Repentino Deceso Seguir história

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Maica es culpable de las muertes de sus seres queridos, tal vez solo por existir. Martha a soñado con servir a los nobles desde que nació. Federico vive su vida como su padre quiere que lo haga. Yago nunca habia tenido nada, nada que halla ganado nada que tuviera que perder. Cuatro jovenes enlazados por el destino o casualidad, encontraran su proposito y su lugar en el mundo. Si no mueren en el intento.


De Época Todo o público.

#muerte #escape #duquesa
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Prologo

Día de la conmemoración. 10 años atrás

La pequeña Martha corría por las abarrotadas calles de la ciudad, esquivando puestos de comida y chucherías que eran comunes y fácilmente asaltados por los maleantes, quienes solo buscaban un poco de comodidad en su desdichada miseria.

Casi parecía que la pequeña tenía alas, eso creían las personas en la calle al verla pasar casi volando.

Martha estaba tarde, o así lo pensaba. El desfile estaba por comenzar y perdería la grandiosa oportunidad de ver a los nobles más poderosos del reino, que casi no dejaban sus castillos y mansiones. Martha había esperado ese día por casi un año y medio; cuando fue lo suficientemente consiente de la maravillosa oportunidad que se le presentaba, ahorrando más de 8 meses el poco dinero que ganaba de sus múltiples trabajos; porque en la amarrilla sociedad en la que vivía Martha, desde los 12 años una mujer podía trabajar, a veces hasta niñas más jóvenes trabajaban arduamente por la economía de su familia. Martha había completado el dinero suficiente para un generoso asiento en las vallas desde las cuales se podía ver “mejor”.

Las personas formaban cúmulos en las pequeñas calles exasperando cada vez más a la pequeña, quien, desesperada corría a reclamar su asiento, ya que había sido advertida de perderlo si no llegaba puntualmente.

La pequeña por fin veía a lo lejos su lugar, el cual parecía casi brillar a la luz del radiante sol de verano.

Pasando por encima de las cabezas de los demás Martha consiguió llegar al lado del gordo cobrador, quien la esperaba impaciente.

-¡¡¡Martha!!! ¿En dónde habéis estado?- dijo con furia brotando por todo su cuerpo. Sus mejillas, rojas como tomates, hacían que Martha se preguntara si esto se debía al estrés acumulado o al caluroso ambiente, cuando se dispuso a responder sin aliento y con el corazón en la mano, fue interrumpida por el cobrador, quien la miraba ahora con una mezcla de enojo y desinterés en sus ojos.

-bueno, no es como si me importase. Solo hago esto por mi queridísima Magda- la hermana mayor de Martha, quien había pedido encarecidamente que se le guardara un puesto a la pequeña, ahora se veía comprometida a aceptar una cena con el desagradable cobrador, quien casi podría doblarle la edad –pero anda, sentaos rápido chiquilla que no tengo todo el día para esperaros-

Esquivando el hedor y grasa del cobrador Martha se coló en la esquina de la fila y, observando por fin en paz espero el inicio del desfile desde su incomodo asiento.

Las trompetas comenzaron a sonar, haciendo una melodía perfecta, que aunque a oídos de muchos era ruidosa y extravagante, para Martha era hipnotizadora, todos los habitantes hicieron un silencio perpetuo, que solo se vio perturbado por el llanto de un infante, las trompetas eran oídas y entonces, cuando en lo más alto de la calle principal se escuchó el gong de oro resonar, la multitud estalló en aplausos, gritos y sonidos casi animales, como si se hubiera ganado la batalla más ardua nunca antes luchada; todo para darle la bienvenida al rey y a los demás nobles, quienes con cara de pocos amigos salieron de lo alto de una carroza mediana en forma de escudo de armas (representativo del reino claro) dando un aire de poder que, solo el mismo rey era capaz de calmar y hasta opacar. Sus lentos y gráciles pasos hacían que el corazón de Martha palpitara de emoción, lentamente los nobles miraban a su alrededor, mirando a la multitud que los aclamaba como si de ratas se tratase.

Los nobles dieron una pequeña caminata hasta llegar a otro tipo de carrozas aún más ostentosas, grandes y coloridas, con diferentes formas cada una representando las principales características de la familia del noble que se subiría allí, dejando en alto a los nobles, quienes subieron por pequeñas escaleras de la manera más recta, elegante y glamurosa posible.

Durante todo ese estrepito, Martha se paralizo, mientras en sus grandes ojos se veía una gran chispa de emoción, esperanza y alegría.

Después de la escandalosa salida de los nobles, los siguientes en ser ovacionados por la multitud fueron los burgueses. Que salieron en orden de importancia según sus títulos, montando como los nobles, carrosas alegóricas muy ostentosas que, en comparación con las de los nobles podía notarse la poca elegancia que conservaban. La multitud aclamaba más a los burgueses, quienes representaban el sueño de todos los que miraban, para los aldeanos los burgueses eran modelos a seguir, todos se esforzaban constantemente por llegar a ser uno, la forma en que ellos salieron de su pobreza para alcanzar los niveles económicos del rey le parecía a los aldeanos una maravilla, una ilusión y un sueño que tal vez ninguno fuera capaz de conseguir.

Martha desde su pequeño asiento esperaba con ansias el poder observar por primera vez a la pequeña duquesa a la cual todo el mundo conocía por simples rumores que se colaban de casa en casa hasta llegar a las puertas de todos en el reino.

La joven duquesa no había conocido otro lugar que no fueran las delimitaciones de su inmensa mansión, sus padres por seguridad decidieron no dejar que nadie la conociera sino hasta el día de su séptimo cumpleaños, que casualmente se presentaba el mismo día de la conmemoración, a sus recién cumplidos 7 la duquesa ya sentía gran curiosidad por el mundo a su alrededor.

La familia Odalis era la segunda familia con más dinero del reino, después claro de la familia real. Esperando con impaciencia se encontraban los cuatro miembros de la casa para poder dar su espléndida salida y así comenzar la celebración.

El duque y su esposa se encontraban charlando apaciguadamente con su hijo mayor dentro de la carroza, mientras el miembro más joven, se encontraba intentando mirar hacia afuera por las pequeñas ventanas, deseando poder conocer al fin el mundo del que se le había privado.

Martha no soportaba más las ansias, levantándose de su lugar comenzó a dar pequeños saltos de emoción por la tan larga espera, alcanzaba a ver a los nobles quienes con mala cara daban órdenes a sus criados o despreciaban el sol tanto como a la ruidosa multitud, para nadie era un misterio ni siquiera para la pequeña Martha que los nobles eran los seres más malvados del reino, que el poder fuera heredado entre las mismas personas y familias siempre no le hacía gracia al pueblo, sin embargo, los pocos que habían intentado oponerse no terminaron con buenos resultados.

Cuando el rey decidió por fin dar la orden de entrada, trompetas y tambores comenzaron a sonar aún más fuerte que la primera vez casi como si a los músicos también les agradaran más los burgueses que los nobles, los burgueses comenzaron su entrada de una manera mucho más ostentosa y vulgar que los nobles, algunos altos otros bajos y regordetes, los burgueses nunca dejaban su antiguo lado de aldeanos corrientes, algunas señoras llevaban peinados de casi 80 cm de largo, dejando asombrados a todos, algunos burgueses por el calor del momento dejaron el poco glamur que les quedaba y comenzaron a dar pasos graciosos y movimientos graciosos por toda la pasarela, asiendo explotar a la multitud en aplausos, gritos y risas. Cuando todos los burgueses llegaron a sus lugares como acto sorpresa, organizado sin el consentimiento del rey los músicos cambiaron su sonar dando una música más movida y alegre con la cual todos los burgueses comenzaron a bailar, algunos con mucha gracia y coordinados, otros dando simplemente un espectáculo. La multitud rugía mientras los nobles miraban todo con cara de asombro y como siempre desagrado, al rey la situación le parecía de lo más graciosa y disfrutando un poco se dejó llevar y relajar dejando así terminar a los burgueses con su espectáculo.

Luego deteniéndose todos los músicos al mismo tiempo dejaron un silencio expectante a las palabras del rey.

-¡Queridos aldeanos!, nos encontramos hoy celebrando uno de los días más importantes para nuestro acaudalado reino, el día de la conmemoración, en donde recordamos a los primeros hombres que construyeron nuestra sociedad y viviendas, hoy todos recordamos con emoción…-

Martha dejo de prestar atención cuando vio movimientos extraños en la parte baja de las vallas, aun siendo tan joven Martha ya podía distinguir cuando algo estaba mal, y estaba casi segura de que algo fuera de lo normal estaba pasando. En la parte baja de las vallas, en una mugrosa calle unos maleantes observaban con atención la situación, moviéndose de forma sospechosa por la calle, unos cerca a la multitud y al espectáculo miraban todo esperando un momento, mientras otros se movían rápidamente en las sombras. La pequeña aunque un poco nerviosa decidió no prestarles atención.

-y como acto sorpresa, en este radiante día vamos todos por fin a conocer a la pequeña Maica, la nueva duquesa- dijo el rey antes de que todos estallaran en gritos y aplausos.

Martha que había esperado mucho tiempo, vio como el duque y el hijo mayor se bajaban de la carroza mientras todos los miraban expectantes, gritando y aplaudiendo distraídamente casi sin fuerzas ni ganas, al final de todo ninguno estaba allí para verlos a ellos dos, todos esperaban a alguien más, a alguien a quien nunca nadie había visto ni siquiera una sola vez. El padre y el hijo hacían una perfecta combinación, todos sabían que el duque amaba a su familia más que a nada, y aun con su temperamento siempre pensaba solo en ellos, con mucho glamour bajaron para esperar a la duquesa quien se bajó con sumo cuidado. La multitud contuvo la respiración al ver una pequeña sombra asomarse, cuando ya casi no había ruido y todos se encontraban esperando, una pequeña niña con pasos elegantes pero algo torpes salió de las sombras.

Era la niña más bonita que Martha había visto, con sus curiosos ojos observaba todo lo que le rodeaba, la pequeña niña de cabellos castaños, ojos grises y tez pálida se encontraba anonadada entre tantas cosas nuevas, como las largas calles del reino, las carrozas alegóricas, la multitud y las construcciones. La multitud estallo en gritos al ver a la pequeña quien distraída sintió como su madre con voz dulce la llamaba y le estiraba la mano para ayudarla a bajar por del carruaje. La pequeña llego al lado de su familia y comenzaron a caminar por la pasarela siendo aclamados en especial la duquesa quien escuchaba como muchas personas gritaban su nombre.

La familia de la pequeña se encamino a una carroza decorada con flores primaverales de todos los colores. El duque que fue el primero en subir saludo con la mano a la multitud mientras era ovacionado para luego ver a su familia quienes aún no se subían, su esposa lo miraba con amor y a sus hijos también, los dos juntos tenían más presencia que el rey y la reina, la dulce pareja era esplendía, por un lado el duque con su imponente forma de ser y carácter descontrolado se contrastaba de manera perfecta con su esposa, una dulce mujer, de cabellos largos, tan fina como la seda aun viniendo de la pobreza, todo el mundo la amaba, era el ser más noble de todo el reino, tan pura como las retoños de las flores, gentil, bondadosa, un ser majestuoso. Los pequeños niños se demoraron un poco más en subir, jugando y riendo el hermano llevo a la pequeña al carruaje, alzándola la ayudo a subir, antes que él. Sonreían felices mientras Maica le hacía preguntas a su hermano sobre que era todo lo que veía, por que las personas los aclamaban, que tenían que hacer, preguntas sobre todo y todos.

Para Martha todo lo que vino después trascurrió en cámara lenta, luego de ver subir a la duquesa quiso ver a la mama, dando se cuanta de que se intentaba subir antes de que cerraran la pequeña reja que permitía la poca seguridad que podían conseguir, la duquesa veía a su madre intentar subirse, mientras su hermano saludaba a la multitud ajeno a todo lo que pasaba a su alrededor. El duque sonreía mientras comenzaba a mirar a su esposa, al intentarse dirigir hacia ella para ayudarla a subir los niños y las cosas que habían en el carruaje se interponían entre él y ella

Los maleantes cruzaron rápidamente la calle. Dentro de sus grandes sacos Martha vio algo brillar, aunque no pudo descifrar que era con total seguridad. Esquivando y empujando personas el grupo de maleantes llego hasta donde se encontraba la familia del duque.

Las personas sintieron la presión en el aire y entonces entendieron que algo malo estaba a punto de ocurrir, cuando muchos fueron empujados y golpeados por el gran grupo de maleantes todos comenzaron a huir. No solo eran golpeados, los maleantes también enterraban sus puñales a quien se interpusiera, dejando un recorrido de sangre por todo el lugar. Se escuchaban los gritos desesperados de las personas que corrían empujándose unos a otros sin entender completamente que ocurría.

Los soldados al ver tan conmoción también comenzaron a atrapar a personas para golpearlas y detener todo el escándalo, pensando que eran los maleantes. Mientras el rey y todos los nobles preocupados se preguntaban que estaba ocurriendo, sin moverse de sus carrosas donde los soldados comenzaban a tener posición de ataque, defender el noble linaje era su prioridad.

Martha se encontraba viendo como el rey gritaba ordenes de calmar a la multitud, se levantó lentamente de su asiento pero siendo empujada de nuevo por las personas que se sentaban a su lado callo sentada otra vez; vio como los maleantes fueron empujando y golpeando a los soldados que se encontraban cerca a la familia del duque.

Martha descubrió que brillaba dentro de los sacos de las personas, cuchillos, grandes y afilados cuchillos que aun desde donde se encontraba Martha podrían observarse con gran facilidad. Cuando unos soldados más robustos y fuertes, que eran los más cercanos a los duques atraparon a los maleantes, todo se convirtió en un baño de sangre.

Los maleantes enterraban sus cuchillos dentro de los huecos de las armaduras de los soldados quienes derramaban chorros de sangre y al caer al suelo formaban grandes charcos, algunos no morían por el afilado cuchillo, morían desangrados en el suelo. Se podría observar la facilidad con la que los maleantes manejaban sus cuchillos haciendo grandes cortes en la garganta, torso y cualquier lugar que pudiese causar un gran dolor.

Eloise madre de la pequeña Maica se preocupó al ver a los maleantes más cerca de lo que se esperaba y al ver la cara preocupada, asustada y desesperada de su hermosa hija algo se despertó en su interior, así que intentó calmar a su pequeña

-Maica… Maica… calma pequeña que todo está perfectamente bien, no os preocupéis por nada, estas a salvo-

La pequeña se tranquilizó un poco, aunque viendo como muchos maleantes se acercaban a su mama, se desesperó de nuevo

-mami- logro articular la pequeña con su frágil voz.

Martha observo como unos maleantes se acercaron a la familia de la pequeña duquesa, mientras la duquesa Eloise le decía algo a su hija quien se veía muy asustada, los maleantes intercambiaron señales, de las cuales el duque se dio cuenta, iban a por la familia, el duque detuvo a su hijo y lo dejo en la cumbre de la carroza mientras bajaba a toda velocidad para llegar con su hija y esposa.

El pequeño duque miraba desde donde su padre lo había dejado, quería salir a mirar que ocurría sin embargo su padre le prohibió moverse de su lugar.

El duque por fin llego a donde se encontraba el resto de su familia he intento ayudar a subir a su hija sin embargo antes de siquiera alcanzar a la niña unas manos se cruzaron capturándola primero.

Un maleante estaba raptando a la duquesa, Martha veía todo desde la cumbre de las vallas, escondida entre las otras sillas, no podía dejar de ver la traumante escena y mientras charcos de sangre eran creados por culpa de los soldados o de los maleantes que caían en combate, la duquesa era tomada por uno de los maleantes.

El duque actuó rápidamente dando un golpe certero en la nariz del maleante haciendo que este se tambaleara y soltara a la niña a quien tomo rápidamente dejándola en los brazos de su madre.

Las dos mujeres intentaron subir de nuevo, mientras el duque con un sable de metal intentaba alejar a los maleantes esperando que llegaran los refuerzos que el rey había mandado a llamar.

Cuando el duque se despisto y Martha puso aún más atención fue cuando se desato la real tragedia.

La duquesa fue dejada en el suelo de la carroza, su madre sabía que no podría subir ella sin ayuda ya que sería muy sospechoso así que dejo que la pequeña subiera sola y cerrando la reja dijo:

-tienes que ser buena cariño, sé una niña buena, tienes que proteger a los que amas ¿si cariño?-

-mami-

Cuando la pequeña pronuncio las últimas palabras que escucharía su madre ella intento agarrarse por todos los medios a esta, cogiendo la cadena de oro que colgaba de su cuello haciendo que su pequeño cuerpo casi saliera de la carrosa, la pequeña intentando no caer vio cuando un cuchillo casi tan largo como una espada sobresalió del pecho de la duquesa, un grito desgarrador salió de los labios de esta mientras escupía sangre de su boca y sonriendo con los dientes ensangrentados miro por última vez a su hija antes de caer al suelo sin vida, haciendo que de la fuerza ejercida por el cuerpo inerte arrancara de su cuello la cadena, que se mantuvo en movimiento en la mano inmóvil de la pequeña.

El duque dio un grito atroz desconsolador antes correr hacia su esposa, apenas vio el cadáver que aun derramaba chorros de sangre, la alzo en sus brazos y cerrándole los ojos volteo con el mismísimo infierno fundido en sus ojos, miro al maleante, quien intentó huir; tropezando torpemente; el maleante solo podía observar a su verdugo.

El duque tomo un cuchillo del suelo y con sus últimas fuerzas corto la garganta del maleante, quien termino por ahogarse con su propia sangre.

Martha entendería años después que toda la redada se dio por culpa del fallido intento de rapto hacia la pequeña duquesa.

9 de Agosto de 2017 às 02:02 0 Comentários Denunciar Insira 0
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