Fantasma Seguir história

gildelberg Gilmar Antonio

Un hombre sufre un accidente con su coche en una desolada carretera, sin embargo, un par de sucesos terminan por desentrañar su misteriosa realidad.


Conto Todo o público.

#misterio #drama #miedo #suspenso #fantasma #carretera
Conto
0
5709 VISUALIZAÇÕES
Completa
tempo de leitura
AA Compartilhar

Fantasma

     -Este momento lo he vivido antes, debe ser un deja vu–. Pensaba, mientras conducía mi vieja Chevrolet. La carretera era una serpiente recta, poco afable a las curvas que permitía alcanzar los ciento veinte kilómetros fácilmente, y mantenidos en una fracción de tiempo más o menos prolongada. La llovizna comenzaba a caer medio adormecida, sin intenciones de parecer beligerante, y la niebla se acercaba como un humo fantasmagórico al que nadie había invitado a la fiesta. Me sentí absolutamente ensimismado, y fue ahí cuando me di cuenta de lo rimbombante que puede llegar a ser la soledad. A pesar de ello, no niego el deleite que me provocan sus encuentros, al igual que con la melancolía: “El placer de sentirse triste”. Siempre me ha gustado denominarlo de esa forma, porque suena más elegante, y el que me conoce de cerca, sabe que siempre busco contar los sucesos de una forma agradable para el oído que las oye, y cuando no existe ese oído, me conformo con ser yo mismo quien las escuche. Al reflexionar sobre eso siento frustración al saber que nunca le di espacio al desarrollo de las letras en mi vida, por ejemplo a la literatura, o a la poesía.


Solté de un tirón al “fantasma de lo que pudo haber sido” y me froté el rostro con las dos tenazas congeladas de mis manos e intenté dar con alguna emisora radial que me hiciera escapar de mi introspección, sin embargo, el chirrido inaudible por la ausencia de la cobertura o la interferencia (vaya a saber uno el origen de semejante veneno para el oído) de la radio no hizo más que remarcar el agobio de la tarde nebulosa de Noviembre. Dejé escapar un suspiro de aburrimiento, y me desperecé en el asiento para combatir el sueño, que aunque no hacía amagos por acercarse, es de saber que aparece de un rato para otro, cuando menos lo esperas, sobre todo si vas conduciendo.


Ya bien erguido en el asiento, hice ahínco en contemplar el paisaje del que tanto habla la gente cuando pasa por esta parte de la carretera, pero me doy cuenta que la niebla ha embetunado con su gris las ostentosas montañas, que al hacer contraste con el crepúsculo en días de sol, dan cierta sensación de estar contemplando el paraíso. Para mi mala suerte, no hay crepúsculo, ni montañas, solo el vacío que provoca la soledad cuando ya te ha dado suficiente de su medicina. Al posar la mirada por aquellos parajes, que aunque me resultaban inhóspitos, escondían cierto encanto entre sus valles, reparé en la forma con que el viento empujaba a los árboles, eran eucaliptus que se negaban a ceder, unos auténticos bailarines bailado el limbo. Era una postal digna de fotografía, pero la magia acabo de golpe, porque al volver la mirada a la carretera me encontré invadiendo el carril contrario a pocos metros de impactar a un bus atiborrado de pasajeros. Aquel autobús, era el único vehículo al cual me había encontrado desde que enfilé por la carretera. Para mi mala suerte, apareció justo en el momento menos indicado. En ese instante, maniobré con un volantazo y evadí aquella máquina repleta de gente. -< ¡Cómo es posible no advertirme con la bocina!>-. Maldije en ese instante, cuando el bus, impertérrito, seguía a su ritmo normal, como si nada hubiese pasado, mientras yo, después de haber patinado sobre el asfalto resbaladizo y colisionar de lleno contra una de las barreras de protección (por los estragos de la llovizna) había quedado mirando en dirección contraria, producto de un giro en ciento ochenta grados, ni más, ni menos.


El motor de mi camioneta comenzó a expeler un olor a aceite quemado que se caló de lleno en mis fosas nasales, acto seguido, un hilo de humo negro lo procedió, y comenzó a ascender parsimoniosamente hacia lo alto del cielo. Dejé la palanca en neutro, y en una maniobra ágil, empujé la camioneta desde la puerta del piloto hacia la berma de grava que seguía desde el costado a la carretera en su extensa prolongación. Atiné a coger mi teléfono y a mirarlo con cara de hostigamiento, pues mi mirada se dirige en el lado izquierdo superior de la pantalla para leer la palabra “buscando”, en lugar de las tres rayitas que indican la cobertura. <Mierda> Maldije, y cogí de un manotazo la cajetilla que guardaba en el bolsillo superior de mi camisa. Escogí el segundo cigarrillo de izquierda a derecha – una vieja costumbre- y me lo fumé sentado en el pick up, a la espera de algún conductor solidario.


Las nubes siguieron pasando, el viento siguió revoloteando el jopo de mi cabello, la luna siguió esclareciendo con su grandilocuencia habitual, y mi cajetilla siguió quedando desnuda, pero ningún vehículo pasó, de eso estuve completamente seguro. Recordé los consejos de mi madre, cuando me ayudaba en mis ataques de pánico en el jardín infantil. <Camina, hijo, camina y respira, que ya va a pasar>. Le hice caso una vez más, y caminé a cualquier lugar, sin dirección concreta. En mi mente oía su voz guiarme, y hasta sentía sus cálidas caricias resbalar por mi cabello <Tranquilo cariño, aquí estoy para ayudarte>. Un nudo se amarró firme en la garganta, y en unos doce pasos continuos, noté como se esfumaban los vestigios de ternura que recordaba de aquella hermosa mujer. En ese momento me detuve y me encontré frente a un par de claveles marchitos que descansaban a mis pies, a orillas de la carretera. Los tomé con desazón, y los acerqué a mi nariz <El olor irrefutable de mi amada>. ¿Hace cuánto que no la veía? De pronto caí en la cuenta, que ya hacía mucho tiempo que no la abrazaba ¿Y eso por qué? -Me pregunté desconcertado-. Me entumeció la idea de no encontrar una salida a las preguntas confusas que aparecían de pronto. Me abracé a los claveles con efusividad, y me animé a guardarlos en mi camioneta, sin embargo, al voltearme, ésta ya no estaba allí: ¡Dios mío! –lancé-. Volteé otra vez, y los claveles que tenía en mis manos, volvieron a aparecer en el suelo. <Debe ser un sueño, debe ser un sueño, despierta, despierta> -. Hablaba con atisbos de pánico, disfrazado de serenidad-. Pero al abrir los ojos, comprendí que no se trataba de ningún sueño, debía estar volviéndome loco. Hice amago de coger nuevamente los claveles, pero al ver más allá, me fijé que estos pertenecían a un bloque de concreto que mostraban una cruz, y abajo con letra sublime, el nombre completo de un hombre. Tragué saliva.


De a poco mis pies se tornaron transparentes, luego mis piernas, así también mi tronco y mis manos. Todo se fue haciendo borroso… El nombre era el mío, y yo no podía ser otra cosa que un fantasma.

1 de Abril de 2018 às 23:46 2 Denunciar Insira 0
Fim

Conheça o autor

Comentar algo

Publique!
Nova Rosales Nova Rosales
La historia es muy buena. Te recomiendo separar los diálogos de los párrafos así se entenderá mejor cuando estén hablando los personajes. Tienes que mejorar en el uso del guión largo. También te aconsejo separar los párrafos entre sí teniendo en cuenta la idea esencial de cada uno claro. A mí en particular cuando veo un párrafo demasiado largo se me corta la inspiración. No te enfades solo quiero que mejores y puedas publicar tus historias que son muy buenas.
23 de Abril de 2018 às 05:36
Francisco Martínez Francisco Martínez
Me gustó tu historia me pareció emotiva aún qué le faltó un poco más de éste toque pero toda la historia me pareció buena.
4 de Abril de 2018 às 10:15
~