duhl Duhlie

Taehyung era un preciso y calculador pintor. Sus gustos por la pintura se podían ver normales por los paisajes en sus obras, pero eran más peculiares de lo que aparentaba. Se dejó ir cuando vió a la persona con el cuerpo perfecto para ser su modelo de arte. ©Historia completamente mía, no se permiten copias ni adaptaciones sin mi autorización. ★TaeKook ∆Contenido recomendado para mayores de 18 años [Escenas sexuales] ∆TH-Top ∆JK-Bottom ¡Gracias por leer!


Fanfiction Bandas/Cantores Impróprio para crianças menores de 13 anos. © Todos los derechos reservados al autor. Esta historia no es de dominio público. No puede ser adaptada, resubida o copiada sin la autorización del creador.

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UNO

Apretó el botón del panel que indicaba el piso "1". El ruido del ascensor bajando no se hizo esperar junto a la extraña sensación que dejaba en el cuerpo de las personas el desplazarse en esa cabina. Ya estaba acostumbrado a trasladarse en ese tipo de máquinas, por lo tanto ignoró como todos los días la ya conocida sensación.


El ascensor se detuvo y las puertas se abrieron indicando que ya había llegado a su destino. Salió del cubículo en dirección a la salida, saludando a algunas personas con movimientos de cabeza antes de salir. Abrió la gran puerta de vidrio y se retiró de la empresa.


Comenzó a caminar directo al estacionamiento en busca de su auto. El día era frío pero sin llegar a ser mortificante, una típica tarde de otoño. Su mirada era inexpresiva, estaba enfocado en su camino el cual hacía todos los días al salir de trabajar. Una persona que iba en dirección contraria a él pero en la misma acera estuvo a punto de chocarlo, estaba concentrada leyendo un folleto de alguna cosa y por ello no lo vió. Con vergüenza se disculpó y luego siguió su camino al igual que él, el cual tomó su portafolio con mayor fuerza entre su mano y continuó rumbo al estacionamiento.


Desinteresado y por casualidad dirigió su vista al otro lado de la calle, para no estar todo el tiempo mirando sus zapatos prefirió al menos mirar las tiendas. Al otro lado se pudo ver a un joven repartiendo folletos, seguramente formaban parte del que estaba leyendo la anterior joven que lo había casi chocado hacía unos minutos. Vió como el chico hablaba con un hombre de mayor edad, el cual negó con la cabeza y siguió caminando. Se quedó quieto en su lugar cuando vió como el joven cruzaba la calle dirigiéndose a él. Luego de asegurarse de que ningún vehículo lo podía lastimar terminó de cruzar la calle, acercándose al azabache.


— Disculpe. ¿Quiere uno? — Preguntó con amabilidad en castaño, acercándose a él. — Son para apoyar un refugio de animales, hay pequeños que quieren y necesitan ser adoptados, en especial los mayores. — Contó el joven. Su mirada se veía suplicante, como si en verdad deseara que esos animales en su mayoría abandonados fueran adoptados y tratados con amor.


Las pupilas de Taehyung se dilataron y por unos segundos dejó de respirar. Miró al joven castaño con anhelo, como si viera la mayor maravilla en el mundo. El joven era de piel blanca, ojos negros y cuerpo delgado. Tenía algo en su mirada que lo cautivó, su forma de ver y hablar gritaban bondad.


— ¿Señor? — Preguntó el joven, despertandolo de su trance al ver tal belleza frente a él.


El azabache tomó el folleto, no pasando desapercibido las pequeñas manos del contrario. A pesar de estar sucias eran hermosas a sus ojos.


— Muchas gracias. No es necesario que done pero le pido que si puede hable con conocidos, quizás puedan ayudar a esos pequeños. En verdad muchas gracias. — Agradeció nuevamente, era notorio que perfectamente sabía que la mayoría tomaba los folletos por pena más que por ayudar a la causa.


El castaño hizo una pequeña reverencia y se dió la vuelta, a punto de irse en busca de más personas que pudieran interesarse y ayudar.


— ¿Cuál es tu nombre? — Preguntó Taehyung, ocasionando que el joven voltee en su dirección. Se sorprendió por la pregunta porque a pesar de haberle hablado su mirada no expresaba nada, tan solo un vacío. Su boca estaba en una línea recto y sus ojos parecía no tener brillo, pero a pesar de eso al menos había tomado su folleto.


— Ah, disculpe. — Expresó, a pesar de no haber cometido nada malo. — Mi nombre es Jungkook. — Se presentó, tartamudeando un poco. No era bueno hablando con las personas, a pesar de querer ser más libre, no podía evitar ponerse nervioso y sentirse avergonzado. Sus vestimentas eran simples y pobres, un pantalón deportivo azul marino el cual se notaba viejo, tenía polvo y pequeñas pelotas en la tela que demostraban que esta estaba vieja. Encima tenía una camisa blanca la cual tenía manchas y de la misma manera que lo demás, estaba polvorienta.


Pero a Taehyung no le importaba, no si debajo de esa tela había una persona.


— ¿Te gustaría trabajar para mí? — Preguntó sin más, sorprendiendo a Jungkook el cual lo miró con desbarajuste.


— ¿Trabajar para usted? — Preguntó con sorpresa. No comprendía porqué un hombre de por supuesto gran estatus social le pediría a alguien que acababa de conocer tal cosa.


— Quisiera que fueras mi modelo. Que poses para mis pinturas y permitas que use tu cuerpo para colorear mis lienzos. — Explicó, mientras el contrario lo miraba con sorpresa. — Por cada día que poses para mí te daré mil dólares. — Aseguró, haciendo que el contrario abriera sus ojos en demasía.


— ¿M-Mil dólares? Yo... Yo no sé si podría. Es demasiado...


— ¿Es muy poco? — Preguntó el azabache, dispuesto a pagar incluso más.


— No, no. ¿Como cree? Señor... eso es mucho. Yo, nunca hice eso y no sé si podría. — Sinceró. Miró con pena el suelo, sabía que lo haría mal y quedaría en ridículo.


— Porfavor, sé mi modelo, Jungkook. Te pagaré en el mismo momento en que llegues a mi estudio, no habrá motivo para que no desees ir. — Aseguró.


A pesar de estar indeciso, el castaño aceptó.


Kim Taehyung, un joven hombre de veintiocho años, a pesar de no trabajar de ello era apasionado por la pintura y bueno en ello. En su mayoría pintaba bellos paisajes pero eso no era lo que lo apasionara en realidad.


Jeon Jungkook era joven e ingenuo en algunas circunstancias. El que le hayan ofresido un trabajo así a pesar de no tener experiencia en ello lo hizo alegrar en demasía. Toda su vida estuvo en una pobre situación financiera y eso lo ayudaría bastante, una parte la usaría en él y la otra la donaría a ese refugio de quién hablaban los folletos.


— Entonces mañana a esta hora. — Recordó el azabache, dando por finalizada la conversación. Al siguiente día en ese mismo horario pasaría a buscar al joven castaño, ese sería su primer día de trabajo


— Si, señor. Que pase una linda noche. — Se despidió en un tono bajo y amable el de menor estatura, antes de que cada uno tomara un camino diferente.

23 de Maio de 2021 às 14:08 0 Denunciar Insira Seguir história
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