oliver45 Oliver Connor

La personalidad está compuesta, por todo aquello que vemos, por todo aquello que nos atrae. Y así sin darnos cuenta, hacemos gala de esa mezcla de caras y emociones. Pero como saber, si somos nosotros, y no alguien más.


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Como una res


Creo que hay un narcisista dentro de todos nosotros. Una persona conspirativa, que solo piensa en satisfacer sus más íntimos y mórbidos deseos. Es lo único que puedo decir, para explicar el porqué; porque siempre hay un porque, algo que nos motiva, algo que nos impulsa. Pronto voy a morir. Y ahora que he vuelto a hacer yo, ahora que vuelve a mí el sentido, no me queda mas que limpiar mi conciencia. La mate; una y mil veces, la mate. ¿Qué otra cosa quieren que diga? No fue la elaboración de una obra; no planifique nada, solamente actúe movido por mi egoísmo; por mi ira, no me importaba nadie más.

Pienso que sería sínico, describir mi metamorfosis; ¿a quién pueden importarle, detalles tan bizarros? La lleve al matadero, igual que a una res. Y me avergüenza solo pensar, que, a punto de cometer mi macabro acto, me llenara con esa idea. “Es igual que matar una res, o un cerdo, o un ave, no hay diferencia.” Andreíta y yo, nos conocíamos del taller de literatura. Desde el principio, me gustaron sus ideas claras, radicales; llenas de un toque de originalidad. Todo lo contrario era yo; nunca pude unir simples palabras, nunca pude darle forma a una idea.

Y eran muchos los compañeros, que buscaban en Andrea un apoyo, algún consejo; alguna forma de mejorar, lo que no hacían bien. Lo acepto, desde el principio la envidie; y aquel hombre conspirador, aquel narcisista, se dio a la tarea de sopesar opciones. Ya no era yo quien actuaba, ya no era yo, quien tenía control de mis actos, alguien más; pensaba en mi lugar, uno muy parecido a mi, pero que ni remotamente era yo.

Convencí a Andreíta de ir a mi casa, una vez terminará el curso; estaba escribiendo un ensayo sobre el arte del terror, y quería que alguien como ella, una dura en literatura, me diera el visto bueno. "Como una res... como un cerdo... como un ave... no hay diferencia." Llegados al apartamento, le mostré el ensayo; lo leyó en mente, y a mi me sudaban las manos, fui a la cocina y tomé el cuchillo, y lo meti atrás del pantalon. Cuando terminó, empezó a darme consejos, y a señalar ideas interesantes, pero yo escuchaba sin oir. Sentí una poderosa erección, y la apuñalé a mansalva. Su cara era una mezcla de confusión y asombro, abrió mucho la boca, como si fuera a gritar, y yo volví a hundirle el cuchillo una y otra vez. Las baldosas blancas de la cocina se tiñeron con su sangre, su ropa y la mía, tenían protuberantes manchas. Ahí mismo arreglé el cadáver, fui procesando su carne, y me la fui comiendo despacio, “como una res… como un cerdo… como un ave… no hay diferencia.” Ahora, finalmente todo terminará; mañana en la primera plana, la noticia de mi ejecución, de mi tan esperada ejecución, dará un tema de plática a la gente.

En un par de horas, me llevarán a la sala, y al otro lado, entre los testigos, estará la familia de Andreíta, se que estarán allí, y llevarán camisetas con su cara plasmada, con la cara de una Andrea feliz, satisfecha de justicia. Creo que hay un narcisista dentro de todos nosotros, se hace presente, cuando la perversidad raya con el deseo. También pienso que hay otro, uno diferente al narcisista, uno quizás más déspota. Porque hasta la fecha, en la soledad y martirio de la prisión, recordar el sabor de su carne, me hace agua la boca.

8 de Maio de 2021 às 03:43 0 Denunciar Insira Seguir história
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