adriana-barral1611525418 Adriana Barral

Un sacerdote que decide no intervenir en una cituacion por amor.


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El sacerdote y el amor.


Amén dijo el cura, y dió por finalizada la misa.

Los feligreses, comenzaron a retirarse lentamente, mientras él bendecía, saludaba y si era necesario les daba una palmadita en la espalda a alguno que se resistía a abandonar la parroquia.

Luego, en la soledad se quitaba los hábitos y subía a su coche, rumbo al infierno del amor prohibido.

Si, el tenia otro amor aparte de dios, hacía ya muchos años que amaba a esa mujer. Y no iba a dejarla por nada del mundo,bpero tampoco se apartaría del sacerdocio.

Se sentía dividido pero pleno, un día un feligrés lo vio con la mujer caminando por la calle de la mano, y el domingo , al final del servicio dominical pidió hablar con él.

Le advirtió que se trataba de algo muy serio. Así que el clerigo aceptó la charla.

Grande fue su sorpresa, cuando el feligrés le contó que lo vio en falta, primero, pensó en desmentir la versión pero luego preguntó qué proponía el hombre.

Este,cle dijo que quería un trabajo o dinero ya que carecía de ambos, lógicamente a cambio el sacerdote recibiría su discreción.

El sacerdote, le consiguió un empleo y le dio una suma importante de dinero.

En este hombre creció la avaricia así que pidió al cura, un ascenso en el trabajo.Este accedió, pero la situación lo había empezado a incomodar. Sentía que este hombre se estaba aprovechando de su pecado.

Un día el sacerdote dijo basta y renunció a su amor, confesó sus pecados y lo cambiaron de iglesia.

El hombre, codicioso, se quedó sin trabajo y ya no pudo pedir más sobornos.

El sacerdote, pasado un tiempo, volvió a ver a su amada, pero esta vez fue más cauteloso.

Sin embargo, el hombre despechado lo seguía con la intención de encontrarlo nuevamente en falta.

El clérigo, se dio cuenta y una noche,vmientras el feligrés, lo seguía, escucho ruidos detrás suyo, a una cuadra de distancia estaban asaltando y golpeando a este hombre.

El sacerdote se persignó y siguió su camino, el feligrés, como supo un tiempo después, había muerto en un asalto.

El cura, a pesar de que pudo haberlo evitado, prefirió no inmiscuirse en la pelea y librarse del hombre que lo extorsionaba, con el más sagrado de su secreto, el amor.


25 de Abril de 2021 às 16:53 0 Denunciar Insira Seguir história
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