uutopicaa18 Nathalia Tórtora

Así funciona el ser humano. Así es como nos autodestruimos los hombres. Nuestros sentidos se apagan, nuestras prioridades se retuercen, las vulnerabilidades aumentan y, lo peor de todo: la obsesión nos roba la cordura. Esta es la historia de cómo Faustino Arce Toledo aniquiló su propia existencia. -Texto creado para celebrar Halloween del 2017-.


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AUTODESTRUCCIÓN

La muerte ha sido siempre el más grande enemigo de la humanidad.
A lo largo de la historia, se han buscado diversas formas de evitarla, superarla o incluso, derrotarla. Algunos hombres pusieron su fe en la mítica promesa de un destino más allá del portal de la fatalidad; otros tantos intentaron hallar consuelo en la alquimia y la ciencia, en teorías sin fundamentos que tan solo consumían con mayor rapidez la vida del investigador. Los más soñadores dibujaron mitos y leyendas sobre la inmortalidad y sobre la posibilidad de recuperar un alma que ha sido perdida. Existen incluso quienes juran haber atravesado el velo de la inexistencia por un tiempo para luego regresar.
Las falacias se han esparcido siempre por el mundo. Rumores de médicos brujos, de dioses que se acercan a la tierra, demonios que pactan con humanos e incluso un manantial que garantiza la vida eterna. Pero hasta ahora, han sido siempre tan solo eso, rumores.
Creo yo, que en el fondo de los corazones humanos, todos sabemos que no existe forma alguna de luchar contra nuestra fecha de caducidad. Puede ser maleable y estirarse, pero nada más.
Y sin embargo, cuando la persona a la que amamos desaparece como si fuese arena entre nuestros dedos, una llama intangible se enciende dentro del alma y comenzamos a creer.
La desesperación y el miedo al olvido nos invaden, nos agobian. La semilla de lo inalcanzable empieza a crecer en nuestro corazón. Sí, crece, y lo hace a gran velocidad, como una enredadera venenosa que se extiende por nuestro cuerpo. Se aferra a nosotros y nos drena. Queremos creer más allá de la imposibilidad.
Nuestra mente se abre a probabilidades nunca antes pensadas, e incluso el más ridículo rumor es música para nuestros oídos. Lo daríamos todo por recuperar aquello que hemos perdido. Lo arriesgaríamos todo por volver a tener al ser amado entre nuestros brazos. Quedamos cegados ante el deseo y perdemos toda noción lógica.
Así funciona el ser humano. Así es como nos autodestruimos los hombres. Nuestros sentidos se apagan, nuestras prioridades se retuercen, las vulnerabilidades aumentan y, lo peor de todo, la obsesión nos roba la cordura.
Creo yo que, tarde o temprano, todos padeceremos nuestra propia aniquilación, que seremos nuestros propios verdugos. Pero mientras mi juicio todavía me permita razonar, quiero dejar por escrito un relato que ha llegado a mis oídos y que ha sido transmitido por décadas entre los tucumanos que se aferran con obstinación a sus afectos.
Esta es la historia de cómo Faustino Arce Toledo aniquiló su propia existencia. Este es un ejemplo del daño que los hombres nos hacemos a nosotros mismos ante la mirada atenta de la muerte.

5 de Março de 2018 às 21:42 0 Denunciar Insira Seguir história
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