Una de las dos Seguir história

ariaravelo Aria Ravelo

Relato corto de suspenso, misterio y horror que ganó el primer lugar en uno de los retos de misterio de la cuenta oficial MISTERIOES en Wattpad, y lo quería compartir con Inkspired, mi nueva casa.


Suspense/Mistério Todo o público.

#miedo #TerrorPsicológico #UnaDeLasDos #Transtorno #EnfermedadMental
Conto
20
4535 VISUALIZAÇÕES
Completa
tempo de leitura
AA Compartilhar

Parte uno y parte dos de un cuento macabro...


UNO


Siempre quisiste ser el centro de atención y hoy por fin lo lograste. Sí, es seguro que saldrás en todos los periódicos del país; tal vez en primera plana. No es para menos encontrar un cadáver calcinado frente al mismísimo Tribunal de Justicia. ¿Verdad?

Todo estaba planeado. Desde el broche que colocaste en tu cabello esta mañana, hasta las cuerdas que guardaste en la cajuela de tu automóvil. Seguro que disfrutaste cada detalle. ¡Oh, claro que lo hiciste! Todos siempre menospreciando a la pobre Melissa y hoy por fin está muerta. ¡Qué maravilla!

Te llevaron para con tu tía Martha, y ella te reconoció de inmediato, o eso fue lo que tú le hiciste creer. La verdad no está más lejos que tu nariz de tus pestañas. Y aunque siempre habías odiado tu insignificante vida, nunca imaginaste tener aquel final.

Ni siquiera sabes cómo comenzó todo, quizás fue aquella tarde en el autobús. Me viste después de algunos años, y todos los sentimientos volvieron como un torbellino volcándose entre nosotras. No pensé que estuvieras tan dañada, tan rota, tan vacía; tu mirada aletargada debió darme un indicio de tu condición, pero creo que a ese punto, tú tampoco imaginabas el daño. O yo, con mi vida tan tranquila, ¿cómo iba a pensar que sería la causante de todo?

Lo cierto era que, en aquel autobús había una asesina en potencia, ¿o debería decir una suicida en potencia? No importa. A estas alturas, ya nada importa, porque las dos estamos igual de jodidas. Aunque claro, una de las dos todavía está viva y eso marca una gran diferencia. Siempre dijiste que una de las dos tenía que morir para que la otra viviera. ¡Cuánta razón tenías!

Llevaste un mechón de cabello detrás de tu oreja y alisaste tu falda en un gesto nervioso. Enseguida erguiste tu cuerpo. Te importaba tanto la opinión que pudiera tener de ti, que el volver a verme en ese autobús, despertó todo el desorden en tu mente. Ése que dormía, que esperaba pacientemente para surgir entre las cenizas, que volvió para quedarse y destruirnos.

Habían pasado algunos años y el dolor que había dejado nuestra amistad, permanecía. Nos atrevimos a ser amigas; tú con miles de problemas encima y yo con mi vida tan resuelta. Tan distintas y con tantas similitudes, pero amigas al fin y al cabo. Algunos en la iglesia decían que hasta podríamos ser hermanas con el mismo color de cabello y de ojos. Incluso nos poníamos de acuerdo para ir vestidas igual a misa. Éramos tan jóvenes. Supongo que en algún punto, así lo deseamos: ser verdaderas hermanas.

Entonces una de las dos perdió el rumbo. Tus padres murieron y pasabas la mayor parte del tiempo en mi casa, compartíamos la habitación, luego la ropa… pronto no logré distinguir la diferencia entre nosotras. Pensé que mi madre te dedicaba demasiado tiempo, al principio era entendible y lógico. Si yo hubiera perdido a cualquiera de mis padres en un accidente tan atroz como en el que murieron los tuyos, hubiese necesitado, incluso más amor. Ahí estaba mi mamá para ti en un acto cristiano y caritativo. Sus abrazos, besos, y consejos, todo era para la pobre Melissa, mientras a mí me hacían a un lado.

No me quejé. Al contrario, traté de ponerme en tus zapatos y de sobrellevar la situación. Me refugié en la iglesia, el padre dijo que debía comprender; que el egoísmo y la envidia no podían estar en nuestros corazones. Traté de entenderlo y pronto, no solo iba a misa para escuchar el sermón, sino también participaba en el coro. En verdad llegué a disfrutar esos momentos de ensayos con los otros chicos y de cantar. ¡Cómo amaba entonar esos himnos!

Supongo que no te pareció que mi madre mostrara un poco de interés en lo bien que lo hacía cantando, y también quisiste pertenecer al coro. No lo soporté. Estabas ahí, persiguiéndome, asediándome, volviendo mi vida, tan miserable como la tuya, usurpando mi lugar. Sí, tú no querías se mi hermana. Tú querías mi vida porque la tuya no te era suficiente.

¿Quién era Melissa Bauman? Sin lugar a dudas, no era nadie. Huérfana de padre y madre, sin mucho que aportar a la humanidad, sin mucho que corromper.

Conocí a aquellos muchachos, un día después del ensayo, bueno, a decir verdad, ni siquiera me quedé a mirar como brillabas entre mis viejos amigos. Me disculpé con todos, inventando un dolor de estómago. Los encontré como siempre afuera de la iglesia, todos con sus motocicletas y sus chaquetas de piel, siempre con sus piropos obscenos y sus insinuaciones grotescas que había ignorado, hasta ese día.

Conocí a Ryan. ¿Recuerdas a Ryan? ¡Tienes que recordarlo! Alto y apuesto, con los fornidos brazos repletos de tatuajes. Me invitó un cigarro y yo le dije que a mi hermana Melissa le encantaría esa invitación. La gente comenzaba a decir que éramos hermanas. ¿Te imaginas? Ryan sonrió y después de expulsar otra bocanada de humo, me lo volvió a ofrecer su cigarro.

Fue asqueroso.

Llegué tarde a casa y mi madre preguntó el motivo. Le dije que tenía novio, y que ya no quería ir a los ensayos del coro. Tú te sorprendiste por el repentino cambio, ella me castigó. En secreto te hablé de Ryan, de cómo fumé mi primer cigarro y cómo se sentía el viento en el cabello al andar en su enorme motocicleta, te hablé de sus brazos fuertes y de lo suave que eran sus labios. Enloqueciste y yo lo sabía. Sabía que ibas a desear sentir lo mismo y yo solo lo permití.

Pasaron algunos meses, y tal como supuse, Ryan y tú se hicieron pareja. Tal vez creíste ganarme una vez más, pero tan solo era una trampa. Volví a recuperar poco a poco la atención de mi madre, cuando tú comenzaste a fumar y a beber. Casi no estabas en casa. Supuse que la basura al final termina siendo basura. No importa el color o el esmalte que se le ponga encima, al final siempre es basura. No había forma de cambiar tu desastroso destino. Hubiera sido igual si tus padres no hubiesen muerto o si mi madre no te hubiera adoptado en casa como a otra hija.

Todo se fue a la mierda.

No podía tener amigos en el colegio porque tú siempre resultabas más interesante, aunque en cuanto las notas, nunca pudiste igualar mis calificaciones. Luego robaste mi examen. Eso destruyó mi paciencia. Tenía que deshacerme de ti, de una vez por todas.

Metiste drogas a la casa. Lo supo la policía y la prensa, lo supo nuestra madre y eso fue lo último para nosotras. Ryan no era buena compañía para ninguna de las dos, pero lo quisiste, ¿cierto?

Todo volvió aquella tarde en el autobús, de manera silenciosa y apabullante. Nuestras miradas eran serpientes de fauces abiertas y cascabeles resonantes. Todos los sentimientos estaban a punto de emerger, algunos lograron salir de aquel agujero como el deseo de venganza, otros más como el de pedir perdón, permanecieron enterrados. Ninguna de las dos dijo algo... reservaríamos todas las palabras y explicaciones para la segunda y última vez que nos viéramos.

Recuerdo la sangre sobre tus diminutos pies y la cuerda en mis manos. 

Una de las dos tenía que morir. 



DOS



Me despedí por última vez, preguntándole a mi tía, si el prendedor color rosa combinaba con mi horrible vestido azul. Dijo que no importaba, pero me aseguré de hacer el énfasis correcto para cuando fuera necesario. Me lo puse en el cabello y me terminé de arreglar frente a ella.

Me llevé su bonito auto clásico, era una lástima destruirlo, pero bien valía la pena. Le daría fin a mi inútil vida y era necesario dejar mi última impresión en el mundo de una manera elegante.

Te odiaba Samantha Collins, y sin darme cuenta, te convertiste en una pieza importante para aquel macabro plan que comenzó a girar en mi cabeza después de volverte a ver en el autobús. No es que nunca hubiera planeado suicidarme, pero tú lo hacías todo tan tangible y significativo que, no titubie más.

Ciertamente pensé que todo había quedado en el olvido, incluyendote a ti; pero no. Todo seguía ahí.

Mi vida era un asco antes de ti. Solo quise corregir el error que la vida cometió conmigo. Me padre era un borracho y mi madre permitía todos sus maltratos e insultos. No le importaba mi dolor. Sus vidas eran tan insignificantes como la mía.

Fue hasta que te conocí que supe que existían las familias felices y las vidas perfectas. No conociste a tu padre y tu madre era un sol. Me hice tu amiga en la iglesia, supe fingir muy bien e insistí en que debíamos ser como hermanas. Tú aceptaste encantada y tu madre también. No vi mejor oportunidad de hacer mis sueños realidad. Entonces corté los frenos del automóvil de mis padres y luego todo fluyó de una manera sorprendente.

Me gané a pulso un lugar en tu mesa. Lloré por unos padres a los cuales nunca quise y logré ser tan perfecta y elegante como lo eras tú. No había diferencia.

Pudimos ser felices pero a ti no te pareció que tu propia madre llegara a quererme más a mí. Intentaste distraerme con tus estúpidos ensayos en el coro mientras te besabas con el asqueroso de Ryan, afuera de la iglesia, pero él a mí nunca me interesó.

Era tan injusto que teniéndolo todo, lo echaras por la borda, mientras yo tenía que luchar y pelear contra el destino para ser feliz; pero mis esfuerzos fueron en vano. Te las arreglaste para destruirme, Ryan lo hizo por ti. Ahí es donde supe que para que una de las dos pudiera ser feliz, la otra debía morir.

No me importó estar rota, no me importó el daño, continué como un animal herido para aferrarse a la vida. Estudié mucho para ese examen, necesitaba graduarme y tener una oportunidad en la vida. Sin embargo, una vez más, me hiciste quedar como una mentirosa. Dijiste que te robé ese examen... y luego, para darme el toque de gracia, inventaste lo de la droga en mi mochila, cuando fuiste tú y tu novio Ryan los que planearon todo.

Se había acabado todo para mí. Pensé que moriría en cualquier momento... pero no. Tuve que ser yo la que terminara con mi propia vida, porque el destino era tan cruel que no me dejaba morir en ninguna de las veces que lo intenté. Ni con los cortes en las venas o los frascos de pastillas.

Entonces el plan surgió en el autobús. Podría acabar mi vida por primera vez y recuperar de nuevo la tuya, como siempre debió ser. Debía corregir el error que cometió la vida conmigo.

Arrastré tu cuerpo hasta el automóvil de mi tía, tu sangre manchó mis pies. Te acomodé con esmero en el asiento y al punto del barranco, puse el prendedor rosa en tu cabello y quité el freno de mano. El auto derrapó y por la acción de la gasolina y el impacto, todo se hizo fuego.

Esperé que se consumiera el auto, la llamarada se reflejaba fulgente en mis pupilas, pero debía asegurarme de que encontrarían mi cadáver. Mi tía Martha ya me había reportado como desaparecida, tenía que encontrarme. Llevé tu cadáver que al cabo de dos días, ya era irreconocible, depositándolo frente al tribunal de justicia y justo después volví a tu casa.

Tu madre continuaba amordazada a una silla. La saludé y le di un beso en la frente. 

Sería mi madre después de todo. 



FIN

18 de Setembro de 2018 às 04:00 2 Denunciar Insira 11
Fim

Conheça o autor

Aria Ravelo Escribo porque no encuentro otra forma de vivir sino a través de otras historias y otros mundos, mis mundos. Escribo lo que me gustaría leer y de la mucha locura que hay en mi cabeza. Escribo porque me apasiona y porque no hay nada mejor que ver realizados tus sueños al escribir el FIN de cada uno de ellos. Son muchos, demasiados y los vivo uno a uno, porque al escribir no solo los puedo cumplir todos, sino porque yo soy la que siempre puedo cambiar el FINAL.

Comentar algo

Publique!
Dayna Cruz González Dayna Cruz González
muy buena historia, sigue asi
22 de Dezembro de 2018 às 20:53
Ana Julia Ana Julia
Que genial final ❤️ Aunque ella misma se destruyó en el proceso.
5 de Outubro de 2018 às 05:36
~