Rosa de Sangre Seguir história

dama_trilce Isabel Calvimontes

La antigua orden de los almas de plata ha protegido al mundo por más de 500 años de los terrores que asolan la tierra, en un tiempo en que el mal se fortalece los reinos deben estar más unidos que nunca para poder sobrevivir su cruel destino. Es en este momento que empieza la historia, en un reino que apenas recupera su estabilidad política sin abandonar el feudo y la espada.


Fantasia Para maiores de 18 apenas.

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Capítulo I

Robar una armadura de soldado fue fácil, aunque más que una armadura era un cuero mal curtido, su guantelete y sus botas llamarían la atención, pero era común que los reclutas utilizaran partes de armaduras antiguas. Lo difícil fue encontrar un casco lo suficientemente cerrado para que no vieran su rostro.

Una trompeta sonó y todos los soldados enfilaron. Parecía mal momento para colocarse el uniforme, no tuvo otra opción que ponerse en línea y esperar órdenes, marcharon al campo de entrenamiento, en verdad mal momento para colocarse el uniforme.

—Cuerpo de novatos, al frente—ordenó el oficial superior, ya tenía unos años y estaba lisiado de una pierna, pero se notaba la experiencia en sus pasos—tomen una espada e inicien.

Hora del entrenamiento aparentemente, los muñecos no eran muchos y estaban principalmente para la práctica de tiro, tendrían que entrenar entre reclutas. Tomó una espada, era rudimentaria, mal acero, mal equilibrio y pesada, demasiado pesada. Su espada era mucho mejor por supuesto, pero quizás una espada así sería demasiado notoria, la dejó en su funda a un lado disimuladamente. Hizo pareja con un tal Hoi, seguramente era un apodo, el hombre no paraba de hablar de su esposa y de otras mujeres en su vida, sin embargo, parecía un buen sujeto. Al notar que era un recluta nuevo le explicó la hermenéutica de los entrenamientos matutinos y quienes eran los superiores, por otra parte, no dejaba de hablar aunque no le diera respuesta alguna. La primera parte fue tediosa, los típicos ejercicios de calentamiento. La segunda parte parecía un tanto más entretenida.

—Suficiente por ahora—el capitán Jareld detuvo el entrenamiento—. El ejercicio del día es el siguiente—tomó una medalla dorada y la mostró a todos los presentes—quien tenga esta medalla al final de ejercicio estará libre el resto de la jornada—la puso en la mano de Resso, uno de los reclutas más sobresalientes aparentemente, un pelirrojo joven que parecía tenerse a sí mismo en alta estima. —Para obtenerla deben ganársela enfrentando en combate singular al portador, el ejercicio termina cuando ya no hayan retadores para quien tenga la medalla.

Una sonrisa sarcástica salió del soberbio soldado y se puso en guardia esperando al primer contrincante. El premio era tentador, un hombre un tanto pasado de kilos fue el primero en pasar, evidentemente más valiente que hábil fue arrojado al suelo rápidamente. Aunque contradictorio, esto animó al resto a participar, la medalla pasó por un par de manos hasta que fue obtenida por otro recluta de mayor tamaño, a éste le tenían algo de miedo. Escabullirse no era una buena opción, había demasiada gente alrededor, circular por la fortaleza como un recluta liberado era más práctico. Decidió enfrentarse al grandulón, a pesar de su diferencia de tamaño, un par de golpes y estaba contra el cerco, pero no cayó, la espada era muy pesada y la armadura no ayudaba. Se volvió contra su contrincante y esta vez sus espadazos fueron certeros y arrolladores, había entrado en calor, tomó la medalla y en ese momento uno tras otro se abalanzaron por ella, siendo derrumbados tan rápido como llegaban. El capitán Jareld tocaba su barba mientras miraba el espectáculo, hizo un alto a la pelea y añadió—si logran entre todos quitarle la medalla serán libres el resto de la jornada.

Ahora las cosas se ponían difíciles, con tal incentivo hasta los muertos resucitaron y se vinieron en su contra. Para su suerte no eran un grupo coordinado, se movía ágilmente y esquivarlos no era más que un juego. Al final del ejercicio todos los oficiales y los antiguos se habían reunido alrededor casi atónitos para ver como el nuevo recluta se alzaba sobre más de veinte hombres derrotados a sus pies, eran campesinos, sin entrenamiento. No era en verdad un gran logro. Su intención era no llamar la atención, pero no lo logró.

—Soldado, ¿cuál es tu nombre? —preguntó el capitán. Eso era exactamente lo que no debía pasar. Haría un gesto para que se sobreentendiera que era mudo, pero si no se lo tragaban estaría en problemas.

—Hey, Jareld, ¿te molesta si ponemos a prueba a tu recluta? —un hombre envuelto en una platinada armadura se acercó para su fortuna.

—Vete a buscar reclutas por tu lado, siempre que tenemos uno bueno los alma de plata se lo llevan—contestó fastidiado.

—Es lo que hacemos—dijo con una sonrisa—vamos, el chico tiene potencial.

—Bien, pero déjalo descansar un rato, mira lo que se cargó. Y si no les convence me lo devuelven.

—Tómalo por hecho.

—Ustedes, bola de inútiles, tiempo de trabajar—se volteó a los soldados en recuperación.

Recogió su espada y siguió entonces al hombre de cabello oscuro y barba corta, si Hoi estaba en lo correcto era uno de los antiguos de los alma de plata, Frans o algo así. Lo más seguro era que tendría que escurrirse en cuanto se distrajera. El problema era que no se distraía. Los alma de plata entrenaban en un patio distinto, no tan expuesto como el de la milicia. En el habían pocos hombres, sería más difícil pasar desapercibido.

—Los reclutas nuevos están recibiendo instrucción sobre las pruebas, tendrás que medirte con los alma de plata ya iniciados para poner a prueba tu destreza. Por supuesto, no se supone que hagas lo mismo que hiciste con los alma de plomo—dijo entre risas—con que mantengas el ritmo será suficiente.

Ahora no debía emocionarse, si se dejaba vencer rápido seria libre.

—Si demuestras ser hábil, irás con los demás, creo que están en el muelle.

Cambio de planes, dar una buena impresión y dirigirse al muelle.

—Señores—dijo dirigiéndose al grupo de platinada armadura—este muchacho es el nuevo candidato, ¿quién quiere probar su acero? —El resto respondió con una risa como era de esperarse.

—Trae aquí tu trasero Bronder, ve lo que tiene el novato.

Bronder parecía un hombre relajado, escupió la paja que se traía en los dientes, pasó una mano por su semicalva cabeza como resignado, desenfundó su espada y entró al área de combate delimitado por una cerca para los observadores.—En guardia niño—dijo.

Desenfundó su auténtica espada y se puso en posición. Bronder dio el primer golpe, el estilo del alma de plata era preciso pero lento. Lo esquivó con rapidez, se concentraba en esquivar sus estocadas retrocediendo disimuladamente hasta estar contra la cerca. Bronder atacó nuevamente pero esta vez fue engañado para que clavara su espada en la madera. Quiso aprovechar los segundos en los que él trataba de sacar su espada para atacarlo, pero Bronder, distraído, al sacar su espada de un tirón le asestó un codazo mal puesto en el mentón que lo tendió en el suelo, se llevó rápidamente las manos a la cabeza para ver si su casco seguía en su lugar, lo que para su fortuna así era. Se levantó de un salto y empezó a atacar, Bronder ya estaba cansado pero se movía sorprendentemente bien, la lucha era demasiado dura, no se esperaba menos de un alma de plata, pero no se esperaba tanto de un novato. Bronder tuvo que retroceder, con un último golpe con el pomo Bronder cayó exhausto sobre la cerca, sin aliento al igual que todos los espectadores. Le extendió una mano para que se incorporase, éste la tomó y le dio una palmada en la espalda.

—Eres bueno chico—dijo recuperando el aliento.

—No es bueno, es fabuloso—exclamó Frans—te pateó donde más te duele, nunca había visto algo así. Toma por hecho que ya estás dentro—dijo mirando al recluta.

—Dentro de los reclutas seguro, pero no le des tantas esperanzas al chico, hace falta algo más para entrar—respondió otro de los antiguos.

—Bueno el comandante te vio luchar, seguro le dejaste una buena impresión—dijo un alma de plata enorme y de voz profunda. El comandante debió haber sido aquel hombre de cabello platinado que observó la lucha un momento desde el pasillo, le preocupaba, tenía la mirada inteligente y cuestionadora.

— ¿Cuál es su nombre? —preguntó el grandote a Frans.

—No lo sé, hasta ahora no he escuchado su voz. ¿Cuál es tu nombre amigo? —hizo una seña en su garganta.

—Creo que el chico es mudo, espero que sepa escribir o mudo será su nombre desde ahora—dijo Bronder.

—Miren es Holl, como siempre con mandados para el comandante—interrumpió otro de los alma de plata señalando a un muchacho que pasaba cargando unos libros— ¡Hey, Holl! —le gritó—Ven aquí y muéstrale a este novato quien manda.

A pesar de la solemnidad y protocolo que siempre mostraron los alma de plata, en confianza eran más… informales, como una familia.

—Ah…—dudó—ahora no puedo, lo siento—respondió mostrando los pesados libros que traía entre brazos—quizás más tarde, dijo yéndose apresurado. Parecía un tanto… distraído.

—Bien, como sea, ve con los otros reclutas, allí te explicarán el resto—le indicó Frans

Asintió y se dirigió al muelle—espera, ¿A dónde vas? —preguntó Bronder.

— ¿No están en el muelle? —dijo Frans.

—No, en los dormitorios, al otro lado justamente, cuidado con perderte.

—Lo siento, muchacho, mi error—corrigió Frans.

No tuvo otra opción que dirigirse a los dormitorios, sería un poco notorio si cambiaba de ruta. Los reclutas no tenían acceso a todas las áreas de la fortaleza y si estaban agrupados, uno andando por ahí podría ser mal recibido. Sin embargo, si pasaba por un alma de plata no le harían preguntas.

Cerca de los dormitorios de los reclutas estaba el pasillo que se dirigía al dormitorio de los alma de plata, asegurándose que nadie veía se dirigió allí, si alguien preguntaba, se había perdido. Era hábil con las ganzúas, conseguir la armadura ya estaba hecho, hasta el casco era más cubierto ahora.

Salió caminando como si nada pasara, como era de esperarse nadie hizo preguntas, al caminar el resto de los alma de plata sólo le saludaban y continuaban caminando, siguió el pasillo que daba al muelle, ya estaba muy cerca.

—Hey, ¿te trasladaron?, no te he visto por aquí—preguntó aquel muchacho, Holl. ¿Por qué tenía que preguntar? No es de muy buena educación. No le respondió, y el truco del mudo no volvería a resultar, si no era el más listo de los soldados quizás podría zafarse—Ah, creo que te recuerdo, estuviste en mi iniciación, te llamaban el pequeño Pidd, ¿no es así? — que bien, una alusión a su estatura, ni que él fuera tan alto. Calló y un momento después le dio la espalda para irse—bueno, hasta luego—se despidió Holl extrañado—el pequeño Pidd, deberían llamarlo mejor el callado Pidd—dijo para sí mismo. Tuvo suerte, no era el más listo de los soldados.

Casi en el justo momento que se dio vuelta apareció como un fantasma detrás suyo el comandante, con los ojos fijos en su persona, era grande como una pared, con parada gallarda, un hombre intimidante.

—Tú—lo señaló— a mi oficina—se dio vuelta hacia Holl—los informes que te pedí, ¿ya los trajiste?

—Estaba en eso comandante, voy por ellos—se esfumó rápidamente.

Entró en la oficina del comandante, como lo temía era un hombre de mirada inteligente. El comandante se apoyó sobre su escritorio, cruzó los brazos y clavó su mirada como escrutando algo, ante aquello lo único que hizo fue pararse firme, como esperando una orden. El comandante se paró, colocó sus manos en el casco, y se lo quitó, su cabello castaño cayó sobre sus hombros revelando su verdadero rostro. El comandante volvió a apoyarse en su escritorio con la mirada fija, cruzó los brazos pensativo y se tocó el tabique con fastidio, el fastidio de ver que sus sospechas eran ciertas.

Ella llevó una mano a la cintura—¿ahora qué? —preguntó tranquila.

22 de Janeiro de 2018 às 13:56 5 Denunciar Insira 10
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CharmRing CharmRing
interesante, desde el primer capítulo engancha
1 de Agosto de 2018 às 13:43
Sila Rhoda Sila Rhoda
Excelente inicio! La narración es excelente y la ortografía también. es fácil de leer. La portada está muy bien hecha
30 de Janeiro de 2018 às 11:14

  • Isabel Calvimontes Isabel Calvimontes
    Muchas gracias, tus palabras son alentadoras, espero disfrutes los siguientes capítulos 1 de Fevereiro de 2018 às 07:35
AC Alfredo Calvimontes Ayala
Muy interesante, ya espero el siguiente capitulo, creo que faltan 10 dias
22 de Janeiro de 2018 às 17:13
AC Alfredo Calvimontes Ayala
Muy interesante, ya espero el siguiente capitulo, creo que faltan 10 dias
22 de Janeiro de 2018 às 17:12
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