Al borde del crepúsculo Seguir história

mariarojas María Rojas

Los crepúsculos llenos de esplendor y color de la ciudad de Barquisimeto, liberan una extraña magia la cual trae consigo retorcidas formas que deberían permanecer ocultas. Bellos atardeceres que engendran horribles pesadillas. Si puedes ver esas manifestaciones, cuidado con las sombras. Tal vez llegues a encontrarte con tus propios deseos… o demonios. En este libro se presenta una serie de cuentos con un tema en común, espero lo disfruten.


Suspense/Mistério Impróprio para crianças menores de 13 anos.

#Payasos #crueldad #asesino #371 #ciudad #Barquisimeto #alquitrán #sombra #culpa #drama #espectros #376 #relatos #maldad #emociones #239 #245 #crepúsculo
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Expiación

Avancé hacia la acera y me senté contra la pared de una panadería a observar las nubes, alejándome del trayecto de los vehículos y rutas. A esa hora el cielo estaba inundado de cálidos colores, convirtiéndose en un paisaje digno de ser observado; sin embargo, pocos comprendían el verdadero significado del crepúsculo. La magia desconocida que albergaba.

Un extraño sentimiento se apoderó de mi cuerpo. El espectáculo hacía vibrar mi corazón, pero mis nervios enviaban sensaciones muy distintas al deslumbramiento por el resto de mi organismo.

Las voces fueron y vinieron por todos lados; los motores y los bocinazos de los autos desaparecieron con rapidez por la Vargas. A pesar de la conmoción, mi atención estaba enfocada sobre pequeños y grandes charcos oscuros que se desprendían y eran dejados atrás por los apresurados transeúntes. Los rayos del sol fueron disminuyendo y las sombras abandonadas comenzaron a burbujear de forma inquietante, anunciando el inicio de la libertad.

Su libertad.

Las personas continuaron avanzando frente a mí sin observarme, ignorando la ropa andrajosa y los ojos opacos; sin ver las figuras amorfas que nacían de las sombras humeantes, pasando a su lado como si no estuvieran ahí.

Nadie más que yo podía ver esos monstruos que se alimentaban del dolor.

¿Sería una bendición o una maldición? ¿Estoy enferma por ver cosas que nadie más puede percibir? ¿No sentir miedo de las figuras, que crecían de charcos similares al alquitrán, estaba mal?

Cuando el sol se desvaneció, las calles ya estaban repletas de criaturas deformes imposibles de invocar hasta en las peores pesadillas, difuminándose entre las personas que todavía permanecían allí. ¿Sienten algo por si mismas? ¿Les duele ser dejadas en un lugar tan sucio? ¿Sus dueños sienten la pérdida de estas emociones corrosivas?

Con el atardecer de Barquisimeto, salían a mostrarse… a exteriorizar lo que vivía dentro de sus anfitriones.

Es tu culpa.

Cuando las personas y los automóviles se redujeron visiblemente, me levanté y comencé mi viaje de penitencia, dejando atrás los billetes que me habían lanzado unos pocos que se creían bondadosos. Ocultándome de las luces de los postes, caminé sigilosa; yo no era estúpida, conocía el peligro al que me estaba exponiendo al encontrarme sola y desprovista de protección a esas horas.

No buscaba ser herida, violada o asesinada, quería recibir lo que me merecía.

Es tu culpa.

La avenida se hizo larga por mis pasos temblorosos y las constantes vueltas de mi cabeza para observar el ambiente en que me desenvolvía. Respira y continúa, me dije, pero unos aterradores gemidos ahogados en desesperación me detuvieron. Bajé mi mirada pausadamente y pegué un respingón al observar una figura humanoide manchada con el líquido oscuro, reptando como un gusano. No poseía brazos, ni piernas. Impotencia.

El ser mutilado era el sentimiento más visto en esta época de corrupción y hambre. Elevé la mirada evitando transmitirle pena, nadie merecía ser visto con lástima.

Es tu culpa.

Bestias de muchos rostros distintos y sin manos se pasearon junto a mí cruzando la avenida. Hipocresía. Pequeños seres que atacaban a otras criaturas manchadas, chillando con enojo. Envidia. Lloriqueos, que amenazaban con destruir mis tímpanos, provenientes de una forma retorcida y cortada a la mitad. Mal de amores.

Emociones. Sentimientos. Deseos. Todos vagan por la avenida.

Un grupo de hombres al otro lado de la vía rieron a todo pulmón y asustada de lo que veía, me oculté detrás de un quiosco. Temblé y gimoteé deseando haber pasado inadvertida, no todas las noches me encontraba con seres humanos que arrastraban al payaso esquelético, de risa enloquecida y manos de cuchilla. Maldad. Eran asesinos.

Aliviada, escuché como las voces bajaban su intensidad y corrí sin parar a la redoma. Necesitaba ampliar la distancia que había entre esos monstruos y yo.

Me detuve agotada en los escalones de la fuente y esperé sentir un poco de alivio por estar sentada junto a la imagen de la virgen. Sentirme a salvo. Fue inútil, solo creía en lo que veía y ahora estaba rodeada de bestias sin extremidades.

Para mí nada podía llegar a ser más real que esas sombras, ellas demostraban su existencia.

Sollozante y cansada, seguí mi procesión mientras el cielo centelleaba y los truenos resonaban con fuerza. La lluvia no tardó en caer, cubriendo mis lágrimas y silenciando el gimoteo acompañado de palabras balbuceantes que habían marcado mi camino desde el inicio.

Es tu culpa. —Siguiéndome de cerca me observaba una figura que parecía consumirse por el agua del cielo. Su rostro era alargado, con ojos caídos y boca torcida hacia abajo que no paraba de susurrar—: Es tu culpa.

Entre la lluvia, continué arrastrándome aunque mis helados huesos no lo soportaban. Falta poco. Ya no quedaba nada para llegar al cruce de calles en donde una noche mi curiosidad venció y cometí el peor error de mi vida.

Querer ver todas las noches a esos seres me ponía en peligro y no lo tomaba en cuenta, solo deseaba saber más sobre ellos. Sobre las bestias de la noche que nadie veía. Quise tantas cosas…

Es tu culpa —susurró frente a mí con su voz herida, a lo que yo rompí en llanto.

—¡Lo sé! ¡Lo sé! —Caí sobre mis rodillas, observándolo de frente—. ¡Lo sé! ¡Solo acaba conmigo! ¡Ayúdame a morir! ¡Por favor! ¡Tengo miedo! ¡Pero no quiero estar aquí! —Hice un movimiento para intentar agarrar la túnica que lo envolvía, pero me arrepentí a último momento—. Solo… por favor.

Sus manos goteantes se acercaron a mi rostro y sus uñas ennegrecidas intentaron tocar mi piel… su boca pareció sonreír a su imposible manera: —Es tu culpa, por eso estoy vivo.

La manifestación de la culpa se derritió con la venida del sol minutos después, dejándome sola y destrozada. Apreté mis puños y sollocé con más fuerza, golpeando el suelo.

Él nunca me ayudaría, amaba mi sufrimiento… le daba la fuerza que necesitaba para existir. Estaría presente todas mis noches para atormentarme. Cada crepúsculo volvería y yo caminaría, porque aunque yo suplicara y pidiera el fin… me lo merecía… cada castigo que cayera sobre mis hombros… me lo merecía.

Si mamá no hubiera salido… Mi madre nunca debió preocuparse por mí, nunca debió seguirme… Si no hubiera intentado protegerme de ese hombre… Si ella no hubiera recibido ese disparo… Si mamá no hubiera muerto… Si yo nunca hubiera visto nada… Tantos debió… Tantos hubiera… pero ninguno me la devolvería.

6 de Julho de 2018 às 00:00 2 Denunciar Insira 2
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J B Martins J B Martins
¡Hola! Wow, sólo quería decirte que me encantó este primer capítulo. Qué buena eres para describir la situación. Aunque, en mi imaginación, leí que todas las sombras y manifestaciones eran producto de su culpa. Fue fantástico. Me gustó. Estaré siguiendo tu historia. :)
25 de Julho de 2018 às 00:50

  • María Rojas María Rojas
    ¡Hola! Me hace muy feliz que te gustara este primer capítulo. Tu comentario me motiva a seguir adelante con este y otros proyectos. Saludos y muchas gracias. 25 de Julho de 2018 às 10:01
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