Estrellas Seguir história

alan-salazar1536361285 Alan Salazar

una lúgubre historia sobre los lazos de sangre que nos unen , incluso hasta después de la muerte.


Horror Horror gótico Impróprio para crianças menores de 13 anos.

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Estrellas

No recuerdo noche más oscura que esa, no había rastro de vida alguna en las calles, pareciera que hasta aquellos insoportables perros callejeros habían desaparecido, perros que últimamente solían esperarme todas las lluviosas mañanas al salir de casa para dirigirme hacía el trabajo, se habían vuelto actualmente mi única compañía, pero ahora ni ellos se encontraban cerca.

Al asomarme por el inmenso ventanal de mi casa – misma que hacía mucho tiempo me había parecido enorme para una sola persona- alcancé a percibir destellos en el cielo y un peculiar olor... ese olor característico de una agresiva tormenta, me aparte de ahí, y me dirigí a la cocina en busca de velas para colocarlas por toda la casa, hacía tiempo que al anochecer las encendía, una tras otra ,ya no me molestaba en encender las luces, la artificial electricidad jamás se comparará con el excitante fulgor de las velas.

Tome una, dos, tres, cuatro llene mi mano de ellas hasta que ya no pude sostener ni una más y me puse a deambular por la rústica y excéntrica casa .Coloqué una en el viejo comedor, otra sobre el librero de tono jaspe, el cuál su color me había parecido en las últimas semanas que cada vez más emulaba al color de la sangre, otra vela la dispuse en el piano que hace años nadie tocaba...recorrí toda la casa hasta llegar a aquella última habitación. Me quedé frente a la puerta buscando en mi mente más sitios para ir antes de tener que entrar ahí, pero no daba ya para más, era como si me dijera que ya no había lugar en la casa que necesitara la luz de esas velas salvo esa habitación.

Abrí la puerta poco a poco como si temiera que algo me fuera a recibir ahí adentro, la oscuridad solo dejaba ver la silueta de algunos juguetes que Peter atesoraba con esa emoción infantil.. ya imaginaba en mi cabeza la terrible rabieta de él si supiera que estuve en su habitación.

Coloque la vela sobre el tocador y la encendí, la tenue luz me dejaba ver osos de felpa, cubos de madera, libros para colorear y crayones de múltiples colores acomodados con perfección, me senté al pie de la cama de Peter y recorrí la habitación con mi mirada, jamás pensé que el cuarto de un niño pudiera verse tan siniestro tan solo con la luz de una vela.

Sin embargo esa atmósfera iba acorde con la personalidad de Peter, a sus escasos diez años, era siniestro por sí mismo, no hablaba con nadie, no reaccionaba ante estímulo alguno. Sus pupilas eran tan pequeñas que si lo mirabas desde lejos podrías ver como sus ojos brillaban cual blancos diamantes, eran como estrellas siniestras que helaban la sangre.

Estando en aquella habitación, escuche que la tormenta comenzaba, los relámpagos acechaban y la lluvia golpeaba las ventanas con tal intensidad que podrían romperse, mientras acariciaba los almohadones de la cama recordé que la misma tormenta tuvo lugar la noche que Peter murió, parecía repetirse el mismo clima de tensión, tensión que asfixiaba.

La luz de la vela se reflejaba en el espejo de la habitación, por un momento llegue a pensar que había otra silueta humana además de la mía ahí, una silueta pequeña. Me levante de la cama incorporándome dispuesto a salir de la habitación, pero algo llamo mí atención de manera inevitable, sobre el borde la cama se encontraba un almohadón que no note del resto de los demás, un almohadón decorado con infinidad de estrellas brillantes y una luna menguante sobre lo que parecía un fondo azul simulando nuestro misterioso universo.

El almohadón favorito de Peter, nunca lo soltaba, cuando hacía sus acostumbradas rabietas solía sostenerlo hasta quedarse dormido, lo apretaba, lo estrujaba con fuerza brutal que las manos solían quedarle moradas, dicho objeto lo acompaño hasta su muerte..

Los relámpagos se hacían cada vez más violentos, la vieja casa se cimbraba ante ellos,la luz de la vela se debilitaba, me encontraba de pie a lado de esa cama cuando un trueno iluminó la habitación por completo ..en ese segundo… Vi el cadáver de Peter acostado sobre la cama replicando su muerte. Me quedé petrificado, no supe que hacer, la habitación volvió a quedarse a medio oscuras, solo iluminada apenas por la chispa raquítica de aquella vela.

Me apresuré y coloque dos más en sustitución de la primer vela, mientras las encendía con mis temblorosas manos, mí ya atormentada mente me traía otro recuerdo. Peter y yo solíamos jugar a hacer figuras en la oscuridad, no nos gustaba encender las luces preferíamos colocar velas por toda la casa e inventar figuras con nuestras manos, a él le encantaba , era de los pocos momentos en los cuales mostraba alguna emoción, emoción que se diluyo cuando cayó enfermo.

Mi pequeño hermano se fue apagando, como las luces de aquellas velas que solíamos encender por toda la casa para jugar. En una tarde para variar lluviosa el yacía en su cama débil, moribundo, pálido. “Estrellas, me gustan las estrellas” era de las pocas frases que le había escuchado, yo solo pude responder: “¿Por qué te gustan tanto?”, como pudo volteo a verme con esos ojos blanquecinos que parecían carecer de color, “porque cuando van a morir, se vuelven más frías, más brillantes y luego mueren”

La mirada de Peter se quedó fija en mí, era como si me hiciera una extraña petición, luego dirigió su mirada hacía su almohadón favorito, el ya no podía alcanzarlo así que lo tome y lo acerqué a su pálido rostro. Sentía que los huesos se me rompían al ver a Peter suplicando ser liberado de su suplicio. Apreté el almohadón con la misma fuerza que él lo había estrujado en aquellos días, lo volví a acercar a su rosto pero esta vez para inducirlo en un sueño eterno, uno donde podría ser una de esas estrellas que tanto admiraba, él no pudo hacer nada, aquellas manos que tanto le causaban felicidad al hacer infinidad de figuras en la oscuridad eran las que ahora le quitaban la vida, lanzó su último respiro y… se fue.

Al terminar de recordar mi acto de misericordia, casi salía de la habitación cuando de la oscuridad del armario entre abierto de Peter se asomaban dos pequeñas luces diamantadas, eran como dos estrellas asomadas de entre la profunda oscuridad de ese armario, estaban fijas en mí, lo que Peter nunca me contó es que las estrellas tardan millones de años en morir. Desde entonces esas dos pequeñas luces, cual ojos siniestros acechantes me acompañan por las noches a hacer figuras en la oscuridad.

7 de Setembro de 2018 às 23:10 0 Denunciar Insira 0
Fim

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