Cristal de la Eternidad Seguir história

axel-luciano Axel Luciano

Un joven yacía somnoliento en su cama. —Maldición, otra vez ese sueño. —dijo el chico sosteniendo su cabeza con malestar. Se levanto con un desgano atroz y miro por la ventana. La vista era majestuosa, se podía apreciar la muralla, y a lo lejos el pueblo de Lucus el cual rodeaba las inmediaciones del castillo. El joven se frotó los ojos, y se vistió con su traje y pantalones de tela, sus botas negras y sus guantes cómodos. Luego salió de su habitación y se dirigió al salón principal donde lo esperaba el trono real. Al sentarse, apoyó un pie sobre el regazo de la silla y miró hacia el techo; pensativo. De pronto, cambio su gesto, se le podía ver una ligera sonrisa de arrogancia. Inmediatamente apoyó sus pies en el suelo y se inclinó hacia adelante.


Fantasia Todo o público.

#fantasia #medieval #cristal de la eternidad
1
11554 VISUALIZAÇÕES
Em progresso - Novo capítulo Todas as Segundas-feiras
tempo de leitura
AA Compartilhar

Capítulo 1: La arrogancia del Príncipe

Capítulo 1: La arrogancia del Príncipe

Castillo de Lucus

Año 755 DD (Día 1)

Un joven yacía somnoliento en su cama. —Maldición, otra vez ese sueño.—dijo el chico sosteniendo su cabeza con malestar. Se levantó con un desgano atroz y miro por la ventana. La vista era majestuosa, se podía apreciar la muralla, y a lo lejos el pueblo de Lucus el cual rodeaba las inmediaciones del castillo. El joven se frotó los ojos, y se vistió con su traje y pantalones de tela, sus botas negras y sus guantes cómodos. Luego salió de su habitación y se dirigió al salón principal donde lo esperaba el trono real. Al sentarse, apoyó un pie sobre el regazo de la silla y miró hacia el techo; pensativo. De pronto, cambio su gesto, se le podía ver una ligera sonrisa de arrogancia. Inmediatamente apoyó sus pies en el suelo y se inclinó hacia adelante.

—¡Hey tú!—exclamó el joven al bufón que estaba en la sala—. Quiero que hagas algo interesante. Para eso te pago, ¿no?

— Si, si. Buenos días señor. ¿Desea algun truco en especial?.

—¿Que tal algo de magia?

—¿Magia? No, señor. Como usted sabe, sólo los portadores de la sangre pueden utilizar la magia.

— No hace falta que me lo recuerdes. Entonces ya no me sirves de nada. Llévenlo al calabozo.—dijo el príncipe con mera importancia.

— ¡No!. Por favor príncipe Etian, ¡tenga piedad!.—dijo el Bufón angustiado.

— ¿Piedad?, eso es para los débiles.—decía Etian esbozando una sonrisa.

Un guardia se acercó a Etian y le murmuró—: Señor, creo que debería dejarlo ir. Esto podría perjudicar su reputación hacia los ciudadanos.

— No me interesa lo que piensen de mi. ¡Llevenselo de una vez!.

El guardia no tardó en acatar la orden y le ordenó a sus discípulos que encierren al bufón.

— No, por favor. ¡Se lo suplico!.

—Esperen.—dijo Etian levantando la mano. Al bufón se le ilumino una pequeña sonrisa de esperanza—. Ahora si, llévenselo.—Y los últimos rastros de esperanza se fueron junto con el.

—Mi señor, ¿porque hizo eso?. Sabe usted muy bien que él no tiene esos poderes.—dijo el guardia con intriga.

—Ya lo se, no soy tonto. Solo dejenlo algunas horas ahi dentro y luego saquenlo. Le enseñara a saber quien manda. Además, eso fue divertido. ¿A poco que no?.

—Si,... señor.

Al instante llegó un soldado caminando por la entrada principal, tenía una capa negra, una armadura y un casco de acero con la forma de la cabeza de un jabalí. Era el teniente Wilbur el cual era un hombre muy alto y de mediana edad. El soldado puso una rodilla al suelo y se saco el casco haciendo reverencia al príncipe, se le podían ver ya algunas arrugas de expresión, la mirada cansada, las canas en su peinado corto y las cicatrices de antiguas batallas.

—Suficiente Teniente, sabes que no me gustan esas tonterías.

—Lo siento, mi señor. Pero solo sigo las formalidades del rey.

—Esta bien, dime a qué has venido.

—Los nuevos reclutas están listos para graduarse, necesito que venga a dar su discurso de celebración mi señor.

—¿Tan pronto?. Pareciera que la última camada de miserables hubiera sido ayer.— El teniente hizo un gesto de desagrado, está claro que no le gusto la reacción del príncipe.

—Señor, le pido que me acompañe.

—Está bien, lo haré. Vamos— El príncipe se levantó y se dirigió junto al teniente hacia la gran puerta de salida, pero justo antes de salir dijo:—. Y escucha, no me agrado tu gesto de hace un momento, espero que no se repita.

—Lo siento señor, no volverá a suceder.—dijo el teniente con una mirada seria, aunque no parecía muy convincente.

Era la gran celebración a campo abierto en el jardín real. Es un día nebuloso y frío, se ven banderas con el símbolo del reino. Todos los soldados están parados frente al escenario, algunos conversan en voz baja.

—¡Atención!. El príncipe ha llegado, formación.—exclamó un soldado luego de tocar la trompeta.

De pronto las docenas de soldados que había en las gradas miraron hacia el frente y le hicieron reverencia con una sincronización casi perfecta.

—Así que estos son los nuevos reclutas.—mencionó Etian con indiferencia. Realmente estaba aburrido de presenciar los mismos actos una y otra vez.

—Si mi señor, algunos de ellos realmente destacaron durante el transcurso de estos tres últimos meses.

—¿Ah si?, ¿Y cuales?.

—El recluta Yako tiene una gran fuerza física y maneja a la perfección la lanza. Es un sujeto realmente formidable.— Etian vio a yako, lo analizo con la mirada. Y esbozo una pequeña sonrisa.

—¿Algún problema señor?—expresó Wilbur luego de aspirar fuertemente, probablemente cansado de las quejas del principe.

—¿Ese es realmente su mejor hombre? Por favor Teniente, yo se que puede hacerlo mejor. Realmente le falta mucho para poder superar a su antecesor.

—Pero señor, el solo ha acabado con cinco soldados veteranos y armados. Tuvo algunas dificultades pero logró salir triunfante.

—¿En serio? Tal vez me equivoque pero aun asi sigue estando lejos de ser un digno rival para mi.— Etian volvió a mirar fijamente a Yako el cual estaba en las gradas y este intimidado bajo la cabeza.—Como era de esperar, sin agallas. Espero que la prox…— El príncipe logró divisar una joven recluta en la quinta grada derecha. Esta vez si se mostro mas interesado, ella era alta, tenía el pelo rojo, largo y lacio. Parecía tener unos veinti tantos, su postura era firme, segura, y su mirada era intensa. Casi amenazadora.

—¿Quien es ella?— Pregunto el joven.

—Me imagine que se interesaria por ella. Es toda una personalidad entre los reclutas. Saco una calificación perfecta en el uso de dagas, también en las pruebas de velocidad y cacería.

—Puedo notarlo, esa chica...no es normal.

—¿Perdon?, no entiendo a que se refiere.

—¿Acaso no lo notas Wilbur?

—¿Notar que?.— Etian se bajo del escenario intentando acercarse hacia ella.— Espere, ¿y el discurso?.

—¿Eh?, Ah claro casi lo olvidaba.—dijo llevándose la mano a la cabeza. Los reclutas no entendían muy bien lo que pasaba ya que no conocían muy bien al príncipe, salvo por ciertas ocaciones en los que se lo descubrió vagando por el pueblo o cuando salia de la ciudad en sus paseos formales para realizar acuerdos con otros reinos. El príncipe subió al escenario, aclaro su garganta y miro a los reclutas.

—Soldados, hoy es un día lleno de orgullo para su reino. Hoy se convertirán en verdaderos hombres y...todo eso.— Los reclutas se miraron entre sí, aun mas confundidos.

—Señor, va a tener que hacer algo mejor que eso.—dijo Wilbur susurrandole al oido.

— Ya lo se, solo estoy empezando —dijo Etian en tono bromista—. Como ya saben el rey está en un peregrinaje hacia la capital “Lucidum” así que en su reemplazo yo les daré mi voto de confianza —el joven se llevó la mano izquierda a su pecho—. La confianza de que ustedes, cada uno de ustedes — Entonces señaló a los reclutas con su dedo— podrán proteger a sus padres, a sus hermanos, a sus hijos, a sus futuros nietos y no solo eso, también podrán ser los mejores soldados no del continente; ¡sino del mundo! —exclamó el príncipe alzando su puño al cielo. Los reclutas se exaltaron de emoción y gritaron. Acto seguido seguido realizo una señal para que se detengan.

—El reino está en su mejor momento, jamás hemos tenido un periodo de paz tan largo y próspero como el de estos último veinte años. La mayoría de nosotros jamás hemos estado en una batalla real. Pero eso se lo debemos a nuestros antepasados, personas como nosotros, como el legendario teniente Borrell Diot. Un hombre sencillo, de pocas palabras, pacifico, pero con una gran llama en su interior, una tan poderosa que hacia que hasta los peores enemigos tiemblen ante su poder. Así lo describen los libros de historia. De hecho hoy se cumple el aniversario del fin de la guerra contra los salvajes chacales. Es por esto que para mi esta no es una celebración normal, en honor a ustedes y a todos sus predecesores, ¡organizaremos el mejor festival que haya existido de todos los tiempos! —Los soldados volvieron a gritar de la emoción y alzaron sus puños en aprobación al príncipe.

—La celebración se llevará a cabo esta noche, está prohibido trabajar, pueden invitar a sus familiares si quieren. ¡Por Deus!

—¡Por Deus!. —Respondieron los reclutas. Etian hizo un saludo con la mano y los reclutas rompieron filas. El sentia comodidad e incluso felicidad en el hecho de tener poder sobre los demás. Sin embargo, algo de todo eso no le convencia.

—¿Que le pareció teniente?

—Estuvo bien señor, pero sobre la fiesta. No creo que sea una buena idea.

—¿Cual es el problema?

—Es probable que el rey se moleste por invitar a todos los aldeanos a la fiesta. El costo de la misma superaría el presupuesto planeado para finales de este mes.

—No te preocupes, el no tiene porqué saber de esto. ¿o no? Además, tú dijiste que mi reputación no es la mejor, después de esta fiesta me adoraran. Ademas los quiero a todos en ella, incluso a los guardias de las torres.

—Pero quedaremos expuestos sin guardias, todos estarán festejando.

—Acaso escuchaste algo de lo que he dicho, hace veinte años que estamos en paz, es solo una noche. Te juro por deus que no sucederá nada. Me tengo que ir a entrenar Teniente, luego me avisas como van los preparativos del festejo.

—Si, mi señor.— Wilbur hizo un gesto de reverencia con el brazo y se marcho.

Etian aprovecho el momento para bajarse del escenario y acercarse a la muchacha. Todos se apartaron observando en silencio hasta que se paro enfrente de ella, cara a cara. El silencio se apoderó del lugar...

—Recluta, dígame su nombre.

—Aris Flament mi señor, hija de Elizabeth Flament.

—Asique Flament, ¿y tu padre?

—Mi padre murió combatiendo en la guerra de los chacales, señor.

—Un digno guerrero, ¿reconocido?

—Lo dudo, señor.

—Ahora dime, ¿que haces en Lucus? Esta claro que no eres de por aqui, no podrias haber pasado desapercibida.

—He venido a Lucus hace tres meses en búsqueda de un trabajo que sea acorde a mis habilidades.

—Es decir, ser un soldado.

—Exacto.—respondió la muchacha.

—Es un gusto Aris, supongo que lo sabes pero mi nombre es Etian Dalmacio hijo de Gerard Dalmacio. El teniente me dijo que tienes grandes habilidades en combate, especialmente con las dagas.

—Bueno, me honra poder escuchar eso de sus palabras.

—Es por eso que he decidido ponerte a prueba con algo un poco más difícil. Tendrás que luchar conmigo.

—¿Con usted mi señor?

—Así es. De vez en cuando suelo pelear con los reclutas que destacan por sobre el resto y esta es tu oportunidad. ¿estas dispuesta a aceptar el desafió?

—Por supuesto que si. —Aris cambio su mirada tan seria, ahora esbozo una sonrisa. Parecía demostrar una gran seguridad.

—Perfecto, toma tus armas. Vamos al escenario.

Ambos suben por los escalones de madera, Aris saca sus afilados cuchillos del cinturón y se pone en posicion de combate. Mira a Etian y le pregunta:”¿Señor, no tomará un arma?”

—No te preocupes por mi ni por dañarme. Que quede claro que esto es entre tu y yo. ¡No se atrevan a intervenir! —le exclamó a los guardias.— Ahora, ¡ataca!.

Aris se mostraba confundida, pero finalmente decidió atacar con todo, corrió varios metros hasta el, una vez a su alcance decidio dar un corte rápido transversal. Pero Etian extendió su brazo derecho y paró el golpe. Sono como metal. La joven no entendía que había sucedido, pensó que fue un golpe certero. Entonces miro hacia el brazo de su contendiente y observo como el príncipe había bloqueado su ataque con una espada oculta.

—¿De donde sacaste esa espada? —Aris se apartó instantáneamente del príncipe, su mirada de sorpresa evidenciaba sus pensamientos.

—No te hagas la tonta Aris. Yo se muy bien que tu también notaste en mi un poder oculto.

—¿También?.

Con un grito de furia el joven arremetió contra ella y sin parar realizo varios tajos; pero ella logro esquivarlos. Sin darse cuenta la joven había quedado atrincherada contra la pared. Etian salto e intento asestar un corte letal, pero la susodicha utilizo ambas dagas y lo bloqueo a duras penas. Ambos siguian forcejeando, ninguno queria ceder un milímetro. Dientes apretados, pies forjados al suelo, sudor en la frente y una inquietud sofocante. Los dos sabían que un paso en falso podía significar su fin. Entonces Etian saco todavía más fuerza y la chica estaba por perder, pero su cuerpo empezó a brillar y un aura extraña la rodeo. De pronto, ese brillo se traspasó a sus dagas y el joven fue expulsado varios metros con una fuerza arrolladora dejando su rastro por el suelo.

Todos allí presentes se quedaron estupefactos, el logro levantarse con apenas rasguños y su ropa raída.

—Al fin demuestras tu verdadero ser. Tu verdadero poder. —exclamo el principe el cual se encontraba con mas energia que nunca. Como si el golpe le hubiera despertado la sangre.

—No, no es así.—respondió Aris.

—¿A que te refieres?

—Este no es mi verdadero ser, pero este…— De pronto la recluta levanto sus dagas brillantes, las arrojó hacia arriba pero estas no caían. Parecía como si levitaran.—Será mejor que tú también demuestres tu verdadero poder. ¡Toma!.— Al instante las dagas se dirigieron a una gran velocidad sobre Etian, esquiva la primera pero luego recibe un corte en el brazo izquierdo por la segunda. Acto seguido las dagas volvieron a las manos de su portadora, como si de un boomerang se tratara. En cuanto a el, se observaba la herida la cual era profunda.

—Maldita sea. No lo haces nada mal. De acuerdo, tu lo pediste pelirroja. —Etian comenzó a estremecer todo su cuerpo, un aura idéntica a la de Aris lo rodeó tanto a él como a su espada. Entonces levantó su arma y a su vez el comenzo a elevarse por sobre el nivel del suelo. Era aterrador, algunos reclutas cayeron de espaldas al ver semejante espectáculo. Incluso Aris estaba preocupada. Fue en entonces en ese instante que el joven pudo detectar su mirada de angustia, acomodo su espada y se lanzo como si se tratara de una flecha humana. Aris apenas alcanzó a agacharse y cerrar los ojos. Cuando los abrió el estaba encima, su espada había atravesado por completo el muro de piedra que estaba detrás. Sin embargo el príncipe seguía mirando hacia el frente, ignorándola por completo. Su aura desapareció, suspiro aliviado y le estrechó su mano a Aris para ayudarla a levantarse. Etian en realidad estaba exhausto, y a la vez agradecido por gozar de batallas dignas de recuerdo. Sin mediar palabra se marcho al castillo, aun con su herida sin curar.

15 de Outubro de 2017 às 00:46 0 Denunciar Insira 1
Continua… Novo capítulo Todas as Segundas-feiras.

Conheça o autor

Comentar algo

Publique!
Nenhum comentário ainda. Seja o primeiro a dizer alguma coisa!
~