The winter and the blacksmith Seguir história

jhody-brito Jhody Brito

Todo lo bueno comienza con una leyenda de amor y esta no es una excepción, una diosa de corazón congelado deambula por la fértil tierra trayendo consigo el invierno, un mortal se enamora de la diosa y hará lo que sea por tenerla...


Fantasia Todo o público. © si

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Una noche en Raka

La oscuridad era absoluta cuando las estrellas todavía no alumbraban el firmamento, pero esa es otra historia; ella era el invierno que se movía congelando los días y las noches al amparo de la luna, que desde lo alto admiraba la belleza del blanco. Él era un simple herrero que con suerte sabia leer y escribir y amaba su trabajo por encima de cualquier cosa, la forja era como su esposa y por ende le era completamente fiel, hasta que el invierno llego a él.

Este joven, un herrero dotado, vivía a las afueras de la ciudad de Raka en la más absoluta humildad en una pequeña cabaña. Sus días estaban llenos del fuego y las chispas de la forja, mientras las noches estaban llenas de silencio y de la luz de la luna, que colgada como una joya en el amplio cielo. Estaba solo. Entonces su voz se alzaba. Mientras los días se volvían más cortos, más fríos.

Esas noches, su voz desgarraba las plegarias y los rezos a los dioses, a todos. Esa noche, ella se encuentra ahí. Él escuchaba los sonidos de la noche. Mientras la primera helada del año caía en las calles, de su boca salían los más bellos sonidos. Entonces ella comenzó ha seguirlo durante el día, congelando los hombros del joven. Con los dientes castañeando aun cerca de la forja, entonaba canciones un tanto vulgares que hacían que la diosa se le calentara tanto el rostro de la vergüenza que no se sentía invierno.

Esa noche, él tuvo un vistoso de la diosa.

Los rezos eran algo que calentaban su corazón, y esa noche su voz desbordo tanto amor en el rezo que le canto a ella, que se hizo presente dentro de la cabaña. El herrero la contemplo, era una mujer alta, con el cuello en un elegante arco y la presencia de una mujer sabia. Sus cabellos eran tan negros como la moche y sus ojos tan claros como la luz de la luna. Su piel era blanca, delicada, con escarcha en toda ella mientras su cuerpo era envuelto por la fría blancura de la nieve.

—Canta los más bellos rezos que jamas me han dedicado, lo agradezco, Akku.—Su voz salio como un soplo de hielo en la noche.

—Azem, diosa del invierno. —Sus dientes castañeaban, sintió que se moriría congelado.

—Akku, herrero de Raka. Canta para mi algo que no sean rezos. —Diosa al fin, ordeno.

—Como usted dese, mi diosa. —Sentía su corazón congelándose, y aun así, esa noche le canto a la diosa sobre el bello invierno congelando el mundo, sobre la luz que desprendía su nieve, sobre los animalitos que corrían aterrorizados de ella. Sobre un amor sin igual entre un simple humano y una diosa.

Esa noche él la enamora sin saberlo.

Se repitieron esos encuentros durante casi todo el invierno; lo poco que cambio en sus diálogos es que Akku la comenzó a llamar «moi dayí» mientras el corazón de ella se comenzó a calentar dándole paso al dios de la primavera. Se enamoraron como dos amantes necesitados. Como amantes entregados se profesaron amor eterno y junto a la luz difusa de la fogata se entregaron más que palabras.

La diosa se mantenía alejada de él, con miedo a que su don lo congelara, como aquel conejo que en el bosque no había llegado a tiempo a su cueva, o el pequeño pajarito con sus suaves plumas azules como las aremi, que en la nieve se congelaba; no, no quería que aquel débil cuerpo se congelara dejándolo sin vida.

Akku por un momento olvido quien era ella fuera de esa cabaña, pero cuando la primavera comenzó a florecer las praderas, recordó que Azem era una diosa errante que tendría que partir un día. Y un día ella no volvió, ni al siguiente, ya se cumplía seis noches desde que la diosa lo había dejado a su suerte cuando como cualquier otro día canto y rezo a sus dioses, sin olvidar a ninguno, o eso creyó, pues esa noche se le olvido el dios de la noche.

La noche siguiente ni la luz de la imponente luna atravesaba la oscuridad reinante en la ciudad de Raka, densa, casi asfixiando a las personas. A la luz de la fogata, Akku rezo, canto y cuando se preparaba para dormir unos suaves toques en la puerta le avisaron de un visitante. Era un hombre alargado y tragado por la oscuridad, no se le podía distinguir ningún rasgo, ¿si era un hombre? ¡Tal vez fuera mujer y él ni lo fuera adivinado!

—Akku, herrero de Raka. —Si la voz de su diosa sonaba como aguijonazos fríos en el cuerpo, la voz de aquel visitante era como si una soga le apretara el cuello—. Yo, diosa de la noche y hermana mayor de Azem, te hago una visita.

La sorpresa y el miedo quedo regalado a un segundo plano, cuando de los labios de aquella diosa salio el nombre de su dayí. —Diosa de la noche, si lo que hoy te trae aquí son malas noticias, evíteme el dolor y arrebate, con su misericordiosa mano, mi corazón.

La diosa sonrió, mostrando sus delicadas facciones de mujer. —Eres una persona poco común entre los humanos, tu corazón ya no late para nosotros los dioses si no para solo una diosa, y eso, eso lo respeto.

Ella, la llamaban Lairla, también había amado a un humano, una historia de amor con final triste.

—Muy cierto diosa de la noche, mi corazón solo late para Azem, pero dígame ¿es una mala noticia lo que hoy la ha traído hasta aquí?.

Había ido con la intención de matarlo por atreverse a ofenderla olvidando los rezos de ella, pero Azem era una de sus hermanas más preciadas, y sabia que no le perdonaría el tocar a aquel humano. —No Akku, no es una mala noticia lo que hoy me ha traído hasta aquí. Tu diosa se encuentra en nuestro reino, y me ha pedido que te lleve ahí.

La cara de Akku se lleno de una sonrisa deslumbrante, mostrando la belleza que poseía. —¿A que esperamos, diosa de la noche?

—Lairla, ese es mi nombre, en tu idioma es «noche». Ahora escucha, ir al reino de los dioses no es un cometido fácil, tienes que renunciar a todo lo que te ate aquí, tu vida como herrero y tu mortalidad.

—¿Vivir para siempre?

—No siempre es emocionante, y el dolor de ver ha las almas que amaste en tu vida partir para siempre de este mundo no es un dolor del que te puedas recuperar.

—Pero la eternidad no se oye mal si en ella esta Azem. Iré Lairla, claro que iré.

Y se fue con Lairla en la noche dejando la cabaña ilumina con la fogata. Y entonces la diosa de corazón congelado vagaba en compañía de su amado por las calles y reinos, trayendo consigo el invierno.

Fin

+

30 de Janeiro de 2018 às 02:53 1 Denunciar Insira 2
Fim

Conheça o autor

Jhody Brito Me llamo Jhonaidy Brito, pero me dicen Jhody, Jhoy o Jhona. Escribo por un mundo lleno de otros mundos. -Amo la música, las artes y los idiomas. -Las cotufas acarameladas son deliciosas. -No me gusta para nada las playas en vacaciones. -Me gusta el ejercicio. -Tengo miopía, el Pdf lo causa.

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Paola Stessens Paola Stessens
hermosa historia, con un final que me sorprendió pues no me los esperaba.
1 de Junho de 2019 às 22:05
~