Fragmento 2 - Prisionero Seguir história

nhyn Oscar R.

Puede que esta no sea una historia larga o al menos no la es aún, pero, hay algo de lo que puedes estar seguro, su contenido es solo parte del principio de un gran conflicto que puede llevar al fin de toda existencia. En este pequeño fragmento, uno de los tantos que fueron robados del árbol de los personajes, veras un acontecimiento sencillo pero no por eso menos importante, es mas, el simple hecho de conocerla quizá nos pueda salvar.


Fantasia Todo o público. © Oscar Stiven Riascos (Nhyn)

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Origen

Afuera de la habitación de un hospital justo del lado izquierdo de la puerta marca el nombre Johan.


Dentro, el rostro del joven se ve cansado mientras en su mente o lo que parece serlo se encuentra él, rodeado de un oscuro vacío, tan envolvente, tan sofocante, que solo es superado por una punzante sensación de soledad, una sensación tan agobiante que lo hace sentir como si no existiese nada, si no fuese por sus propias sensaciones y pensamientos incluso podría dudar de su propia existencia.


El desespero lo invade, tratar de poner su mente en blanco es imposible pues las emociones nacen tan rápido y sin cesar, tan contradictorias, tan intensas, son como hormigas que corren y pican por todo su ser, mientras la constante pregunta de - ¿Dónde estoy? – trata de sobreponerse a todo. De todas formas preguntarse cualquier cosa terminaría de la misma forma, sin respuesta, además pese a sentir tantas emociones era raro no sentir hambre, sueño o necesidad fisiológica alguna solo una sensación de estar en una nube, como si flotara, se sentía liviano, más bien vacío.


Añoraba tener algo que le diese consuelo, no le importaría lo poco que fuese lo deseaba con desesperación – Por favor – suplico, ya no sabía si había hablado o pensado aquello, simplemente algo no andaba bien.


Quería gritar, tener algo más que oscuridad junto a él, apretó los ojos y suplico una vez más tratando de emitir cualquier sonido, nada, abrió los ojos y se sobresaltó al ver a un chico frente a él.


Sin ser capaz de evitarlo lo observo con detalle, su rostro delgado con rasgos muy finos para un hombre, sus ojos cerrados le hacer parecer sereno, su tés Blanca lo hace ver tan angelical, su cabello castaño tan largo en la parte del enfrente que casi llega a sus ojos mientras el resto se pierde tras su cuello, su contextura es delgada y a pesar de que esta encogido, casi un ovillo, se nota que es alto, viste un camisa de mangas largas color blanco, un pantalón negro y por alguna razón esta descalzo.


Por un momento demasiado efímero, sus sentimientos parecieron detenerse permitiéndole abrir la boca para hablar, pero el sonido que pensó emitir sencillamente no salió, parecía simplemente no existir y entonces un razonamiento afloro en él. ¿Qué es el sonido?, ¿de dónde provenía la idea de que podía emitirlo?, ¿podría ser que fuese sordo?, Pero no fue solo eso, inmediatamente más pensamientos surgieron, ¿por qué se sentía solo? ¿Qué era eso a lo que llamaba sentimientos? ¿Qué eran las ideas? ¿Quién era aquel sujeto? y nuevamente ¿Dónde estaba?, entro en pánico y todas las sensaciones empezaron a bullir como lava en su interior, saliendo salvajemente fuera de sí.


Su frustración creció, pronto toco su rostro tras sentir sus mejillas húmedas, ¿lagrimas? aquello ¿se llamaba así?, por alguna razón aquello que las producía le permitía pensar un poco más claro, dolía pero aun así se sentía diferente, no del todo bien, pero era como si una gran puerta se abriera para que lo que retenía en su interior saliera - este rostro – nuevamente no sabía si aquello era su voz o sus pensamientos – como describirlo, lo he ¿sentido?, no, no, yo, ¡lo he visto!


Entre abrió un poco sus dedos para ver la figura frente a él – Sigo solo - ¿pesar? ¿auto compasión? ¿Era eso lo que sentía ahora?, poco a poco comenzó a bajar su mirada, sumiéndose en una oscuridad más profunda que aquella que lo rodeaba, empezó a abrazarse a sí mismo formando un ovillo quizá eso le permitiese entrar en calor y así permaneció, quieto e inmutable, el vacío parecía crecer constantemente y él no era más que un pequeño punto que parecía perderse cada vez más en él.


-Desperdiciar el tiempo es algo que solo los ignorantes hacen- aquel fue uno de aquellos preciados pensamientos que solían buscarse un espacio entre lo más profundo de él y salir en busca de una luz, pero, -Aquí no hay nada que perder- eran el tipo de respuestas que envolvían como brea y ahogaban rápidamente cualquier atisbo de esperanza. Poco a poco y muy lentamente sentía que algo se iba de él, ¿su color?, ¿su esencia?, ¿su vida? Para que se preocupaba quizá aquello era lo mejor.


Así pasaron los segundos, los minutos, las horas y los días en un lugar que parecía no notar el pasar de estos, hasta que un sonido ensordecedor bramo asustándolo, haciéndolo recogerse como si fuese a ser despojado de su existencia. Por otra parte, desde un lugar muy lejano en la obscuridad, broto un destello dorado que se empezaba a acercar a gran velocidad, no le veía, pero su presencia se sentía como si quisiese arrollarlo por lo cual intento aferrarse más así mismo, su reflejo por el contrario abrió los ojos e incorporándose contemplo atónito lo que sucedía.


Un muro dorado paso por su espalda y siguió hasta el infinito; luego otro destello del lado contrario y surgió nuevamente un muro similar al anterior, se veía tan cerca, tan tentador que el reflejo no puedo evitar tocarlo pero al intentarlo era como si este estuviese a millones de kilómetros y al no hacerlo este parecía estar a tan solo unos centímetros, en ese preciso momento algo cambio, podría haber perdido el sentido de la realidad, no, era otra cosa, y entonces se volvió para verse así mismo aun recogido con los ojos apretados, se habló, surgió sonido pero aquel ser estaba tan sumergido en sí, parecía inerte, como si el rugido de los muros lo hubiese dejado ensordecido. Trato de hablarle, cada vez con más desespero, sintió dolor en su garganta, cuando ya no pudo más trato de acercarse a los muros, se veían figuras, formas, si las miraba bien quizá podría entender algo, aun se alejaban si trataba de tocarlos de manera que debió concentrarse para controlar sus impulsos y se limitó a mirarlos.


A medida que los observaba parecían acercarse más y más, eran partes de una estructura, tenía engranes, columnas, cilindros, todo tipo de elementos de un brillante color oro, se escuchaba un tic tac -un reloj- pensó. Busco comprobar su teoría, pero no había señales de manijas, numeración, o algo similar, trato de no frustrarse nuevamente, era mejor seguir investigando, comenzó a examinar una parte de la estructura la cual parecía un camino, se encontró con que se podía mover si lo deseaba, como si pudiese volar y de inmediato se reprendió a sí mismo, desde el principio había estado flotando -me siento, más, más consiente-.


Tras seguir el camino por un tiempo se percató que se había dejado atrás, no se podía visualizar y comenzó a retroceder, después de retroceder por mucho se sintió como si hubiese trascurrido el doble del tiempo que había avanzado y aun no se hallaba, surgió la tristeza, fue tan profundo y destructivo, algo que quizá nunca había sentido, se cubrió el rostro con las manos tratando de no dejar salir las lágrimas y para cuando por fin se destapo la cara se vio así mismo, estaba justo en la misma posición en que se había dejado, suspiro y pensó volverse a hablar, pero algo dentro de sí pareció brillar, lo hizo contenerse y determinado alzó su mirada, ya sabía que era aquel sentimiento tan diferente que había percibido con anterioridad, miro hacia el camino contrario y nuevamente a su contraparte hecha un ovillo, frunció el entrecejo volvió la mirada en alto al camino y desapareció.


Pasaría el tiempo, el muro pasaría a su alrededor como si se desplazara en las vías de un tren, a veces rápido, otras lento e incluso a veces permanecería inmóvil, soltando constantemente su estruendoso sonido, un sonido similar a un estallido. Quizá sería uno de estos el que lo llevaría a mover sus dedos por reflejo, abrió sus ojos lentamente, su cabello ahora más largo le cubría los ojos, todo en el parecía haber perdido su color, se veía gris. Dejo su posición, miro a su alrededor sin entendimiento, se paró firme y contemplo el lugar, sin entender nada, sin si quiera intentar pensar en algo se mantuvo en la misma posición, mirando el transitar del enorme muro y así pasaría más incontable tiempo hasta que un destello blanco inundo su visión haciéndolo cerrar los ojos y al abrirlos nuevamente se encontraría acostado en una cama.


No sintió temor, recordó que ya antes había despertado allí, se froto Los ojos, se sentó aun envuelto es Las frazadas y apago la lámpara, movió sus piernas Para sacarlas de la cama, le costaba el movimiento, pero aun así continuo, se apoyaba de cuanto se le atravesaba hasta que llego a la ventana, observo su reflejo y pensó retirarse pero se olvidó de ello, pues desde allí se podía observar la ciudad, se apoyó en el muro de la ventana con fuerza y asomo una tímida sonrisa, allí se quedó hasta el amanecer.


Un rato más tarde pasaría una enfermera y lo vería sentado frente a la ventana, absorto en el paisaje, aquella no le dijo nada, pensó que sería molesto. Además, en el 5to piso nunca ocurría realmente una urgencia.

Aparte de las pastillas recetadas, las visitas, los desayunos, almuerzos y cenas, nada alteraba ese lugar, era como si este estuviese fuera de los problemas del exterior, como si el tiempo no transcurriese, pero, tal vez aquello no fuese necesariamente así, tal vez algo había cambiado o posiblemente algo cambiaria, la calma que sentía Johan era como esa calma que antecede a la tormenta.


La oscuridad cubrió el cielo y el cuarto se encontraba del mismo tono, la enfermera había encendido la pequeña lámpara pero aun así esta no daba abasto para el cuarto por pequeño que fuese, era temprano alrededor de las 8:30 p.m. pero Los pasillos no estaban iluminados del todo, lo que más resaltaba era la recepción que se encontraba del lado derecho de la puerta de la habitación de Johan y por la izquierda Las escaleras de emergencia, igual de iluminadas, ambas separadas por unas cuantas habitaciones con respecto a su habitación.


Se levantó un tanto inquieto, a pesar de que podía encender la Luz Para mitigar Su afán no lo hizo, se situó frente a la ventana y contemplo la ciudad desde allí, iluminada por las luces amarillentas de Las lámparas de la calle y de Los edificios que se expandían a lo lejos, a aquellas llamativas luces se sumaban Los destellos de Los relámpagos que acompañaban la lluvia.


Se sintió más inquieto, tuvo Una sensación de ser observado, en ocasiones pasadas había sentido la misma sensación, pero de diversas formas, una le producía tranquilidad la otra le producía escalofrió, esta vez lo agobiaba el escalofrió.

Se resistió a mirar atrás, 

pensó acostarse, pero, algo en su interior le decía que debía voltear, apretó Los dientes y cerro Los puños, volteo y solo diviso una sombra pasar hacia el lado izquierdo de la puerta.

Avanzo lentamente, aun peleaba en su interior sobre si volver a la cama o seguir avanzando, cuando tomó la decisión ya estaba en la puerta, miro a la derecha, luego a la izquierda mientras la sombra tomaba el camino de subida de las escaleras, volvió la mirada a la derecha donde se veía la recepción con su precaria iluminación, se escuchaban risas mientras una luz parpadeaba, por el pasillo las lámparas estaban encendidas por intervalos de dos apagadas y una encendida, avanzo a la puerta que daba a Las escaleras, al llegar se tomó del pasamanos y empezó a subir, en el descanso de la escalera que daba vuelta Para continuar hacia arriba pudo visualizar la sombra en el piso de arriba, esta siguió subiendo.


Los pisos parecían infinitos, siempre acompañados por una iluminación molestamente tenue. un trueno haría fallar la energía y dejando el edificio a obscuras, algo dentro de sí pareció encenderse y gritarle que debía volver, se tomó el rostro mientras sus ojos parecían quererse salir de su cara, cuando en su garganta se empezó a ahogar un grito el generador devolvería la tenue luz, respiraba agitado, pero aun así siguió subiendo.


Llego a la azotea en el 11avo piso y se detuvo al escuchar el agua de la lluvia golpear contra el suelo, faltaban unos escalones, su corazón palpitaba muy rápido, sintió emoción, la lluvia parecía llamarlo, salió lentamente extasiado por Las gotas de agua que empezaron a lavar su rostro, levanto tenuemente la mirada al cielo, pues la lluvia no le permitía mirar del todo al cielo, se acercó al muro que separaba el piso de la azotea del vacío que estaba en frente, las luces de la ciudad eran ahora más, iluminaban la oscuridad luchando como si quisiesen resplandecer como el sol, potenciando su brillo en el agua que caía a cantaros.


Empezó a respirar profundamente, sintiendo el viento mover su plateado cabello, el agua acariciar su piel, sentía la vida moverse bajos sus pies, sus ojos admiraban el cielo inmenso, y sus oídos escuchaban el concierto que daban Las gotas, sentía como si algo lo anhelara y esperara su llegada.


Se sintió observado nuevamente, intranquilo, mientras Las gotas de agua cambiaban Su sonido a sus espaldas, rebotando contra algo, pero ¿Qué?

Volteo su rostro y sobre el techo del acceso a la azotea había alguien de pie, tenía una capucha sobre su cabeza, a simple vista parecía tener una túnica negra, la cara agachada Para evitar que el agua le cayera en los ojos o tal vez para ocultar su rostro, Johan se dio la vuelta completa y empezó a retroceder suavemente, un destello del cielo ilumino el rostro que se empezaba a levantar suavemente, ese rostro lo había visto antes, en el reflejo de Los vidrios cuando miraba por la ventana, no sabía cómo llamar a eso que veía, yo, ilusión, locura, imitación, el sujeto de negro salto de su posición y callo de pie frente a él, casi sobre él y lo miro a Los ojos, una mirada fría, hiriente, su cabello era castaño, pero terminaba plateado en las puntas, su rostro no demostraba emoción alguna, su expresión era tan fría que sumado con su mirada le provoco un escalofrió que recorrió sus vértebras, se sintió tenso, estaba inmóvil.


Al fondo en la puerta otra silueta se asomaría pero esta demasiado oscuro para distinguir que o quien, trato de agudizar su mirada para ver mejor y en ese entonces, sintió una presión en su pecho, mientras sus piernas de doblaban al tocar el muro de la azotea, lo siguiente que vio fue el cielo alejándose a toda velocidad, mientras las ventanas del hospital pasaban a sus pies, miro de lado y alcanzo a divisar aun las luces de los edificios mientras su cuerpo era envuelto por el agua de la lluvia que aun caía, vinieron a él a toda velocidad los recuerdos del lugar oscuro, los muros dorados y finalmente, de quien con su apariencia le miraba cuando estaba en ese lugar, se dio vuelta en el aire y empezó a ver el concreto cada vez más cerca, casi en su rostro, entonces cerro Los ojos cuando faltaban solo unos centímetros y sintió un gran vacío, un vacío más grande aun que el que sentía mientras caía.


El sentimiento de caída duro más allá del tiempo que hubiese durado realmente cuando cerró los ojos en relación a la distancia que lo separaba del suelo.


Debería abrir los ojos, quizá así se sienta la muerte - pensó.


Sentía el habitual miedo que lo corroía por dentro, pero si seguía apretando los ojos quizá no los volvería a abrir, ese temor fue más grande y abrió los ojos de golpe, miro un techo terroso parecía muy cerca de él, tanto que parecía que se le iba a caer encima, si de algo estaba seguro era de que estaba vivo, palmo lo que había a su espalda y le alivio sentir la tela de una cama, su respiración era agitada entonces recordó a la enfermera y sus delicados cuidados- volvió a cerrar sus ojos y abrió su boca para hablar.


-Ei... Eimmy- Abrió sus ojos, era la primera vez que escucha su voz, desde que había despertado sin saber nada de si, no había pronunciado ni un gemido si quiera, su corazón se aceleró, sentía ganas de sonreír. -Eimmy – repitió.


Contrario a lo que esperaba, se escuchó la voz de un hombre que gritaba - El prisionero despertó -


Aquel grito perturbo su alma, la palabra prisionero le recordó el vacío y oscuro lugar, intento levantarse, pero unas correas amarradas a sus tobillos y muñecas no lo dejaban mover. Aquello era una celda, una celda que parecía tallada en la tierra y las personas que aparecieron por el lado de su cama no eran doctores y mucho menos enfermeras.

13 de Janeiro de 2018 às 22:24 0 Denunciar Insira 0
Fim

Conheça o autor

Oscar R. Soy un escritor amateur que escribe por el amor a la fantasía y la ficción, que lee por la emoción de viajar a otros mundos, que espera crecer y compartir las ideas que rondan por mi cabeza.

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