angelazuaje22 Angel Azuaje

Segunda década del siglo XX. Una plaza llamada El Hueco. Lugar donde en las noches se convertía en un espacio de encuentro, donde personas celebraban la vida. Hechos inexplicables sucedieron. Historias que a través del tiempo fueron convirtiéndose en fábulas espectrales.


Horror Histórias de fantasmas Todo o público. © Todos los derechos reservados

#horror #terror #Espectro
6
362 VISUALIZAÇÕES
Completa
tempo de leitura
AA Compartilhar

1

La brocha esponjosa acariciaba los pómulos, esparciendo finos polvos concediendo el rubor deseado, el espejo en frente reflejaba la mirada afligida del quien desea que todo su cuerpo se transforme en la figura de una mujer. Sus labios bañados por el labial carmesí, esbozaba una sonrisa ocultando la tristeza de sus ojos. Deja a un lado el labial y ahora sostiene un collar largo de perlas, se lo pone y se admira en el espejo. El toque final, una peluca con un corte de cabello asimétrico más largo en frente con un fleco levemente ondulado. Se pone en pie y se aleja del espejo alumbrado por bombillas a su alrededor. Su cuerpo cubierto con un vestido de mangas largas, metalizado dorado, rozando unos flecos en sus rodillas, medias de nailon vestían sus piernas. Elogia su reflejo por última vez antes de salir de un apartamento estrecho y ruidoso.


La noche era radiante y fresca, en pleno verano seguía la humanidad celebrando la segunda década de un nuevo siglo. Alfredo Calles quien ahora solo respondía al nombre de Celia, pasaba inadvertida como una mujer más, una elegante y sensual mujer. Se dirigía a una pequeña plaza cerca del bulevar de la ciudad, en donde conocidos del mundo denigrados por ser diferentes al resto de la sociedad, se reunían, y cualquier excusa era un motivo para celebrar. Hombres y mujeres se acercaban a El Hueco, así llamaban a aquel lugar donde travestis, homosexuales y cualquier persona podía estar seguro de no ser juzgado por sus inclinaciones sexuales. De Celia se decía que era la más bella del lugar y que ningún hombre adivinaba a primera vista que aquella elegante figura no era enteramente mujer. Aunque su alma reflejara la llenura que faltaba. Sabía cómo seducir a un hombre, como halagarlo, como atraerlo, conocía bien el arte de la seducción. Un atributo que probablemente lo llevó a la muerte.


Esa noche conocería con mayor profundidad un hombre que había prometido hacerla brillar, convertirla en lo que deseaba. Pero aquella promesa, Alfredo Calles, sabía que solo Dios podía cumplirla, Dios o el Diablo. «Te puedo hacer una verdadera reina», había dicho su misterioso y posible malqueda, o dios, o diablo. Había llegado la noche, aún estaba tranquila, la algarabía nacería pronto, y moriría cuando los prematuros gallos cantaran. Aunque para Celia la turbación del anochecer ya había llegado. Nerviosa, se acercaba a donde estaba el hombre que decía tener un poder que solo dioses y demonios podían poseer. No estaba solo esta vez, otras dos figuras varoniles lo franqueaban, el hombre sonreía de manera suspicaz hacia la mirada de Celia, quien le devolvía el gesto mientras se acercaba, con un cigarrillo aún sin encender entre sus dedos. Los tres se levantan. El hombre vestido de negro y con brillantes zapatos de charol, extiende la llama débil de su encendedor, cuando Celia alza el cigarrillo a sus labios.


Sus pulseras producían un tintineo metálico cada vez que llevaba su cigarrillo a su boca, cada calada parecía una más de sus técnicas de seducción. «¿No me dirás tu nombre?», había dicho Celia con una voz tratada, delgada, notándose que estaba forzada, era una de las tantas maldiciones que tenía su indeseado cuerpo.


—Fabrizio… —dijo guardando su encendedor—… De Santis.


Luego de varios minutos, ella, quien era una maestra en la seducción, encontró en Fabrizio una habilidad que superaba su arte de persuasión. La galantería de Fabrizio la arrastró a un destino inevitable. Los dos hombres que lo acompañaban, se habían marchado, después de que él dijera algunas palabras en voz baja, la cuales Celia no pudo escuchar. La fiesta estaba a mitad de su apogeo. Fabrizio convencido en la imposible negación de su acompañante, le propuso seguir la faena de la noche en su gran casa. Quedaba a solo poco metros, caminando llegarían cómodamente. Ella había aceptado.


En el camino, alejados del lugar que llamaban El Hueco, Fabrizio se había detenido en el borde de un callejón oscuro del cual solo brotaba un halo de maldad. A la cuenta de tres segundos, dos hombres enmascarados, armados, salieron de las tinieblas de aquel callejón, apuntando con revólveres Smith & Wesson M1917 plateados, los dos sujetos armados llevaron con amenazas a la pareja a sumergirse en la lobreguez de aquel callejón. Dentro de la profundidad de la oscuridad una linterna alumbró el rostro de Celia, quien reflejaba una mirada pávida. «¿Quiénes son ustedes?», había dicho sin esforzar en disfrazar su voz varonil. Fabrizio se había unido a los dos sujetos armados, quienes le entregaban un gran cuchillo carnicero. «Fabrizio, ¿Qué haces?». Una sonrisa fúnebre se dibujó en el rostro, dueño de quien sostenía el afilado metal, tenuemente alumbrado por los reflejos de la luz que rebotaba de la pared y del semblante horrorizado de Alfredo Calles. El cuchillo sintió la piel del rostro cubierto de polvo blanco y de allí brotó la sangre caliente, el grito de terror se escuchó con el eco expansivo del callejón, la furia del cuchillo nuevamente sintió el desgarro de la piel y esta vez del otro lado de la cara, la sangre brotaba cada vez más rápido, los gritos no se habían aplacado, al tercer ataque se cubrió con las manos, pero el cuchillo fue directamente a su corazón, una y otra, y nuevamente otras fueron las puñaladas seguidas, que sintieron como penetraba la tela de unos corpiños rellenos, luego la piel, y finalmente el órgano que se desangraba. Los gritos se habían transformado en una respiración agitada, en un hálito de muerte.

13 de Maio de 2021 às 17:56 0 Denunciar Insira Seguir história
0
Leia o próximo capítulo 2

Comente algo

Publique!
Nenhum comentário ainda. Seja o primeiro a dizer alguma coisa!
~

Você está gostando da leitura?

Ei! Ainda faltam 3 capítulos restantes nesta história.
Para continuar lendo, por favor, faça login ou cadastre-se. É grátis!