonada. ¿Pueden sentir mi alegría?, he sido elegida para llevar las buenas nuevas a las almas descarriadas y desamparadas. Martina se escabulló cuando tropecé con unos escalones al venir hacia aquí. Pero yo sé que la encontraré.


—Te daré el mensaje que el cielo tiene para ti, pequeña. ¡Aunque deba quemar toda esta maldita mansión contigo dentro! —El sonido de algo cayendo alerta mis sentidos y disparo con mi escopeta en su dirección. El estruendo es potente, pero parece que no di en el blanco de lleno. Al acercarme encuentro unas gotas de sangre.

—Lamento no haber silenciado tu dolor de un solo disparo, pero así quieres que sean las cosas, Martina. No descansaré hasta hacerte descansar —digo al aire y luego recargo mi arma.

Mas después de unos instantes, un grito, acompañado del sonido de algo rompiéndose, me pone la piel de gallina, había caído en la trampa. No la había traído a una antigua mansión colonial al azar, no, los pisos de madera de este lugar están por caer, y Martina de seguro había caído. Bajé lo más rápido que pude para encontrar a la joven arrastrándose por el suelo, con una fractura expuesta en su muslo derecho, parecía dolorosa y sangraba mucho. Tenía dos dedos mutilados, quizás del disparo de antes. Reconozco su valía al no gritar por ello.


—Mírate, estás hecha un asco...

—¡Maldita loca! ¡No te acerques! —gritó desesperada.

—Martina, escuchate, ¿seguirás siendo una malcriada hasta el final?

Ella escupió en mi dirección, cosa que casi mancha mi blusa blanca.

—Tch, tch, tch... Que mala niña eres, por eso estamos como estamos. Te has portado mal y lo sabes, ¿quieres fingir que no pasó nada?

—No sé de qué hablas... Ahhhh... Solo déjame en paz...

—Sabes que me es imposible, ya hemos hablado de esto, ¿acaso no lo recuerdas?

—¿Recordar qué? ¡Maldición!, nunca te he visto en mi puta vida...

—Me duele escuchar eso, vine hasta aquí y te traje conmigo precisamente por nuestras conversaciones.

—¡Yo no te conozco!

—¿Recuerdas a tu amiga Samantha?

Martina dejó de arrastrarse y quedó en silencio un momento, a continuación cubrió su rostro con sus manos y comenzó a llorar.

—No lo puedo creer, de verdad eres tú...

Me acerqué a su rostro y aparté sus manos para limpiarlo con mi pañuelo. Era hermosa.


—Te dije que vendría, puedes confiar en tu amiga...

—Entonces, ¿lo harás?

—Por amor a ti y tu alma, debo hacerlo, es el trabajo que los cielos me han encomendado.

—Samantha...

—Ahora cierra los ojos, el Señor te recibirá en sus brazos.

Una ligera sonrisa iluminó el rostro de Martina y una vez más, un estruendo fue el medio por el cual los pecados de esa pobre alma fueron enviados al cielo. No pude esconder de mejor manera el cuerpo de la muchacha. Perdí mucho tiempo buscándola y necesitaba ir al supermercado a comprar manzanas, esa noche habría pay para cenar.


III

Miércoles 10 de mayo.


Comed y bebed de él.


Las mesas estaban cubiertas todas por manteles blancos, adornadas por listones celestes. Al centro de cada una, había colocado un sencillo adorno floral que hacía juego con todo lo demás, incluyendo una tarta frutas que preparé para los invitados. Yo vestía un conjunto de dos piezas blanco. Alfredo, mi esposo escogió un traje azul, el cual le quedaba a la perfección. Estábamos celebrando su nuevo ascenso a director general para la compañía de seguros para que trabajaba.


—Verónica, te ves encantadora. Habrá doble motivo para ser envidiado esta tarde —dijo mi esposo tomándome por la cintura.

—Bueno, eres el hombre más guapo de los alrededores, debo estar a la altura —susurro a su oído para después rematar con un beso en los labios.

—Ni yo puedo creer lo afortunados que somos.

—Este es el fruto de los que aman al Señor y siguen sus caminos, ¿no es así?

—Supongo que sí, es el pago por nuestras buenas acciones.

—Tú apoyas en los asuntos legales de personas con problemas de dinero sin cobrarles nada, eres un ángel, me siento orgullosa de ti.

—Mi padre hacía lo mismo, él me inculcó esas enseñanzas.

—Tu padre era un santo... Mira, los invitados empiezan a llegar, vamos...

Eran unos veinte invitados, entre familiares y amigos, vecinos y miembros de la iglesia, todos vestían sus mejores galas. Alfredo y yo empezamos a saludarlos a medida que llegaban. «Felicidades por tu ascenso», «eres un suertudo, un buen empleo y una hermosa mujer, ¿qué más puedes pedir?», «una pareja perfecta, como pocas he conocido». Un sinfín de elogios eran recibidos por ambos, acompañados de su respectivo apretón de manos y uno que otro abrazo. Éramos sin duda alguna un referente para la comunidad.


—Antes que nada, quiero agradecer por estar aquí, esto no sería posible sin su apoyo. Mi jefe escucha mucho a los miembros de su circulo a la hora de ascender alguien y gracias a su aprecio se decidió a darme el puesto, gracias...

Todos aplaudieron sonrientes, mas una persona interrumpió.

—Creo que pecas de humildad, el puesto lo tienes porque lo mereces, todos aquí sabemos de tus capacidades —Era Carlos Seimus, ex embajador en EE.UU y asesor legal de la compañía.

—Señor Seimus, me halaga...

Todos parecían felices por nuestras bendiciones, teníamos muy buenos amigos.

—...Los invitamos a este, nuestro hogar, como una especie de "acción de gracias", para que comamos juntos estos deliciosos alimentos —continuo Alfredo—, preparados por mi amada Verónica, como un tributo a los favores que nuestro señor, buen provecho.

Los comensales empezaron a servirse mientras que ambos, caminábamos entre las mesas para ver que todo estuviera en su lugar. Era una amena y feliz reunión.


—Hola, Verónica...

—Samantha...

—Dime, ¿acaso no se ven contentos?, tanto que podrían morir en este momento sin resentimiento alguno...

—No sigas, sé hacia donde van tus palabras.

—Vamos, yo sé que tienes cianuro en el sótano, dime, al preparar la cena, ¿no se te ocurrió envenenarlos a todos?

—Callate...

—¿O no quisiste degollar a tu insípido esposo cuando se atrevió a tocarte de repente?

—Dije que te calles...

—Pobre Verónica, rodeada de tantos insectos a los que podrías aplastar sin pensarlo siquiera... No son mas que un estorbo, porque no me das la oportunidad de acabar con ellos, vamos, yo sé que lo deseas...

—Vaya que eres molesta... Ellos son buenos hijos del Señor, mientras no nos confiesen sus pecados, no hay razón por la cual llevar hasta ellos el mensaje de Dios.

—Oh, vamos... Eres una aburrida... una hipócrita...

—Ellos son diferentes a Lucas o a Martina...

—Lucas solo era un perdedor y Martina una puta de cualquiera, sí, pero sabes de la amante de Carlos, ¿no es así?, sabes del muchacho atropellado por José, que está sentado a unos metros de nosotros y también sabes del alcoholismo de Mónica, su esposa... ¿Qué tienen de diferentes?

—Quizás no sean diferentes, pero...

—Pero, ¿qué?, vamos por la escopeta de Alfredo y bañémonos en su sangre...

—Samantha... No. El fin de semana veremos a Camilo, ¿recuerdas?

—¿El bombero?

—Si, envió una carta hace unas semanas, cálmate de una vez, el sábado dejaré que hagas lo que quieras, ahora déjame en paz...

—¿Verónica?, ¿estás bien?

—Alfredo, amor... Perdón, estoy un poco cansada, eso es todo...

—Por un momento me pareció que hablabas sola...

—¿En serio?, de seguro hablaba con Samantha.

—Samantha... Oh, aún piensas en ella...

—Siempre la tengo en mente, cariño.

—Si gustas ve a descansar, yo me encargo del resto.

—¿Insinúas que te dejaré solo en este día tan especial?, no es nada si, ya estoy mejor.


La fiesta continuó hasta casi la media noche. Samantha no volvió a aparecer, no hasta el sábado.


IV

sábado, 13 de mayo.


De la abundancia del corazón hablará la boca.


Han pasado dos horas desde que me encontré con Camilo en su apartamento. Vivía solo desde la muerte de su esposa hace dos años. Desde que llegué no hicimos nada más que tomar café y escuchar música de la década de los ochenta. El lugar era impecable, no lo que se esperaría de un hombre soltero y deprimido como él.

—Entonces, ¿qué has pensado?

—Perdón por permanecer callado todo este tiempo.

—Descuida, la música es hermosa y haces buen café, no tengo prisa.

—Fue un milagro haber encontrado tu columna. Samantha ha sido de gran ayuda para mí todo este tiempo —dijo al mismo tiempo que giraba en sus manos la taza de café que estaba bebiendo, estaba nervioso, todo su cuerpo me lo decía.

—Ese es mi trabajo, ayudar a los demás. Me alegra que creas en los milagros como yo lo hago.

—Es que es lo que necesito, hice algo terrible, solo un milagro me podría salvar.

—Lo mencionaste en las cartas que intercambiamos, dime, pequeño, ¿qué es lo que te aflige tanto? —Con mis manos me aferro a las suyas, estaba temblando.

—Me avergüenza...

—Eso que sientes, esa vergüenza, es prueba inequívoca del deseo que tiene tu alma por ser liberada, por ser acogida en los brazos del Creador. Yo escucharé sin juzgarte, porque ese no es mi trabajo... Dime...

Las lágrimas no tardaron en aparecer, era el rostro de una persona que estaba sufriendo, un alma atormentada. Después de un momento, respiró profundamente y prosiguió.


—Hace dos años mi vida se fue al carajo... Vivía con mi esposa y teníamos una relación hermosa. Pero un día, después de salir a cenar al centro, un tipo nos asaltó y terminó disparándonos, yo recibí un impacto en la pierna, pero ella lo recibió en el pecho, murió ante de llegar al hospital.

—Cuanto lamento eso... ¿Es eso lo que te causa tanto dolor?

—Eso solo fue el principio. Como te mencioné soy bombero, tengo muchos amigos policías... Yo me obsesiona con encontrar al imbécil que le hizo eso a Marta. Uno de esos amigos policías me mostró la identidad de un sospechoso a quien reconocí de inmediato. Pasé semanas buscándolo hasta que lo encontré...


La mirada de Camilo se volvió sombría al llegar a ese punto.

—...Se estaba quedando en unos apartamentos a las afueras. Estudie su rutina y un día que salió a conseguir droga, entré a su a domicilio y arregle todo para que al entrar explotara en mil pedazos. Al menos esa era la idea, pero calculé mal y no explotó, solo generó un incendio antes de que él llegara...

—Dime que no es lo que estoy pensando...

—El fuego lo devoró todo muy rápido. Murieron trece personas, incluyendo niños... ¿Entiendes eso? Soy peor que el tipo al cual consideraba un monstruo. Llegué incluso a considerar el suicidio. Fue cuando me encontré contigo y me enseñaste que existe otro camino para mí, dime... ¿Aún tengo salvación?

—Claro que hay salvación para ti, pequeño. Siempre hay salvación para aquellos quienes confiesen sus pecados. Y tú no eres la excepción.

—Me siento tan mal... Lamento lo que hice...

—Lo sé, lo sé... ¿Prepararías una última taza de café?

—Claro, iré a la cocina.

Pobre, pobre Camilo. Un alma abatida por sus actos, aunque hay que reconocer que a diferencia de todos los demás, él es el primero en aceptar de manera tan abierta sus pecados. Admirable.

—Regresé, aquí está tu café.

—Eres bueno preparándolo, ¿dónde aprendiste?

—Marta era barista, ella me enseñó muchas cosas...

—¿Sabes qué sucedió con el tipo que la asesinó?

—Según mi informante, vive cerca de donde provoqué el incendio. En la sexta calle poniente, pero es bueno para evitar a los policías... ¿Por qué preguntas?

—Podría visitarlo, es un pecador también... Este café está realmente bueno

—Pareces disfrutarlo...

—Claro que si, es el mejor café del mundo.

—Me refiero a asesi...

No lo dejé continuar, me acerqué a él de tal manera que mi frente quedó a milímetros de la suya. Sus ojos estaban abiertos al máximo en señal de alerta.

—No permitiré que digas esa palabra... No disfruto haciendo lo que hago, pero es mi deber con los cielos, ¿entiendes?, es el trabajo que el Señor me ha encargado y la realizo, como debe ser, pero no soy una asesina. Al menos no como tú.

—Lo lamento, no pretendía...

—No te preocupes, pequeño —digo sonriendo—. No es tu culpa que mal entiendas las cosas. ¿Te parece si lo hacemos ya?

—Hazlo de una vez...

Camilo y yo fuimos hasta la sala. Él se sentó en el sofá y colocándome detrás de él, empecé a preparar mi escopeta.

—¿Sabes alguna oración?

—No creo ser capaz de recordar alguna en este momento.

—Ya veo, hagamos esto, repite después de mí, cierra los ojos.

—Samantha... ¿Crees que la veré allá donde iré?

—Estoy segura de eso... Señor, recíbeme en tus manos...

Señor recíbeme en tus manos.

Líbrame de esta carga.

Líbrame... de esta carga...

Que solo soy un hombre y no puedo solo.

Camilo empezó a llorar.

—Que... solo soy un hombre y no puedo... solo...

Antes que, quizás, se arrepintiera, apunté la mira hacia su cabeza y disparé. Una lástima, no podré saborear ese delicioso café nunca más.

V

Martes, 15 de agosto.


¿Por qué me has abandonado?


Alfredo está corriendo por el bosque con una herida en la pierna. Hoy en la mañana, por un descuido de Verónica, descubrió las cartas con las que interactúo con los suscriptores a mi columna "Por amor a los perdidos". Supongo que no entendió el trabajo que realizamos con aquellas personas que han perdido el rumbo y desean volver a ver una luz que los guíe. Aunque, para ser sincera, esa es la excusa que convenientemente tramé para convencer a Verónica de que hacemos lo correcto. Amo lo que hago, eliminar del mundo aquellas basuras humanas que atenten con su existencia la armonía de las cosas. Ahora, el estúpido esposo de la estúpida Verónica sabe lo que hemos estado haciendo los últimos cinco años.

Ahora corre sin una dirección fija, tambaleándose, hasta para eso es un insípido. Lo conocimos cuando íbamos de camino a un trabajo. Veríamos a un abogado corrupto que se había enredado en una red de narcotráfico y quería una salida fácil a su angustia. Nos acercamos al que parecía menos peligroso para pasar desapercibidas y vaya, amor a primer vista. Al menos de parte de Verónica y él. Yo siempre lo odie, que se atreviera a tocarme me era asqueroso. Pero, nos otorgaba estatus y financiamiento, justo lo que necesitamos. Deseaba matarlo desde hace tanto tiempo, que me duele el rostro de la enorme sonrisa que dibujan mis labios.


—Samantha, ¿no hay forma de arreglar esto?

—Sabes que Alfredo es un mojigato, un pusilánime, si lo dejamos salir de aquí nos acusara y no podremos ayudar a los descarriados, ¿quieres dejar esas almas en pena sin posibilidad de ser salvados?

—No, claro que no. Pero, Alfredo...

—Míralo de esta manera, ahora él es quien necesita ser salvado. Estamos cerca del pozo, el Señor nos ha puesto a ese pobre en bandeja de plata, ¿me dejas terminar con esto?

La voz de Verónica no volvió a escucharse en un buen rato. Alfredo seguía intentando correr unos metros adelante. Era sin duda un hombre patético. Conozco muy bien estos caminos alejados de todo, fue un idiota al pensar que lo llevaríamos al hospital. Solo necesitaba distraerlo, por lo cual disparé al aire. Lo que funcionó, cayendo por un pequeño acantilado.

—Amor, ¿sigues vivo? —digo acercándome a la orilla,

—Aaahhh... mi pierna, me la he roto...

—Supongo que eso duele mucho, querido.

—Tú... estás demente, leí las cartas donde te haces llamar Samantha... ¿Qué sucede contigo?

—Nada, solo hago el trabajo del señor...

—Estás loca...

—Quizás, pero eso no es lo importa. Sabes lo que hacemos y no puedes salir vivo de este bosque...

—Estaba casado con una lunática... Sabes, no me importa... haz lo que quieras... pero déjame ir, no diré nada.


Su voz se escuchaba cansada.

—Lo lamento mucho, amado. Pero dejarte con vida no es una opción. Verónica lo quisiera, mas yo si quiero volarte la cabeza de una vez.

—Verónica...

—Perdón, estás hablando con Samantha...


La escopeta que él mismo compró para estar mas seguros, destrozó su cabeza por completo. Ese bastardo al fin de había largado para siempre. Tuve que arrastrarlo hasta el pozo, uno abandonado al cual nadie se acercaba nunca. Aparté las ramas y helechos que lo cubrían, coloqué el cuerpo en la orilla y después lo dejé caer.

—¿No podías tratarlo con mayor dignidad?

—Vamos, sabes que no me agradaba.

—¿Cuántos cadáveres deben haber ahí abajo?

—Veamos, según mis cuentas unos cuarenta y siete... más o menos.

—¿Qué hacemos?

—¿Recuerdas al infeliz que mató a la esposa de Camilo?

—Sí, ¿qué con él?

—Podemos hacerlo pagar su pecado y de paso incriminarlo en la muerte de Alfredo, tenemos pruebas por regadas por todos lados, será fácil.

—Me parece buena idea...

—Estoy toda cubierta de sangre...

—Como la primera vez, ¿recuerdas?

—Lo recuerdo, cuando asesinamos sin querer a nuestra hermana, Samantha.

—Samantha, la verdadera.

—Yo tambien soy verdadera...

—Supongo que si, ¿nos vamos?

Subí al coche y me dirigí a la sexta calle poniente, en busca de un descarriado y guiarlo hacia el amor del Señor, por amor su alma...

20 de Setembro de 2018 às 03:23 11 Denunciar Insira 20
Fim

Conheça o autor

Baltazar Ruiz ¡Hola! Soy Baltazar y este es mi espacio, acá encontrarán desde terror hasta ciencia ficción. Trato de dar lo mejor de mí en mis historia y me gusta ayudar a los demás, si puedo servirte en algo lo haré gustoso.

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Flor Aquileia Flor Aquileia
Que locura esa mujer por dios!!! que tensión hasta el final!!!
1 de Março de 2019 às 18:52
Flor Aquileia Flor Aquileia
Que locura esa mujer por dios!!! que tensión hasta el final!!!
1 de Março de 2019 às 18:52
Fausto Contero Fausto Contero
No sé por qué demoré tanto en leer este relato, es simplemente alucinante. Me gusta la frialdad con las que "las protagonistas" toman el asesinato, justificando sus acciones con el trabajo de Dios, y bajo la máscara de una familia burgués común y corriente. Excelente, debe ser un clásico de tu repertorio literario.
20 de Dezembro de 2018 às 19:53
Vlad Strange Vlad Strange
¡Órale! sin palabras!! Samantha y Verónica están dementes, pero no por eso caen mal!
11 de Dezembro de 2018 às 17:19
Robag Pencil of Simpleness Robag Pencil of Simpleness
Me parece alucinante lo bien que logras introducirme en el papel de Samantha. Es un talento enorme el de poder hacer que un lector empatize con tu personaje. Es simplemente una maravilla. Tiene algunos problemas ortograficos y uno de tiempo, pero poco me importo eso al leer tu cuento. Hey, se que es mucho pedir teniendo en cuenta que no me conoces,pero... ¿me puedes decir que opinas de mi obra Jaque mate al mago? Se que es una tontería, pero soy una persona que le cuesta mucho pedir reseñas, por que a veces pienso que la gente solo me dice cosas buenas por nada. Felicidades por tu obra.
14 de Outubro de 2018 às 07:08
Tania A. S. Ferro Tania A. S. Ferro
¡Excelente historia! Me gustó bastante.
21 de Setembro de 2018 às 13:48

Rose Days Rose Days
Me encantó el relato, Balta. Como siempre, entregando obras maravillosas a tus lectores.
20 de Setembro de 2018 às 12:12

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    Muchas gracias, tus palabras me animan a seguir con mis proyectos 20 de Setembro de 2018 às 13:48
Katerina Az. Katerina Az.
Wow, esto estuvo increíble. Me encantan los cuentos cortos, y este me tuvo entretenida desde que arranqué con la lectura.
20 de Setembro de 2018 às 10:02

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    Deseaba un relato intenso, pero haberlo logrado 20 de Setembro de 2018 às 13:48
~