Eres Mi Sueño Seguir história

miri Miriam Peraza

Elizabeth Blair es una chica de 19 años que tiene la oportunidad de viajar a Londres para estudiar Literatura. Para ella es una gran oportunidad, ya que ese siempre ha sido su sueño. ¿Su mejor amiga? Su guitarra. Jamás se separa de ella, ya que es su forma de despegarse por un momento de todos sus problemas, y es una forma de olvidarse de este mundo por al menos unos minutos. ¿Su sueño? Ser una gran escritora. Y está decidida a que nada ni nadie la desvíe de su objetivo. Pero... ¿qué pasará cuando en su historia aparezca un nuevo protagonista? ¿Qué sucederá cuando ya no pueda controlar lo que pasa en su vida? ¿Y sus sueños, qué pasará con ellos?


Romance Chick-lit Todo o público.

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CAPÍTULO 1

No puedo creer que hoy sea el día.

¡HOY ES EL GRAN DÍA!

Estoy en mi cuarto con una sonrisa enorme en mi rostro y saltando de emoción, mientras termino de empacar mis cosas.

Jamás me había sentido tan feliz, tan emocionada.

¿Y todo por qué?

Bueno... todo se reduce a una sola palabra: LONDRES.

¡Al fin!

Hace 3 meses me llamaron de la universidad para decirme que me habían elegido para darme una beca y poder estudiar en el extranjero.

Ese ha sido uno de mis más grandes sueños, y hoy se hace realidad.

¿Quién lo diría?

Una chica simple y ordinaria, obteniendo el lugar en donde muchos quieren estar. Siendo una de miles tal vez. ¡Me siento afortunada!

La alegría no cabe en mi pecho, son tantos sentimientos juntos. Tantos, que hasta creo que me darán arcadas, pero vamos, no puedo arruinar un momento tan lindo con algo tan asqueroso.

Pero lo bueno de todo esto, es que por fin podré valerme por mí misma. Ya no más dependeré de mis padres. Ya no más pedir permiso para ir a fiestas. Ya no más escuchar los regaños de mi madre cuando dejo algo tirado y olvido levantarlo. No me mal entiendan, amo a mis padres, los amo muchísimo, y no me puedo imaginar la vida sin ellos, pero llega un momento en que quieres independizarte. Y mi tiempo acaba de llegar.

Después de tanto tiempo de espera. Ya me había resignado a que mi solicitud para esa beca no había sido aceptada. Pero me sorprendió el saber que estaba equivocada, tanto, que no pude ni hablar cuando me lo comunicaron.

—¡Eli! — Mis pensamientos se ven interrumpidos por el grito de mi madre desde la primera planta.

—¡Ya voy, mamá!

—¡Apresúrate o perderás tu vuelo! —resoplo. Pareciera como si no pudiera durar ni un minuto sin gritarme o llamarme la atención por algo.

Termino de meter mis cosas a la maleta y trato de subir el cierre, pero este se opone.

—¡Oh vamos! Tampoco es como si hubiera metido un mundo de ropa.

Acuesto la maleta en la cama, coloco mi rodilla derecha sobre esta para poder aplicar un poco de presión y tratar de cerrar el cierre, y asombrosamente lo logro. Doy un grito de satisfacción cuando salgo vencedora de mi pequeña pelea con mi propia maleta, que al parecer se resistía a salir de viaje.

Maleta rara, si se supone que para eso están diseñadas, para que uno las lleve de un lado a otro.

La bajo de mi cama, apoyándola en la alfombra que adorna mi recamara. Camino hacia la pequeña mesa de noche que está justo al lado de mi cama, ahí se encuentra mi muy amada y preciada guitarra, la cual he tenido conmigo desde que tenía 7 años de edad. Es mi mejor amiga, si es que se le puede llamar así a algo que no tiene vida. Pero para mí lo es porque siempre está a mi lado cuando las cosas se vuelven feas, cuando tengo estrés acumulado por los estudios, cuando estoy aburrida y no tengo nada que hacer. Pero, sobre todo, está ahí cuando quiero olvidarme de todo lo que me rodea. Cuando quiero olvidarme del mundo por completo.

La tomo muy cuidadosamente para poder cruzármela por el pecho. Cuando la tengo bien acomodada, doy media vuelta para regresar donde la maleta y levanto su agarradera para poder arrastrarla.

Camino hacia la puerta abierta de mi habitación. Y antes de salir, me vuelvo, y le echo un vistazo a mi cuarto. Esta será probablemente la última vez que esté aquí. ¿Lo voy a extrañar? ¡Claro que sí! Mi habitación siempre ha sido mi pequeño refugio en las buenas y en las malas, pero, sobre todo, ha sido mi cómplice cuando hago enojar a mamá.

Registro cada pequeño detalle que se encuentra en él grabándolo en mi mente.

—¡Eli, baja ya! ¿O quieres que suba por ti?

Saliendo de mi ensoñación, cierro la puerta y camino por el pasillo hacia las escaleras con mi última maleta en mano, y mi guitarra. Pero antes de dar un paso para bajar por ellas, escucho la voz de papá.

—Espera, Eli— y como la buena hija que soy, obedezca su orden. Me detengo y espero a que suba. Cuando está a mi altura, me quita la maleta de las manos—. Deja te ayudo con eso.

—Gracias, papá.

Mamá y mi hermano Caleb nos esperan abajo.

Cuando termino de bajar, Caleb se acerca a mí y pasa uno de sus brazos por mis hombros.

—Mamá ya estaba por subir por ti, pequeña.

Sonrío al escuchar su apodo hacia mí. Siempre me molestó que me llamara de esa forma. Aunque sé que ya se imaginarán por qué. Caleb es mucho más alto que yo, por ser hombre claro, a su lado siempre me he sentido como si fuera una enana, y eso que no soy tan chaparra. Pero bueno, nunca logré que lo olvidara. Y ahora, como que extrañaré que me llame así.

—Sí, eso lo imagino.

Mamá no es tan paciente que digamos.

Y, hablando de ella, veo que nos espera en la puerta de la entrada de casa.

—¿No se te olvida nada? — pregunta ella cuando pasamos por su lado.

—No. Empaqué todo lo necesario.

—Bien.

—¿Cómo te sientes? — dice Caleb, mientras caminamos al coche.

Lo miro un momento y le doy una gran sonrisa.

—Me siento nerviosa y emocionada al mismo tiempo.

Me regresa la sonrisa.

—Esto es nuevo para ti, así que es normal que te sientas de esa manera.

—Solo espero que sea como lo imagino.

—Será mejor, pequeña, ya lo verás— me abre la puerta del coche de la parte de atrás y sin esperar más, me introduzco en él.

—Eso espero—murmuro solo para mí.

* * *

Llegando al aeropuerto los cuatro nos bajamos del auto. Papá y Caleb me ayudan con las maletas, mientras que mamá entrelaza su brazo con el mío.

—Recuerda hablarnos en cuanto llegues allá, ¿de acuerdo? Y mantennos informados en todo momento, Eli, pase lo que pase, ¿okay?

—Está bien, mamá. Tranquila.

—No me digas que esté tranquila, Eli, cuando sé que mi bebé estará en la punta de otro país.

—Voy a estar bien, mamá. No tienes nada de qué preocuparte. Prometo llamarte en cuanto llegue e informarte de cómo están las cosas, ¿de acuerdo?

—Vamos, Steff, ella estará bien. No le pasará nada. Tranquila, cariño—. No me había dado cuenta que papá y Caleb se encontraban ya a nuestro lado, con las maletas en mano. El rostro de papá muestra un poco de preocupación, pero sabe disimularlo muy bien, pero tantos años viviendo con este maravilloso hombre, he aprendido a leerlo, aunque admito que en ocasiones se me hace un poco difícil. Lo que siempre me encantó de papá, es que siempre trata de consolar a mamá sin importarle demasiado como es que se sienta él. Y eso es exactamente lo que está haciendo en este momento—. Aunque también entiéndenos, Eli.

—Lo hago, papá, de verdad que sí. Por eso es que le dije a mamá que les llamaría en cuanto llegue y les informaría de cómo van las cosas.

—De acuerdo, creo que eso ayudará un poco.

Papá me sonríe, pero se podría decir que no es una gran sonrisa. Los entiendo, su hija está a punto de alejarse de ellos, cualquiera reaccionaría de esa manera. O peor. Me alegro que sea así.

—PASAJEROS DEL VUELO 2-7-1, CON DESTINO A LONDRES, FAVOR DE ABORDAR.

La voz de la azafata nos saca de nuestra pequeña controversia.

—Bien, creo que esa es mi señal —digo señalando a mis espaldas.

—¡Oh, bebé! Ven aquí— mamá abre sus brazos y yo encantada voy a ellos—. Ni siquiera nos dejan despedirnos como es debido.

Levanto la vista para poder ver el rostro de mamá, y me doy cuenta que por sus mejillas corren unas cuantas lágrimas. Me separo un poco de ella para así poder secárselas con una mano, mientras que con la otra aún la mantengo abrazada.

—Tranquila, Steff. Voy a estar bien.

—¡Elizabeth Morgan Blair Johnson!

Sonrío al escuchar cómo me regaña por llamarla por su nombre.

La abrazo nuevamente, pero esta vez un poco más fuerte.

—Te amo, mamá—susurro en su oído.

—¡Oh mi bebé! Y yo a ti, cariño. Demasiado.

Me separo de ella y camino a donde papá se encuentra, envolviéndolo también en un muy apretado abrazo.

—Recuerda siempre mantenerte firme, Elizabeth. No dejes que nadie decida por ti. Cumple tus sueños, princesa. Eres demasiado fuerte. Pero cuando veas que las cosas no marchan bien, saca a relucir esa fuerza que siempre hay en ti. No permitas que te pisoteen, cariño. Levántate y demuéstrales a todos los que no creían en ti, que puedes dar mucho más de lo que ellos se esperaban. ¡Demuéstrales quién es verdaderamente Elizabeth Blair! Y cuando nos necesites, estaremos ahí para ti mi pequeña. Siempre estaremos para ti.

Con esas palabras tan profundas de papá, no puedo resistir mis lágrimas y comienzan a desbordarse por mis ojos, haciendo su camino por mis mejillas y mojando su camiseta. Pero eso no parece importarle, porque me abraza mucho más fuerte. Siempre he sido niña de papi, no me refiero a eso de manera caprichosa, sino que es con quien más he pasado mi tiempo, y en quién más puedo confiar cuando necesito desahogarme. Tal vez unos dirán que como soy una chica debo de tener más confianza con mamá, pero en mi caso no es así, sino todo lo contrario.

Dándole un beso en la mejilla murmuro:

—Lo haré, papá. Lo prometo.

—Esa es mi chica.

—Te amo—digo separándome de él y mirándolo a los ojos.

—Y yo a ti, mi princesa.

—No pensarás irte sin despedirte de tu maravilloso hermano, ¿verdad? —dice, Caleb, abriendo ampliamente sus brazos.

—Mmmm, no lo había pensado—coloco un dedo en mi mentón de forma pensativa—. Pero puedo intentarlo.

—Oh vamos, pequeña, ambos sabemos que no podrías—me da una amplia sonrisa, de esas que son tan suyas.

—No, no podría—me arrojo a sus brazos y rodeo su cuello con los míos. Caleb comienza a darme vueltas y por la fuerza y la emoción comienzan a salir de mí fuertes carcajadas. ¡Oh Dios, qué pena! La gente comienza a detenerse para mirarnos, algunos nos lanzan miradas de desaprobación por nuestro comportamiento, y otros nos miran sonriendo. Pensarán que soy una niña por mi falta de indiscreción, pero en estos momentos no me importa, estoy disfrutando esto demasiado. La gente puede irse por un tubo.

Cuando Caleb termina de darme vueltas, me coloca en el suelo y aun agarrándome de la cintura y mirándome muy fijamente a los ojos me dice:

—Si las cosas se vuelven demasiado duras. Si me necesitas en cualquier momento. Si quieres hablar con alguien para desahogarte de todo. Si necesitas a un amigo o que golpee a alguien, solo llámame, pequeña, y si es necesario, iré en un dos por tres hasta donde estés, aunque solo necesites de un abrazo. Sea lo que sea llámame, ¿de acuerdo? No lo dudes ni un segundo. Sabes que cuentas conmigo para todo.

—Lo haré. Tomaré tu palabra. Cada ratito te marcaré para decirte que tal va todo por allá. Te molestaré de día y noche.

Con eso retira una mano de mi cintura y se la pasa por su cabello peinándolo hacia atrás.

—¡Rayos! Creo que ya me estoy arrepintiendo.

Suelto una risita. Pero él vuelve a abrazarme una vez más, pero esta vez su abrazo se intensifica, tanto que hasta siento que saca el aire de mis pulmones, literalmente.

—Caleb.... Caleb... Me estas... Aplas...tando—con eso disminuye su abrazo.

—Te amo mucho, pequeña. Y te voy a extrañar demasiado. Ahora ya no tendré a nadie a quién molestar por las mañanas—cuando termina de decirme eso, me da un gran beso en la mejilla.

Regresándole el beso me separo de él, y sonrío de manera exagerada al escucharle decir eso.

—También te amo, Caleb. Y de igual manera te voy a extrañar, pero creo que no tanto porque recuerda que te estaré llamando—digo dándole un pequeño golpe en el hombro con mi puño.

Caleb suelta una gran carcajada.

Dios mío, voy a extrañar sus locas y escandalosas risas. Me van a hacer mucha falta en esta nueva aventura en mi vida. Pero estoy consciente de que es algo que tengo que hacer por mí misma. Encontrar y demostrarme lo que soy capaz de hacer. Sé que es un gran reto. Pero en un futuro lo agradeceré. Lo sé.

Nueva ciudad, nueva historia, nuevos comienzos.

Tomo mi mochila del suelo y colgándola en mi espalda, comienzo a caminar dirigiéndome a la entrada del túnel que me llevará al avión. Pero antes de llegar me giro hacia donde se encuentra mi familia. Levanto mi mano derecha para ondearla en forma de despedida hacia ellos.

—Los amo, familia.

—Y nosotros a ti, Eli—contesta papá por todos.

Nuevamente me volteo, y retomo mi camino, pero esta vez ya no me giro.

Cuando entro al avión, busco mi asiento correspondiente. Y al encontrarlo me doy cuenta que me tocó el que está a lado de la ventana, lo cual es de agradecer porque así puedo ir admirando el paisaje. Acomodo mi mochila en la compuerta superior de mi asiento. A decir verdad, mi cargamento no es demasiado grande. Me siento y coloco mi guitarra en el suelo y entre mis piernas. Vuelvo mi cabeza hacia la ventana y miro a través de ella.

No puedo creer que al fin vaya a cumplir mi sueño, lo que he querido por tanto tiempo.

Tal vez no sé lo que me espera. Tal vez no sé si las cosas salgan exactamente como quiero, no sé si me irá bien o mal. Pero de una cosa sí estoy segura. Este es mi sueño, y nada ni nadie me impedirá llegar a la meta. No me rendiré hasta demostrar que Elizabeth Blair es una mujer fuerte y que, a pesar de todo, ella saldrá vencedora.

Así que, Londres, aquí vamos.

3 de Setembro de 2018 às 01:42 1 Denunciar Insira 2
Leia o próximo capítulo CAPÍTULO 2

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Gin Les Gin Les
Hola, soy Gin, embajadora de Inkspired he venido para verificar tu historia, antes de hacerlo es necesario que hagas unos pequeños ajustes en la edición y correción ortográfica. Eso te ayudará en cuanto a la presentación de tu obra y para alcanzar mayor cantidad de lectores. Una vez hecho los cambios puedes responder este mensaje y volveré a revisar. Saludos. :D
30 de Setembro de 2018 às 12:50
~

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