EL CÓDIGO NO ESCRITO Seguir história

daniel-tordo Daniel Tordo

A fines de la década de 1980, un grupo de delincuentes intentaron rescatar al jefe de una banda de piratas del asfalto, detenido en una comisaría de un tranquilo pueblo de provincia. Nadie se imaginó lo que acontecería.


Ação Todo o público.

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1.-La cita

     La primera cita fue en un bar cerca de la iglesia de Balvanera. Fue casi al mediodía de un día soleado pero frio de ese año, 1989. Eligieron una de las mesas que no daba a ninguna de las vidrieras. Pidieron a una moza vestida de negro, de pantalones ajustados y sonrisa fácil, dos cafés. Habían convenido entrevistarse y no referir mucho por teléfono, pues lo que se tenía que conversar era para decirlo cara a cara y que no quedaran dudas.

   Ella, antes de comenzar a hablar, miró si la moza ya se había alejado. De pelo largo teñido de un rubio oscuro, con lentes para leer, de entre 35 y 38 años de edad. El tipo era de contextura gruesa, canoso, de pelo corto, de semblante duro de unos 50 a 55 años de edad. La mujer profería ansiedad; el tipo, tranquilidad.

   -Mirá las cosas son así. Marcos tiene dos causas pendientes por robo agravado con uso de arma, en dos hechos lastimaron a un par de choferes, por el laburo de los camiones de aceite y uno está en estado vegetativo. Ponele, pena mínima, prisión perpetua hace ya un mes que está en esa comisaria de mierda y sabemos que las cosas vienen mal paridas. Por más boga que paguemos, de esta no zafa. Y además no sé si me voy a bancar de ir a visitarlo por siempre en una cárcel.- Dijo la Mujer-

   -¿Che y que juez tiene en las ultimas causas? Le dijo el tipo

   -El peor, ¡Miranda! Ese no arregla con nadie- Dijo ella.

  -Sacarlo de ese lugar, primero sabés que va a tener un costo. Tengo que llamar a mi gente de confianza para hacer una pequeña tarea de inteligencia previa y tratar que la extracción sea rápida y efectiva, sin mucho bardo en lo posible. También debemos planear varias vías de escape por si falla la principal. Quedate tranquila que te lo traemos sano y salvo. Sé cómo hacerlo bien y soy partidario que no hay que armar mucho kilombo y para ello se debe planear bien las cosas.- Dijo el tipo-

   -Me dijo que te contactara, porque sabés como lo podés sacar y además fuiste cana y entendés como funciona una taquería. Sé que vos me podés dar una mano. Te prometo que voy a llevármelo de toda esta mierda, muy lejos de aca y comenzaremos una nueva vida desde cero-

   Ella sacó de su bolso un pequeño envoltorio de plástico negro con veinticinco mil dólares americanos para iniciar el trabajo.

    Él, comenzaría de inmediato las averiguaciones de cómo era la comisaría donde estaba detenido y un sinfín de detalles para efectuar la operación de fuga de Marcos. Se comprometió que en menos de lo que ella esperaba recibiría un mensaje para reunirse.

   Este era un ex policía,  Guillermo Fernandez Pasador. Había sido sub oficial principal de la bonaerense y hacía cuatro años más o menos, lo habían echado de la fuerza tras haber protagonizado un confuso episodio mientras trabajaba. Una tarde efectuando un operativo de rutina en la zona de Grand Bourg, se encontraba a cargo de un piquete policial que tenía la misión de controlar el tráfico vehicular. De un momento a otro, un automóvil fiat 600 con tres jóvenes en su interior, no acataron la voz de alto para control, e intentaron arrollar a Fernandez Pasador, dándose a la fuga. De forma rápida, el policía extrajo su arma y efectuó un disparo que impactó al conductor en un pulmón y situándose el proyectil muy cerca del corazón. Quien lo quiso atropellar era el hijo del presidente de la cooperadora policial, comerciante muy influyente por esa época, que puso el grito en el cielo, acusándolo de una actitud negligente. De nada valieron sus años de servicio y su entrega al trabajo. Los padres del muchacho, que pudo restablecerse de su herida, hicieron eco de lo sucedido como un caso de gatillo fácil, a lo que la prensa compró sin miramientos. Al tomar estado público, sus jefes policiales y hasta el mismo juez de instrucción, le soltaron la mano.

    Estuvo detenido por exceso del uso del arma en la unidad penal de Mercedes un par de meses por este incidente y es en el mismo lugar donde lo conoció a Marcos en una de sus anteriores detenciones, con quien entabló una cercana amistad. “Vos pirata del asfalto y yo ex cana, que linda yuntita pa´ la foto hacemos! ¡Eso sí, yo con vos no salgo a laburar, he!” –Le decía Guillermo.

   Las hermandades y amistades de cárcel, muchas veces se transforman en la calle en vínculos fuertes. Marcos confiaba en Guillermo por esa afinidad casi de sangre, de haberse conocido en las malas, en el pozo y que el único que le garantizaba salir de entre rejas en ese momento era su amigo.

    El tiempo apremiaba, Marcos con su frondoso prontuario, se intuía que podría ser de peligrosidad y que luego de cumplido las etapas mínimas del proceso, era inminente que le decretase el juez el procesamiento con prisión preventiva, además del envío a una unidad carcelaria. No lo habían hecho desde el principio, porque al parecer, según su abogado defensor, no había cupo, y era solo una cuestión de tiempo. Por otra parte, tratar de sacarlo de una unidad carcelaria sería una tarea difícil, complicada, arriesgada y de la que no podía garantizar el éxito de la encomienda. Para ello, una de las recomendaciones a la esposa, fue que le pidiera al abogado defensor que tratase de retrasar ese fatídico traslado de alguna forma u otra con algún vericueto legal.

   Transcurrido tres días, la mujer de Marcos recibió una llamada. “Marta, mañana nos vemos en el lugar anterior, once treinta”.

    En tiempo récord había trazado un plan y averiguado lo necesario. 

19 de Agosto de 2018 às 23:49 0 Denunciar Insira 2
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