El Submundo de Jessica Seguir história

bicycleization Emanuel Di Cristofaro

"Vive una pequeña historia, emocionante y misteriosa, de la mano de una niña de 14 años, que siempre ha anhelado tener una vida diferente, fuera de la rutina" Mi primera historia corta, de aventura, fantasía, terror y realidad. Espero que la disfruten tanto como yo, cuando la estaba escribiendo. Si desean hacerme cualquier sugerencia, para mejorar las historias, no duden en escribirme, eso me ayuda mucho. Les deseo mucho éxito y que disfruten de la escritura y lectura.



Aventura Impróprio para crianças menores de 13 anos. © Todos los derechos reservados

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Primer Capítulo: El Comienzo de la aventura

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Mientras amanecía y el reloj marcaba las siete de la mañana, los rayos solares incidían en su rostro de piel blanquecina, por supuesto, gracias a la ventana que prácticamente se encuentra al lado de su cama. Luego de unos minutos, se levanta con una gran pereza y un poco enojada, ya que la gran causa de su amargura es en solo pensar que el día iba a ser igual como los anteriores y sin olvidar también que los días posteriores iban a ser iguales. Se acerca al baño para hacer sus necesidades y después cepillarse los dientes. Ella decide acercarse a una pequeña mesa donde se encontraban sus útiles escolares, con el fin de preparar lo necesario para no llegar tarde a clases. A pesar de no estar alegre con la rutina, ella era una estudiante regular, sin embargo, algunas de sus notas eran buenas. Cuando se acercaba a la puerta de su casa que conducía a la calle, su madre que anteriormente preparaba el desayuno mientras ella dormía, se le acerca con una mirada de preocupación y a su vez, entregándole dentro de una cajita rosada, su comida.


—Jessica, ¿Sucede algo?


Jessica mirando a su madre un poco hastiada de comenzar el día.


—No pasa nada mamá, simplemente ando un poco aburrida.


—Siento que me estas mintiendo Jessica—A su vez pensaba que debía acudir dentro de un par de minutos al psicólogo, para retirar unos informes importantes—No tengas pena hija, sabes que puedes contar siempre conmigo.


—No mamá, créeme, estoy muy bien, solo que me gustaría hacer algo distinto de vez en cuando.


—Cuando regreses—Mientras la veía con una pequeña sonrisa—me gustaría que ordenaras tu habitación, si lo haces te recompensaré. Además, ten mucho cuidado al caminar por las calles Jessica.


Jessica se acomoda su mochila luego de escuchar las palabras de su madre, abre la puerta principal de su casa y sin decir una sola palabra, emprende su casual caminata hacia la escuela.


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Mientras sus pies pateaban algunas pequeñas piedras que se encontraban sobre el asfalto, recordó que había dejado algo sumamente importante para ella, eso no era más que un bloc de dibujos, ya que una de sus grandes pasiones era dibujar y sobre todo, volar su imaginación. Por ese motivo se enfadó mucho al recordar aquello, pero Jessica sabía perfectamente que no podía regresar, ya que luego iba a llegar tarde a la escuela. A ella le gustaba agarrar un atajo que le permitía llegar mucho más rápido, pero sobre todo, en ese lugar se encontraba un hermoso árbol de flores violetas que brotaban de sus raíces y cuando eso ocurría, simplemente era espectacular para ella, del cual, la alegraba un poco el día.


Después de varios minutos, Jessica llega a la escuela y antes se dirigió a su casillero para ver si encontraba algo con el que matar el tiempo, cuando alguna de las clases sea muy aburrida. Una de esas clases era la de matemática, porque su maestra platicaba mucho sobre su vida, más que la propia asignatura en sí. Para desgracia de ella, no encontró nada para distraerse y por ese motivo se lamenta mucho, ya que volvió recordar que dejó su maravilloso bloc de dibujos. Cuando se disponía de cerrar su casillero, a lo lejos se acercaba otra niña que se le hizo como siempre bastante familiar, era su mejor amiga y esta se percata que Jessica no tenía buen aspecto.


—Jessica vamos a llegar tarde, ¿Hiciste la tarea?


De pronto Jessica también se da cuenta que se le había olvidado hacer su tarea, se coloca ambas manos en la cabeza y empieza a tener un leve ataque de nervios.


— ¡Amiga se me ha olvidado!, ¿Ahora qué hago?, ¡Necesito de tu ayuda!


—Cálmate Jessica—Le contesta María muy tranquila—sabes que la profesora recoge las tareas al final de la clase. Mientras ella da sus anécdotas sobre su vida, puedes copiar de mi tarea, no te preocupes por ello.


— ¿Pero no se dará cuenta María?


—No vale tontita, ¿Cómo se dará cuenta si es una tarea de matemática?, los resultados de los ejercicios deben ser exactamente iguales. Vamos Jessica que quedan cinco minutos para que comience la clase.


Jessica se limpia un poco las lágrimas que le caían por sus mejillas, utilizando su chaqueta de color rosa mientras caminaba con su mejor amiga.


Cuando ambas ingresan al salón, Jessica se sienta en el pupitre que se encuentra cerca de las ventanas y además le recuerda a su mejor amiga que se encontraba a su lado en otro puesto, la tarea de matemática para que vaya copiándose, mientras la profesora daba su “clase de matemática”. Luego de un par de minutos, Jessica había finalizado de copiar la tarea de María y volteando su cabeza, proyecta su mirada hacia las ventanas. Podía observar el enorme patio en el cuál se encontraban unos niños jugando al fútbol. Jessica se quedó mirando fijamente una buena cantidad de minutos sin prestarle mucha atención a su maestra, para percatarse que aparte de los niños jugando, había algo que le llamó poderosamente la atención y eso se encontraba cerca de las verjas metálicas que cubrían las instalaciones de la unidad educativa y no era más que un hombre de pie, observándola fijamente y tenía puesto una máscara blanca, que no pudo bien distinguir como era exactamente, pero se podía vislumbrar unos cuencos muy negros.


Jessica al verlo, se asustó mucho y cerró sus ojos. Cuando se disponía de abrirlos, este hombre ya no se encontraba allí y su mejor amiga la agarra del hombro sorprendida.


— ¿Jessica que pasó?, ¿Qué fue lo que viste? —pregunta preocupada.


— ¡No es nada María! —Le decía con un poco de amargura—es que solo vi por cuestión de poco tiempo a un hombre extraño.


—De veras, ¿Qué aspecto tenía?


—No pude observarlo bien, solo pude notar que llevaba una máscara blanca, pero sabes que, mejor olvídalo. Ya falta poco para que finalice la clase, entregamos las tareas y vamos a chismosear que hace Luis.


— ¡Ja!, tienes razón amiga y sé que quieres tener alguna “amistad” con él. Siempre después de la primera clase de la mañana, quieres ver que hace Luis.


—N… No es… eso María—Tartamudeaba, mientras se sonrojaba—es que me parece alguien muy interesante y me gustaría conocerlo, no tengo ningún amigo.


— ¿Y a qué esperas?, a partir de estos momentos debe andar por los pasillos de la escuela o desayunando en la cafetería.


Ambas niñas salen del salón junto con sus otros compañeros, cuando la clase había ya finalizado, Jessica se despide de su mejor amiga con un beso en la mejilla y sin perder tiempo, aunque un poco nerviosa, se dirige hacia donde se encontraba Luis. Todo el tiempo que ha tenido en el colegio, jamás se había acercado a él, hasta ahora. Este estaba con algunos de sus amigos en la cafetería mientras comían y se reían a carcajadas. Por supuesto Jessica no entendía la razón del cual se estaban riendo, ella solo quería decir un simple “hola”, era obvio que quería algo más con él que solo una amistad. Cuando se encuentra cerca de él, mientras sus amigos la miraban con una expresión burlesca, Luis hace caso omiso a eso y la mira fijamente a ella. Antes de que Jessica dijera alguna palabra, Luis sorpresivamente es quien se presenta.


— ¡Hola!, sé que te he visto antes andando por los pasillos de la escuela, a veces me llama mucho la atención que siempre vas bien vestida, lo que te hace ver linda y dime, ¿Cómo te llamas?, creo que debes de saber mi nombre ya que tengo cierta popularidad aquí, de todas formas si no sabes, me llamo Luis.


Jessica estaba sudando de una manera exorbitante mientras le temblaban un poco las manos, pero a su vez se sentía alagada.


—Mi nombre es Jessica, encantada de conocerte.


— ¡Yo también!, veo que llevas contigo una cajita rosada, ¿Quieres acompañarnos?


—Me encantaría, pero acordé que tengo que buscar algo importante—le responde con una mentira y aún más nerviosa—puede ser para otra ocasión.


—Pero solo tomará unos minutos—responde Luis un poco decepcionado.


—De verdad me encantaría, pero tengo que irme.


—Una pena, será para otra ocasión, me gustaría hablar contigo me pareces una chica interesante.


Jessica se marcha, no sin antes mirar con una leve sonrisa a Luis. Al menos el día tenía buenos momentos, a pesar de todo lo que le había ocurrido. Ella se encuentra por casualidad a su mejor amiga, le empieza a contar lo sucedido y ambas gritan de emoción. María sabía que la relación había comenzado con buen pie y que le ayudaría a Jessica para poder conquistarlo.


Cuando transcurrieron varias horas y ya las clases habían culminado, Jessica se acercó una vez más al casillero para ver si no se le olvidaba llevarse algo antes de partir a su casa, se dispuso a cerrarlo y dirigirse a las puertas principales del colegio. Aunque antes de salir, reconoció el grito de alguien que había conocido en la mañana y rápidamente lo supo, era Luis, que le gritaba y ella se tomó la molestia de voltearse y a su vez, sonrojeándose.


— ¡Espera Jessica!


— ¡Luis!, ¡¿Qué pasa?! —Mirándolo con una cara de alegría que no tenía desde hace un buen tiempo.


—Antes de que te vayas me encantaría que saliéramos a algún lugar, no pude decírtelo antes porque luego mis amigos se empezarían a reír de mí. ¿Qué te parece si salimos mañana?, es sábado y podemos ir a ver alguna película en el cine.


Jessica tomándose los cabellos y mirando fijamente a Luis con una enorme sonrisa.


— ¡Claro que me gustaría!, mañana organizamos todo.


— ¡Por supuesto!, entonces nos vemos mañana.


Luego de esa pequeña conversación ambos salen del colegio y se despiden agitando una de sus manos y toman rumbo hacia sus hogares. Jessica como en todas las ocasiones, toma la ruta que le conduce al atajo que le permite llegar a su casa en menor cantidad de tiempo. Mientras pasaba por allí contemplaba a cierta distancia otra vez, aquél hermoso árbol de flores violetas que desprendía de si hojas que caían paulatinamente sobre el asfalto, mientras se acercaba el atardecer. Cuando se acercó a el dichoso árbol, se dio cuenta que había algo peculiar cerca de las raíces de estaban incrustadas en el piso y eso era un objeto rojo que extrañamente no había visto antes, cuando iba hacia la escuela. Dejó el morral a un lado junto con su cajita rosada y decidió verlo más de cerca, se emocionó porque era nada más y nada menos que un diamante pero que tenía algo muy especial, aparte de que era de color rojo y ella sabía que debía de tener mucho valor y transmitía algo inusual. Sin pensarlo, lo tomó y a su vez se dispuso a agarrar sus materiales escolares y reanudó su marcha.


Mientras se acercaba a su casa a casi una intersección peatonal, veía fijamente dicho diamante si prestarle atención a nada en su entorno. El día pareciera que iba a terminar bien, hasta que de pronto Jessica se desmaya golpeándose la cabeza contra el pavimento. A los pocos minutos se levanta muy adolorida y ve que se quedó en el mismo lugar donde sucumbió de manera misteriosa. Se sentía muy mal y a su vez anonadada, ya que las calles permanecieron vacías por un par de minutos lo que le parecía sumamente extraño, debía de apresurarse ya que no quería que su mamá se preocupara.


Después del incidente, llega a su casa y deja el morral encima de la mesa de estar que se encontraba en la sala. Jessica frotándose la cabeza después de aquel golpe, empieza a llamar a su mamá que ya debería de estar en casa porque eran ya las cuatro de la tarde.


— ¡Mamá necesito que me revises la cabeza, hace poco me hice un golpe!—Grita Jessica, tomándose con ambas manos el chichón que le había aparecido.


Para su sorpresa su mamá no estaba en casa, lo que le pareció muy extraño. No tuvo más opción que ir hacía la cocina, abrir el congelador y agarrar una bolsa de hielo y después de eso se dirigió hacia su cuarto, se acostó y se colocó la bolsa de hielo en la cabeza justamente donde estaba la herida. Mientras yacía en su cama, miraba fijamente el diamante rojizo, donde su belleza impedía que ella apartara la vista y mirar hacia otra cosa. Estaba muy preocupada, prácticamente estaba anocheciendo y su madre no aparecía. Decidió como le había dicho ella, ordenar su habitación y mientras lo hacía se encontró con su bloc de dibujos, en el cual lo dejó sobre la mesa donde antes se encontraba sus útiles escolares esta mañana. Apuró el paso y terminó bastante rápido en ordenar la habitación.


Se dispuso a mirar fijamente el diamante rojo de espectacular brillo, pensaba que ya era rica y que con ese dinero de la venta de la piedra preciosa pudiera cambiar su estilo de vida que tanto anhela. Sin embargo, Jessica se desploma otra vez de golpe contra la cama y queda profundamente dormida, soltando consigo el diamante que impacta contra el suelo y se rompe en varios pedazos.


Un frío abrumador que prácticamente le helaba los huesos, la despertó de golpe de manera muy brusca e inclusive llego a marearse. Se dio cuenta al instante que la ventana de su cuarto estaba abierta y de ella se desprendía una espesa neblina y por curiosidad, ella decidió asomarse y no podía observar absolutamente nada. Jessica estaba confundida y un poco asustada, no sabe que le había pasado y entonces recordó la piedra hermosa que estaba mirando antes y empezó a la buscarla por todas partes de su habitación, pero sin éxito alguno. Además notó que muchas de sus cosas no estaban y su cuarto lucía muy distinto, donde en ese momento es cuando empezó a asustarse mucho más. Decidió salir de la habitación y llamar a su progenitora gritando numerosas veces, pero por desgracia no se encontraba, era como si ella jamás volvió a casa. Jessica empezó llorar y decidió buscar el teléfono para haber si llamaba y pedía ayuda a algún otro familiar, sin embargo, su casa también tenía un aspecto muy diferente y no encontró el teléfono, aunque después de minutos de desesperación y soledad, se percató que en la entrada de su casa, en la parte inferior de la puerta, se emitía un resplandor muy extraño como si hubiesen puesto un faro de gran tamaño detrás de la misma.


Jessica con un miedo que le recorría por todo su cuerpo, decidió abrir la puerta lentamente y lo que vio la dejó sorprendida, tanto así que su boca se le hizo un enorme óvalo. Lo que observó la muchacha un enorme pasillo donde al final del mismo se podía divisar unas enormes puertas de madera, además que en las paredes se encontraban antorchas que emanaban mucha luz que era una de las razones por las que vio al principio, aquella la luz salía debajo de su puerta y también dichas paredes estaban demacradas, como si tuvieran mucho tiempo sin darle mantenimiento. Las ventanas del pasaje se encontraban abiertas pero para su sorpresa no se veía nada, solo se alcanzaba a ver una negrura absoluta.


Jessica asombrada y a su vez un poco atemorizada, decide aventurarse a recorrer el largo pasillo, eso sí, dando pasos de tortuga ya que al dar cada paso crujía el piso que también era de madera muy antigua y ella temía que en algún momento el piso se reventara y cayera hacia el vacío. Por supuesto ella tampoco sabía si había personas o peor aún, seres o monstruos ya que era muy poco probable que vivieran personas en ese lugar muy misterioso, por ende, no quería llamar la atención. Jessica llega al final del trayecto y observa la puerta de madera grande que había visto antes a la distancia, esta se encontraba de igual forma que el piso, muy desgastada y antigua donde ella sentía que si con solo abrirla pudiera estropearla o para los peores de los casos, se cayera y generara mucho ruido como para que los seres que habiten en el lugar, si es que los hay, la ataquen.


Ella reunió todo el valor para abrir lentamente la puerta, donde esta sonaba como si llevaba tiempo sin abrirse, es decir, rechinaba mucho. El lugar que a continuación iba a observar con mucha atención era una sala enorme en todo el significado de la palabra, poseía unas grandes y largas columnas que aguantaban un techo que tenía la sensación de caerse, además en el mismo había unas lámparas muy rusticas que alumbraban con una cantidad basta de velas toda la sala. Pero no es eso lo que le llamó más la atención, si no, que en el centro del lugar había un altar que le recubría unas hermosas mantas blancas adornadas con siluetas muy atractivas y de color oro. Encima de este altar se encontraba una especie de cuenco, al menos eso le parecía, pero este "cuenco", además estaba apoyada sobre una calavera y su forma le hizo recordar algo muy peculiar y era la hermosa piedra rojiza que había extraviado hace un par de minutos. Aunque no solo estaba el altar, si no que detrás de ella se encontraba un trono y lo que hizo que Jessica saltara del susto de una manera exagerada, es que la persona ,si es que se le puede llamar así, que estaba sentada inerte poseía una máscara blanca de aspecto siniestro.


Esta mascara poseía unos enormes ojos negros, no tenía nariz y la boca era muy grande que además mostraba unos dientes grotescos que sobresalían de la misma. Este ser tenía un traje negro, muy parecido al de los magos y lo adornaba una capa gris que se extendía por todo el trono. Allí se dio cuenta que este ser podría ser la persona o el hombre extraño que había visto en el colegio por la ventana, al menos pensó ella por un instante, pero para sentirse mejor era correcto descartar esa alocada idea. Jessica se dispuso de acercarse al altar y extendiendo unos de sus brazos, quiso tomar aquél cuenco. Esta acción no hizo más que propiciar que aquél ser se despertara, Jessica no contuvo el miedo y pego un grito que retumbo por toda la sala, la criatura empezó a mover los dedos y luego las manos hasta que por desgracia de la chiquilla, se levantó. Jessica se echó a correr, el ser de mascara siniestra la detuvo recitando un hechizo que la paralizó completamente y por si fuera peor, este ser empezó a hablar a través de la máscara.