sannyrain Isy Zúñiga

En el gran reino de Raishgal, donde las personas que poseían energía mágica podían utilizar los elementos a su antojo, ocurrió el asesinato de sus monarcas. Su descendiente y ahora nuevo rey, atribuyó el homicidio a sujetos del clan más cercano a ellos, y motivado por el dolor y la venganza ordenó su erradicación. Para su mala suerte, oculto en un rincón, el único sobreviviente despertó su odio. Eliminaría uno a uno a todos los participantes de la masacre, así tuviera que pasar incluso por sobre los que ama.


Fantasia Fantasia negra Para maiores de 18 apenas.

#crimen #sangriento #venganza #gore #traición #muerte #magia
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El fin de un clan

En el año 990, en el gran continente de Melghart, existía un reino fantástico que era gobernado por los humanos. Ellos eran capaces de utilizar magia y hacer maravillas a su antojo controlando los elementos u algunos derivados; esto ayudaba a la prosperidad de su gente. Gracias a esta fueron capaces de erigir importantes edificaciones, una de ellas era el gran palacio Amatista, que variaba sus coloraciones gracias al gran manejo de los maestros de minerales y cambiaban sus tonalidades basados en la cantidad de hierro que embutían en ciertos sectores; era el hogar de su actual rey, Vargil, y se ubicaba en el centro de la capital siendo una de las mayores atracciones. Los grandes clanes también fueron levantados rápidamente con la ayuda de los magos de cada grupo, cada mini aldea dentro de la ciudad poseía estructuras características que tomaban forma por la decisión unánime de sus integrantes.


A tan solo sus 17 años, el en ese entonces joven príncipe, presenció la muerte de sus padres a manos de un grupo de asesinos, se contaba por las calles la brutal escena. En ella, tres sujetos se encontraban desmembrando el cadáver del rey que aún tenía sus ojos abiertos en una expresión de pánico mientras caían lágrimas por su rostro; el cuarto hombre terminaba de atravesar el corazón de la reina mientras esta se encontraba de rodillas seguramente rogando por su vida a los pies del cruel hombre. Las paredes y alfombra estaban salpicadas de sangre en todos lados, tanta que no podías identificar el antiguo color claro que estas poseían. Los monarcas eran tan solo unos humanos sin magia, no pudieron defenderse ni en sus propios aposentos. El adolescente había llegado tarde a la escena tras su reciente encuentro matrimonial siendo incapaz de reaccionar; los cuatro responsables se retiraron en un suspiro bajo la incrédula mirada del espectador. Se contó por mucho tiempo que sus gritos de desesperación resonaron en todo el castillo.

Sin lograr reponerse de esta pérdida, aquél joven peliblanco comenzó a perfeccionar su magia sin descanso hasta volverse el gran maestro de los elementos, no existía nada que no pudiese lograr gracias a su talento. Era capaz de manejar formas y estados de la materia a su antojo. El odio por quienes habían osado arrebatarle la vida a aquellos tan importantes para él también se había desarrollado, por esta razón, reunía magos dispuestos a ayudar por el cariño que le tenían a sus antiguos mandatarios y trataba de rastrear cualquier pista que existiese.

Con el tiempo, y sin poner en duda, cualquiera que fuese señalado como sospechoso era eliminado sin tener la oportunidad de probar su inocencia. El nuevo rey ordenaba que murieran tan dolorosamente como lo había hecho su predecesor, ejecutados en el instante en que fueran encontrados y sus miembros separados a plena luz como una advertencia para los que siguieran. Durante mucho tiempo, la vitalidad que antes se veía en la ciudad se perdió. Sus coloridas casas y calles antes muy vivaces comenzaron a opacarse y apagar su brillo, el clima antes siempre cálido y agradable se tornó gris. El ahora frío y desolado suelo se teñía de rojo y la desagradable lluvia creaba inquietantes ríos entre sus grietas que desembocaban en diminutas lagunas de sangre manchando los ropajes de todo aquel que osara pisarlas. Se convirtió en una costumbre ver el final de los pantalones de los hombres con un borde rojo para disimular las gotas que salpicaban.



Los años que le siguieron se tornaron un infierno para los habitantes. El oji dorado cazaba indiscriminadamente a los magos, no importando si alguna vez le habían servido o no. Otras ciudades también resultaron afectadas cuando la búsqueda se extendió a todo Raishgal. La economía cayó tanto que incluso algunas localidades cayeron en la ruina y la hambruna desarrollando actividades inmorales.

A la edad de 28, la pista más grande obtenida después de mucha práctica de análisis y rastreo lo llevó a uno de los clanes más importantes de Alejandrita, aquella ciudad que había arruinado sin detenerse un segundo a pensar en su gente.

El clan Klein constaba de aproximadamente 100 personas de una población de cien mil habitantes. Era posible identificar aquellos pertenecientes al grupo dado el hermoso color característico de sus ojos, este pasaba de violeta a azul según sus emociones o luz solar; variaban por toda la gama de éstos.

Eran los más fieles sirvientes del rey y los más queridos por el pueblo. Por generaciones habían apoyado a los amorosos reyes a construir ciudades y proteger a la familia real con su vida, ser su soporte era el propósito de su existencia. Vargil los acusó no solo del antiguo asesinato a sangre fría de sus padres, también los culpó de la creciente ola de desapariciones que asolaba al reino, aún si la gran mayoría era por su culpa.

El patriarca por supuesto refutó todas sus acusaciones tratando que entrara en razón.


-“Vargil, por favor. Somos tus más fieles súbditos, hemos estado del lado de tu familia por siglos, ¡¿Cómo es posible que hagas esto sin siquiera pestañear?!-


-“Para ti soy ‘Gran Rey Mago’. Las pruebas no mienten, ¡son culpables!-


Cerca de 400 hombres atravesaron un día las puertas de madera tallada de los Klein y comenzó una batalla sin perdón. Los humanos que vivían ahí perecieron rápidamente a manos de los crueles magos a servicio del rey, que se habían habituado a los castigos que impartían perdiendo la sensibilidad. Las hechiceras escondían rápidamente a sus hijos mientras se defendían también de los ataques por su espalda, puesto que los hombres intentaban refrenar las hordas entrantes a su comunidad y no podían dividir al escaso equipo.

En menos de 2 horas, los hermosos edificios que simulaban flores gigantes cristalinas (una característica del clan) se tiñeron de rojo al igual que el pavimento en las afueras. Y la sangre cubrió por completo el antiguo color, tal como la habitación y el hermoso vestido amarillo de la antigua reina. El ejército se marchó cuando la espada de uno de los soldados atravesó el último pecho de sus enemigos, y los gritos que sonaban tan desgarradoramente junto con el rasgar de la carne con espadas y elementos se acallaron. El lugar se sumió en un silencio fúnebre abrumador.


En un sótano oculto dentro de la flor más grande, indicadora de los jefes de la gran familia, un pequeño infante ahogaba su llanto en sus diminutas manos con miedo de que el más mínimo ruido delatara su posición en aquél sitio. El aterrorizado ser solamente pudo sentarse en un rincón mientras sorbía las secreciones que escurrían por su nariz y trataba de detener sus movimientos involuntarios producidos por su hipido. Afortunadamente, el amplio espacio le permitiría moverse con libertad a aquellos quienes se encontraran ahí, pero eso le recordaba el reciente suceso y la soledad que lo acompañaría de ahora en más.

Cuando su llanto cesó el frío lo azotó, y en su debilidad abrazó sus piernas recostándose en el duro suelo cubierto de paja que le brindaría algo de calidez en la noche que tendría ahí. Dos días pasó en esa zona sin probar bocado ni bebida, no existía la compañía ni de un pequeño ratón.

Cuidadosamente se aseguró de que no existieran ruidos en el exterior que le indicaran la presencia de aquellos malvados que osaron arrebatarle todo. Saliendo de su escondite, los recuerdos recientes de su felicidad lo golpearon con fuerza mientras deslizaba sus manos por aquellas paredes de cristales lisos salpicadas de rojo. Estaba seguro que el chico tendido en el suelo convertido en piedra era su mejor amigo que había venido a jugar ese día y no pudieron ocultarse juntos. Su figura era igual a la de una estatua que expresaba horror por todos sus poros; pudo sentir la desesperación como propia. Los seres tendidos un par de pasos más allá eran sus padres, no les había bastado con apuñalar sus cuerpos, también decidieron quemarlos. El hermoso y largo cabello negro de la mujer que lo había protegido siempre durante su corta vida ya no existía, todo su ser había sido reducido a carbón. Avanzando hacia la salida a paso lento descubría a más conocidos caídos, algunos muertos tan brutalmente como el antiguo gobernante, el rey nunca lo había olvidado. El piso con tablas de madera ligera no alcanzaba a retener todo el líquido sobre él.

Ingresando cada vez con más ansiedad y nerviosismo a cada casa destruida, comprobó que solo él quedaba, no tuvo tiempo de volver a llorar. Con gran voracidad se lanzó a los restos de comida que no había probado en el tiempo que pasó encerrado y la tristeza lo invadió otra vez mientras masticaba la bola de arroz desecha en el piso.


El pequeño Lytir Klein a sus tiernos 7 años poseía un nivel menos que básico en el control de sus poderes, en realidad, hace un mes los había descubierto. Por esta razón, se dirigió al punto más alejado de la pequeña aldea del clan dentro de la ciudad, y en aquel plano desprovisto de vida comenzó a cavar tumbas con sus manos desnudas. Sus pequeños miembros se deshollejaron por el mal trato que les daba y perdieron algunas uñas en el proceso, pero nunca dejó de escarbar en la tierra. Cuando sentía hambre en medio de su trabajo, atacaba la cocina de cualquiera de las casas frente a él, tragaba un poco de arroz o comida que llevaba días preparada y volvía a su tarea. Al mes aprendió a cocinar para no morir intoxicado con los alimentos rancios y a los cuatro meses el menor había sepultado a todo su clan. Nadie había vuelto a pisar sus tierras en todo ese tiempo. Los Klein se extinguieron para siempre.


Lytir no había reparado en el estado real que en estos momentos tenía su pequeña aldea. La sangre que había sido absorbida por la tierra se solidificó y expelía mal olor atrayendo moscas y demás insectos. Muchos cristales que antes simulaban los pétalos de las grandes flores ahora se encontraban esparcidos por el suelo en trozos de diferentes tamaños. Algunas casas fueron partidas a la mitad con un gran agujero causado por las rocas de tamaño exagerado, eso demostraba la participación de una gran cantidad de magos de tierra.

Comenzó a trabajar en su control de elementos tratando de hacer pequeños movimientos despejando el lugar sin ser demasiado notorio. Las destrucciones grandes debían permanecer así. Descubrió que movimientos de relajación ayudaban con el flujo de energía que impulsaba su magia, y comenzó a disfrutar sus acciones al imaginar que tenía similitud con las historias que se contaban del reino mixto de ángeles y demonios. Se decía que estas posturas ayudaron en la guerra que tuvieron manejando sus armas divinas.


En dos meses el último Klein aprendió magníficamente a manejar lo básico del elemento tierra, pero el aspiraba a más.

Antes de salir al mundo nuevamente por las puertas talladas de su familia hizo una reverencia dirigida al lugar donde enterró a todos bajo metros y metros de polvo.


-“Juro que regresaré madre, regresaré con mis manos llenas”-


Ahora que por fin podía pensar con calma y claridad, la pequeña llama de odio que dormía débil en su interior ardió con fuerza. Sus ojos pasaron de un lila casi cristalino a un azul tan oscuro como el cielo en la noche. Al dar sus primeros pasos a escondidas fuera de aquella muralla completó la promesa hecha a sus progenitores en su mente.


Regresaré a ustedes con la cabeza del rey.

30 de Abril de 2021 às 22:51 2 Denunciar Insira Seguir história
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Leia o próximo capítulo Las bestias de Vairshgal

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Lian Yun Lian Yun
¡Qué buen inicio! Quedaré el pendiente para saber qué pasara.
May 02, 2021, 16:00

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