mantequilla-voladora Isy

Cupido cometió un error por no prestar atención. Flechó el alma de un chico y lo unió a otra persona justo cuando el muchacho estaba destinado a morir. Ya que sus uniones duraban por toda la eternidad y afectaban a ambas partes seleccionadas, los Dioses se vieron en la obligación de corregir ese error haciendo que se le ofreciera una nueva oportunidad de vida. Pero sus poderes tenían un límite al jugar con las almas. El muchacho solo tiene 12 meses para enamorar a su destino...o perderá todo para siempre.


LGBT+ Impróprio para crianças menores de 13 anos.

#drama #fantasía #romance #bl #boyslove #transmigración #ángeles
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Sueño

Era su hora de descanso, si se le podía llamar así, porque en realidad jamás descansaba. Se encontraba detrás del mostrador despreocupado, dado que a esa hora todos volvían a sus actividades y la tienda se vaciaba hasta el horario de salida de colegios y oficinas.


Terminó de comerse ese pan desabrido que pasó por su garganta gracias a la ayuda de una bebida que más parecía solo agua con endulzante de mala calidad. Al menos hoy había comido. Si le daban su paga del mes a final del día y recortaba un poco más tal vez podría comer mañana también, o quién sabe, a lo mejor podría sacar ese sándwich vencido que sus ojos estaban viendo en el estante de los productos exhibidos.

Enrolló el envoltorio de papel en el que venía su pobre almuerzo dispuesto a tirarlo al basurero de la tienda. Genial, estaba lleno, como siempre. Nadie más en ese maldito lugar era capaz de sacar una pequeña bolsa de basura, y eso que eran cuatro trabajadores ahí. Ya qué, él lo haría, de todas formas tenía tiempo. Como siempre.

Tomó la bolsa de material reciclable del tacho pequeño celeste, le hizo un nudo muy fuerte para que no pudiera desarmarse, y la reemplazó por otra antes de salir por la puerta trasera que daba al callejón en el que se encontraba el gran contenedor verde para desechos. Con su pie apretó la barra de metal que abría la tapa y una que otra mosca aprovechó para salir volando de ahí esquivando la nueva bolsa que iba entrando.


Casi choca con el joven escolar que venía pasando por ahí al darse la vuelta para regresar a su trabajo. Ambos se miraron un instante para ofrecer una disculpa cordial sin palabras y luego seguir su camino entre ánimos desgastados.

‘Almendra, miel, no ¿qué color era ese?’. No tuvo tiempo para averiguarlo, su media hora de colación había llegado a su fin y tenía que obligarse a volver a la caja a esperar por un cliente que de seguro llegaría en un buen par de horas.


Se sentó a leer una revista sin colocar especial atención ni retener nada en su mente, solo necesitaba algo para matar el tiempo mientras esperaba no morir de calor en aquél lugar sofocante sin aire acondicionado.


Podía sentir una que otra gota de sudor correr por su nuca hasta perderse en el cuello de su camisa mojándola de una manera incómoda cuando después de un tiempo se dedicó a ordenar y mover cosas de aquí a allá para pasar las horas, y levantó la vista casi feliz en un momento cuando la campana de la puerta sonó avisándole de una visita, la que le decía que su horario de salida estaba cerca.


***


Una de las personas que pasó caminando junto a él golpeó su hombro sin mirar hacia atrás ni disculparse por ello. Dio un chasquido molesto con su lengua, odiaba cuando la gente hacía eso. De manera disimulada y tranquila ajustó su traje elegante de color blanco y comenzó a avanzar junto al resto de transeúntes que iban a la par en ese cruce peatonal. ¿Desde cuándo usaba trajes? Sacudió su cabeza de un lado a otro para quitarse esa interrogante, porque en realidad no importaba. Ya nada importaba. El vacío que sentía dentro de su alma lo consumía hasta los huesos.


A medida que caminaba en esa concurrida calle sentía que un trozo, algo de él, se desprendía y era llevado por el viento; y esperaba que se perdiera muy lejos de allí. Estaba cansado. No hallaba la hora de volver a casa –si es que podía llamarle casa– y tirarse en el colchón a dormir, tal vez para siempre.

¿Por qué seguía ahí? Ya no quería luchar, no había nada por qué hacerlo. Hasta que vio aquella figura del otro lado de la calle, ahí donde terminaba el cruce y lo envolvían las sombras de los edificios. Su respiración se detuvo por un segundo para luego retomar y comenzar a hiperventilar, él conocía ese cabello, ese rostro. Tenía que alcanzarlo. Necesitaba hacerlo. Su alma gemela. ¿Qué es un alma gemela? Eso no importaba. ‘Rápido, corre’. Ambas palabras se repetían una y otra vez dentro de su cabeza.


Comenzó a acelerar el paso mientras empujaba hombros y le hacía el quite a otros, viendo que cada vez más aquella persona se alejaba y él se quedaba ahí, estático a pesar de estar corriendo con todas sus fuerzas, como si fuera una de esas trotadoras que nunca había podido utilizar en su vida.


Sentía que la multitud avanzando con él aumentaba hasta el punto en que se le hacía imposible seguir, como la marea tratando de arrastrarlo a las profundidades del mar. Quería gritar, decirle que no se fuera, que no lo abandonara, y estiró su mano en un inútil y desesperado intento de llegar a él. Pero de un momento a otro la multitud que lo ahogaba desapareció. El tiempo se ralentizaba cada vez más como si todos a su alrededor cayeran en un embrujo, y entonces notó como esa persona se volteaba. Ahí se quedó, de pie en medio de la calle que nunca pudo terminar de cruzar porque parecía infinita, mientras esperaba que su destino terminara el lento giro. ‘¡Mírame!’ La palabra jamás abandonó su boca. ¿Por qué no podía hablar? Cerró sus ojos y frunció el ceño aguantando las lágrimas de frustración que amenazaban con salir.


Una ráfaga de aire dulce trajo consigo una hermosa pluma blanca, tan blanca y fría como la nieve. Su mano se alzó al cielo sintiendo en la punta de sus dedos la suavidad que traía consigo, quizás se la regalaría a él.


El grito estridente y agudo de una mujer lo espabiló causándole daño a sus oídos. Personas en las que antes no había reparado bien lo miraron sin ojos, sin rostro. El terror lo embargó cuando todos a su alrededor se esfumaron dejando una estela similar al polvo que se suspendía como una ilusión lenta hacia arriba. No pudo determinar bien lo que era, el potente impacto lo lanzó un par de metros y azotó su cráneo contra el piso, removiendo su cerebro y logrando desorientarlo. Podía sentirlo, la sangre fluyendo de la herida que se produjo con ese fuerte olor a hierro y pegoteando su negro cabello al ser viscosa.

‘Ayuda’. La palabra quiso abandonar otra vez su boca, pero esta vez no se sintió triste al saber que era un vano intento, después de todo ¿cuándo había recibido ayuda alguna vez? La mano que se había estirado de manera inconsciente cayó con toda la gravedad al pavimento, inerte.

‘No importa, al menos recuerdo sus ojos’. Y con esa calma, por fin terminando con todo, se entregó a la oscuridad que le ofrecía su más profundo anhelo, cerrar los ojos por siempre.


***


Parpadeó un par de veces para tratar de acostumbrarse al sombrío lugar. Miró a su alrededor buscando cualquier cosa que pudiera ayudarle a reconocer su paradero, pero no había nada. Por donde quiera que mirara todo era gris y más gris, y oh, miren eso, nubes grises, pero eran un poco más claras al menos.

¿Por qué estaba en ese lugar? Su cerebro no podía reproducir una imagen nítida que le explicara algo.


Es porque lo has olvidado —se giró de manera brusca en dirección de la dulce voz. Una joven, niña en realidad, que no aparentaba más de 11 años le sonreía amable con sus manos tras la espalda, sin embargo, el ambiente que la envolvía era muy inquietante— Es increíble lo que pueden hacer tus neuronas y tu alma trabajando de manera conjunta.


Comenzó a revolotear a su alrededor, como una delicada mariposa batiendo sus alas, mientras que el joven no la perdía de vista. Su vestido blanco y largo cabello negro como la tinta bailaban con cada paso que daba.


—…


¿Quieres recordar? —su voz a pesar de ser amable se sentía muy intimidante. Quizás era el extraño y sombrío lugar.


—¿Por qué habría de querer recordar algo que ni siquiera sé que he olvidado? —enarcó una ceja en un gesto burlesco mientras le preguntaba, aunque la cuestión era más dirigida a él que a la extraña.


Buena pregunta. Pero la vida no sería tan interesante si tuviéramos todas las respuestas ¿no crees? —sus palabras dichas con una intención totalmente amable no concordaban con la sonrisa sarcástica en su rostro. Tenía 25 años. Trabajar tan duro durante tantos años con una rutina destructiva, sin familia, amigos, ni un perro que le ladrara, no dejaba nada interesante por conseguir en la vida. Es más, ni siquiera sabía por qué había aguantado tanto tiempo— Es por eso que te estoy dando la oportunidad —. La expresión aburrida que tenía cambió durante unos segundos cuando ella contestó a sus pensamientos; entonces comenzó a reírse de sí mismo al pensar en lo lento que era. Un sueño, claro, no podía existir otra explicación. Por eso había nombrado lo increíble que era su cerebro. ‘¿Qué más da seguirle la corriente a alguien en mis sueños?’.


—¿Oportunidad de qué?


De comenzar una nueva vida —el muchacho, aparte de odiar a las personas que no se disculpaban aunque fuera por cortesía, también odiaba cuando no le decían las cosas de una manera clara para que pudiera entenderlas. Que él no era tan inteligente, por Dios. Comenzaba a irritarse. Soltó un suspiro mientras cerraba sus ojos en forma cansada, presionaba el puente de su nariz con un par de dedos y con una mano desordenaba sus cortos cabellos.


—¿Por qué me estás ofreciendo esto?


No hay una razón en especial, y no creo que sea una mala oferta para ti —por supuesto que no creía nada de lo que decía, nadie ofrece nada sin querer algo a cambio, nunca.


—No es necesario —la niña tomó asiento sobre una estructura cuadrada de color blanco y apoyó los codos en sus piernas mientras el mentón descansaba en sus manos. Al menos había algo más de color en ese lugar. ¿Siempre había estado eso ahí?


Que aburrido eres —la expresión infantil había abandonado su rostro y fue reemplazado por un mohín disgustado. Ahora si concordaba más con el aura a su alrededor— ¿Sabes? Generalmente la gente no lo piensa tanto cuando les ofrecen algo como esto —. Era muy bueno para ser verdad. ¿Por qué su cerebro le decía esas cosas? ¿Es que estaba tan desesperado de querer huir de su terrible realidad? Un suspiro resignado resonó con un leve eco en el vasto lugar y la miró sopesando la oferta que se ofrecía así mismo, o eso pensaba.


—Ah, está bien, es un sueño después de todo —la sonrisa satisfecha que le regaló hizo que su intuición reaccionara tratando de advertirle algo. Pero la ignoró por completo al no encontrar nada malo en la propuesta.


Esto es tuyo entonces —abandonó su asiento –que no se veía para nada cómodo– y avanzó hacia él con sus pequeños piecitos enfundados en un par de zapatos de ballet a juego con su ondeante vestido. Un elegante reloj de bolsillo color plata era transportado entre sus dedos y fue colocado delante de sus ojos colgando de la cadena que lo mantenía como un péndulo— Ten cuidado, no vayas a romperlo. Todo se acabará si lo haces —. Extendió su mano derecha para recoger el objeto que le era entregado y escuchó atento la indicación— Espero que aproveches esto —. Antes de que el joven pudiera procesar lo que dijo, la muchacha levantó ambas manos y lo empujó con una fuerza anormal. El piso negro en el que se había mantenido de pie durante todo ese tiempo lo abandonó. Las nubes y paredes grises que habían llegado a cansar su vista desaparecieron como por arte de magia.


Y lo siguiente que supo fue que estaba cayendo en el infinito.

8 de Junho de 2021 às 02:42 2 Denunciar Insira Seguir história
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Lian Yun Lian Yun
¿Por qué escribes tan bonito? *-*
June 08, 2021, 04:05

  • Isy Isy
    Ay, nunca me habían dicho eso o(〃^▽^〃)o Muchas gracias, a mi también me gusta mucho como escribes :) June 08, 2021, 04:21
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