aresvy Alexis Guadalupe Valdovinos

En la ciudad portuaria de Eteos, las noticias sobre nuevos descubrimientos y políticas empresariales poco ortodoxas llegan a las orillas de la ciudad. Camila, una huérfana de la ciudad, es la primera en enterarse de las buenas nuevas.


Fantasia Fantasia negra Impróprio para crianças menores de 13 anos. © Reservados

#mar #343 #341 #328 #cuento-corto #acción #puerto
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Trúhanes.

Mi primer y último recuerdo de ti, fue cuando te fuiste. Vi tu rostro ennegrecido, lleno de hollín, unas lagrimas oscuras derramaron por tu rostro y cayeron en mí. Cuando te alejaste y desapareciste entre la bruma matinal, a pesar de ser tan pequeña, sabía que no volvería a verte de nuevo. No conozco los motivos los cuales hicieron abandonarme aquí, pero te culpo. Te culpo por todo lo que me ha sucedido.


Ella se levantó del camastro, intentando no despertar a la niña que tenía a su lado. Eran las cuatro de la mañana y a pesar de ser muy temprano, ya estaba retrasada. Tomo el ultimo vestido que aún no estaba roído, sus botas de campo; decidió que no se iba a desenredar el cabello, pues el cepillo ya estaba lleno de pelos de las demás niñas. No importaba cuantas veces les decía que limpiaran el cepillo, nunca le hacían caso.


El amanecer aún le faltaba mucho por aparecer y la única luz que le mostraba el camino eran los faroles de aceite de la calle, ligeramente opacadas por una bruma que le calaba los huesos.


Mientras caminaba por la adoquinada calle, notaba las escurridizas sombras que se paseaban en la avenida paralela donde ella se encontraba. Siguió caminando, doblando de calle en calle con un ligero trote, ya sabia que era lo que le venía, pero aun así prefirió acelerar el paso y terminar con el asunto de una buena vez. En las calles del puerto de Eteos las personas no duermen o, mejor dicho, no se les permite dormir. A toda hora, todos los días existe un gran bullicio, marineros cargando y descargando cientos de alimentos, muebles, telas, alfombras y misceláneos; pero últimamente el auge de exportación en esta ciudad eran personas.


La chica prefería no pasar por el muelle y no ver a ninguna de las desdichadas de personas que iban siendo recogidas por los Recolectores. Algunos se resignaban, mostrando su orgullo por última vez cuando ellos venían y se los llevaban de sus casas; otros preferían que los demonios se llevaran su alma primero antes que un Recolector, esos eran los idiotas que hacia que a la chica le pusieran los pelos de punta, cada vez que oía el retintín de las cadenas. El otro día vio como dejaron los Recolectores a una persona cuando se opuso: su nariz estaba fracturada, labios rotos; el pobre apenas podía ver con los ojos inyectados en sangre. Tan solo en pensarlo, hacia que le dieran escalofríos.


Había otro sonido la hacía encoger tanto como ver a los Recolectores, y ese era el sonido de platos moviéndose de un lado a otro. Cuando por fin llego a su trabajo, de inmediato deseaba no estar ahí. La posada El Lechón Bribón era el favorito de los transeúntes por sus platos llenos y buena sazón. La dueña del lugar era una mujer ducha, de baja estatura y mirada penetrante.


“Hasta que por fin llegas, Camila.” Farfullo la mujer mientras le servía té negro a lo que parecía un capitán.


“Anda, ve a la cocina y ponte un delantal. Hace una hora que Denisse debió de haberse ido, sabes que tiene unos hijos que cuidar.”


Cuando Camila se retiró hacia el fondo no pudo evitar escuchar a la doña susurrar con un tono cansado para ella misma y el comensal: “Lo que hago para que jovencitas no terminen trabajando en las calles.”


Frustrada, Camilla siguió hacia la cocina pensando en sus adentros lo estúpida que era la doña, pensando que le estaba haciendo un favor trabajando para ella.


“Buenas tardes Camilla” Dijo con un tono sarcástico Denisse, ya se estaba quitando su delantal y arreglándose el cabello en una coleta. “No entiendo de verdad como es que Julia te deja seguir trabajando. Eres un desastre.”


“A mí también me alegra de verte, Denisse.” Susurró Camilla dando un ligero suspiro. “Ha sido solamente una hora, además, entre más trabajas aquí, hay menos necesidad de ir al otro curro, ¿verdad?” Soltó la chica guillándole el ojo a la mujer, ella la miro con desdén.


“Considérate afortunada, chiquillas en tu edad son las primeras que llegan a los Faroles con el rabo entre las patas, maldita niña malcriada. ¡Ah! Es verdad, no tienes padres quien te críen.” Con ese ultimo escupitajo, la mujer se fue largo de la cocina.


Camilla sabía muy bien a lo que se refería Denisse; los Faroles era el ultimo lugar que deseaba estar en esta condenada ciudad, muchas de las chicas mayores del orfanato terminaban en ese asqueroso lugar de una u otra forma y rara vez salían de ahí aún en sus cabales, como Denisse. Pero pensar en ello le revolvió el estomagó así que prefirió pensar en el trabajo mejor.

Ser mesera tenía algunas ventajas que podrían pasarse por alto y eso eran los cotilleos, pero no los chismes comunes que la gente tienen la gente común; la mayoría de los clientes de la posada venían de varias partes del mundo, las cuales contaba las ultimas noticias de lugares las cuales solamente Camilla podía imaginar. Eteos era uno de los puntos de una ruta comercial bastante frecuentada para ir al noroeste, en donde se encontraba lugares como Cunha y su ciudad costera que estaba amurallada del mar por un enorme acantilado; o Venturina donde las artes del Brío eran reservadas para quienes tienen la capacidad de manejarla. La mayoría de los comensales no hablaban de tonterías y alguna que otra indecencia, pero cuando había pasado algo grande, Camilla era la primera quien tenia la noticia en toda la ciudad y esta vez no iba ser la excepción.


“¿Han escuchado? La compañía ‘Esmeralda & Nietos’ va a volver a formar otro grupo de exploración.” Escuchó decir a un cliente mientras servía estofado de papa, su atención comenzó a enfocarse a las personas cotilleando.


“Dicen que han podido atravesar la densa selva e instalado un campamento más adentro que ninguna otra compañía.” Decía uno de los marineros sentados en la mesa cerca de la entrada de la posada.


“A quien quieres ver la cara de estúpido” Contesto su compañero de mesa “Ninguna compañía ha pasado del kilómetro de distancia dentro de la selva, lo más seguro que lo están diciendo para que los adinerados inviertan más en la exploración, que, por cierto, no es más que una gran estafa.”


“Quizás no te lo creas, ¿pero no has notado que los Recolectores han estado más activos de lo usual?” Susurró el marinero. “E&N han estado subiendo los intereses de los deudores.”


“Pues claro que suben los impuestos, toda maldita compañía sube los impuestos para atiborrarse del asalariado.”


“Estos últimos meses es distinto, usualmente podías pedir una prórroga a cambio de pagar un porcentaje, pero esta vez no, la compañía esta trayendo a los Recolectores si tan solo te retrasas el primer día.”


El marinero era no era ningún bobo, o al menos eso era lo que Camilla pensaba. En la ciudad de Eteos era como los cientos de ciudades que se hacían llamar Entidades Independientes Sustentables, lo que quería decir que no se afiliaban a los reinos donde estas ciudades residían y no respondían ante el rey, en su lugar, estas ciudades eran controladas por empresas las cuales tenían sus propias leyes, permitiéndoles hacer lo que se les diera la gana con ellas, como, por ejemplo, de la noche a la mañana, hacerla desaparecer. Esos mitos eran los que se les decía a los críos para asustarlos, sin embargo, existía un ligero incluso entre los adultos de que aquello pueda suceder. Cuando una persona entra en estos E.I.S deja de pertenecer al reino donde vivía y se convierte en residente de la ciudad, así que, si llegara a suceder en los cuentos que una ciudad dejara de tener respaldo de una compañía, cada habitante se convertiría en un proscrito de esa nación. La idea que E&N, la cual era dueña del puerto de Eteos, subiera los impuestos e hiciera llamar a los Recolectores en el retraso más mínimo, no era descabellado.


Cada alma de la ciudad tenia una deuda con la compañía y era casi imposible salirte del asfixiante acuerdo que sellabas en sangre con las empresas, gran parte de los comercios eran de las compañías así que pedir de otro lugar no era una opción, obviamente, si no conocías los medios menos tradicionales. Mientras ella seguía sirviendo a los clientes, la conversación continua y ella siguió escuchando.


“Me han llegado rumores de otros puertos que están tomando deudores para mandarlos al Continente y hacer esa exploración que E&N tanto se jacta.” Prosiguió el marinero. “Y las otras empresas no se quieren quedar atrás: La real casa de Coronelía, Metalúrgica de Valapthó y Comerciantes Fertinos están haciendo justamente lo mismo, todos quieren un pedazo del gran pastel.”


“Y ese pastel es…” incitaba su compañero a que siguiera con la plática, Camilla estaba tan curiosa como el mismo marinero, pero antes que continuara con la conversación un estruendoso golpe hizo abrir la puerta de la posada.


El cuchicheo del lugar murió en el instante cuando entraron tranquilamente tres Recolectores en la posada. Un miedo tácito corrió en todas las personas quienes se encontraban adentro, los Recolectores no eran gente común y corriente como Camilla, Juliana la posadera o unos marineros chismosos. Estos eran los verdugos que hacían valer la ley en las Entidades Independientes Sustentables y para hacer valer lo que ellos llamaban justicia se armaban de la Voluntad.


Los tres Recolectores estaban vestidos con guardapolvos de cuero grueso y pañuelos carentes de color que ocultaban sus rostros para evitar que algún ciudadano tuviera represarías en contra de ellos, en algunas ocasiones llevaban añillos los cuales tenían incrustadas gemas de colores, tal como el Recolector que comenzó a hablar tenía.


“Buenos días damas y caballeros.” Dijo el Recolector, tenia una voz gruesa pero amena, parecía que venia a darles una clase y no segar una deuda. “Buscamos a un sujeto con el nombre de Avidan Farina, también conocido como ‘Lechón’. ¿Se encuentra aquí el caballero Avidan Farina?”


Nadie hizo ningún ruido, el lugar a pesar de estar lleno de personas, el silencio era sepulcral. Solamente cuando salió la posadera, se logro escuchar los traqueteos de los platos. Cuando ella vio a los tres sujetos parados en su posada fue la única que se digno a hablarles.


“¿Qué es lo que quieren?” Preguntó tajantemente la doña.


“Buscamos al quien hacen llamar ‘Lechón’ y como aquí se llama El lechón bribón, pensamos que era un buen lugar para comenzar a buscar.”


“Pues sí, a mi hijo le dicen Lechón, pero es el Lechón equivocado.” Contestó tajantemente la señora.


“¿No su hijo pidió un préstamo de casi 300 Escudos hace ya 3 meses, mi señora?” Dijo el Recolector mirando una hoja que había sacado de uno de sus bolsillos.


“S-sí, lo hizo… ¡Pero lo hizo para poder pagar la renta de nuestra casa!” Espetó la señora con gran enojo y frustración.


“Lamentablemente el plazo de su hijo expiró y la prorroga que pidió de 30 días fue rechazada. Así nos dieron a la tarea de llevarnos a su hijo con nosotros.”


“No se lo van a llevar.” Contestó furibunda Julia, sus ojos brillaban con algo muy parecido al valor, solamente que, si veías muy detenidamente, podías ver que en realidad era miedo.


“Si usted o alguno de los aquí presentes nos oponen el paso para llevarnos a su hijo…” Dejo la oración a sin terminar, mientras levantaba la mano la cual llevaba adornando el anillo. De esta comenzó a emanar un vapor de su piel, era sedoso y de un color amarillento que se doblaba lentamente hacia arriba hasta que, con el contacto del anillo el vapor combustiono, cubriendo toda la mano del Recolector con lenguas flamígeras.


Todos los comensales salieron despavoridos de la posada, como cualquier persona sensata lo haría. No obstante Camila no lo hizo, ella estaba fascinada con la magia que los Recolectores hacían, ella quería ese poder, ese miedo mezclado con respeto.


“No se atrevan a quemar ni un centímetro de este lugar.” Se escucho decir de alguien de la cocina. “Me voy con ustedes, pero no lastimen a mi madre ni la posada, ¿vale?”


“Solo venimos por ti.” Contesto el Recolector, las llamaradas de su mano se extinguió en un segundo. Hizo un ademan a sus compañeros para esposar al hijo de la posadera.


Camila nunca había visto llorar a Julia en su corta vida, era una mujer muy fuerte y algo brusca con todos, pero la única debilidad que tenía era su único hijo quien era el que se encargaba de la cocina. La doña lloro y lloro mientras se llevaban a su hijo. Camila tuvo que reconfortarla durante varias horas hasta que se reincorporo y cerraron la posada. La posada El Lechón Bribón no volvió a abrir sus puertas por un largo tiempo.

19 de Abril de 2021 às 05:32 0 Denunciar Insira Seguir história
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Fim

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Alexis Guadalupe Valdovinos Hola me llamo Alexis, soy escritor amateur, espero que te guste mis historias :)

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