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Dante maldecía el frio del norte al mismo tiempo que a su lengua y a su amigo Darío, con el que había crecido en las estepas del sur, un lugar siempre verde y caluroso, con grandes terrenos de pasto verde y largo para los caballos, grandes montañas nevadas en cuya base rugían los hornos de fundición de las ciudades del sur, grandes lagos donde podías pescar y vivir, ese era el hogar de los hombres del sur, amos de los caballos, de la caza, de la minería y la guerra, eso fue hasta que los atraparon robando un caballo juntos, eran dos opciones a elegir; morir desmembrados por caballos o unirse a las filas de la Ciudadela, la capital del imperio del norte como tributo, de eso ya 10 años, era un hombre alto, con pelo corto y una barba larga, tez morena y ojos negros, no tenía tanta musculatura como otros hombres pero eso no lo hacía carecer de fuerza . Junto a él estaba Darío riendo mientras vigilaba el horizonte, Darío era más pequeño que Dante, pero su estatura era compensada con su musculatura mucha más masiva y marcada, su tez era blanca tenía el pelo rubio y ojos verdes. El muy idiota había robado un tarro de cerveza de las despensas del fuerte, sin decirle a Dante, cuando lo descubrieron Dante hablo de más.

-Él no fue señor yo lo conozco y ha estado junto a mi toda la tarde-Dijo Dante al capitán Kenan, él era el capitán del fuerte era un hombre alto de pelo largo y castaño siempre vestido con una armadura bien pulida y una capa blanca la cual daba a conocer su rango.

-Ah, sí -dijo el capitán Kenan, -yo creo que los dos robaron esa cerveza y se están respaldando entre sí. ¿Mel, que hacemos con los que roban en este fuerte?

Mel era el hijo del capitán, un chico de no más de 17 años, con cuerpo pequeño pelo corto y rojizo y ojos café, vestía con una armadura ligera completa de cuero endurecido, cubierto con una capa purpura de los hombros hasta los pies. El muchacho con vos firme, pero algo chillona dijo;

-A las celdas señor, luego un juicio donde la más probable sentencia sea la muerte o cavar letrinas por algunas cuantas temporadas, señor. -una sonrisa santurrona se asomó en la cara del muchacho.

Dante miro al chico y a Kenan y pensó en acelerar las cosas, ya que los iban a matar sería mejor desquitarse con los dos, pero antes que hiciera algo, su amigo Darío interfirió tomándolo del antebrazo y caminando unos pasos por delante de él.

-Fui yo solo, señor, mi amigo aquí presente no tuvo nada que ver yo me escabullí por un momento a robar la cerveza para tomármela junto a él entrada la noche, pero como ve, me descubrió antes, si va a castigar a alguien que sea solo a mi…señor.

Kenan levanto una ceja y miro de pies a cabeza a los dos sureños. -Bien estamos lejos de la ciudadela y no tenemos recursos para alimentar a dos prisioneros, ni tiempo para enjuiciarlos, pero aun así merecen un castigo ejemplar.

Como castigo los dos tendrían turnos completos de vigilancia en el muro norte del fuerte todo el día y toda la noche, solo abrigado con su armadura y una capa gruesa de piel de oahg.

Ya hace tres días, Dante y Darío resguardaban el muro norte, un criado le llevaba algunas porciones de pan y algo de vino solo descansaban para mear o defecar y apenas dormían. Justo esa noche había un frio que congelaba hasta los huevos, cosa que Dante odiaba, pero al parecer a Darío no, ya que tenía una sonrisa en la cara.

- ¿De qué te ríes pedazo de idiota? -Dijo a Darío cubriéndose el cuerpo con la capa.

-De nada…solo que de pequeños yo era el que hablaba por los dos cuando nos metíamos en problemas, tú… bueno tú eras el que tomaba su espada y tajeaba a diestra y siniestra cuando estábamos atrapados muchacho-dijo Darío acercándose a Dante.

Desde niños Darío era el cerebro y Dante la fuerza, no era que Dante sea un tonto, pero la vida era más fácil si alguien pensaba por ti y tu solo actuabas, ni que Darío fuera dedil, pero a él se le daba más la conversación.

-Serás imbécil, crees que le iba a abrir el cuello al comandante por eso, aunque admito que la idea pasó por mi cabeza al mencionar que nos podían matar, debí callarme y ver cómo te azotaban y te enjuiciaban.

-Si debiste, amigo mío, pero al menos estamos juntos en esto, y con este frio suerte tendremos si tu arco y mi rifle no se congelan antes que terminen nuestras guardias.

-Maldito imbécil déjate de bromas y vigila, dormiré un poco, es lo mínimo que me debes, al menos me lo debiste mencionar o algo.

- ¿Para qué me detuvieras?, no mi amigo, ya no eres el ladrón de doce que atraparon en las estepas. Eres un soldado del imperio, no digo que sea malo, a mí también me gusta serlo, pero todavía me queda algo de sureño en las venas y no aguante la tentación de esa cerveza…jajajaja, lo siento muchacho solo ve a dormir un rato acurrúcate junto al fuego de la antorcha, yo vigilo si viene alguien.

Dante no dijo palabra alguna, ya no quería discutir, se acercó a una pared de la torre donde estaban los dos y se tapó el cuerpo entero con su capa, no tardó en quedarse dormido.

<<Cabalgaba en un caballo casi rojo, soló sostenido de su crin, no podía ver el suelo, ni su alrededor, la única luz que brillaba era su espada, la única espada que ha tenido en su vida la de su madre, brillaba blanca, fría y luego roja>>

Los disparos y gritos de Darío lo despertaron ,dos grandes estruendo seguidos, junto con la alarma, todavía estaba medio dormido cuando Darío le dio una patada y le gritó-¡DESPIERTA IDIOTA DESPIERTA!-Al ver la cara de Darío, la misma cara que no expresó miedo nunca, ni cuando llegaron a la ciudadela ni al estar amenazados de muerte, con un miedo inexplicable, Dante se incorporó y observó a donde se dirigían los disparos, una horda de mutantes se dirigía corriendo desde el bosque oscuro hacia el fuerte ,todo rastro de sueño se acabó enseguida

- ¡¿De dónde mierda salen esas cosas¡?-dijo Dante tensando su arco de luz-<<tensa espera que cargue y dispara, ¡repite! le gritaba el instructor en su mente>>

Un haz de luz atravesó el campo hacia los atacantes seguido de una explosión roja, a medida que pasaba el tiempo más soldados se incorporaban y disparaban hacia el enemigo, el capitán Kenan apareció subiendo la escalera junto a su hijo,-¡RIFLES DISPAREN A TODO LO QUE SE MUEVA, ARQUEROS DISPAREN HACIA SUS FILAS DE ATRÁS!-De apoco largas líneas de luz comenzaron a volar desde el fuerte seguidos de explosiones, eran pocos, no muchos soldados eran calificados para usar un arma tan peligrosa como lo era el arco de luz, era efectivamente un arco con armazón de algún tipo de metal muy flexible y liviano, los artesanos de la ciudadela ,guardaban en secreto la manufactura de estos, solo un artesano podía recrear tan mortífera arma, además sus cuidados y forma de disparo eran bastante complicados, entre los soldados calificados estaba Dante. La fría noche se llenó de disparos de rifles y de arcos, pero los mutantes no retrocedían, seguían saliendo del bosque horda tras horda de ellos.

- ¿¡Esas cosas son lo que creo que son Darío?!<<tensa espera que cargue y dispara>>

- ¡No lo sé muchacho, no pueden ser esas cosas se extinguieron!

-Pues creo que no les gusta estar extintas.

- ¡Retrocedan a la muralla de piedra, prendan fuego al pozo, si nos quedamos aquí moriremos! -gritaba Kenan mientras disparaba su revolver antiguo.

A Dante no se lo debían repetir dos veces tenso una última flecha y disparo, la explosión alcanzo a un mutante que ya se acercaba demasiado, un soldado al cual Dante no conocía cayo atravesado por una púa en su rostro- ¡muévete muchacho! -grito Darío. Los dos saltaron desde lo alto de la muralla, no había tiempo para las escaleras, corrieron hacia la muralla interior, mientras se escuchaban disparos, explosiones, púas golpeando la madera del muro y el fuego del pozo, entraron por la puerta principal del fuerte interior y subieron por la muralla. Los dos observaron cómo varios soldados morían mutilados en la muralla exterior intentando bajar de ella y otros corriendo por el patio hacia el interior, pocos entraron por la puerta entre ellos Kennan y su hijo- ¡Séllenla ahora! -El estruendo de las puertas de hierro no se escuchó, aun había hombres corriendo hacia el interior de la muralla, pero esas cosas no podían pasar.

-Esas cosas no pueden ser mutantes Darío, desde los tiempos de la gran luz no se habían visto.

-Pues si no lo son, tal vez sean demonios, a mí no me importa solo mata a esos desgraciados.

Pocos arqueros llegaron al reducido espacio de la muralla interior de no más de 500 metro cuadrados, pocos disparos de luz y pocas explosiones, los soldados con rifles tampoco corrieron mejor suerte, de una guarnición de 500 hombres menos de 100 alcanzaron la muralla- ¡sigan disparando que no se acerquen a la muralla! -grito Kennan. Poco podía hacer tan reducido número de soldados, pero nunca dejaron de disparar.

-Vamos a morir aquí -murmuro Dante mientras disparaba las flechas.

-Si probablemente amigo mío, me gustaría poder decir que fue una buena vida, pero no lo fue.

-Acaso nunca te callas amigo -Una sonrisa triste apareció en los labios de Dante<<tensa, espera que cargue, dispara.>>

-Nunca lo hice y menos ahora que moriremos.

Los mutantes ya estaban debajo de la muralla, era más alta que la de madera pero Dante dudaba que eso fuera impedimento para esas cosas-¡desenvainen!-grito alguien, Dante no sabía quién fue pero no era el capitán, desenvainó su espada y su hacha de su cintura<hora de morir>se llevaría algunas de esas cosas antes de morir .Darío estaba aún disparando hacia abajo, cuando le llego una púa en el hombro-¡mierda!-grito, mientras se la sacaba con la mano, uso la misma púa para clavársela a un enemigo que subía por la pared, luego desenvainó su espada. Dante no se podía preocupar de su amigo los mutantes ya estaban casi encima de ellos, escuchó como uno subía por el muro y asomaba su enorme cabeza, tenía unos ojos amarillos, un hocico enorme y dientes afilados, él hacha de dante se incrustó entre medio de sus ojos ,apareció otro y luego otro, se lanzaron sobre él, Darío atravesó a uno con su espada y Dante le corto la cabeza a otro, Dante tenía miedo pero su cuerpo se movía solo, intentando ganar una pelea que no podía tener otro resultado posible, él muerto. Uno tras otro aparecían más mutantes y uno tras otros caían ante las espadas y el hacha de los dos soldados, en un momento Dante estaba tan enfrascado en la pelea que no se dio cuenta que era el único peleando, los mutante retrocedieron, y tan rápido como aparecieron ya no estaban, un alivio se apodero de Dante al ver que seguía vivo pero esa sensación desapareció enseguida puesto que Dante divisó a Darío, en un charco de sangre negra rodeado de mutantes muertos- ¿estás bien amigo?-Los ojos de Darío no tenían luz, estaba pálido y tenía una gran mancha de sangre en su pechera, una lágrima se asomó en los ojos de Dante, su amigo estaba muerto, y él lo estaría pronto, un enorme mutante lo quedo observando, este tenía los ojos rojos, sé acerco lenta mente hacia Dante, de su muñeca apareció una enorme púa, con rapidez levanto el brazo y rugió, nunca quitándole los ojos de encima, disparo una púa, una punzada de dolor atravesó a Dante, el brazo izquierdo del hacha ya no le respondía, el mutante rugió de nuevo ahora casi riendo, una nueva púa apareció en su muñeca mientras se acercaba más y más, esta vez no lanzó la púa, en cambio movió su brazo hacia atrás dispuesto a atravesar a Dante, pero este le clavo la espada en el tórax, la bestia gimió y callo sobre él, la espesa sangre negra del monstro le llenó la cara, la herida, el cuerpo y los ojos, sólo podía ver los verdes prados del sur su último y más amado recuerdo.

4 de Agosto de 2018 às 05:16 0 Denunciar Insira 1
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