¡Auxilio! ¡Me casé con un gato! Seguir história

captainleon CharmRing

Katniss odia a los gatos, pues que mal porque ahora el karma le va a morder el trasero. Sin tener otra opción, tratará de huir al Distrito 13, lo malo que se pasó de largo y llegó al Distrito 14


Fanfiction Livros Todo o público.

#critica #katniss #juegos-del-hambre #bolivia
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La valla electrificada

¡AUXILIO! ¡ME CASÉ CON UN GATO!

Capítulo 1: (por definir)


Katniss Everdeen, también conocida por la gente del distrito doce como: “cuasi rayita pero tampoco Mary Sue”, es una jovencita muy alegre que siempre piensa lo mejor de las personas y tiene un don especial para hacer amigos, de hecho, parece la versión humana de un pony de… este, ¡la mujer que hizo Mi pequeño pony, la magia de la amistad! Creo que se llama Larifustachi o algo así.

La chica iba muy contenta después de seguro tener una reunión con sus innumerables amigos y amigas, que sin asomo de duda deben alabar su gentil y viracha personalidad.

―¡Ah, me quiero morir! ¡Por qué la gente sigue insistiendo en hablar conmigo si a mí no me da la regalada gana! ¡Además, no se supone que debería ser yo la que relata esta historia! Ya saben, mi sello es escribir en primera persona.

―Pero si haces eso, se van a tener que inventar montón de buenas escenas para una futura película ―digo yo, el narrador, aka. Capt. león.

―¡Me vale un cacahuate! ―grita Katniss, cuando se le ponen los ojos saltones.

»!Hijo de tu madre! ¡Deja de editar mis insultos, no iba decir cacahuate, iba decir…!

»¡Lo estás haciendo de nuevo!

―Perdóname Katniss, pero mientras estemos en el Doce o cualquiera de los distritos pertenecientes a los libros, seré yo el relator y me reservo el derecho de editar…

―¡Vete a la casa de tu abuela! ―rugió Katniss, presa de la frustración porque de nuevo Capt. leon, le editaba los insultos.

»Te crees muy grandioso porque puedes lamerte la entrepierna, pero ni sabes escribir gato. León es una palabra que tiene acento diacrítico.

―Katniss, es un anagrama, por lo tanto, no tiene acento, y te repito, mientras estés en cualquiera de los distritos…

―Entonces mejor me salgo de los distritos y así puedo hablar como me dé la regalada gana.

―¡Miau, no hagas eso que ni la autora ni nadie todavía ha hecho un universo expandido de esta saga de libros, te vas a caer en el abismo de la vacuidad blanca, nya!

―Me vale un Buttercup, de todas formas lo voy a intentar.

―Epa, no seas así, no digas cosas hirientes. ¿Qué tal si te permito narrar en primera persona, eh?

―Vale, pero de todas formas me voy de aquí.

―¡OH, NYOOO!

.

.

Supongamos que lo de arriba es el prólogo, ¡OK!



¡AUXILIO! ¡ME CASÉ CON UN GATO!

Capítulo 1: La valla electrificada


Firme en mi decisión, decidí salir del distrito doce. Lo primero que debía hacer era traspasar la valla electrificada, una tarea fácil, puesto que esta ni estaba electrificada ni era muy alta, es más, ni siquiera tendría que escalarla ya que conocía un lugar, un orificio por donde podría salir e internarme en el bosque.

No me imaginaba que mi cruel carcelero gatuno tuviese uno que otro as en la manga… Esperen un momento, creo que esa no sería la expresión correcta ya que los gatos ni tienen mangas, bueno, da igual.

―El orificio de la cerca desapareció ―dije en voz alta.

Un cartel con letras rojas se hallaba un poco a la izquierda.

“Cerca electrificada marca Donald Trump. Ahora las hacemos a prueba de fallas. Un corazón, un muro”.

No me había dado cuenta, no sólo era el hecho de que la valla electrificada tenía, valga la redundancia, electricidad, sino que ahora era muy alta. Escalarla sería un reto si de alguna forma esta no contuviese los mortales voltios.

Arrojé una rama y vi que pese al anuncio, no había nada de corriente eléctrica en el “muro Trump”.

«Políticos, siempre incumpliendo sus promesas», pensé.

Como no ganaba nada papando moscas, decidí empezar de una vez. A media escalada, un hombre con sombrero fedora, una niña de unos trece años más o menos y un niño más pequeño (supongo una familia), me inquirieron con premura.

―Oye, ¿segura que la energía no volverá pronto?

―Tranquilos, tengo olfato para esto. Si quieren escapar, este es el momento.

Los tres intercambiaron miradas y me imitaron en la escalada.

Fui la primera en llegar a la cima y la primera en pisar el otro lado de la alambrada, me siguieron el hombre y la niña al poco rato, sin embargo, el niño pequeño se quedó en la cima y debido a la altura, ya tuvo miedo de bajar al otro lado.

Los otros dos y mi persona, le animamos a bajar. Motivado por nuestras palabras, el pequeñín decidió descender. Por desgracia, varias luces de aviso se encendieron, dando a entender que pronto regresaría la corriente eléctrica a la valla.

Faltaba mucho para que el niño llegase al suelo así que decidió saltar a la cuenta de tres, sin embargo, justo cuando iba a saltar, la electricidad regresó y expulsó al pobre niño como si fuese una patata en un cañón de papas.

―¡Doctor Grant! ―chilló la niña.

―No te preocupes Lex, le daré respiración artificial.

Por fortuna el hombre pudo salvar al niño, pero en eso, un enorme T-Rex atravesaba la valla electrificada como si nada.

«Katniss, más vale decir aquí corrió que aquí quedó», pensé, y corrí como nunca lo hice en mi vida.

Una extraña mujer corría a mi lado, tenía rostro bonito y cuerpo de esqueleto en el día de los muertos en México. Y digo extraña, ya que la huesuda pelirroja imprimía carrera llevando un par de zapatos finos de tacón alto.

Ni que decir que uno de los tacones se rompió y la mujer se tropezó.

―¡Claire, no! ―grita alguien al mismo tiempo que escucho como el dino se merienda a la del tacón alto.

«Mejor ella que yo», pienso, mientras apuro la carrera para internarme en el bosque, rezando a todos los dioses caprichosos de los reality shows para que me amparen en mi huida del distrito del carbón.

CONTINUARÁ…

2 de Agosto de 2018 às 12:57 0 Denunciar Insira 0
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