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agustinquinteros AGUSTIN QUINTEROS

Thiago Martínez, un chico de 19 años, misteriosamente desaparece por la medianoche. El papá, el detective y la mejor amiga de Thiago, harán lo imposible para encontrarlo.


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Desesperación

Capítulo 1


Esta mañana es diferente, es más fría de lo usual. Confieso sentir un vacío abrumador en el ambiente.

« ¿Será porque es domingo o por la ausencia de mí hijo? » especulé.

Hace ya tres meses que Thiago vive conmigo y todas las mañanas, sin falta, desayunamos juntos. Esta es la primera vez que me “abandona”. Ahora que recuerdo, sé que me dijo algo ayer por la noche, pero no logro recordar qué fue.

― ¿Por qué me habla siempre cuando estoy dormido o a punto de acostarme? ―rezongué en voz alta mientras untaba mermelada de durazno sobre mis tostadas.

Es extraño lo que está sucediendo, siempre que Thiago sale con sus amigos a la noche, al otro día a primera hora está en casa para compartir un desayuno conmigo. Es casi una falta de respeto que no esté para tomar unos mates con su padre. Pero, aunque nunca se lo haya dicho, me llena de alegría compartir el momento de la mañana con él. Son de esos recuerdos que van a quedar para siempre entre un padre y su hijo.

En todo este tiempo que Thiago estuvo acá, jamás le pregunté porque vino a instalarse y no siguió en lo de su madre. Sé que Carolina es un poco difícil de sobrellevar en la convivencia, eso lo sé muy bien, pero « ¿Qué fue lo que pasó para que quisiera estar conmigo? » Thiago no es muy de contarme sus problemas, si es que los tiene, yo tampoco le pregunto. Ni siquiera sé si tiene una opinión con respecto al divorcio, ese tema no se nombra. Obviamente conozco muy bien sus sueños y metas, que es lo que quiere para su vida, pero mi hijo, en general, es reservado, por lo menos conmigo. A pesar de ser así, es un chico con una fuerza de voluntad envidiable.

Cuando terminó el colegio, se empecinó en encontrar un trabajo y a las semanas lo consiguió. Este mismo junio se cumple dos meses que está en el local de ropa. Posteriormente, con el dinero de sus dos sueldos y un poco de mi ayuda, pudo comprarse su primera moto. Con respecto al estudio, todavía no sabe qué carrera seguir. Siempre le dije que se tomara todo el tiempo del mundo para estar 100% seguro de lo que quiere estudiar el día de mañana.Sé que él está feliz y está muy bien acá en mi casa. Lo sé porque lo veo. Anteayer me contó que estaba ansioso de incursionarse en la escritura. Que mi hijo sea escritor como yo es la gloria. Por fin voy a poder compartir mis relatos e historias con él, debatir sobre qué tipo de narradores usar, ser un “escritor de brújula” o ser un “escritor de mapa”. Voy a poder decirle cual es mi secreto para crear personajes realistas. Ya no veo la hora de compartir el mundo de los libros con Thiago. De hecho, ya preparé unos libros para ofrecerle cuando vuelva.

El reloj marcó la una de la tarde y me sentí de pronto intranquilo. Thiago sigue sin aparecerse por casa. Le mandé mensajes, pero se marcan con una tilde de salida, posiblemente, se quedó sin datos. Le mandé varios mensajes de texto, lo llamé tres veces y en todas las llamadas el celular da como apagado.No me parece para nada normal que su última conexión de WhatsApp sea ayer a las 00:24 hs.¿Se habrá quedado dormido en la casa de su mejor amigo Maxi y luego habrá ido a lo de su madre a desayunar o almorzar? No sé.Tengo la angustiante sensación que algo malo está ocurriendo.Descolgué el teléfono de línea y decidí llamar a mi ex esposa.

―Hola Carolina ¿Cómo estás?―Dije con voz temblorosa.

― ¿Por qué me estás llamando Mauro? ―respondió con un tono despectivo.

―Llamaba para preguntarte si estaba Thiago con vos porque ayer salió y todavía no volvió a casa.

― ¿Cómo que no volvió? Acá no está. ¿A dónde se fue? ―preguntó con desesperación.

―No lo sé, por eso te pregunto. ¿Tenés el número de alguno de sus amigos? Tal vez esta con Maxi o con Victoria ―titubeé.

―Si, si…los tengo… ¡Ahora los voy a llamar yo y a averiguar qué está pasando!―por su voz detrás de la línea, noté que estaba impaciente y nerviosa.

―Está bien, tranquilízate, seguro esta con alguno de ellos, averigua donde está, pero no le des un sermón cuando des con él, solo decile que venga a casa y que avise la próxima vez.

― Espero que tengas razón, porque si no…―respondió amenazadoramente y colgó.

Estaba intranquilo, pero al mismo tiempo quise transmitirle a mi exesposa la calma que no tenía, pero no funcionó. Pasó media hora hasta que por fin sonó el teléfono y atendí.

― ¡Ninguno de los amigos de Thiago saben dónde está! ¿Qué mierda está pasando? ¿Te dijo a dónde iba? ¡Yo sabía que no tenía que irse de acá! ¡Yo sabía!―dijo en un tono muy agresivo.

― ¿Cómo que nadie de sus amigos sabe dónde está? Ayer me dijo que salía, pero…pero no me acuerdo qué fue lo que me explicó exactamente.

― ¡Sos un pelotudo! Nuestro hijo desapareció Mauro ¿entendes eso? Necesito que recuerdes que fue lo que te dijo Thiago, ahora.

― ¡No me acuerdo Carolina, no me acuerdo! ―Si se enterara de que ayer justo antes de acostarme había tomado un par de cervezas en su nombre y que por eso no me acordaba, me asesinaba. Procuré no mencionar nada de eso―.Creo que va a ser mejor que vaya con el auto a dar un par de vueltas a ver si lo encuentro. Voy a preguntarles a los vecinos si lo vieron también.

― ¡Hace lo que tengas que hacer, pero hacelo ya! Avísame urgentemente si averiguas algo. Yo voy a llamar a mi hermana y a mi mamá, espero que este con ellas porque si no está con ellas voy a hacer la denuncia ―aseguró Carolina.

―Si, si… ¡Lo voy a hacer ahora mismo! ¿Está bien? Yo también voy a llamar a mis viejos para ver si saben algo ―Contesté desesperado y angustiado por lo que estaba sucediendo y colgué sin despedirme.

Cerré mis ojos con fuerza y sacudí mi cabeza como negando la realidad.

«No puede estar pasando esto» recapacité con recelo. El nerviosismo se apoderó rápidamente de mi cuerpo. Tomé las llaves de mi auto como pude, mi mano temblaba como nunca. Salí rápidamente sin verificar si cerré la puerta de mi casa o quedó arrimada. Me subí al Corsa y emprendí la búsqueda por todo el barrio. Sentía como el frío iba impregnándose en mis huesos y en las calles vacías. Cada vez que escuchaba una moto, frenaba de golpe y mis ojos se abrían de par en par tratando de averiguar de dónde provenía el sonido. De pronto, pasó por el costado del auto, una moto de color rojo como la que tiene Thiago. El tipo tocó la bocina varias veces y me insultó de forma frenética mientras se alejaba a toda velocidad echando humo. Mi reacción fue tardía, comprendí después de varios minutos, que me encontraba en medio de la calle. Me corrí hacia un costado y puse las balizas. Necesitaba aclarar mi mente, lo que estaba aconteciendo.

Perdí la noción del tiempo. No sé cuánto tarde dando vueltas y vueltas por las manzanas del barrio buscando a Thiago. No está por ninguna parte y siento que es mi culpa, si no hubiese estado ebrio no estaría pasando esto. Ya sabría dónde o con quien estaría. Mi mente se esfuerza en recordar cuales fueron las palabras exactas, pero no hay caso, no puedo.

― ¡¡La re puta madre!!¡¡La re puta madre!! ―grité mientras le pegaba al volante con mis puños.

Concluí que tenía que volver y preguntarles a mis vecinos sobre Thiago.

Percibía como mi corazón latía a una velocidad estremecedora y como iba emergiendo la transpiración de mis manos. Evidentemente, no estaba con la mente clara. La desesperación se adueñó de todo lo que me rodeaba. Llegué a toda velocidad a la entrada de mi hogar. Apagué el motor, salí del auto y empecé a tocar puertas. Todos, con tono de preocupación y pánico, me respondían lo mismo “No, no sé nada de tu hijo…pero ¿Qué paso? ¿Cómo que no aparece?” A todos les respondía con algún gesto para luego irme en completo silencio a tocar el timbre en la siguiente casa. No sabía que responder, desconocía las razones, los porqués de la desaparición de Thiago. Luego de preguntar en varias casas, en el dúplex de enfrente, justo salía Sergio, el vecino fanfarrón del barrio. Me acerque hasta él y sin soltar ninguna palabra de mi boca, me preguntó:

― ¿Paso algo Mauro? Te notó un poco nervioso ―indagó al verme en mi estado de agitación pura.

― No encuentro a mi hijo, Sergio, por eso estoy nervioso. No me contesta los llamados ni los mensajes ―le contesté de forma directa y tajante. Mi respuesta silenció por un instante a mi vecino. Luego de tragar un poco de saliva, reanudó su indagación:

― ¿Cómo que no encontrás a Thiago? Pero Mauro, seguro Thiago está con alguna “amiguita”, vos sabes a que me refiero…déjalo tranquilo al pobre muchacho. ―luego de decirme semejante pelotudez, soltó una risita picarona con un guiño incluido como queriéndome disminuir la situación desesperante que estoy viviendo.

Fruncí el ceño, giré media vuelta y lo dejé hablando solo. Entonces, me aproximé a la casa de al lado, la casa arcaica de Marta. Ella era la única que podía saber algo de Thiago. Es de esas señoras que se levantan a las seis de la mañana para pasear a su caniche y de las que salen a regar las plantas a la medianoche. Toqué la campanita que hay por fuera de las rejas negras y a los minutos, se abrió la ventana de madera y se asomó por ella. Le expliqué todo lo que estaba sucediendo y le pregunté sobre mi hijo.

Marta asentía con la cabeza mientras colocaba su deslucida mano en su corazón. Fue en aquel momento cuando me confesó, con un gesto de preocupación y tristeza, haber visto a Thiago ayer a la medianoche.

10 de Abril de 2018 às 20:02 0 Denunciar Insira 1
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